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La invasión de Bernardo de Armañac (1389-1390)

I – Contexto internacional

3) La invasión de Bernardo de Armañac (1389-1390)

En este capítulo, trataré sobre el ofrecimiento de asistencia militar que Juan I de Castilla brindó a su cuñado aragonés, para hacer frente a la invasión transpirenaica de las huestes de Bernardo de Armañac, hermano del conde de dicho territorio. Aunque Juan I, finalmente, no precisó de la ayuda militar castellana para repeler a los invasores franceses, no obstante, este episodio es bastante curioso, pues, es la única ocasión, para el reinado de Juan I de Aragón, en donde uno de los dos soberanos castellanos, coetáneos a él, estuvo dispuesto a acudir con un ejército en defensa de sus reinos, sin esperar ninguna gratificación por ello.

En 1389 otra amenaza transpirenaica se cernía sobre la Corona de Aragón. Bernardo de Armañac, hermano del conde Juan de Armañac, estaba organizando un ejército para marchar contra las fronteras aragonesas115. El objetivo de esta empresa no

era otro que forzar al rey de Aragón a entregar el Reino de Mallorca al conde de Armañac, sobre quien había recaído la herencia de dicho territorio116. Ya a finales de febrero se

temía un posible ataque en la frontera de los condados de Rosellón y Cerdaña, por lo que el monarca aragonés ordenó al vizconde de Rocabertí que estuviera atento ante cualquier movimiento extraño que se produjera en los límites de sus dominios117. Con todo, la

expedición francesa se demoraba, lo que dio tiempo al rey de Aragón a enviar sus

115 Según Zurita, Anales, IV, p. 737, “se juntaron grandes compañías de gentes de armas de diversas

naciones y lenguas”. Véase también: Escartí, “El MS. 212”, p. 40. Según el cronista aragonés de finales del siglo XV Vagad, Corónica, f. 150v, las huestes del conde de Armañac estaban conformadas por un total de “dizeocho mil de cavallo”, cifra, obviamente, bastante exagerada.

116 En efecto, en 1375 Isabel, hija de Jaime III de Mallorca, vendió sus derechos sobre el trono de Mallorca

al duque Luis de Anjou, hermano de Carlos V de Francia. Tras la muerte del duque en 1384, los derechos pasaron a su hijo mejor de edad, Luis II de Anjou, quien, a su vez, vendió sus derechos sobre el trono mallorquín al conde Juan III de Armañac. Véase a este respecto: Lecoy de la Marche, Les relations, II, pp. 273-279; Vielliard, Mirot, “Inventaire”, p. 114 y Ferrer i Mallol, “La organización militar”, p. 133.

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embajadores ante Carlos VI de Francia, intentando conseguir del monarca galo algún tipo de ayuda o seguridad118.

No se sabe con certeza cuando entraron las compañías de Bernardo de Armañac en territorio aragonés, aunque debió de ser a mediados de octubre. Con anterioridad, el 3 de agosto, la reina Violante escribió al vizconde de Rocabertí, informándole sobre la concentración de tropas en la frontera del condado de Rosellón119. Según el “Noticiari

Catalá” de Joan Toralles, dichas huestes entraron en territorio aragonés a comienzos de noviembre120. Las actas de las “cortes generales de Monzón”, más precisas, afirman que

el 30 de octubre el rey ya estaba enterado de la entrada de las fuerzas francesas121.

La invasión de las huestes de Bernardo coincidió, según indica Zurita, con ataques de las tropas del duque de Lancáster contra la frontera norte del Reino de Aragón, en represalia por la prisión del arzobispo de Burdeos122. Sin embargo, como ya indiqué

anteriormente, las desavenencias entre el noble inglés y el rey de Aragón, teóricamente, habían sido zanjadas. Por lo tanto, es probable que las huestes que menciona el cronista aragonés se tratasen, en verdad, de mercenarios gascones al servicio de Bernardo de Armañac o, simplemente, de compañías independientes que aprovecharon un momento de inestabilidad en la Corona de Aragón para rapiñar las comarcas pirenaicas poco defendidas. Este tipo de incursiones debieron ser frecuentes. Por ejemplo, a comienzos de abril de 1391, Juan I de Aragón ordenó a los principales nobles de Cataluña que estuvieran apercibidos, pues, según noticias que éste había recibido, “grans conpanyes

118 ACA, Cancillería Real, reg. 1958, ff. 18r-19r. En esta carta, fechada el 26 de mayo, el soberano aragonés

indicaba que, aparte de los hermanos Armañac, también el vizconde de Narbona estaba dispuesto a participar en la expedición programada contra las tierras de la Corona de Aragón.

