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La “intermitente” apropiación del traductor francés de Tyndall

Puede parecer sorprendente, a primera vista, que sea un abate católico quien se ocupe de traducir al francés las más importantes obras de John Tyndall. Ciertamente, el abate no comulgaba con la doctrina del naturalismo científico británico asumida por el irlandés, pues su profesión religiosa le obligaba a ser un fiel seguidor del credo católico, apostólico y romano. Aunque, bajo la sotana confesional de Moigno se albergaba también la figura de un ser humano, cuya pasión vital era la divulgación científica. En este aspecto, su prolífica pluma escribirá sublimes epítetos de admiración hacia la prosa tyndalliana, especialmente, por su claridad expositiva, y por su calidad literaria.

Fig. 10. EL abate Moigno

La desafiante actitud de Tyndall hacia la autoridad teológica, denunciando su perniciosa intromisión en la explicación científica de los fenómenos naturales, provocará las iras confesionales. Moigno tendrá que hacer frente a dos poderosos adversarios: un emergente laicismo anticlerical en su país, y la estrecha vigilancia del Santo Oficio de la Iglesia. Ésta vela para que la praxis científica del abate se ajuste a los estrictos cánones doctrinales que subordinan la ciencia a la fe. Puntualmente, el abate deberá distanciarse de su admirado amigo irlandés, sea para no forzar sus propias convicciones religiosas al malinterpretar las palabras de Tyndall en su polémico discurso de Belfast, sea como instinto de supervivencia para no verse “contaminado” por su labor traductora de la obra de un científico calificado de “materialista” por los superiores jerárquicos del abate.

104 Las traducciones de numerosas obras de Tyndall vertidas por el abate Moigno (1804-1884) al francés, serán vitales en la gestación del proceso de apropiación tyndalliana en el contexto ibérico: son las primeras obras de Tyndall en circular, profusamente, entre la intelectualidad española; vienen avaladas por la respectada figura confesional de un abate católico, y prestigioso divulgador científico; dan muestra de la estrecha vinculación entre ambos autores (como prueban las más de 80 cartas remitidas entre 1853 y la fecha de su muerte, por el abate a Tyndall, y que figuran en el catálogo232 de la RI); y sobre todo, al recurrir a la autoridad científica del abate francés, como adecuado intérprete del heterodoxo credo tyndallista- con lo que ellos entienden como sus luces y sombras- efectuada por científicos católicos como Bartolomé Felíu y una multitud de apologetas confesionales, revelan la importantísima labor mediatizadora de la figura del irlandés realizada por el abate galo en el contexto español, justificando su inclusión en el presente epígrafe.

Moigno es uno de los más prolíficos divulgadores científicos franceses del siglo XIX: traduce numerosos “memoirs” desde el inglés o el italiano; funda las célebres revistas de divulgación científica Cosmos (1861) y Les Mondes (1862); y edita las Actualités Scientifiques, donde en 1872 se publica una obra de óptica titulada La Lumière: notes d’un course de neuf leçons sur le role scientifique de l’imagination, traducida por el abad Raillard, con la supervisión de Moigno. La nota introductoria de la edición contenía sublimes elogios del abate hacia la erudición y claridad expositiva del físico irlandés:

“Je n’essayerai pas de faire ressortir dans une Préface inutile l’intérêt que présente cette Actualité. Le programme d’optique est un chef-d’œuvre, un chef-d’œuvre de science, un chef-d’œuvre de rédaction, un chef-d’œuvre de précision et de finesse au point de vue de l’explication, Il ne définit pas seulement les phénomènes, il les montre à l’œil de l’intelligence et il les fait saisir du regard. D’un autre côté, la Conférence sur le «Rôle scientifique de l’Imagination» est une perle incomparable, un des plus heureux élans d’un esprit éclairé, fin, délicat, exercé au-delà de ce que nous pourrions dire”.233

El 29 de octubre de 1874, la revista de divulgación científica Les Mondes adelantaba en sus páginas, el contenido del prólogo a la edición francesa del discurso presidencial de la BAAS en Belfast, L’evolution historique des idées scientifiques, autoría de Moigno; y contenía un feroz ataque al científico irlandés procedente de quien había sido, hasta entonces, el más hagiográfico de sus intérpretes. El abate indicará las razones que le llevaran, inicialmente, a ignorar el discurso de su ilustre amigo: no aporta nada útil a sus lectores; confunde las convicciones de su espíritu con las aspiraciones de su imaginación; no se esfuerza por probar nada, salvo reproducir las gratuitas aseveraciones de cuantos heterodoxos han existido a través de los tiempos; comete groseros errores al confundir en su discurso los diversos planos: histórico, filosófico y científico; calificando lo acontecido en Belfast como una “pérfida acción”. Lamenta que esa cruda apología del ateísmo materialista ofendiese la fe de un auditorio cristiano y vulnerable:

“(…) en présence d’un auditoire de plusieurs milliers de personnes, choisies hommes, femmes, jeunes gens, jeunes filles, enfants, faisant toutes profession ouverte de christianisme, qu’il devait, qu’il pouvait se hasarder dans un plaidoyer savant en apparence, vide en réalité, apprendre la défense de l’athéisme et du matérialisme le plu cru qui fut jamais”. 234

232

Tyndall, John. Correspondence. John Tyndall Collection, Royal Institution o Great Britain.

233

Tyndall, John (1872). La lumière. Paris: Les Monds & Gauthier-Villars.

234

Moigno, F. (1874). “L’Evolution Historique des Idées Scientifiques”. Les Mondes, XXXV(9), Paris, 29 de octubre, p., 325.

