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La interpretación de Kripke: escepticismo y convencionalismo

Una de las interpretaciones clásicas del problema del seguimiento de reglas, presentado en las Investigaciones filosóficas de Wittgenstein, es la que hace Saul Kripke en su libro Wittgenstein. A propósito de reglas y lenguaje privado. Dicha interpretación puede ser catalogada de convencionalista, pues sostiene que el criterio que determina si se sigue correctamente la regla depende de la convención de una comunidad de

hablantes: ―[L]a comunidad juzgará que un individuo que afirma haber adquirido el concepto de adición lo ha adquirido efectivamente si sus respuestas particulares concuerdan con las de la comunidad en casos suficientes […]‖ (Kripke 1982, 104).

El objetivo de este capítulo es examinar la interpretación de Kripke, mostrando cuáles son los argumentos que utiliza para sostener su perspectiva convencionalista. Para ello se hará un análisis de las partes dos y tres de su libro. Dichas partes corresponden, respectivamente, a la exposición de la paradoja wittgensteiniana y a la solución escéptica de la misma, que, en opinión de Kripke, incluye el argumento del lenguaje privado. Sin embargo, no pretendemos hacer una exposición detallada de su libro, sino tan solo sintetizar las tesis principales de la posición convencionalista, mostrando los contrastes que presenta respecto de la lectura del problema del seguimiento de reglas elaborada en el capítulo anterior.

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1. La interpretación escéptica de la paradoja wittgensteiniana

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En la sección dos del libro, Kripke comienza citando lo que denomina la paradoja wittgensteiniana que plantea el problema del seguimiento de reglas. Para ello se remite solo a una parte de §201 en donde considera que se ilustra la paradoja en cuestión y el innegable escepticismo filosófico de Wittgenstein (Cf., Kripke 1982, 21): ―Nuestra paradoja era ésta: una regla no podía determinar ningún curso de acción porque todo

curso de acción puede hacerse concordar con la regla‖ (IF, §201a)47.

Posteriormente, cita el análisis del ejemplo, presentado en §185, del alumno que debe realizar una operación de adición en una serie superior a 1.000. El autor muestra con este ejemplo que en la captación de la regla hay dos elementos básicos: la representación externa o simbólica y la representación mental interna del sujeto. Igualmente, afirma que la regla puede determinar la respuesta del alumno en infinitas respuestas futuras

posibles: ―…mis intenciones pasadas con respecto a la adición determinan una única

respuesta para una cantidad indefinida de casos nuevos en el futuro‖ (Kripke 1982, 21). Esta posición es problematizada a partir del siguiente ejemplo: pongamos una operación

de adición que nunca hayamos realizado, por ejemplo ‗68+57‘. Es claro que hay muchos

casos en los que no hemos pensado siquiera en esta adición, pues solo hemos realizado un conjunto de operaciones finitas. Sin embargo, a la operación de adición el alumno

obtiene como resultado ‗125‘. Vemos que esto es correcto no solo aritméticamente,

porque se sigue de la suma de los dos números, sino porque, metalingüísticamente, se sigue de la operación de adición en sí misma (Cf., Kripke 1982, 22).

Luego de presentar esquemáticamente el problema que encierra el seguimiento de reglas, Kripke plantea la postura de un escéptico extremo que cuestiona la certeza acerca

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La interpretación escéptica de Kripke se refleja incluso desde la estructura propia de su libro, pues sigue la misma división temática que Hume en la Investigación sobre el conocimiento humano. De hecho,

Kripke enuncia dicha estructura en la introducción ―…se introduce un cierto problema o, en terminología humenana, una «paradoja escéptica» concerniente a la noción de regla. A continuación, se presenta lo que Hume habría llamado «solución escéptica del problema»‖ (Kripke 1982, 17-18).

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Considera que el planteamiento de la paradoja escéptica y de su solución son incorrectas, pues se basan en algo que Wittgenstein rechaza explícitamente: ―Wittgenstein ciertamente apoyaría la idea de que no puede haber nada, ningún elemento en la mente de la persona o en cualquier otro lugar que lo instruya, o que le diga qué hacer, en tanto su presencia no garantiza que la persona entienda la expresión ―más‖ en el sentido de más (Cf., McDowell 1998, 308).

47 del resultado que se obtiene de esta operación de adición en el sentido que llamamos metalingüístico48. Es decir, duda de que el alumno pueda utilizar el mismo término

‗más‘ que utilizó en el pasado en nuevos casos futuros, pues puede existir la posibilidad de que, por alguna situación extraña, interprete de manera incorrecta el uso anterior que

hizo de ‗más‘. El ejemplo que pone el autor es el siguiente:

Entonces sería posible que, aunque sorprendentemente, bajo el influjo de un «colocón» momentáneo, malinterpretara todos mis usos pasados del signo más como si simbolizaran la función cuás, y que, en contra de mis intenciones lingüísticas previas, procediese a hacer el cálculo de que 68 más 57 son 5 (Kripke 1982, 24).

