5. Capítulo Otras voces sobre los espacios de reintegración
5.4 La inútil empresa de categorizar estas voces:
Al igual que en el caso de la población desmovilizada que presenté en el Capítulo anterior, las voces y las versiones sobre la historia de la ciudadela que relatan los demás habitantes del barrio, de los cuales aquí he presentado sólo una muestra, son ampliamente diversas y polifacéticas. Todas están sujetas a perspectivas particulares de quiénes producen los relatos, incluyéndome a mí también; son perspectivas cambiantes en el tiempo, que nos hablan precisamente de la naturaleza diversa y móvil de la historia de transformación socio espacial de la ciudadela.
En el primer relato teníamos la historia de Adriana, su energía para hablar y para criticar a la JAC hicieron de las conversaciones con ella un punto siempre interesante de mis visitas. En Adriana podemos ver ese tránsito en la percepción de la comunidad con respecto a la población desmovilizada del barrio pero también s entender la influencia que dicha población tuvo en las actividades comunitarias del barrio y en la incorporación de un habitus organizativo y participativo en varios miembros de la comunidad tales como Adri y su esposo Javier. Las actividades desarrolladas por Doña Rita y por los desmovilizados que llegaron con ella y promovidas por las entidades oficiales que apoyaron el proceso de reintegración de ellos al barrio, motivaron a varios miembros de la comunidad a trabajar por el barrio.
29
Con esto no quiero dar a entender que toda la transformación socio-espacial del barrio ha dependido de los desmovilizados. Simplemente han tenido un papel importante en la dinámica local. En este momento Adriana ocupa un lugar importante en el espacio social del barrio y aunque su voz no haya pesado lo suficiente como para que su esposo ganara las elecciones para la presidencia de la JAC, sus prácticas de habitar el barrio tienen un peso significativo en las prácticas comunitarias de la gente de la ciudadela.
En la segunda experiencia que retomé, Julio Sergio, a pesar de su amplio conocimiento sobre la historia del barrio ha elegido simplemente no participar en las actividades comunitarias. Su vida transcurre entre el trabajo y su familia, no le interesa generar lazos de convivencia con sus vecinos y no tiene una perspectiva optimista sobre el futuro de la ciudadela. Los capitales simbólicos con los que cuenta Julio serían suficientes para que ocupara un lugar más notorio en el espacio social del barrio y en las dinámicas de transformación socio-espacial del mismo. Pero a él no le interesa, para “evitarse problemas y malos entendidos” como él mismo afirma.
Las experiencias que abordé en la tercera parte de este capítulo y que recogen las voces de Johana y Danilo, nos hablan de dinámicas evidentes de exclusión de la población que se encuentra en situación de desplazamiento en la ciudadela. Johana está de paso, no conoce a nadie y aunque tiene una percepción muy positiva sobre el barrio, no está interesada en tejer lazos de convivencia con los demás vecinos.
El caso de Danilo es más diciente. Él siente el peso de esta exclusión social de los espacios de participación del barrio, exclusión que en ocasiones se traduce en términos raciales, aunque desafortunadamente no tuve la oportunidad de profundizar en este tema, es evidente que la población afrodescendiente del barrio (que no es poca) no tiene un peso significativo en las decisiones del barrio. El espacio de la participación oficial de esta población afrodescendiente desplazada está muy limitado. Ello(a)s han encontrado espacios alternativos de participación, como el deporte y la música, para ocupar un estatus en el espacio social del barrio y para poner sus opiniones y críticas en el escenario público. Digo ellos porque las mujeres de este grupo no participan en estos escenarios. De hecho ninguna quiso concederme alguna entrevista ni hablar conmigo, siempre decían que estaban ocupadas.
Así como en el caso de los relatos del capítulo anterior, aquí no tiene objeto categorizar o trata de agrupar estas experiencias en tipologías. Hay personas que en función de sus capitales simbólicos y de sus intereses personales participan en las dinámicas de organización comunitaria del barrio. Hay personas que no lo hacen, o que lo hacen a través de canales no convencionales. Como mencionaba en un capítulo anterior, en la práctica hacer la distinción tajante entre la población desmovilizada y la comunidad receptora resulta muy complejo. Los dos grupos están conformados por personas que tienen experiencias y visiones de la vida similares e incluso más cercanas en ocasiones a las de otras personas de grupos armados diferentes a los que pertenecieron
Reducir todas estas percepciones y experiencias en torno a un sentimiento de gratitud entera, como la de la cita con la que comencé el capítulo, no sería ni acertado ni pertinente. Esto invisibilizaría por completo la pluralidad de estas voces y no permitiría captar la complejidad de las prácticas comunitarias y los proceso de transformación socio-espacial de la ciudadela, en los cuales, como mencione, hay personajes que se mantienen al margen y mientras que otros no. Estas decisiones están, al parecer, en relación directa las preocupaciones que estas personas tienen sobre la seguridad del barrio y el mejoramiento de las condiciones en las que viven, pero también se dan como fruto de las ideas que tienen de los derechos y deberes que implica el ser ciudadano.