105 Las palabras de Moigno nos sitúan ante la problemática relación entre progreso científico y secularización de la sociedad, que implica el desplazamiento de la autoridad religiosa hacia una sociedad civil que asume funciones antaño reservadas a las instituciones religiosas; y ocasionando la pérdida de credibilidad de su propia tradición doctrinal. En la época en que el abate escribe el prólogo están todavía latentes los sucesos insurreccionales de la Comuna de París, y el vigoroso laicismo representado por La “Ligue de L’Enseignement”, que debieron ser percibidos por el abate como una terrible amenaza. Será la “Ligue de L’Enseignement”, quien en nombre de la laicidad, consiga imponer al año siguiente la suspensión de unas conferencias organizadas por el abate Moigno en Saint-Denis. Su confrontación con el racionalismo ateo tenía como antecedente su publicación de Les livres saints et la science aunque, paradójicamente, los escritos teológicos del abate serían incluidos en el índice de libros prohibidos del Vaticano. Considera su actividad en favor de la ciencia en armonía con su misión de apostolado:

“La science dont je me suis fait l’interprète est la science vraie et vivifiante...le progrès dont je me suis fait l’écho est le progrès réel et vivifiant dont j’avais arboré courageusement le drapeau, en le définissant comme une marche ascendante et incessante vers tout ce qui est Vrai, Bon et Beau”. 235

Negará, sin embargo, cualquier autoridad a Tyndall para dictaminar sobre asuntos metafísicos. El evolucionista católico liberal, George Mivart, acusará a todo el círculo naturalista científico británico de intromisión “beyond the domain which is specially their own into the metaphysical region”.236 El teólogo inglés, James Martineau (1805-1900) 237, no ponía objeciones cuando Tyndall aplicaba los conceptos de materia y fuerza a los dominios naturales, pero manifestaba que éste erraba cuando pretendía “ride off into the region of ontology”.238

Para Moigno , el discurso científico de Tyndall forma parte de un programa dirigido a subvertir las enseñanzas doctrinales de la Iglesia, al agitar el conflicto entre ciencia y religión : le reprocha sus citas a Draper; sus alusiones a la posición y la edad de la Tierra; al lugar del hombre en la naturaleza y a su relación con las otras formas de vida, incluyendo el origen de su estructura material; la distinción entre alma y cuerpo, entre materia y espíritu, a la inmortalidad humana ; con todos los dogmas que ello revuelve239. Su traductor francés, critica la asociación intelectual de Tyndall con heterodoxas tradiciones extranjeras, especialmente, las procedentes del materialismo alemán de Büchner, Moleschott, y Vogt.

Tyndall será criticado, en ambos lados del canal, por haber manipulado su cargo en la BAAS para realizar propaganda materialista, en contra de los tradicionales discursos presidenciales que revisaban los avances científicos del año anterior. Moigno, se atreve incluso a dudar de la autoridad científica del irlandés por confundir las ideas de atomismo y molecularidad: le aconsejará otras concepciones materiales más compatibles con el dogma cristiano, como los centros de fuerza de Faraday, o la teoría nebulosa de Laplace. Al traductor de Tyndall, le irrita

235

Lagarde Fouquet, A. (2005). Conferencia impartida en Poitiers con ocasión del año Jules Verne, “Vulgarisation scientifique. La science pour tous au XIX Siècle”, disponible en http://sites.google.com/site/cartedevisiteal/lasciencepourtousautempsdecharton

236

Lightman, Bernard.(2004). “Scientists as Materialist in the Periodical Press: Tyndall´s Belfast Address”. A: Sally Shuttleworth et al. (eds.). Scince serialized:Representations of the Science in Nineteenth Century. Cambrigde Mass. MIT Press. Pp. 199-237, p. 206.

237

Filósofo y teólogo unitariano en cuyos escritos se enfatiza el papel de la conciencia humana como guía primaria en la determinación de un correcto comportamiento.

Véase, (http://global.britannica.com/EBchecked/topic/367021/James-Martineau, consultado el 28 de agosto de 2013).

238

Ibidem, p. 214.

106 la cosmovisión materialista ofrecida en el polémico discurso de Belfast, cuando el científico irlandés había asegurado “apreciar en la materia la potencialidad de engendrar toda forma de vida terrestre”; y deduce de sus postulados atomistas, una absurda ceremonia de paganismo, cuya finalidad ritual es la misma “divinización” de la materia.

Cuando en 1881 el abate publique Les Splendeurs de la Foi se hará eco del prólogo a la segunda edición del Belfast Address, y recordará el desmentido de Tyndall ante la acusación de ser un materialista filosófico. Celebrando la afirmación del irlandés sobre la incapacidad de la ciencia “actual” para discernir acerca de los mecanismos fisiológicos que, según ciertos autores, podrían determinar la conformación de la conciencia humana. Aunque reprocha la apuesta darwinista de un librepensador liberado de la fe, admira la brillante contribución de Tyndall a la refutación de la teoría de la generación espontánea.240 La honestidad intelectual de Tyndall –contra el criterio sostenido, hasta entonces, por naturalistas y materialistas científicos- le había conducido a la refutación experimental de la teoría de la generación espontánea; la apropiación de su figura científica será una oportunista estrategia en manos del abate francés utilizada como eficaz antídoto ante el pensamiento filosófico de las escuelas positivista y materialista; y, en este aspecto concreto, pautará la retórica discursiva de sus correligionarios católicos peninsulares. Sin embargo, en los sectores más tradicionalistas, dentro y fuera de la comunidad científica española, surgirán serias advertencias sobre las amenazas que engendraba para la doctrina católica, el “peculiar” ideario científico tyndalliano, y sobre la imposibilidad tautológica de armonizar su programa intelectual con una interpretación cristiana de la ciencia.

4.3 La ciencia moderna y el deber de los católicos: el tyndallismo como