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CAPÍTULO III: LAS VANIDADES DE BLANCA VARELA EN EJERCICIOS

3.4. Las vanidades de la juventud, la belleza, el poder y la soberbia en

3.4.4.4. La iteración de cuatro símbolos varelanos

A los símbolos tradicionales, la poeta suma un proceso de innovación semiótica. Es decir, desarrolla una resimbolización al tomar elementos tradicionales y reformularlos, ya sea en el plano del contenido o en el de la expresión. Una manifestación de ello es el gusano. Se debe recordar que este animal tenía que ver con la inanidad del mundo y, en los bodegones, se solía referir a él mediante una fruta horadada.

Varela, por su lado, le da un matiz carnívoro, y su voracidad se acrecienta al punto de tornarse fúnebre. Un cuerpo inerte es necesario como alimento para otro ser que debe continuar la vida. En este caso, el gusano no representa únicamente lo efímero o lo contingente, sino que se alude a la proyección de una nueva vida, después de la muerte de otra.47 Por lo tanto, se activan la corrosión y el vitalismo, como sucedía en “Lección de anatomía”: el gusano es símbolo de la fugacidad vitalista. Esto estrecha lazos con lo afirmado por Juan-Eduardo Cirlot (2006) en su Diccionario de símbolos, en el cual se dice que el gusano es símbolo de la muerte relativa, pues es un exponente de la “energía reptante y anudada” (p. 232).

Recuérdese que el poema dice que el gusano buscará dónde sembrar la yema de su hielo. Si se considera que una acepción del vocablo yema asociado a la zoología dice

47. Esta idea se alude en otros dos poemas de distintos libros: “Tú, gusanito, gusaboca, gusaoído, dueño de la muerte y de la vida.” (“Auvers-sur-Oise”, de Valses y otras falsas confesiones); y “vino el hombre / y devoró al pájaro / vino el gusano / y devoró al hombre” (“Justicia”, de Canto villano)

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que es la protuberancia del cuerpo de ciertos animales, como gusanos, que se desarrolla hasta constituir un nuevo individuo, entonces se refuerza la reformulación del gusano como un ente de corrosión y generación de vida, al mismo tiempo.

Otra resimbolización, pero ya en el plano de la forma, es el hielo. Este elemento retoma la idea de la muerte, como se apreció en el poema “Escena final”, y resulta ser el equivalente varelano de la calavera barroca. Si García Lorca personifica a la Muerte mediante una mendiga en Bodas de sangre, Varela, por su parte, la cosifica a través del hielo. Este se relaciona con la frialdad de la muerte, en oposición al calor de la vida, y a la cual no se le escabulle nada. También es mencionado con la misma connotación sombría en otro poema: “el pulgar de hielo / levanta el párpado / y coloca una gota de oscuridad” (La muerte viste a la novia”, de EM).

Además de los procesos ya mencionados, Varela también aporta símbolos. En “Claroscuro”, Varela escoge la carne como símbolo del cuerpo triunfal y sufriente.48 Si se desea asociar esta idea con algo religioso, la carne, esta vez, no estaría relacionada ni con el “placer de la carne” ni con las prohibiciones aludidas al alimento en Semana Santa. Si se toma una referencia religiosa, la más cercana sería: “Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros” (Jn. 14, 3). Si la deidad concretiza todas las virtudes al encarnarse, también como contraparte sentirá el dolor, el hambre, el frío, la miseria, la duda. En síntesis, si este elemento es la parte material del ser humano y a través de la carne se percibe el mundo, eso explicaría muy bien por qué los poemas de EM –y los de la gran mayoría de sus poemarios– están marcados por la caducidad, el sufrimiento e, incluso, la descomposición. Por otro lado, el aspecto triunfal de la carne se relaciona con la perpetuidad de la especie humana, como ya se afirmó antes.

A este elemento se le debe sumar otro símbolo: el animal, aludido mediante la sinécdoque del rabo, y que aparece en otros poemarios. Recuérdese que esto se ligaba al desenmascaramiento. Ana María Gazzolo asevera que en la lírica varelana hay una voz poética que adquiere la forma de un animal y su aparición se relaciona con el

48. Esta idea coincide con una frase interpretativa de Violeta Barrientos sobre un verso de “Camino a Babel”: “el tiempo está hecho carne y la carne es la cruz que llevamos” (Dreyfus y Silva, 2007, p. 224). La cruz se relaciona tanto con la pasión como con la superación de ella. De la misma manera, la carne, a pesar de ser transitoria y dolorosa, también es triunfal.

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cuestionamiento al propio yo. Además, mediante dicha identificación, el poema pone énfasis en la vida, la degradación y el deterioro de las condiciones de la existencia humana. (Dreyfus y Silva, 2007). De esta manera, la renovación simbólica del animal haría referencia al cuestionamiento de una verdad oculta, la cual puede ser negada o ignorada por el humano (en su aspecto intrapersonal o interpersonal).

A esta idea debe añadirse otra información que, aunque se aleja de la simbología propuesta, resulta interesante. Según la RAE (2014), la carne es la parte muscular del cuerpo de los animales. La definición asocia dos símbolos propiamente varelanos: carne y animal. Por ende, si el cuerpo humano es llamado de dicha manera, entonces hay un afán por homogenizar al hombre con dichos seres. Violeta Barrientos afirma, al respecto: “La animalidad es el secreto que iguala a todos los seres humanos, de ahí su importancia en revelarlo, para hacer justicia” (Dreyfus y Silva, 2007, p. 223). Esto trae a la memoria tanto a las danzas hispanas de la muerte como a los versos de Manrique, los cuales hablaban del poder igualador de la muerte, pues no había nada más democrático que ella al no hacer diferencias entre el papa, un rey, un labrador o un mendigo.

Varela, en esta ocasión, no se preocupa únicamente por equiparar estatus sociales. Ella va más allá, puesto que su alusión a la “carne” presenta doble intencionalidad. Por una parte, bombardea la soberbia del hombre y sus aires de superioridad; y por otra, procura establecer una identidad del hombre con los animales.