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CAPÍTULO 2: Estado de la cuestión y presentación del corpus

2.1 Estado de la cuestión

2.1.2 La filosofía canadiense

Como ya hemos dicho, la búsqueda de una filosofía propia no se ha desarrollado tanto en Norte América; y no suele hablarse de filosofía canadiense, o quebequense. Esto, sin embargo, no significa que no haya filósofos canadienses y quebequenses       

42 Su estudio y traducción del Manuscrito de Huarochirí (1992), su artículo sobre tres cronistas

indígenas andinos (1983) y otro sobre la textualización de la memoria (1994) son buenos ejemplos de una labor relacionada al saber y la ontología andina.

conocidos y reconocidos en el mundo entero como, por ejemplo, Charles Taylor. Cuando se habla de filosofía regional en Canadá, se está hablando en realidad de una filosofía que tiene mucho más que ver con la identidad y la política; en lugar de buscar un pensamiento propio, como en Latinoamérica, se reflexiona sobre fenómenos regionales. Así, la filosofía política tiene una producción bastante amplia y está generalmente relacionada con la cuestión nacional, en el caso particular del Quebec, y con el multiculturalismo en tanto filosofía ético-política. Hay también una gran producción relacionada a la cuestión indígena, pero ésta se hace más desde un punto de vista legislativo que filosófico43; además, los puntos de vista indígenas propiamente dicho son todavía bastante escasos.

Los autores que hablan del multiculturalismo, siendo Will Kymlicka y Charles Taylor los más conocidos, sí mencionan las culturas indígenas y dicen que tendrían que ser tomadas en consideración en el aparato político canadiense, pero lo hacen desde la ontología occidental del centro; es decir que miran la cuestión indígena como objeto que se estudia a partir del aparato filosófico de occidente. Taylor, por ejemplo, en su ensayo sobre la política del reconocimiento (1994), llama al estudio comparativo de las culturas que no forman parte de la cultura dominante para que su reconocimiento sea pleno y auténtico. Sin embargo, no sugiere abrir un espacio para que estas culturas se expresen por sí mismas, ni convoca a un estudio dialógico; en este sentido, falta aquello que sí es propuesto por la filosofía de la liberación y la       

43 Hay que mencionar que existe una abundante producción de obras relacionadas a religión y visión

del mundo indígena desde los años 1960. Sin embargo, la mayoría de esta nos viene de Estados Unidos y una gran parte carece de un sustento teórico y metodológico riguroso. En lo que concierne a la filosofía, es principalmente a partir de los años 90 cuando empezaron esfuerzos más sistemáticos de búsqueda de filosofías indígenas en América del Norte, pero esto sobre todo en EE.UU. Cabe mencionar una obra sobre filosofía indígena en EE.UU., que ha tenido bastante visibilidad en los círculos universitarios, que es titulada American Indian Thought: Philosophical Essays (2004).

interculturalidad: hablar desde el otro (liberación) y el diálogo intercultural. Además, el multiculturalismo se piensa más en la perspectiva de la pluralidad cultural debida a la inmigración que en relación a los autóctonos, probablemente porque representan un porcentaje reducido de la población. En la misma perspectiva, en la provincia de Quebec se habla más bien de interculturalismo, pero éste es en realidad sólo otra manera de hablar de multiculturalismo. A primera vista uno podría tener la impresión de que se abre un espacio político más dialógico, pero en realidad se trata de una diferenciación más terminológica que conceptual; la mayor diferencia concierne al uso del francés como lengua común de las diferentes culturas en Quebec. De nuevo, esta perspectiva se orienta más a la pluralidad debida a la inmigración que a la colonización.

Este ejemplo44 es contrabalanceado con el esfuerzo de intelectuales indígenas que tratan de introducir puntos de vista propios en el horizonte filosófico y político. Dentro de ellos destacamos dos nombres45: Dale Turner y Georges Sioui.

Dale Turner, quien es miembro de la nación amerindia Temagami de Ontario en Canadá, en su libro This Is Not a Peace Pipe (2006), critica los intentos gubernamentales y teóricos que sobre la cuestión indígena se hicieron, como es el       

44 Vale la pena mencionar también el ejemplo del filósofo John Saul que publicó un ensayo titulado

“Mon pays métis” (A Fair Country) (2008) en el cual intenta mostrar el carácter fuertemente mestizo de la nación canadiense. Según Saul, la sociedad canadiense ha asimilado, mucho más de lo que solemos pensar, características culturales de los autóctonos. Por ejemplo, según él, Canadá es un país en el cual los problemas políticos se resuelven de manera mucho más consensual a través de procesos de negociación. Dice que los canadienses logran resolver problemas constitucionales y legislativos que otras naciones occidentales no logran resolver y eso debido a nuestro legado cultural autóctono. Este punto de vista nos parece interesante, pero al mismo tiempo muy reductor. Al afirmar este legado autóctono de toda la nación, Saul desacredita un poco la especificidad cultural de los pueblos indígenas diciendo que todos pertenecemos a ella; está borrando la diversidad cultural unificándola en una figura mestiza. 

