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La herencia de Pitágoras

In document Peter Gorman - Pitágoras (página 197-200)

La última historia de la filosofía de Pitágoras es complicada por­ que se confunde con la escuela de Platón. Otras sectas filosóficas también tomaron muchas ideas de Pitágoras, pero no lo reconocían. Estos y otros problemas son consecuencia del ambiente misterioso que rodeaba las enseñanzas del maestro. Aunque el pitagorismo su­ frió eclipses periódicos, como la revuelta de Quilón y la posterior y más seria del 450 a.C., cuando fue dispersada la sociedad en Italia, continuó como un movimiento fiel a las enseñanzas primitivas hasta el 300 a.C., aproximadamente, en Italia. Aristoxeno estuvo en rela­ ción con los últimos pitagóricos en aquel país, los cuales crearon en Tarento una sociedad sucesora directa de la de Crotona. Después de esto el pitagorismo es la historia de algunos pitagóricos aislados que llevaron una vida ascética en Grecia durante los siglos m y ii a.C.

Por supuesto, a lo largo de este período helenístico de la historia griega, hubo pitagóricos aislados, como Ocelos, que seguían publi­ cando obras, pero el movimiento había cesado como sociedad pita­ górica. Los siglos n i y ii fueron también un tiempo yermo para el

platonismo cuyos seguidores, llamados académicos, se habían hecho escépticos y rechazaban los elementos metafísicos y pitagóricos que había en las enseñanzas de Platón. La filosofía helenística estaba dominada por la secta materialista de los estoicos, los epicúreos y los peripatéticos, y solamente en el siglo i a.C., cuando los romanos casi habían completado la conquista de los dominios helénicos, se convirtieron los pitagóricos en una fuerza dominante dentro del na­ ciente Imperio romano. Mientras tanto, muchas religiones orientales habían recibido la influencia griega, especialmente la de Pitágoras, hasta tal punto que tenían tendencia a defender creencias que no esta­ ban basadas en la razón mediante argumentos racionales tomados de Pitágoras y sus seguidores. Un ejemplo clásico es el caso del judais­ mo alejandrino cuyas primitivas creencias fueron sostenidas por Filón de Alejandría con la numerología y la cosmología pitagóricas. La antigua religión egipcia igualmente se volvió a Pitágoras y los escri-

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tos atribuidos a Hermes Trismegisto están llenos de ideas pitagó­ ricas.

En Roma el propio Nigidio Ffgulo hizo renacer el interés por la filosofía de Pitágoras, debido a las tempranas relaciones de éste con Roma y los antiguos habitantes del Lacio. El nacionalismo romano está ligado también con Pitágoras en Las Metamorfosis de Ovidio, que ofrece una larga explicación de la teoría pitagórica sobre la reen­ carnación. En el siglo i a.C., el renacimiento del pitagorismo se había realizado hasta tal extremo que competía con las otras reli­ giones mistéricas por conseguir un lugar predominante en el Imperio romano. Los arqueólogos han desenterrado capillas pitagóricas en Roma, lugares donde los iniciados recibían enseñanzas acerca de los misterios de Pitágoras y se les introducía en el culto de Apolo, el Uno. Estas sociedades secretas empleaban drogas como el opio en sus ceremonias de iniciación, a fin de provocar estados de gozo celestial y éxtasis sobrenatural. El nombre simbólico de estas uniones alucinatorias con Apolo era el «salto de Leúcade» (cf. J. Carcopino,

De pythagore aux apótres), isla consagrada a Apolo, en Grecia, que

tenía un famoso acantilado desde el cual se lanzó la poetisa Safo en busca de la muerte. En el siglo i d.C. vivió también allí Apolonio de Tiana, que se proclamaba avatar de Pitágoras y nueva manifes­ tación de Apolo en la tierra, pero había interpretado mal muchas enseñanzas del maestro. Él y Nicómaco de Gerasa (que vivió en el siglo II d.C. y de quien Prodo decía, quizá con razón, que era una reencarnación de Pitágoras), escribieron biografías del maestro a fin de estimular el interés por él. En el mismo siglo surgió Numenio de Apamea, quien debe ser considerado como uno de los fundadores de un renacimiento del pitagorismo teórico que seguía las huellas de Moderato, Cronio y Trasilo. Numenio sostenía que Platón era un pitagórico más, y en consecuencia combinaba las enseñanzas de los dos grandes filósofos. Los seguidores de Numenio en el siglo m , Plotino y Amelio, ayudaron a aclarar muchas de las teorías metafísi­ cas de Pitágoras, usando como guía muchos escritos de Platón. Uno de los problemas de la historia de la filosofía griega estriba en deter­ minar si Plotino y sus seguidores, especialmente Porfirio, eran discí­ pulos de Pitágoras o de Platón. ¿Son neopitagóricos o neoplatóni- cos? A juzgar por sus vidas y sus escritos, deben ser clasificados como pitagóricos porque se proponían por encima de todo despertar el interés por los ideales místicos orficopitagóricos y oponerse así a

