LOS ACTORES EXTERNOS Y SU INFLUENCIA EN ORIENTE MEDIO
LA INFLUENCIA DE RUSIA Y CHINA EN ORIENTE MEDIO
Hasta la Segunda Guerra Mundial (GMII), Rusia no había tenido más influencia en Oriente Medio que la derivada de sus guerras con Irán (Persia), en el siglo XIX, que terminaron con los tratados de Gulistan (1813) y Turkmenchay (1828), por los que Irán perdió su dominio sobre el Cáucaso. La presión de Rusia sobre el norte de Irán se mantuvo –en com- petición con el Imperio Británico que, desde la creación de la Anglo- Persian Oil Company, mantuvo una presencia militar en el sur del país– hasta el final de la GMII (39). Durante esta guerra, la Unión Soviética (URSS) ocupó junto con el Reino Unido todo el territorio iraní (1941), de donde se retiró definitivamente en 1946.
Durante la época de la guerra fría, la URSS mantuvo relaciones espe- ciales en el área de Oriente Medio con la República Democrática Popular de Yemen (Yemen del Sur) desde 1970 hasta su unificación con Yemen del Norte en 1990, y durante distintos períodos con mayor o menor intensidad con Egipto, Irak y Siria.
En los primeros años después de la GMII, la URSS no tenía en Oriente Medio ninguna presencia, y estuvo de acuerdo con EEUU tanto en la creación de Israel, en 1948, como en el interrumpir la intervención anglo-franco-israelí en el canal de Suez, en 1956. La primera oportuni- dad de tener cierta influencia en la zona vino precisamente de Egipto. Cuando Nasser se vio aislado por los países occidentales, debido a su política nacionalista, se volvió hacia la URSS para buscar apoyo técnico y financiero, que occidente le negaba para la construcción de la presa de Assuan, y sobre todo para proveerse de armamento y asesores mili-
(39) La Convención Anglo-Rusa, de 1907, dividió Irán en áreas de influencia: el norte para Rusia y el sur para Reino Unido, con una zona central de separación, si bien Irán era nominalmente independiente.
tares, que la URSS le proporcionó en abundancia. La relación se estre- chó después de la derrota de Egipto en la guerra de los 6 días (1967), hasta el punto de que a principios de los años 70 había en Egipto unos 20.000 asesores militares. El sucesor de Nasser, Sadat, firmó en 1971 el Tratado Soviético-Egipcio de Amistad y Cooperación, pero en 1972 expulsó a los asesores y en 1976 derogó el tratado y orientó su política exterior hacia los EEUU.
Una aproximación similar tuvo la URSS con Irak a partir de 1968, debi- do al rechazo de los países occidentales al régimen implantado por el par- tido Baaz. En 1972, Irak y la URSS firmaron un Tratado de Amistad y Cooperación, cuyo principal resultado fue la venta de armamento soviéti- co a Irak, si bien este país se mantuvo fuera de la influencia soviética como parte del movimiento de no alineados. Aunque las relaciones políti- cas entre ambos se enfriaron a raíz de la invasión soviética de Afganistán en 1979 y del embargo soviético de armas en 1980, como consecuencia de la guerra Irán-Irak, la venta de armas y el buen entendimiento mutuo continuaron hasta que Gorvachov condenó la invasión de Kuwait en 1990, no se opuso a la primera guerra del golfo, y apoyó las sanciones contra Irak. A partir de 1995, Rusia inició un nuevo acercamiento a Irak, que se tradujo en una creciente oposición a las sanciones en coordinación con Francia y China dentro del CSNU –y a los bombardeos aéreos de Reino Unido y EEUU–, y finalmente en su oposición total a la invasión de Irak, en marzo de 2003.
Las relaciones de la URSS con Siria comenzaron en 1955, cuando los soviéticos iniciaron un extenso programa de ayuda económica y militar hacia este país, para agradecer su rechazo a integrarse en el pacto de Bagdad, y se intensificaron con la llegada al poder de Assad en 1970. En 1980, ambos países suscribieron un Tratado de Amistad y Cooperación. En aquel momento se estima que había en Siria más de 5.000 consejeros militares y técnicos soviéticos. En los últimos 20 años, más del 80% de los equipos militares sirios han sido suministrados por la URSS primero y por Rusia después. Aunque la aproximación del presidente Putin a Israel supuso un cierto enfriamiento de las relaciones, desde 2005 éstas han recibido un nuevo impulso e incluso se ha tratado de forma no oficial la posibilidad de que Rusia estableciese bases navales en los puertos sirios de Tartus y Latakia.
En lo que respecta a Irán, desde la caída del Sha y la creación de la república islámica, en 1979, la URSS comenzó a suministrar armas a
Teherán, y Rusia se convirtió desde 1992 en su principal proveedor. Aunque había acordado con EEUU suspender las ventas a partir del final de 1999 (40), Moscú se liberó en 2000 de ese compromiso y con- tinuó su suministro de armas convencionales y aviones, más por razo- nes económicas que políticas. En cuanto al programa nuclear iraní, en 1995 Rusia e Irán firmaron un acuerdo para la construcción de la cen- tral de energía nuclear en Busher, al sur del país, que debería ser la pri- mera de un total de seis. En principio, estaba previsto que la central estuviera operativa en 2004, pero ha ido sufriendo sucesivos retrasos, que algunos analistas achacan a las reticencias rusas, a pesar de que la instalación está sujeta a las inspecciones del OIEA y existe un acuer- do, de febrero de 2005, para que el combustible sea proporcionado por Rusia y devuelto a ella una vez utilizado, para evitar usos fraudulentos. Rusia es contraria a que Irán desarrolle armas nucleares, pero es parti- daria de la negociación, se opone firmemente a cualquier acción militar contra este país (41), y ha sido reticente a la aplicación de sanciones, aunque finalmente ha aprobado las tres resoluciones sancionadoras de NNUU.
China, por su parte, ha aumentado en los últimos años su dependen- cia de Irán en el campo de la energía. En 2004, ambos países firmaron un acuerdo por el que Irán exportará durante 25 años 10 millones de tonela- das anuales de gas natural licuefactado, además de 150.000 barriles de petróleo diarios durante el mismo período. A cambio, China realizará inversiones en exploración y explotación, además de proporcionar a Irán armamento sofisticado como misiles tierra-tierra y tierra-mar. China, que se opuso firmemente a la invasión de Irak, está también en contra de cual- quier acción militar contra Irán, aunque no se ha opuesto en el CSNU a las sanciones aprobadas por este organismo.
Rusia y China pretenden hacer una especie de política de contención de EEUU en Oriente Medio, aunque sin oponerse frontalmente a sus acciones. Los suministros de armamento y las relaciones comerciales de estos dos países con Irán, reducen sensiblemente el alcance y efecto de las sanciones internacionales contra la República Islámica y suponen un problema para EEUU y la UE, en su intento de lograr una presión suficien- te para que Irán abandone definitivamente su programa nuclear.
(40) Este acuerdo se conoce con el nombre de pacto Gore-Chernomyrdin.
(41) Así lo declaró Putin en Teherán, en octubre de 2007, con ocasión de la cumbre de paí- ses ribereños del mar Caspio.
LAS ORGANIZACIONES INTERNACIONALES Y LAS INICIATIVAS