1. DERECHOS HUMANOS Y DEMOCRACIA
1.4 LA INTERDEPENDENCIA ENTRE LOS DERECHOS Y DEMOCRACIA
ciudadanos.
1.4 LA INTERDEPENDENCIA ENTRE LOS DERECHOS Y DEMOCRACIA.
En la consolidación democrática son tan importantes los procesos jurídicos y políticos que condenan las dictaduras por violación de derechos de libertad, - desapariciones, agresiones sexuales, torturas-, como los que promueven la libertad y la igualdad entre los ciudadanos, para estimular y fomentar su participación en los debates público-políticos que orientan el rumbo colectivo.
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Esta idea de democracia no supone un acuerdo social absoluto, sino plantea las condiciones en las que deben tomarse las decisiones públicas sin violar las libertades, derechos y dignidad de las personas. Son precisamente los desacuerdos los que justifican una democracia deliberativa, entendida como espacios de debate público-político, en el que los ciudadanos se escuchan y comprenden mutuamente, para tomar una decisión de la que todos estarán finalmente convencidos.
Esta deliberación libre e igualitaria supone una interpretación integral de los derechos, pues no sólo requiere de ciudadanos con libertades reconocidas positivamente, sino que además deben estar satisfechos los derechos materiales. Los gobiernos honestamente democráticos deben estar comprometidos con la realización de iguales derechos para todos los ciudadanos, de ahí que encausen todos sus esfuerzos hacia el establecimiento de un orden social equitativo que asegure a todos iguales posibilidades en el goce de sus derechos. Sólo de esta forma es posible el debate público-político real, de lo contrario, no se trataría de una democracia real.
La democracia real exige la eliminación de privilegios que subordinen a unas personas respecto de otras e impide que se impongan opiniones por vías diferentes al razonamiento público.
―La formación de la opinión y de la voluntad, estructurada formalmente en términos democráticos, dependen del flujo de opiniones públicas informales, que en el caso ideal, se forman en las estructuras de un espacio público no menoscabado en su espontaneidad. El espacio público tiene, por su parte, que apoyarse en una base social en la que los iguales derechos de la ciudadanía hayan cobrado eficacia social. Solo sobre una base que haya escapado de las barreras de clase y se hayan sacudido las cadenas milenarias de la estratificación social y la explotación social, puede desarrollarse plenamente el potencial de un pluralismo cultural capaz
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y a su aire, un potencial que, sin duda alguna, es tan rico en conflictos como en formas de vida generadoras de significado y sentido‖41.
Si el derecho es legítimo y los ciudadanos han participado en su construcción desde los espacios democráticos, es más probable la realización de los derechos. La formulación del derecho como responsabilidad de todos y cada uno de los ciudadanos en la construcción de un orden social justo, aporta a la legitimación del derecho como integrador social y herramienta democratizadora.
Los derechos favorecen el desarrollo de la democracia deliberativa, y con el fortalecimiento de los espacios público-políticos se favorece que las instituciones democráticas garanticen los derechos.
La democracia necesita de la autonomía pública y de la autonomía privada; la primera para que el debate público sea espontáneo y sin restricción. Para esto, la opinión pública debe constituirse como entendimiento común entre los ciudadanos que abordan los problemas sociales mediante el razonamiento público.
Por su parte, la autonomía privada es necesaria para garantizar que el Estado no absorba a sus ciudadanos y que tampoco lo haga la ―publicidad‖, así sea incluso la
de las mayorías. Garantiza la libertad de desarrollar su proyecto de vida deseado sin ser víctimas de alienaciones e imposiciones sobre el modo de vida: aquí la democracia se encuentra y experimenta con la diversidad. A su vez, la diversidad de la existencia humana es posible si cada ciudadano tiene las condiciones y capacidades para buscarla y construir ese proyecto de vida deseado y amado. La realización de esta autonomía pública y privada se apoya en la realización tanto de los derechos civiles, como de los derechos políticos y económicos. Una vez consolidadas las instituciones democráticas, éstas garantizan la vigencia de todos los derechos.
41 Ibíd., p. 385.
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A este respecto es interesante el testimonio de Irwin P. Stotzky, quien analizando las condiciones de la democracia haitiana concluyó que la legitimidad de la democracia requiere:
―La continuidad de un orden de autonomía mutuamente asegurada y promovida en el que las decisiones políticas, sociales y económicas se basen siempre en los juicios de los miembros que sean personas libres e iguales. (…) Finalmente, requiere que el orden democrático estable satisfaga permanentemente las condiciones de igual libertad y autonomía que lo definen. Dado que la ausencia de privaciones materiales es un prerrequisito para una deliberación libre e ilimitada, un nivel básico de satisfacción material, que será más específicamente precisado a través de un proceso libre de deliberación colectiva, debería ser provisto para todos los miembros del orden político‖42.
Es importante resaltar el significado del reconocimiento reciproco entre ciudadanos. Podría pensarse que las restricciones a la espontaneidad de los espacios públicos sólo se dan porque las personas tienen condiciones de vida precarias que les impiden ejercer sus derechos políticos y debatir en igualdad de condiciones con otros ciudadanos. Puede darse el caso, que una persona tenga excelentes condiciones de vida, pero la falta de reconocimiento intersubjetivo restrinja su ejercicio, tanto de autonomía pública como de la autonomía privada. Este importante aporte para la democracia lo hace el movimiento feminista. Todas las personas tienen que reconocerse entre sí como interlocutores válidos. Con ese reconocimiento intersubjetivo sería posible la idea de Pogge de hacer un llamado moral a todos los ciudadanos, para que asuman, de acuerdo a sus medios, la responsabilidad de construir un orden social que asegure los derechos de todos.
42 STOTZKY. P, Irwin. Crear las condiciones para la democracia., p. 195. En HONGJU, K. Harold. SLYE. C, Ronald (Com), Democracia deliberativa y derechos humanos. Barcelona: Gedisa. 2004.
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A manera de conclusión, los derechos humanos representan una unidad de garantías que se fundamentan en la dignidad humana y que apuntan al desarrollo integral de las personas y de los pueblos, por tanto, no debe haber jerarquías entre ellos. A su vez, esta realización integral de los derechos humanos produce las condiciones para que la democracia, entendida como un proceso deliberatorio y público entre ciudadanos libres e iguales que deciden sobre el rumbo social, pueda consolidarse.
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