ECUADOR: LA INTERCULTURALIDAD AL PODER Por Valeria Carvallo 1 y Alejandro López
IV. LA EDUCACIÓN COMO NUEVOS SABERES DECOLONIALES?
Según el último informe del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) Ecuador se encuentra en el puesto 89 del ranking de países con Índice de Desarrollo Humano alto. De estos datos se desprende también que sus ciudadanos tienen 8,3 años en promedio de escolaridad, de 14 años esperados (PNUD, 2016).
Otros datos interesantes en el ámbito educacional ecuatoriano están en que la tasa de alfabetización es de un 98,8 por ciento en jóvenes de entre 15 y 24 años de edad. Lo más llamativo de estas cifras son que el porcentaje es igual tanto para hombres como para mujeres (PNUD, 2016, p. 231). Al mismo tiempo, el 62% de los niños y niñas en edad preescolar se matriculan en escuelas, un 113% de la población en edad de cursar primaria también lo hace y un 104% de la población en edad de cursar secundaria también se inscribe para asistir al colegio (PNUD, 2016: 231). Según estos datos es posible aseverar una expansión importante de la educación primaria y secundaria, siendo importante el avance que existe en la alfabetización por género, manteniendo una paridad, al menos en ese ámbito. Ahora bien, toca analizar las cualitativamente las implicancias educacionales que dan vida a estas cifras en el Ecuador.
El Artículo 27 de la Constitución de Ecuador:
La educación se centrará en el ser humano y garantizará su desarrollo holístico, en el marco del respeto a los derechos humanos, al medio ambiente sustentable y a la democracia; será participativa, obligatoria, intercultural, democrática, incluyente y diversa, de calidad y calidez; impulsará el sentido crítico, el arte y el desarrollo de competencias y capacidades para crear y trabajar (Valenzuela y Romero, 2016).
La Constitución ecuatoriana ha de ser una de las más modernas del continente por adecuarse a la realidad latinoamericana en muchos aspectos fundamentales. La educación es uno de ellos puesto que la establece como un derecho fundamental inalienable, pero además le añade características que le permiten reconocer la existencia de sujetos subalternizados por el simple hecho de establecerse como intercultural.
Según la intelectual ecuatoriana Catherine Walsh, la interculturalidad es:
(…) más que un simple concepto de interrelación, la interculturalidad señala y significa procesos de construcción de conocimientos “otros”, de una práctica política “otra”, de un poder social “otro”, y de una sociedad “otra”; formas distintas de pensar y actuar con relación a y en contra de la modernidad/ colonialidad, un paradigma que es pensado desde la praxis política. Este uso “otro” no implica un conocimiento, práctica, poder o paradigma más, sino un pensamiento, paradigma, práctica y poder desde la diferencia (Walsh, 2008). Además la autora circunscribe la interculturalidad como producto de lo que llama las “pedagogías decoloniales”, esto quiere decir que caracteriza esta práctica pedagógica como de “rebeldía, cimarronaje, insurgencia, organización y acción, creadas por los pueblos aborígenes y los afrodescendientes” (Walsh, 2013), bajo esta
lógica estaríamos en presencia de la construcción de un saber autóctono que escapa a los parámetros clásicos de las prácticas de enseñanza modernas.
La interculturalidad educacional debería abarcar diferentes aspectos fundamentales en la conformación de una sociedad inclusiva. Como expresa Walsh, tiene que existir el aporte de los saberes periféricos en la conformación de un proyecto decolonial (Walsh, 2013). Sin embargo, y a pesar de que según el VI Censo de Población y V de Vivienda en el Ecuador (2001) existen 830.418 indígenas identificados, los cuales representan el 6,83% de la población total a nivel nacional y que se encuentran agrupados en 29 nacionalidades y pueblos, dispersos alrededor de todo el país, la incorporación de saberes periférico o subalternizados es casi nula. El aspecto que más debió haber crecido era el aporte de lenguas locales, debido a que es la misma constitución ecuatoriana la que reconoce la existencia de más de un lenguaje oficial (Valenzuela y Romero, 2016).
Según datos de la UNESCO para el año 2009, el 37,5% de las horas dedicadas a los idiomas en los dos primeros años de la escuela secundaria, están asignadas a la enseñanza de la lengua nacional oficial (español). El 62,5% restante del tiempo se dedica a la enseñanza de las lenguas internacionales (UNESCO, 2013). Esto evidencia un serio revés puesto que queda bastante vacía en cuanto a praxis. Al menos así lo demuestran los datos en educación que, según los últimos estudios de interculturalidad educacional realizados por la ONG española EDUCO, evidencia que el gran problema que existe en Ecuador tiene relación con una formación docente deficiente en cuanto a consolidar el dominio de lenguas locales en el profesorado nacional. Esto produciría que la identidad –plasmada en la Constitución no está reflejada en el aula (EDUCO, 2016).
La educación intercultural en Ecuador es promovida desde la Dirección Nacional de Educación Intercultural Bilingüe (DINEIB) que tiene la misión de coordinar políticas educacionales que se apeguen a lo intercultural bilingüe, pero también que se plieguen a las políticas del Buen Vivir (EDUCO, 2016). He aquí el problema, según Milton Luna, historiador y miembro del Consejo Asesor Iberoamericano de las Metas Educativas 2021, los conceptos del Buen Vivir y de la interculturalidad aún están en permanente disputa, por lo que cuesta mucho construir políticas plegadas a la constitución nacional (Luna, 2016).
En la actualidad se ha estado desarrollando un programa de educación intercultural (LOEI), vigente desde el año 2011, el cual ha propuesto cambios sustanciales en el diseño e implementación de nuevas estrategias para la construcción de los textos de estudios y la formación docente, proponiendo mayor trabajo con las comunidades indígenas. Las implicancias de estas nuevas iniciativas aún no son cuantificables (EDUCO, 2016), pero se espera que otorguen mayores niveles de interculturalidad en
aula misma, permitiendo pasar de un mero proceso de socialización intercultural a un modelo de sociedad intercultural.