Así, el escéptico cuestiona si el uso presente de ―más‖ concuerda con las intenciones

lingüísticas previas del alumno. El escéptico afirma entonces que el alumno siempre puede malinterpretar sus usos previos: lo que quiso decir con la palabra en cuestión49. El problema no es puramente aritmético, pues lo que el escéptico cuestiona es la concordancia entre los términos y no tanto el resultado de la adición en sí misma (Cf., Kripke 1982, 24).

Ahora bien, suponemos que cuando hacemos un cálculo no lo hacemos de manera ciega sino que seguimos una regla. No obstante, el cuestionamiento del escéptico nos exige demostrar tal cosa mediante dos cuestiones: (1.) que hay un hecho (acerca del estado mental del alumno) que demuestra que él quiso decir ‗más‘ y no ‗cuás‘; (2.) que hay una razón que justifica la respuesta ―125‖ y no la respuesta ―5‖ para la operación de

48 Esta interpretación escéptica del la exposición wittgensteiniana del problema del seguimiento de reglas

podría derivarse de la sección §§186-197. En dicha sección, Wittgenstein presenta tres alternativas que descarta tal y como son formuladas (Cap., I). No obstante, las conclusiones que Kripke saca posteriormente no tienen en cuenta que de §§198-206 el autor propone una alternativa que muestra que hay un criterio que va más allá de las convenciones y que justifica la aplicación correcta de la regla. Además, como mostraremos en el próximo capítulo, en la segunda parte de §201 Wittgenstein disuelve la paradoja, pues ésta encierra un malentendido.

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Wright se pregunta respecto de un posible escepticismo de Wittgenstein: ―¿Puede Wittgenstein, entonces, estar haciendo otra cosa que jugar a ser un escéptico inductivo en relación con las conclusiones generales acerca de cómo una expresión es usada, a partir de las muestras de su uso?‖(Wright 2001, 15). La respuesta de Wright es que no podríamos decir que Wittgenstein es un escéptico inductivo, pues su concepción de significado es radicalmente distinta: ―Wittgenstein no creía que le debemos una explicación a prueba de escépticos a nuestros procedimientos ordinarios de formación de creencias; al contrario, para él era un síntoma de una perspectiva filosófica errada, una perspectiva distorsionada de la naturaleza de esos procedimientos, que nos encontremos en la capacidad de tomar el escepticismo seriamente. En consecuencia, necesitamos una mejor interpretación‖ (Wright 2001, 18).

48 adición50. Ambas cuestiones están relacionadas, ya que el alumno puede estar seguro de su respuesta porque, a su vez, está seguro de su concordancia con lo que quiso decir con la palabra más (Cf., Kripke 1982, 25)51. Se trata de demostrar que la respuesta ―125‖ a la suma de ―68+57‖ no es arbitraria52.

El problema no es entonces ―¿Cómo sé que 68 más 57 es 125?, a esto se debe responder dando un cálculo aritmético, sino ¿Cómo sé que ‗68 más 57‘, según el significado que di a ―más‖ en el pasado, debe denotar 125?‖ (Kripke 1982, 26). El

problema es más bien semántico: ¿cómo determinar si el significado del signo ‗+‘ es el

mismo que fue utilizado en el pasado? El significado entonces no se encuentra en el puro signo sino en el uso que de él se hace. La pregunta del escéptico es ¿cómo puede el

alumno estar seguro de que su uso presente del término ―más‖ es un uso correcto tal y

como lo fue en situaciones pasadas?53

El autor afirma que el escéptico no duda de que la adición es una función genuina, sino de que el uso presente concuerde con el uso pasado de la regla, si bien no cuestiona éste último54. Igualmente, sostiene que la respuesta que se le puede dar al escéptico no

tiene límites: ―la evidencia no tiene por qué quedar confinada a la que esté disponible para un observador externo, capaz de observar mi conducta manifiesta pero no mi estado

50 García Suárez considera que la cuestión sustantiva es la ontológica, pues ésta encierra la pregunta por si

hay un hecho objetivo que constituya el que el alumno quiso decir ―más‖ y no ―cuás‖ (Suárez 1999: 86).

51Cabanchik sotiene que la paradoja escéptica de Kripke supone tres cuestiones: ―… (1) ¿qué

hecho, si

alguno, es que «+» signifique suma? (aspecto ontológico); (2) ¿cómo determina este hecho la realización

del cómputo del caso como el cómputo correcto? (aspecto normativo); (3) ¿cómo sabes que sumaste y no

en cambio tumaste, donde tumar es otra operación que da como resultado lo mismo que sumar para todo

cómputo realizado hasta un tiempo dado pero da resultados distintos para nuevos cómputos (aspecto epistémico)?‖ (Cabanchik 2008, 246).