119 ACA, Cancillería Real, reg. 2053, f. 99r. 120 Moliné y Brasés, “Noticiari catalá”, p. 215. 121 VV. AA., Acta Curiarum, V, p. 407.

122 Zurita, Anales, IV, p. 738. Unos meses antes, los condes de Foix y Armañac, respectivamente y, al

parecer, por separado, habían firmado sendos tratados de paz con Ricardo II de Inglaterra, lo que puede explicar la intensa colaboración entre las tropas de Bernardo de Armañac y el duque de Lancáster, en la cual, como se verá más adelante, no participó el conde Gastón de Foix, quien optó por aliarse con el rey de Aragón: Rymer, Foedera, VII, pp. 712-713.

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d´armes, d´estranya nacio, vinents de les parts d´Armanyach, de Gascunya e de Lenguadoch, s´esforçen intrar en lo principat (…) per esvahir e dampnificar aquell”123.

Las huestes de Bernardo de Armañac saquearon gran parte de la actual provincia de Gerona, aunque evitaron acercarse a la capital, donde se estaba concentrando el grueso del ejército aragonés para repeler a los invasores124. En diciembre fue enviada una

embajada aragonesa ante el rey de Francia por orden de Juan I, quien, además, comunicó a los principales nobles de Francia la situación de guerra causada por parte del hermano del conde de Armañac en sus dominios125. El rey de Francia,ante esta situación, aseguró

a su homónimo aragonés que ninguno de sus súbditos prestaría ayuda a Bernardo de Armañac126, a la vez que ordenó al conde de Armañac que no enviase ningún tipo de

auxilio a su hermano127.

El rey de Castilla, pendiente en todo momento de la situación que se vivía en tierras catalanas, no pretendió mantenerse al margen de estos acontecimientos, por lo que ofreció ayuda militar a Juan I de Aragón en enero de 1390, aunque éste rechazó el

123 ACA, Cancillería Real, reg. 2014, f. 42v (2ª numeración).

124 Zurita, Anales, IV, pp. 738-739. Además del envío de tropas, los distintos territorios de la Corona de

Aragón colaboran económicamente en la defensa de Cataluña. Por ejemplo, los representantes de los tres brazos del Reino de Valencia en las cortes generales de Monzón pusieron a disposición del rey un total de 13.708 florines: Martínez Aloy, La diputación, pp. 158-159.

125 ACA, Cancillería Real, reg. 1957, ff. 49v-50r. También la reina Violante escribió a Carlos VI a este

respecto: ACA, Cancillería Real, reg. 2053, f. 131r. El embajador enviado a la corte francesa fue el vizconde de Roda, quien era el representante más habitual de los intereses aragoneses en el reino galo.

126 Según Sumption, The Hundred Years Wars, III, p. 715, el monarca galo indicó que no estaba al corriente

de los tratos firmados entre Aragón y Francia en los primeros años de su reinado, pues fueron signados por sus tíos, los duques de Berry y Borgoña, durante su minoría de edad. Según indica el autor inglés, Carlos VI, una vez que llegara a París de un viaje que estaba realizando por los dominios meridionales de su reino, comprobaría el contenido de los acuerdos firmados entre ambas monarquías y, si era oportuno, intervendría de forma directa en favor de Juan I de Aragón. Sin embargo, al no indicar la fuente que consultó para sustentar dicha información, considero que la teoría de Sumption no es correcta, pues no encuentro el modo de poder comprobar su veracidad.

127 Zurita, Anales, IV, pp. 738-739. En diciembre de 1389, el rey de Francia obsequió al monarca aragonés

con sus divisas del “ciervo volante” y de la “genesca”, a lo que Juan I correspondió con la entrega a Carlos VI de su divisa personal del “águila”: ACA, Cancillería Real, reg. 1957, f. 60r. Sin embargo, ya tenemos constancia de la entrega mutua de dichas divisas el año anterior: ACA, Cancillería Real, reg. 1954, f. 135r. El documento se encuentra publicado en: Coroleu, Documents historichs, pp. 110-111.

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ofrecimiento. No obstante, le agradeció los esfuerzos diplomáticos de Pedro López, embajador castellano en Francia, en beneficio del rey de Aragón ante la corte del soberano francés Carlos VI:

Rey hermano muy caro, a lo que nos ha dito de part vuestra [Pedro López], que si por estas companyas d´armas que son entradas en Cathalunya, por dampnear aquella, queríamos algunas cosas que vos fiziessedes por honra nuestra que les firíades, respondemos vos que lo tenemos en grado special, e quanto al present no nos faze menester, significamos vos muy caro hermano, que nos mandamos prestament plegar más gentes, e con aquellas hi entendemos personalment fazer tal escarmiento, como conviene a nuestro servicio, e destrucción de las ditas companyas, las quales, sin toda razón que nunca les diemos nos ni nuestros naturales, se son atrevidos, juntament, a ofendernos, e nuestra tierra con grand locura, e superbiesa audacia (…) Otrossí muy caro hermano, vos agradeçemos muyto lo que por el dito doctor embiades a dezir a nuestro hermano el rey de Francia, porque aquello es cosa que puede por cumplir128

