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La ilustración en las Industrias Culturales

CAPÍTULO 2: LA ILUSTRACIÓN COMO PUENTE

2.2 La ilustración en las Industrias Culturales

Como se dijo, las ilustraciones ya no están determinadas por las condiciones de producción editoriales y han encontrado en las redes sociales otra posibilidad de construcción y representación, vinculada a las subjetividades, identidades y transformaciones culturales. Estos cambios responden, por supuesto, a las modificaciones en las formas de producción de las Industrias Culturales. Eso no quiere decir, sin embargo, que sean el resultado de un proceso negativo o que en sí mismas carezcan de valor, por el contrario, son el resultado de una nueva sensibilidad colectiva y la oportunidad de construir nuevos espacios de interacción. Para poder comprender estas posibilidades es oportuno problematizar la noción de industrias culturales sin una idea detractora que impida la posibilidad de percibir constructos culturales dentro de sus procesos estructurales. Velásquez (2016) menciona que

El sector editorial, que constituyó entre los años 80 y 90 un renglón significativo en el plano de las industrias culturales colombianas, disputa actualmente este espacio con sectores emergentes de las artes visuales y del entretenimiento. Su distintiva secuencia, editable-publicable-circulable, sigue caracterizándole, pero ya no opera como en su momento, anclada sobre premisas de industria sólida. (pg 42)

movilizadas por el capitalismo, las innovaciones técnicas y las mutaciones de los públicos y los contextos políticos. Los medios, a pesar de actualizarse en tecnología y modelo de industrial siguen siendo objeto de crítica social porque no satisfacen las expectativas sociales que exigen y requieren contenidos y entretenimiento de calidad (Horkheimer y Adorno, 1944) Sin embargo, los medios han sido activos en la producción de nuevas ideas sociales, por ejemplo, los procesos de lucha y reivindicaciones que iniciaron en 1947 con las radios comunitarias de trabajadores mineros en Bolivia, la construcción en Argentina desde 1960 de una apuesta de cine libre de la hegemonía de producción, el papel de la internet en la Primavera Árabe o, para no ir tan lejos, las dinámicas de participación y empoderamiento que se gestaron en redes sociales con la “Ola verde” de Mockus en 2010. Si bien, estos ejemplos no están lejos de la técnica y la estética hegemónica de la industria mediática, es posible identificar que hay mucho más en la producción de masas que se escapa de la fatalidad y está en deuda con la resignificación de la cultura. Desde esta perspectiva se analizan los procesos de producción de ilustraciones para Facebook.

La Industria Cultural (Horkehimer y Adorno, 1944) como concepto que problematiza las intenciones, usos, recepciones y potencialidades de la producción cultural de masas (ya que convierte a la cultura en mercancía y con el ingreso de las masas se diluye el valor cultual de la cultura) es clave para articular la complejidad mediática que va del fatalismo radical por su racionalización técnica al reconocimiento de las potencialidades de producción y resistencia.

Horkheimer y Adorno (1944), desde los Estados Unidos y con el nazismo, fascismo y estalinismo de fondo desvalorizarían todo el poder de resistencia que en la Industria cultural existiese. Para ellos la unidad del sistema, la estandarización y producción en serie, sacrificarían la obra en función de la economía. La industria cultural no sería más que la encargada de producir deseos gustos y actitudes que reproducen los intereses de la industria (algo que más adelante sería retomado por Althusser (1970) como la reproducción de las condiciones de producción, y que sería analizado en relación a la industria cultural desde los Aparatos Ideológicos de Estado, de la información y la cultura) para vender productos iletrados y asegurar la obediencia a los intereses del mercado.

Sería Benjamin (1989) quien, sin acuñar el término de Industria Cultural directamente, analizaría la producción cultural de masas desde una visión alentadora acerca del progreso de la técnica y la importancia social de estos productos. Buscaría comprender los procesos de producción que permitían nuevas formas de relación entre el autor, el producto y el consumidor, donde la visión aurática de la obra se sacrificaba en función de la relación de las masas con el arte. El ritual de producción ya no definiría el producto, sería la relación, la posibilidad de crítica la que instauraría las interpretaciones y reacciones y definirían su valor. Benjamin (1989) ve la mutación cultural que llega con los medios y alaba su potencial socializador y su poder para construir un nuevo sensorium cultural. A pesar de las mutaciones culturales que hemos vivido desde los tiempos de la fotografía, el cine y la radio hasta llegar a las redes, plataformas y aplicaciones digitales, pareciera que la discusión inicial prevaleciera y el análisis fatalista de los teóricos de Frankfurt estuviese más vigente que nunca.

En el Center for Contemporary Cultural Studies CCCS, la industria cultural se analizó no solo desde la interdiciplinariedad para comprender los fenómenos culturales, sino desde las transformaciones de unos momentos históricos particulares que movilizan cambios en las prácticas, actitudes y formas de relación de la clase trabajadora. Sería está búsqueda por comprender la influencia de la cultura popular en las mentalidades obreras, la que permitiría abordar el giro cultural que se estaba presentando y posicionar los temas “marginales” en las investigaciones académicas. Por supuesto, no se trató de la creación de taxonomías sociales que se limitaban a caracterizar grupos sociales, sino un análisis crítico de la manera en que esas formaciones presentaban un constante cambio debido a las acciones de los medios, la cultura de masas, los procesos de industrialización, la división de clases sociales y de cómo esto se ve reflejado (y es reflejo) en los aspectos de la vida social y económica. Tanto Hall y Hoggart (2008) como Grossberg (1997) abordarían los impactos de las industrias culturales y su formación de culturas de masas, pero sin desconocer las potencialidades que ofrecen la resistencia o la resignificación de los productos culturales.

forma hegemónica, pero donde también se tratan de analizar alternativas de resistencia locales. Martín Barbero (1993, p. 9) hablará de las mediaciones y los cambios culturales, y la necesidad de comprender las transformaciones culturales dejando de pensar la cultura únicamente como contenidos y más como procesos de comunicación que incluya las formas, matrices simbólicas y formatos industriales. Además, permitirá comprender fenómenos de hibridación (García Canclini, 1989) y complejización de las Industrias culturales, así como la descripción sociológica de los mecanismos de creación como dispositivos que proporcionan procesos imaginarios en la vida práctica de los sujetos y la dimensión política de la cultura.

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