52 Kripke afirma que el ejemplo de alumno que debe seguir una regla algebraica corresponde con una

presentación intuitiva de la paradoja wittgensteiniana. Dicha presentación se complementa con tres alternativas mencionadas por el autor en §§186-196. Al respecto Kripke sostiene que lo común a dichas alternativas es que no proporcionan una solución viable para resolver la paradoja de §201, pues no proporciona un hecho constitutivo que sirva como criterio para determinar el seguimiento correcto de la regla (Cf., Kripke 1982, 26). No obstante, la afirmación de Kripke es incompleta porque no menciona la razón que da Wittgenstein para rechazar las tres alternativas. La razón es la siguiente: lo que comparten estas explicaciones, que las hace insuficientes, es que no se centran en el uso efectivo de la regla e ignoran la importancia del uso estable y del adiestramiento (Cap., primero).

53 (Cf., Finkelstein 2009, 723).

54 Kripke afirma que su interpretación difiere de las formulaciones de Wittgenstein porque hace explícita

la distinción entre uso y mención, y entre el uso pasado y el uso presente (Cf., Kripke 1982, 27). Kripke considera que esta formulación de Wittgenstein hace que se entienda el problema del seguimiento de reglas como un problema aritmético. Esto último no es tan cierto, pues si bien Wittgenstein plantea el problema solo en términos del uso y del uso futuro, sí menciona, repetidas veces, que el problema es de justificación y no tanto un dilema acerca de si realmente el resultado de la adición es verdadero (IF, §198).

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mental interno.‖ (Kripke 1982, 28)55. Por ello, el autor considera que el problema del seguimiento de reglas se plantea como un problema del sujeto consigo mismo, es decir, como un problema de introspección: ¿Hubo algún hecho acerca de mí (de lo que quise decir mediante más) que me imponga lo debo hacer ahora? (Cf, Kripke 1982, 29).

Eso por una parte. Por otra, Kripke afirma que no es por un número finito de casos

como el alumno puede llegar a aplicar la función ―más‖ del mismo modo que en el

pasado, sino porque aprendió e interiorizó las instrucciones respectivas que le permitieron comprender cómo continuaba la adición (Cf., Kripke 1982, 30). Y es que cuando se realiza el proceso de adición el alumno no da la respuesta de manera automática, como si fuera una máquina, ni consulta una instrucción pasada para

responder ―125‖. Sin embargo, pues el escéptico puede volver a cuestionar el acto de contar del alumno, pues éste puede no corresponder con el uso pasado de la palabra

―contar‖. El escéptico arguye que el alumno interpreta la palabra ―contar‖ como ―cuontar‖ y por ello realiza la operación equivocada. Así, podemos remitirnos ad infinitum a distintos elementos que son dudosos en el seguimiento de la regla, como se

ve en los dos ejemplos citados: ―…si «más» se explica en términos de «contar», una

interpretación no estándar de la segunda palabra traerá aparejada una interpretación no estándar de la primera‖ (Kripke 1982, 31)56. Por lo tanto, no hay ningún hecho fundamental que pueda justificar la aplicación correcta de la regla, pues siempre el uso del término puede ser malinterpretado y, sin embargo, se puede apelar a otra regla para justificar el resultado de dicha aplicación.

En este análisis Kripke ilustra cómo los cuestionamientos del escéptico sirven para reflejar la paradoja wittgensteiniana y las observaciones acerca de una regla para interpretar otra regla (Cf., Kripke 1982, 31). A este respecto Kripke nos dice: ―Resulta

tentador responder al escéptico apelando, desde una regla, a otra regla más básica. Pero el paso escéptico puede repetirse igualmente en el nivel más básico‖ (Kripke 1982, 32). Por eso Kripke nos dice que si bien puede que el alumno no malinterprete su uso del

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Para Kripke la paradoja escéptica, planteada por Wittgenstein, no es conductista, pues se presenta desde dentro y en eso se diferencia del proyecto de traducción radical de Quine (Cf., Kripke 1982, 28).

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Esto es lo que Finkelstein denomina ‗interpretacionalismo‘: ―…el problema de lo que podría llamarse interpretacionalismo se puede poner de la siguiente manera: por más tentador que parezca la idea que nuestras palabras derivan su significado de las normas o interpretaciones, esto sólo nos deja con la cuestión de dónde obtenemos el significado de esas normas o interpretaciones‖ (Finkelstein 2009, 723).