Esta noticia es bastante interesante. En efecto, Juan I de Castilla mostró un enorme interés por la suerte de su antiguo cuñado aragonés, no solo ofreciéndole ayuda militar, sino también, auxilio diplomático en la corte francesa. En efecto, el peso y la solidez de la alianza franco-castellana, aparentemente, moverían a Carlos VI a mostrar un mayor interés por la suerte del monarca aragonés, en respuesta a las peticiones que le formulaban los embajadores de su aliado castellano y, de este modo, contactaría de algún modo con el conde Armañac, para que éste convenciera a su hermano de abandonar los dominios del rey de Aragón.

Aunque no he podido encontrar ningún tipo de documentación al respecto, considero que es probable que Juan I de Castilla negociara directamente con el conde de Armañac, para que éste pudiera persuadir a su hermano para retirarse de territorios catalanes. En efecto, hay que recordar que, en julio de 1386, como ya mencioné antes, el rey de Castilla y el conde Juan de Armañac habían firmado una alianza. Por ello, estimo que, de algún modo, al igual que medió en favor del soberano aragonés ante Carlos VI de

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Francia, Juan I de Castilla no actuaría de modo distinto ante el noble francés, aliado, de igual modo, del soberano castellano129.

El soberano aragonés no solo recibió apoyo de Castilla, sino también del gran maestre de la Orden de San Juan, Juan Fernández de Heredia, de Carlos III de Navarra y de Gastón Febo130, conde de Foix. El primero ofreció asesoramiento militar al monarca

aragonés, lo que éste agradeció en gran medida, a la vez que comunicó al maestre que “recordantes los feitos notables e grandes de nuestros predecessores, havemos deliberado de personalment procedir en l´escarmiento d´estas gentes estranyas”131. De parte de

Carlos III de Navarra, no hay constancia que el monarca aragonés recibiese algún tipo de colaboración militar, aunque, probablemente, debió de obtener cierta colaboración política, pues hizo partícipe al navarro del apoyo que pretendía esperar del rey de Francia132. Con el conde de Foix, Juan I de Aragón firmó un tratado de alianza en marzo

de 1390, con el fin de organizar un ataque militar contra el condado de Armañac133.

Por otro lado, el sistema de espionaje aragonés estaba obteniendo información sobre los modos de financiación de Bernardo de Armañac. En una misiva fechada el 19

129 Para una visión general sobre las relaciones entre los monarcas castellanos y los condes de Armañac,

principalmente, durante el siglo XV, véase: Olivera Serrano, “Los condes de Armagnac”.

130 Pailhès, Gaston Fébus, p. 403. Sobre la colaboración de Juan I con el conde de Foix, véase también:

ACA, Cancillería Real, reg. 1957, ff. 143r y 148r; reg. 1958, ff. 51v-52v; reg. 1970, ff. 65r-70v; reg. 2053, ff. 136r-137r; Sumption, The Hundred Years Wars, III, pp. 715-716.

131 ACA, Cancillería Real, reg. 1958, f. 40r. 132 ACA, Cancillería Real, reg. 1957, f. 82v.

133 El texto del tratado se encuentra en: ACA, Cancillería Real, reg. 1760, ff. 24v-25v. Véase también:

Sumption, The Hundred Years Wars, III, pp. 716-717. La primera cláusula del tratado estableció que el conde de Foix se comprometería a entrar en guerra contra el conde de Armañac y contra su hermano, Bernardo. Entre otros términos, se estableció que el conde de Foix podría retener para si todo el territorio que arrebatase al conde de Armañac, aunque, en caso de invasión del territorio aragonés, debería de acudir en defensa de los dominios de Juan I. El rey de Aragón, por su parte, se comprometió a entregar a Gastón Febo una primera paga de 100.000 marcos, además de costear los gajes de las gentes de armas empleadas por el conde. El último punto del tratado, establecía que el conde de Foix nombraría heredero de sus dominios al infante Martín (hermano de Juan I), medida que, tras la muerte de Gastón Febo, no fue aplicada, pues los dominios del noble francés recayeron en la persona de Mateo de Foix, vizconde de Castellbó y yerno del propio Juan I, quien casó con una de sus hijas, la infanta Juana. Sobre este matrimonio, véase: Olivar Bertrand, Bodas reales, pp. 186-189; Marca i Tasis, Joan I, pp. 210-211; Ferrer i Mallol, “La sucesión”, p. 382.

