Registro 4: Producciones espontáneas de los niños
2. MARCO TEÓRICO
2.2 La enseñanza de las lenguas: marco pedagógico
Como es sabido, el estudio del lenguaje ha tomado gran fuerza en nuestras sociedades para acceder, no sólo al poder, sino también para la comprensión de otras disciplinas; esto, a su vez, ha permitido el ingreso de la comunidad a la cultura del conocimiento, generando la necesidad por el aprendizaje y la enseñanza de la lectura y la escritura. Ya en la antigüedad, sólo unos pocos sujetos podían acceder a una instrucción formal de las ciencias, entre ellos los hombres dirigentes de comunidades o sus hijos varones, los líderes de la iglesia católica entre otros; y la historia mostró cómo se tuvo que esperar hasta nuestros tiempos para lograr la incursión de todas las personas sin distinción al alfabetismo. Ahora, en relación con la enseñanza y aprendizaje, se conocen tres tipos de tendencias compartidas en el marco del seminario de Escritura y Oralidad de la Maestría (Maldonado, 2014):
Las prácticas conductistas: que nacen a comienzos del siglo XX con Ivan Pavlov, quien describe la conducta de ratones y palomas en el dominado reflejo condicionado (1906), su preocupación es verificar hipótesis o principios básicos como la generalización, la discriminación, la inhibición la extinción y la recuperación del cuerpo animal que luego tomaron rostro humano.
Las prácticas neo-conductistas: se sitúa después de 1930 a partir de Pavlov y Skinner que observaban con la misma lente a los seres humanos. Se hace evidente una práctica que integra más a los seres humanos, por lo cual se abre una puerta al moldeamiento de los sujetos en educación y en las fábricas.
Las prácticas de la psicología genética piagetiana y el desarrollismo de Lev Vigotsky. Piaget trabaja la perspectiva roussoniana del sujeto que aprende y la construcción de mundos a partir de dos metáforas: aprender es sinónimo de construir (asimilar a una estructura intelectual y acomodar esquemas) y la gradación o metáfora de los estadios evolutivos o de aprendizajes condicionados por el desarrollo y la maduración, a su vez Vigotsky reclama la condición social del sujeto en la perspectiva de la psicología rusa.
Ahora bien, ajustando esta propuesta teórica general al contexto de la investigación, es factible aseverar que, en grado primero, se encuentran niños y niñas que aún viven su primera infancia, lo que les permite vivenciar el desarrollo
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de cada una de sus habilidades, tal como lo indica la concepción Vigotskiayana en el sentido de comprender el desarrollo del sujeto en términos de desarrollo de la función simbólica, diálogo con la cultura, contacto entre la mente del sujeto y la cultura; y, en este diálogo, como es viable desde aquí, en ese proceso de significación del mundo, se constituye el sujeto. Se puede decir, entonces, que la escritura es un proceso cognitivo, social y cultural, como lo indican los Referentes para la Didáctica del Lenguaje en Primer Ciclo:
El educador empieza a comprender ahora que cuando el niño se adelanta en la cultura no solo toma algo de ella, no solo asimila y enriquece con lo que está afuera de él sino que la propia cultura reelabora en profundidad la composición natural de su conducta y da una orientación completamente nueva a todo el curso de su desarrollo. La diferencia entre los dos planos del desarrollo del comportamiento - el natural y el cultural- se convierte en el punto de partida para la nueva teoría de la educación (SED- 2010, p. 34)
Así, pues, la escritura como habilidad comunicativa permea la escuela; por lo tanto, es relevante enfocarla a partir de reflexiones pedagógicas que permitan ubicar el tema de esta investigación en el contexto escolar, por eso se aborda los
conceptos iniciales sobre escritura de Cassany, quien afirma que “escribir significa
mucho más que conocer el abecedario, saber “juntar letras” o firmar el documento
de identidad. Quiere decir ser capaz de expresar información de forma coherente y
correcta para que la entiendan otras personas” (1993, p. 17).
Aún más, los últimos aportes a la enseñanza de la escritura ha dejado de un lado el sentido de considerarla como parte del comportamiento del ser humano y que su desarrollo depende del refuerzo y la imitación en donde el sujeto actúa pasivamente o solo se deba preocupar por la estructura gramática de la lengua. Estas implicaciones que la escritura tiene en nuestra sociedad indican que la escritura va más allá de una práctica lineal en la escuela, además de que su construcción deba implicar algo más que juntar letras, y que el devenir histórico sea empujado por una cultura de lo escrito, también exige que la escritura sea importante en las dinámicas de comunicación, como lo indican Garton & Pratt,
afirmando contundentemente que: “por aprendizaje de la alfabetización
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primera infancia hasta su dominio como sistemas de representación para la
comunicación con los otros” (1991, p. 19).
Así, pues, es ineludible hablar de la función de la escritura y la importancia del sentido en la escuela, en el barrio, la familia y la comunidad. Un acercamiento
a este propósito lo hace Delia Lerner (2001) en su obra Leer y escribir en la
escuela, es importante que en la escuela se formen autores de sus propios textos y expresar sus propias ideas.