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La hipótesis del retoque

In document TESTIMONIOS EXTRABIBLICOS SOBRE JESUS (página 38-41)

Ni los argumentos en favor de la autenticidad sustancial ni los que favorecen una interpolación de todo el texto son convincentes. Los primeros no explican suficientemente los elementos cristianos; los segundos no tienen en cuenta que existen claras resonancias del lenguaje de Josefo. Por eso, entre quienes aceptan íntegramente el Testimonium y quienes lo rechazan en bloque, se sitúa la mayoría de los estudios más recientes119, que prefieren

distinguir entre un texto base, que se remontaría al historiador judío y algunas glosas de mano cristiana. A la hora de definir cuáles son éstas hay disparidad; pero por lo general se consideran las frases destacadas en nuestra trascripción con negrita120 .

I) Reconstrucción de una forma originaria neutral del "Testimonium Flavianum".

En los últimos años se multiplican los intentos por rehacer un texto originario de Josefo que sea neutral o incluso decididamente positivo respecto a Jesús121. Recientemente P. Winter122 y

G. Vermés123.

En las conjeturas de aproximación al posible texto original suprimen unánimemente la 1ra. "frase cristiana". En cuanto a las restantes, o bien las descartan, o sino, las transforman de modo que puedan caber en el espíritu de un judío. En vez del sentido asertivo:"El era el Cristo" suponen un enunciado neutral: "fue llamado Cristo"124. Lo mismo vale decir del texto

sobre la resurrección y sobre el testimonio de los profetas: debe eliminarse o retocarlo de forma plausible en boca de Josefo, por ejemplo: "Contaron que a los tres días...".

El texto así reconstruido vino a coincidir significativamente con una versión árabe del Testiumonium Flavianum que Agapio, obispo de Hierápolis (siglo X), cita en su historia universal cristiana. Este texto fue alegado por primera vez en el debate sobre el Testimonium el año 1971, por el autor judío S. Pines125. Dice así:

"Josefo refiere que por aquel tiempo existió un hombre sabio que se llamaba Jesús. Su conducta era buena y era famoso por su virtud. Y muchos de entre los hebreos y de otras naciones se hicieron discípulos suyos. Pilato lo condenó a ser crucificado y a morir. Pero los que se habían hecho discípulos suyos no abandonaron su discipulado. Ellos contaron que se les había aparecido tres días después de su crucifixión y que estaba vivo; quizá, por esto, era el Mesías, del que los profetas contaron maravillas".

Salta a la vista la sobriedad de esta versión árabe, en la que faltan justamente las expresiones del texto griego que la simple crítica interna tendía ya de por sí a eliminar. Las afirmaciones "cristológicas" que permanecen son puestas en labios de los discípulos ("contaron..."), dejando de ser una afirmación directa de Josefo126.

También llama la atención la ausencia de cualquier alusión a una denuncia de Jesús ante Pilato por parte de las autoridades judías. Tal omisión no podría provenir de una mano cristiana, que leía en los evangelios la intervención preponderante de los sanedritas.

No menciona la última indicación del Testimonium (sobre la pervivencia de la comunidad de los cristianos, cuyo nombre se deriva del de Cristo), porque Agapio se limita a citar, en su contexto, fuentes sobre la vida y muerte de Jesús. En tal caso la indicación sobre los cristianos era superflua.

El texto es tanto más sorprendente y digno de crédito cuanto quien lo transmite es un cristiano, un obispo; cuesta creer, en efecto, que en ambientes cristianos se haya retocado el texto de Josefo para minimizarlo, hasta el punto de restarle importancia a Jesús y a un testimonio sobre él.

Así pues, es lícito concluir que tanto las reservas críticas sobre el texto griego como la versión árabe de Agapio convergen a la hora de ofrecernos, aunque sea por vía aproximativa, el probable tenor original del Testimonium Flavianum, en el que hallamos la información esencial sobre la figura, la actividad y la suerte final de Jesús, así como sobre la relación de sus discípulos con él.

Otro argumento, que abona la coherencia de tales noticias sobre Cristo en este lugar de Antiquitates 18, 63, se desprende de la posterior referencia a Santiago, en XX, 9, 1. En ella Josefo cree que para aclarar quién es Santiago, basta relacionarle con "Jesús llamado Cristo"; no piensa que deba detenerse a explicar quién es ese Jesús, sino que lo nombra como alguien ya conocido por sus lectores, un punto de referencia previo, que ayuda a localizar a Santiago en el mapa. Esto no tendría ningún sentido para los lectores de Josefo, que son gentiles en su mayoría127, a menos que Josefo hubiera presentado previamente a Jesús y explicado algo

acerca de él128.

Otras muchas consideraciones sobre la incompatibilidad del contenido del texto obtenido, una vez que se lo ha separado de las "interpolaciones cristianas", aseguran que no pudo ser creado en su totalidad por una mano cristiana.

- La "cristología" que resulta está muy por debajo de la fe cristiana y únicamente pudo provenir de la observación de un extraño: un hombre sabio como Salomón o Daniel, que realizó hechos asombrosos como Eliseo; un maestro de gente que acoge de buena gana la verdad129; un hombre que acaba crucificado, y cuya única justificación es el continuo amor de

sus fieles seguidores después de su muerte. Sin los tres pasajes cristianos, se concibe esta sumaria descripción en boca de un judío que no le es abiertamente hostil130.

- Si el autor de toda la noticia fuera cristiano, parece ignorar ciertos materiales y afirmaciones fundamentales de los cuatro Evangelios canónicos.