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las nacientes sectas de cristianos, gnósticos, maniqueos y la innume­ rable cantidad de otros cultos orientales que se extendían por do­ quier en el Imperio romano. Cuando los grupos cristianos consiguie­ ron controlar el imperio, en el siglo iv d.C., los pitagóricos fueron convirtiéndose gradualmente en una minoría perseguida, pero las ideas de Pitágoras siguieron enseñándose en la antigua escuela de Platón, la Academia de Atenas, y en Alejandría, hasta muy entrado el siglo vi d.C., cuando Justiniano, el Emperador de Oriente, cerró la Academia y prohibió la enseñanza de la filosofía y las doctrinas paga­ nas. Algunos paganos y neoplatónicos destacados marcharon al exilio a Persia donde la religión de Zoroastro seguía manteniéndose viva, pero no pudieron soportar la vida allí a pesar de que el rey persa les colmó de honores. Finalmente persuadieron al monarca para que obligara a Justiniano a tolerar sus creencias de modo que pudieron regresar a Grecia. Esto demuestra que las doctrinas de Pitágoras se enseñaron libremente durante un período de 1.200 años, desde el siglo vi a.C. hasta el vi d.C. Después la Edad Media lo reprimió casi todo. En Bizancio, sin embargo, muchos siguieron practicando el pa­ ganismo en secreto y preservaron los viejos valores hasta que resur­ gieron en el Renacimiento italiano, cuando un bizantino llamado Pleto anunció el retorno de los antiguos dioses en su obra titulada

Leyes.

En primer lugar vamos a analizar el destino de la sociedad pi­ tagórica primitiva de Crotona y a investigar la influencia que ejerció en las escuelas griegas posteriores de filosofía, y también la influencia que ejercieron las doctrinas fundamentales en los seguidores tardíos. También estudiaremos el sistema de vida de los pitagóricos así como su importancia histórica en la formación de las sectas religiosas del Imperio romano. Según Jámblico, Pitágoras vivió hasta los noventa y nueve años y dirigió la sociedad de Crotona durante treinta y nue­ ve años. Debió de morir poco después del 480 a.C., y había esta­ blecido la sociedad en Crotona en el 518 a.C. El sucesor inmediato de Pitágoras a la cabeza de la sociedad fue Aristeo de Crotona, que ya era de edad avanzada cuando asumió esta responsabilidad. No di­ rigió la sociedad durante mucho tiempo, y a continuación se hizo cargo de su dirección el hijo de Pitágoras, Mnemarco (o Mnesarco, nombre de su abuelo según la costumbre griega). Después de Mne­ sarco vino Bulágoras, que vivió a lo largo de un período particular­ mente difícil de la historia de Crotona. Le siguió Gártidas de Cro-

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tona, que murió de tristeza por las desgracias que sufrió la ciudad en su época. Jámblico, que es nuestra autoridad principal en lo que se refiere a la historia de los últimos años de la sociedad, quizás alude aquí a las revueltas que tuvieron lugar en muchas ciudades de Italia contra la influencia de los pitagóricos, que fueron sustituidos durante algún tiempo por formas democráticas de gobierno. Si esto es verdad, Gártidas probablemente regió la sociedad de Crotona al­ rededor del 455 a.C. Después de esta fecha la sociedad desapareció de Crotona y el número de sus miembros disminuyó. Muchos pita­ góricos italianos, como por ejemplo Lisis, se marcharon a Grecia. Lisis marchó a Tebas, en Boecia, y fue el maestro de Epaminondas, general tebano que derrotó a los espartanos. En Filo, en el Pdopo- neso, también se estableció un enclave pitagórico, que tuvo estrecha relación con Sócrates, maestro de Platón. Otros miembros de la so­ ciedad se rcagruparon en Regio, en Italia, y decidieron permanecer allí. Entre ellos se encontraban Filolao y Arquitas; éste llegó a ser una figura política importante en Sicilia; posteriormente ayudó a Platón, cuando el filósofo ateniense se enfrentó al tirano de Siracusa, Dionisio.

Después de la muerte de Gártidas de Crotona un extranjero lla­ mado Aresas de Leucania se hizo cargo de la dirección de la sociedad, que ya no siguió estando en Crotona. Como había pocos miembros de la sociedad, ahora en período de decadencia, Aresas permitió a todo el mundo entrar en ella. Al parecer, Filolao y Arquitas no eran exactamente miembros con todos los derechos de esta organización en decadencia, porque decidieron publicar muchas de las ideas de Pitágoras, aunque las expresaron de una manera enigmática de modo que ningún profano pudiera descifrarlas. Filolao tenía al mismo tiem­ po problemas acuciantes de dinero, así que vendió sus obras que con­ tenían las doctrinas pitagóricas a todo el que quería comprarlas. Lo que quedaba de la sociedad sobrevivió en Tarento hasta el 300 a.C. aproximadamente; fue en esta sociedad en la que Aristoxeno basó muchos de sus juicios acerca de la sociedad primitiva de Crotona. Mu­ chas cabezas pensantes primitivas habían abandonado Italia, o, como Filolao y Arquitas, habían preferido permanecer fuera de los límites de la sociedad con el fin de publicar sus obras. Las ovejas que se quedaron en el redil, en Tarento, eran probablemente acusmáticos que seguían fieles teóricamente a las doctrinas de Pitágoras, pero no las entendían. Si se toma literalmente el relato de Aristoxeno, eran

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