45 Otros intelectuales indígenas también se esforzaron por introducir puntos de vista indígenas en

disciplinas como la política y la educación, siendo Taiaiake Alfred y Marie Battiste nombres relevantes.

caso del “White paper” que promovía la asimilación de los indígenas a la sociedad dominante, o el multiculturalismo de Will Kymlicka. Turner afirma que estos intentos de reforma del liberalismo político canadiense sí trataron de tomar a los indígenas en consideración, pero desde un punto de vista exterior a sus culturas; fallaron, pues, al no tomar en cuenta los puntos de vista que emanan de las mismas culturas autóctonas. Para evitar este tipo de problema, Turner propone dos categorías de intelectuales indígenas, los que conocen y practican los saberes ancestrales en sus comunidades, y los que forman parte de las instituciones occidentales del saber como son las universidades. A este segundo tipo de intelectuales los llama “word warriors” (guerreros de la palabra) y los concibe como mediadores entre el mundo tradicional indígena y las instituciones, siendo ellos quienes deberían hablar en nombre de sus pueblos dentro del mundo institucional y político, ya que conocen bien los dos mundos. Gracias a estos “guerreros de la palabra”, la formación de una filosofía indígena crítica sería posible y podría servir de trampolín para la elaboración de políticas más inclusivas para los Pueblos Originarios. En nuestra opinión, esta idea abre el terreno para que se establezca un diálogo intercultural dentro de las instituciones del saber.

Georges E. Sioui es un miembro de la Nación “Huron-Wendat” de la región de la ciudad de Quebec en Canadá y fue el primer amerindio canadiense en obtener un doctorado en historia. En sus libros Pour une histoire amérindienne de l’A mérique (1999) y Les Hurons-W endats: Une civilisation méconnue (1994), tomando como base el Noreste de América del Norte, Sioui arma el principio de “autohistoria” que intenta rastrear la historia americana, y más particularmente de los wendats, con la

ayuda de una amplia variedad de fuentes como la arqueología, la lingüística, la historia y, lo más importante, el punto de vista de los mismos amerindios y de su tradición oral y espiritual. Así, intenta demostrar la originalidad del pensamiento y de la historia autóctona de América, comparando fuentes amerindias y no- amerindias; y una de las premisas de su trabajo es que, mucho más de lo que solemos pensar, la “americidad” ha influenciado las mentalidades socio-políticas del mundo y que, más que nunca, las culturas amerindias están vivas y regenerándose. Según nosotros, este trabajo tiene una gran importancia para el mundo intelectual académico, ya que es un intento muy válido de estudiar la historia de América desde el punto de vista de sus primeros habitantes y de poner en diálogo conceptos amerindios con la tradición académica occidental; además, toca directamente nuestro tema de investigación hablando de valores amerindios y analizando textos coloniales que dan la voz al indígena. Los diferentes libros de Sioui como algunos de sus artículos nos servirán bastante al analizar la tradición oral wendat.

Además de estos autores, la antropología ha sido un sector muy prolífico en cuanto al estudio de las realidades indígenas. Cabe destacar las publicaciones de Recherches amérindiennes au Québec que, desde hace más de treinta años, se dedican a difundir estudios relacionados a los indígenas de América y que son una fuente de información muy importante para entender las costumbres y el pensamiento indígena. Cabe mencionar también antropólogos que intentan rastrear el pensamiento filosófico amerindio canadiense como Rémi Savard, que relaciona relatos, mitología y cosmología innu y los trabajos pioneros sobre la ontología ojibway de Alfred Irving Hallowell (1960).

Del lado del derecho, vale la pena mencionar el libro de Jean-Paul Lacasse Les Innus et le territoire (2004) que intenta explicar cómo los innus quebequenses conciben el territorio, su gestión y su “posesión” a partir de sus propios conceptos como el tipenitamun. Así, a partir de una perspectiva territorial, Lacasse rastrea la visión del mundo innu, sus valores y sus concepciones del orden jurídico en el momento del contacto con los europeos y sus consecuentes trasformaciones. Esta obra no sólo es muy valiosa para entender los conflictos actuales que conciernen al territorio y que confrontan a los amerindios contra el estado canadiense, sino que también ayuda a entender varios aspectos de la visión innu del mundo y la lógica de sus maneras de actuar en este.

También vale mencionar la memoria de maestría (2002) del programa de ética de la Universidad de Quebec en Rimouski hecha por Bianca Lacroix, quien se empeñó en hacer una lectura ética del mito montañés de Tshakapesh. Este trabajo va en el mismo sentido que nuestras investigaciones y es un buen ejemplo de la manera en que la tradición oral indígena puede abrir una puerta de acceso a las concepciones éticas de estos pueblos.