* No puede provenir de un subrepticio añadido cristiano la afirmación: "Atrajo a muchos judíos y muchos gentiles", porque los evangelios dan cuenta de que, en vida de Jesús, él y sus enviados se limitaron a las ovejas descarriadas de Israel (Mt 10, 5 - 6).

Se podría objetar que, si bien Jesús no planeó para el lapso de su vida terrena una misión entre los gentiles, al menos éstos se sintieron "atraídos por él",como consta en el caso del centurión (Mt 8, 5 - 13), de la cananea (15, 2) o de "los griegos" que desean ver a Jesús (Jn 12, 2O - 26). Pero se trata de un puñado muy exiguo, como para calificarlos de "muchos".

El autor, pues, no puede ser un cristiano, mientras que el dato señalado (judíos y paganos "atraídos" por Jesús) cuadra mejor con lo que Josefo veía que sucedía en Roma.

* La descripción del proceso y condena de Jesús es curiosa, si se la compara con las que ofrecen los cuatro Evangelios. Todos ellos dan razones explícitas por las que primero las autoridades judías y luego Pilato (bajo presión) deciden que se debe ejecutar a Jesús. Para los dirigentes judíos, los motivos son teológicos: la afirmación por parte de Jesús de que es el mesías e Hijo de Dios. Para Pilato, la cuestión es básicamente política: ¿pretende Jesús ser el rey de los judíos? Los motivos se explican de modo diferente en los textos de los cuatro Evangelios, pero hay motivos. En cambio, el Testimonium se muestra extrañamente silencioso respecto a por qué se ejecuta a Jesús. Podría deberse simplemente a que Josefo no lo supiera. Podría ser que, siguiendo su normal tendencia, hubiera suprimido las referencias a un o el Mesías judío. Podría ocurrir que Josefo entendiese que el enorme éxito de Jesús era motivo suficiente. Cualquiera que sea la razón, el Testimonium no refleja un modo cristiano de tratar la cuestión de por qué Jesús fue condenado a muerte; en realidad ni siquiera se plantea la pregunta.

* Además, el tratamiento del papel que desempeñan las autoridades judías no concuerda con el relato de los Evangelios. Sea o no cierto que los Evangelios muestran una creciente tendencia a culpar a los judíos y exonerar a los romanos, las autoridades judías cargan en los Evangelios con gran parte de la responsabilidad, ya sea a causa del proceso o procesos formales a que el Sanedrín somete a Jesús en los sinópticos, ya por la trama de Realpolitik131

urdida por Caifás y las autoridades de Jerusalén en el Evangelio de Juan incluso antes de las audiencias ante Anás y Caifás. Naturalmente, un creyente cristiano posterior, al leer los Evangelios, tendería a mezclar los cuatro relatos, lo que serviría para poner de relieve la participación judía (algo que subrayó con demasiada complacencia la violenta polémica antijudía de muchos autores patrísticos). Lo extraño, por lo tanto, es la rápida, lacónica referencia del Testimonium a la "denuncia" o "acusación" que los dirigentes judíos hacen ante Pilato; pero sólo de éste se afirma que condenó a Jesús a morir en la cruz. Ni una palabra se dice sobre que las autoridades judías pronunciasen alguna clase de condena. Esta descripción de la sentencia sobre Jesús no puede provenir de los cuatro Evangelios y tampoco de desarrollos cristianos primitivos de estos textos, que eran ferozmente antijudíos.

- Otra curiosidad de la parte esencial del Testimonium es la conclusión final de que "hasta este mismo día la tribu de los cristianos...no ha desaparecido". La connotación parece de sorpresa: dado el vergonzoso final de Jesús (no se alude a su resurrección en el texto nuclear)132, uno se

asombra al ver -viene a decir Josefo- que tras su muerte este grupo de adeptos sigue ahí, incluso en nuestros días, sin haber desaparecido (¿estaría pensando Josefo en el intento de Nerón de acabar con ellos?). Se detecta en el conjunto de la proposición algo de despectivo, si no hostil (aunque toda la animadversión va dirigida a los cristianos, no a Jesús): era de esperar que, a estas alturas, esa "tribu" de seguidores de un crucificado hubiera desaparecido. Esto no suena en absoluto a interpolación de un cristiano de ninguna índole.

- Una anomalía final, para el supuesto de un añadido cristiano, surge, no respecto al contenido del Testimonium en sí mismo, sino a la relación que puede haber entre el Testimonium y el relato sobre Juan Bautista en Antiquitates, XVIII, 5. 2, un texto aceptado como auténtico por casi todos los especialistas133. Pues bien, los dos pasajes no están relacionados entre sí de

ninguna manera en Josefo. El primero, más corto, habla de Jesús en el contexto del gobierno de Poncio Pilato en Judea; el otro, el de mayor extensión y referente a Juan, se halla en un contexto relativo a Herodes Antipas, tetrarca de Galilea - Perea. Separados por espacio, tiempo y colocación en el libro XVIII, Jesús y el Bautista (¡en ese orden!) no tienen nada que ver entre sí ni en la mente ni en el relato de Josefo. Tal presentación contradice totalmente - de hecho es directamente opuesta - la descripción que el NT hace de Juan Bautista, que siempre es tratado brevemente como el precursor del personaje principal, Jesús. Visto en conjunto, el tratamiento de Jesús y de Juan en el libro XVIII de las Antiquitates es sencillamente inconcebible como elaboración de un cristiano de cualquier época.

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