Hipótesis 2.2. Importación con imitación: Los bienes de prestigio que arribaban a Paracas eran imitados por los grupos alfareros locales Características estilísticas de los bienes importados
3.1 La identificación y caracterización de “estilos técnicos”
Para estudiar el intercambio a larga distancia es crucial analizar el movimiento de materias primas y bienes manufacturados entre sus lugares de producción y sus lugares de consumo/abandono. En la búsqueda por determinar la proveniencia de los bienes manufacturados, es indispensable analizar las maneras mediante las cuales los artefactos son creados, teniendo en cuenta que las técnicas de producción permiten establecer el vínculo entre cultura material y sociedad, posibilitando, de esta manera, la identificación de grupos sociales (Dietler y Herbich 1998: 235-236). En esta dirección, el concepto de estilo técnico es muy útil.
El concepto de estilo técnico surgió como respuesta al legado de la Nueva Arqueología que proponía estudiar la variabilidad en la cultura material separando tres aspectos de la misma: tecnología, función y estilo. Tecnología se definía como la materia prima y las técnicas de producción, función se asociaba con los propósitos utilitarios y el estilo se concebía como una cualidad casi residual, siendo interpretado como un código que permitía identificar aspectos cronológicos y corológicos. Era, en pocas palabras, un reflejo pasivo de la sociedad. Desafiando esta postura, Martin Wobst publica en 1977 la teoría denominada “information exchange” (ver acápite 2.5). En ese escrito, Wobst claramente percibe el estilo como un agente activo dentro de la sociedad, cumpliendo una función social que permitía transmitir conceptos a través de vastas distancias. No obstante, plantea que sólo aquellas partes visibles de un objeto podían considerarse “estilísticas” y, asimismo, proveían información acerca del productor. Dicho de otro modo, el estilo era sinónimo de decoración. Es evidente que este raciocinio ignora por completo la relevancia de los aspectos tecnológicos y, al hacerlo, separa lo “tecnológico” de lo “cultural” en el marco de las actividades productivas humanas (Dietler y Herbich 1998: 237-238; Gosselain 2011: 244; Hegmon 1992: 518-520; Stark 1998: 4).
Por otro lado, la tradición académica francesa de technologie, fuertemente influenciada por la etnología, comprendió que al separar los tres aspectos señalados se reducía la posibilidad de comprender las interrelaciones entre estos. Profundizando aún más, entendieron que los objetos debían ser interpretados como la materialización de múltiples decisiones técnicas tomadas durante la secuencia de manufactura, interpretando cualquier tecnología como un sistema de comportamientos y técnicas. Esta conceptualización percibe a las técnicas de producción como decisiones/acciones que reflejan procesos sociales y conceptos culturales profundamente enraizados en la estructura mental de un grupo humano. Esta interpretación
del concepto de “tecnología” se aleja de la visión procesual bajo la cual las técnicas se consideran de carácter netamente utilitario, reinterpretándolas, tal como establece Gosselain (2011: 243), como “acciones que combinan de manera dinámica componentes tangibles (actores, acciones, instrumentos, materiales, energía…) e intangibles (conocimiento, representaciones)”. Estas ideas fueron inicialmente popularizadas por Heather Lechtman (1977), quien definió “estilo” como la expresión material de patrones culturales, con lo cual podría identificarse en cualquier parte de un artefacto y reflejaría valores culturales preexistentes que se materializan de manera inconsciente. Consiguientemente, propuso el concepto de estilo técnico y lo definió como el conjunto de comportamientos y técnicas que definen los rasgos tecnológicos de cualquier actividad productiva. Esta visión considera lo tecnológico como un aspecto de la cultura material que es intrínsecamente estilístico y, por lo tanto, constituye un reflejo de la idiosincrasia cultural (Dietler y Herbich 1998: 238; Gosselain 2011: 244; Stark 1998: 5-6).
Consecuentemente, para poder identificar y caracterizar un estilo técnico debe tenerse una visión integrada del concepto de cultura material que abarque análisis exhaustivos en aspectos tecnológicos, morfológicos y decorativos. Más aún, para entender la cultura material como un componente social activo se debe tener una aproximación a la producción del estilo técnico que se base en el concepto de cadena operativa, lo que permite visualizar un proceso productivo como una serie de decisiones operativas interrelacionadas extendidas en el tiempo. Esto implica que el estilo técnico puede estar expresado en todas las etapas de producción de los objetos y no sólo en la decoración. Incluso, algunos investigadores identifican ciertos pasos dentro de la cadena operativa que son marcadores diagnósticos de la filiación cultural del objeto, como también identifican algunos aspectos de la secuencia operativa que se mantienen inalterados por más tiempo que otros. Identificar estas particularidades es una tarea indispensable para la caracterización de los estilos técnicos. Por lo tanto, la definición del estilo técnico depende, en gran medida, de un entendimiento profundo de toda la secuencia operativa, desde la obtención de la materia prima hasta el producto en su estado final. Sólo de esta manera se puede llegar a tener un conocimiento adecuado del contexto social de producción (Dietler y Herbich 1998: 238; Stark 1998: 6, 9).
Considerando todo lo expuesto anteriormente, sería acertado postular que un mismo estilo técnico produce un rango de posibles resultados en cuanto a la cultura material que genera. Este rango es el reflejo de los elementos conscientes e inconscientes presentes en cada decisión técnica (Stark 1998: 6). El elemento consciente es la acción en sí, la decisión que se toma y el
elementos (consiente e inconsciente) genera divergencias al interior de una misma comunidad productora. Pese a esto, mediante reconstrucciones precisas del proceso productivo (cadena operativa) es posible identificar esa variabilidad y definir estilos técnicos. Estos representan el “comportamiento técnico” distintivo de cada grupo manufacturero. Por lo tanto, es válido asumir que el reconocimiento de diferencias en cuanto a patrones tecnológicos en la cultura material nos permitiría distinguir grupos sociales. En el marco de la presente tesis eso significa que podríamos identificar y, por ende, distinguir comunidades de productores en base a la correcta caracterización y diferenciación de diversos estilos técnicos.
Sin embargo, para que este enfoque tenga sustento, es necesario que entendamos la cultura como un proceso social histórico vulnerable al cambio y a los artesanos como actores sociales dentro de un contexto en el cual la estructura de una sociedad condiciona la práctica, que, asimismo, reformula la estructura al reproducirla. Sólo dentro de este marco conceptual se pueden llegar a entender los procesos que motivan divergencias en la toma de decisiones técnicas, las que, concatenadas, definen la cadena operativa. Una aproximación al significado cultural de la variación estilística, sea esta de carácter tecnológica, morfológica o decorativa, debe combinar exhaustivos análisis dentro del laboratorio con extenso trabajo etnoarqueológico/etnográfico con comunidades tradicionales de alfareros (Dietler y Herbich 1998: 245-246; Gosselain y Livingstone Smith 1995: 147).
En resumen, distintos grupos humanos tienen tradiciones de manufactura diferentes, las cuales se transmiten de una generación a otra y reflejan un entendimiento compartido de la manera en la que se hacen las cosas en una determinada sociedad (Stark 1998: 5-6). Esta variación en las maneras de manufacturar objetos permitiría, por lo tanto, identificar distintas comunidades de artesanos. Así, una vasija con ciertos atributos particulares puede ser imitada para obtener las mismas características morfológicas y decorativas, sin embargo, el proceso mediante el cual se elaboró y las técnicas utilizadas son propias de la comunidad productora y constituyen un reflejo de su identidad. De esta manera, la diferenciación entre “objeto” y “proceso” es fundamental al momento de realizar estudios de procedencia.