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de enero de 1390, cuyo destinatario no se indica, Juan I afirmó que en Aviñón había “II o III taules, per soldejar gents d´armes contra nos, e en ajuda dels armanyaquesos”134. Sin

embargo, que en la ciudad papal se recaudasen los fondos para contratar a los mercenarios del ejército de Bernardo de Armañac no era lo más grave. En efecto, la carta continúa indicando que varios de los capitanes contratados en Aviñón pertenecían a la casa de Clemente VII, información que el propio pontífice conocía. Ante esta situación, Juan I ordenó al anónimo receptor de la misiva regia que se entrevistara con el conde de Ginebra Pedro III, hermano del papa aviñonés, para que éste intercediera ante el pontífice y, de este modo, cesaran todas las conspiraciones y acciones anti aragonesas en Aviñón.

El rey de Aragón, pese a no aceptar la ayuda militar ofrecida por su cuñado castellano, le informó constantemente sobre la marcha de las operaciones militares contra las huestes de Bernardo de Armañac135. La campaña francesa en tierras aragonesas estaba

próxima a su fin. El jueves santo, “último de marzo” según Zurita136, partió el rey de

Aragón con el grueso de sus tropas desde Gerona137, alcanzado a las huestes de Bernardo

de Armañac en tierras del condado de Rosellón, las cuales, ante la superioridad de las fuerzas aragonesas, optaron por la retirada138. La situación no era del todo tranquilizadora,

pues durante algunos días se temía una nueva entrada de las fuerzas de Bernardo de Armañac en tierras de la Corona de Aragón, aunque todo quedó, finalmente, en un mero

134 ACA, Cancillería Real, reg. 1958, f. 34r.

135 ACA, Cancillería Real, reg. 1957, ff. 124rv; apéndice documental nº XI. Resulta también interesante

una carta remitida por Juan I de Aragón a Pere Boïl (que se encontraba en la corte castellana), el 25 de febrero, en donde le comunicó la llegada a la hueste real de tropas procedentes de los reinos de Aragón y Valencia, por lo que rogó a su emisario que anunciase dichas noticias al rey de Castilla, “car entenem de cert que plaer havra”… ACA, Cancillería Real, reg. 1957, f. 140v. Al final de dicho documento, se mencionaba el próximo envío a Juan I de Castilla de una copia del “libre de Mandrevila”, es decir, la obra conocida como “Viajes de Juan de Mandeville”, siendo este un buen ejemplo de la actividad e intercambio cultural existente entre las cortes castellana y aragonesa.

136 Zurita, Anales, IV, p. 740.

137 Según el cronista Pere Tomic, las fuerzas aragonesas sumaban un total de 1.000 unidades de caballería

y 3.000 hombres de a pie: Tomic, Historias e conquestas, p. 225. Entre las tropas reunidas por Juan I, destacaba la presencia de ciertas compañías de almogávares procedentes de la Gobernación de Orihuela: ACA, Cancillería Real, reg. 1957, 125r; ACA, Cancillería Real, reg. 2015, f. 45v. Ambos documentos se encuentran publicados en: Ferrer i Mallol, Organització, pp. 536-537.

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rumor, pues, no volvió a verse ningún otro contingente armado en las fronteras del condado de Rosellón139.

Como conclusión del presente capítulo, es bastante interesante resaltar el grado de lealtad mutua alcanzado entre ambos soberanos, a la hora de involucrarse en la defensa e integridad del territorio de uno u otro. En efecto, el rey de Castilla no habría obtenido ningún tipo de beneficio en apoyar a su cuñado aragonés contra las tropas de Bernardo de Armañac. Además, no dudó en posicionarse a favor del rey de Aragón ante Carlos VI de Francia, uno de los principales aliados de Castilla. Desde mi punto de vista, Juan I de Castilla debía sentir un gran afecto por su antiguo cuñado aragonés. Hay que tener en cuenta que el soberano castellano, aunque ocho años menor que el aragonés, desde muy joven habría tenido contacto con éste, pues, había nacido en el seno de la corte aragonesa, durante el exilio del futuro Enrique II de Castilla y su esposa, Juana Manuel, en tierras aragonesas durante la guerra de los dos Pedros. Juan de Aragón, además, siendo todavía duque de Gerona, participó en los acuerdos de la paz de Almazán donde se concertó el matrimonio entre Juan de Castilla y Leonor de Aragón. Dicho grado de familiaridad, como se ha podido comprobar, ni siquiera se rompió con el segundo matrimonio de Juan I de Castilla con Beatriz de Portugal. Al contrario, el vínculo que unía a ambos reyes seguía igual de sólido.

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II – Relaciones político-