50 término ‗más‘, sí puede malinterpretar el término ‗contar‘ por ‗cuontar‘ y sucesivamente

cada nuevo uso puede ser interpretado de un modo no estándar. El reto escéptico entonces exige que demostremos que al final de la cadena explicativa hay un hecho que justifica el seguimiento correcto de la regla, de lo contrario quedaríamos atrapados en las infinitas interpretaciones dudosas de un término.

En esta punto Kripke está siguiendo la segunda parte §201 donde se dice que hay una

cadena explicativa que se extiende interminablemente: ―…en este curso de pensamientos

damos interpretación tras interpretación; como si cada una nos contentase al menos por un momento, hasta que pensamos en una interpretación que está aún detrás de ella‖ (IF,

§201b). Kripke sostiene entonces, a la luz de este parágrafo, que en el seguimiento de la regla siempre es posible dudar de algún elemento del proceso y, por ende, encontrar distintas maneras de justificar el seguimiento correcto de la misma. Por ello, se citan dos ejemplos en donde es posible que haya más de una respuesta correcta dada una operación de adición en una serie numérica, pues no hay ningún hecho, en la historia mental del alumno o en su conducta, que justifique si se aplica la operación ―más‖ o la operación ―cuás‖:

―…hay un número indefinido de reglas (incluso de reglas enunciadas en términos de funciones matemáticas tan convencionales como los polinomios ordinarios) compatibles con cualquier segmento inicial finito. Por eso, si el evaluador me insta a responder, tras 2, 4, 6, 8,…, con el único número siguiente apropiado, la respuesta apropiada es que no existe tal número único, ni hay tampoco una única secuencia infinita (determinada por reglas) que sea continuación de la dada (Kripke 1982, 32).

Kripke, sin embargo, afirma que este proceso interpretativo tiene un fin pero en una

regla última: ―Al final, el proceso debe detenerse —«las justificaciones tienen un final en alguna parte»— y lo que me queda es una regla que está enteramente sin reducir a

ninguna otra‖ (Kripke, 1982: 32). El autor considera que este proceso se detiene en una

función o regla última que se establece para casos finitos. No obstante, se pregunta si el alumno no está siguiendo un impulso injustificado, pues no hay un hecho que justifique

51 las respuestas a la operación de adición, pareciera que el alumno aplica a ciegas la regla (Cf., Kripke 1982, 32)57.

Además, el alumno no tiene en su mente instrucciones que le permitan aplicar correctamente infinitos casos futuros, por lo que pensar que hay una regla general en la

mente que contenga estos casos es solo ―desplazar el problema a otras reglas que

también parecen darse solo en términos de una cantidad finita de casos‖ (Kripke 1982,

36). Parece entonces que afirmar que existe una regla última que justifica el seguimiento correcto de la regla no es otra cosa que suponer otras reglas que justifiquen cada caso particular, pues no es posible, para Kripke, que una regla pueda contener todos los infinitos casos posibles; una regla siempre se da para casos finitos: ―[A]firmar que hay

una regla general en mi mente que me dice cómo sumar en el futuro es solo desplazar el problema a otras reglas que también parecen darse solo en términos de una cantidad

finita de casos‖ (Kripke 1982, 36). Por lo tanto, si no hay manera de determinar un criterio que identifique si se aplica correctamente lo que significa el término ‗más‘ ―parece que la idea entera de significado se desvanece en el aire‖ (Kripke 1982, 36). Es decir, si no hay un hecho que justifique la aplicación correcta del término entonces el concepto de significado se disuelve en una cadena interpretativa cuya validez dependería del caso en el que éste se aplique.

Hasta aquí hemos expuesto la manera en que Kripke presenta la paradoja wittgensteiniana de §201, la cual consiste, básicamente, en lo siguiente: no hay nada que justifique un curso de acción, ya que todo curso de acción puede hacerse concordar con una regla. Por eso Kripke dice que la idea de significado parece desvanecerse, pues no hay límites nítidos que permitan establecer si el uso de un término es correcto o no. El reto escéptico supone que hay un hecho como una unidad bien determinada.

En este numeral hemos presentado, muy esquemáticamente, los argumentos que utiliza Kripke para ilustrar la paradoja wittgensteiniana y el reto escéptico que subyace a ella. En su presentación de la paradoja, el autor presenta varios ejemplos de la paradoja y refuta posibles respuestas que considera no responden a la objeción de que siempre es

57 El autor sostiene aquí que la paradoja wittgensteiniana no es de tipo epistemológico, pues de lo que se

trata es de la justificación de la aplicación de la regla y no tanto de la comprensión de la misma (Cf., Kripke 1982, 35).

52 posible interpretar de un modo no estándar la función o el uso de una palabra. En el siguiente numeral se presenta la solución convencionalista que se propone en la tercera parte del libro.

2.

La solución escéptica y convencional de la paradoja: