revolucionaria veinticinqueña sobre el funcionamiento y el desempeño de sus
partidos
El diálogo con los dirigentes entrevistados: sus miradas sobre la izquierda local, las características organizacionales de sus partidos y el contexto nacional
En este capítulo nos adentramos en el análisis de las percepciones de la izquierda revolucionaria local, a partir de las expresiones que dos representantes de la izquierda veinticinqueña hacen de su actuación y la de su fuerza política en la comunidad. El primero es un importante dirigente político de la izquierda durante los años de la vuelta de la democracia hasta principios del 2000, mientras que el otro es el principal exponente de la izquierda revolucionaria a nivel local desde hace más de 10 años. Serán presentados a lo largo del capítulo como “el dirigente histórico” y “el dirigente actual” o “contemporáneo”, y no con sus respectivos nombres, con el fin de mantener el anonimato y preservar sus identidades, ya que no se acordó en ningún momento con ellos que sus nombres serían publicados en el presente trabajo. Sus declaraciones –extraídas luego de realizadas sendas entrevistas- no serán reproducidas textualmente en su totalidad, sino que se las transcribirá analizadas desde diversos tópicos que permitan sintetizar el pensamiento de estos líderes sobre sus propias organizaciones, intentando dilucidar puntos en común, aspectos divergentes, datos destacados y otras cuestiones relevantes para el estudio de la problemática.
Las entrevistas estaban dirigidas a obtener una mirada partidaria sobre las debilidades de la izquierda y las potenciales causas que le han impedido obtener un caudal de votos superior al 5% en los años del período estudiado. ¿Qué podían decirnos quienes viven o han experimentado personalmente esta situación? ¿Cuánto de lo que afirman coincide con lo que realmente sucede, con lo que la ciudadanía percibe o con lo que los analistas plantean?
122 A continuación se presentarán dichas ideas y se las analizará e interpretará en función de la problemática investigada.
Como primer aspecto importante cabe destacar que las ideas centrales que ambas personas tienen sobre la izquierda revolucionaria, el sistema político argentino, la economía, el contexto internacional, la historia nacional y otros factores significativos son, en líneas generales, compartidas. Si bien estos líderes políticos prácticamente no han tenido contacto ni compartido espacios de militancia y práctica política –ya que cuando uno se retiraba de la actividad el otro estaba dando sus primeros pasos-, parece que muchas concepciones, miradas e incluso terminologías que utilizan se mantienen inalterables, lo que da cuenta no sólo de la fuerte cohesión y continuidad que existe en el pensamiento y las prácticas de la izquierda a lo largo del tiempo, sino también de la poca flexibilidad de estas organizaciones para visualizar e interpretar la realidad desde otros parámetros y poder accionar frente a ella, como si el tiempo no hubiese pasado y poco o nada hubiese cambiado.132
Un punto importante en el que coincidían ambos dirigentes acerca de las causas que hacen más débil a la izquierda en las elecciones fue el de la falta de recursos económicos. Al no contar, según expresaron, ni con una cuarta parte de los recursos que poseen los otros partidos políticos, afirman no tener ni remotas posibilidades de competir con ellos o al menos poder crecer o que el electorado tenga mayor conocimiento sobre ellos. El hecho de que las campañas modernas incluyan toda una serie de estrategias y recursos tan diversos como banners, pasacalles, spots, publicidades en radio y TV, entrevistas en estos espacios, alquileres de locales de campaña estratégicamente ubicados, edición de videos propagandísticos para su difusión en redes sociales, etc., hacen que la izquierda quede rezagada debido a sus evidentes limitaciones económicas, que sólo le permiten hacer un uso moderado de algunos de estos medios. Respecto a este punto también coincidieron en destacar las fuentes de financiamiento del resto de los partidos políticos, haciendo hincapié en que la mayoría –o al menos los que más votos sacan- son respaldados económicamente por el gran empresariado (ambos hicieron alusión a las “multinacionales” y/o el aparato
132 Véase: ADAMOVSKY, Ezequiel. “Más allá de la vieja izquierda. Seis ensayos para un nuevo
anticapitalismo”. Buenos Aires, Prometeo, 2007. HARNECKER, Marta. “La situación de la izquierda. III. Crisis programática. IV. Crisis orgánica.”. En: Harnecker, Marta. Haciendo posible lo imposible. La izquierda en el umbral del siglo XXI. México, Siglo XXI, 1999; TARCUS, Horacio. “La secta política. Ensayo acerca de la pervivencia de lo sagrado en la modernidad”. El Rodaballo. Revista de Política y Cultura. Año V, N°9, Buenos Aires, verano de 1998/99.
123 estatal), mientras que la izquierda sólo se maneja con los aportes brindados por los trabajadores. De esta forma también caracterizan al resto de las agrupaciones políticas como “partidos de la burguesía” mientras que sus organizaciones son los “partidos obreros”, teniendo en cuenta no sólo la forma en que cada uno se financia sino también a quiénes parece que representan.
En relación directa con la falta de recursos económicos está la cuestión de la presencia mediática, que los dos entrevistados destacaron como fundamental. Según ellos la izquierda no tiene el mismo acceso a los medios de comunicación masivos –sobre todo los programas de televisión- tanto a nivel nacional como en el ámbito local, lo que reforzaría el desconocimiento del electorado respecto a sus representantes y propuestas. Las razones por las que la presencia de la izquierda en los medios es bastante acotada radicarían no sólo en la capacidad de los otros partidos de pagar por acceder a dichos espacios, sino también por la resistencia que generaría la izquierda en los dueños de los medios y en quienes dirigen sus programaciones debido al radicalizado contenido de sus discursos. Asimismo, plantean que también es una estrategia de los medios para generar mayores niveles de rating el invitar con más frecuencia a los candidatos con ciertas cuotas de poder y conocimiento público. Si bien afirmaron que a nivel nacional la izquierda ha logrado en los últimos años aparecer más asiduamente y con presencias más destacadas en tiempo y calidad, los espacios de radio, televisión y diario en el ámbito local son mucho más esporádicos, menores en comparación a los otros candidatos y partidos, y acotados a los períodos electorales. El dirigente actual destacó que los medios locales siempre han tenido buena relación con la izquierda. Ello se traduce en invitaciones a distintos programas y segmentos, pero comparados con los representantes oficialistas y opositores más importantes, sus presencias son mucho más ocasionales, sobre todo en lo que se refiere al canal de televisión y al diario local, que son los medios que más consumen o eligen los ciudadanos veinticinqueños.
Otra coincidencia importante en la que confluyeron ambos dirigentes se dio respecto a las dificultades y adversidades que representa la militancia en la izquierda. Es decir, además de la escasez de recursos económicos ya mencionada que determina mayores cuotas de trabajo y “de sacrificio” para sus militantes, la cuestión radica en que las propuestas de la izquierda se centran en la lucha y la organización de los trabajadores para cambiar las bases del
124 sistema, intentando que la ciudadanía abandone la pasividad y tome conciencia de la explotación y el sufrimiento de las mayorías y apoye un programa que quiere modificar sustancialmente la realidad. Todos estos mensajes y expresiones, como dejaron entrever los entrevistados, son rechazados o mirados con indiferencia por la gran mayoría de la población. Los dirigentes destacaron que la militancia de izquierda supone una lucha cotidiana, de mucho esfuerzo y que, por lo tanto, es agotadora, ya que los objetivos se logran a cuentagotas y nunca se obtiene nada concreto en el corto plazo, lo que hace que los militantes “vayan y vengan”, que formen parte de la organización por un período determinado y luego la abandonen. De hecho, el dirigente actual confirmó que hay sólo tres personas que militan permanentemente en el Partido Obrero local –incluyéndose él mismo-, más allá de que también cuenten con personas que colaboran en las acciones partidarias pero no forman parte de la estructura formal. Es decir que sólo tres personas cargan con todo el peso de lo que representa sostener a un partido político, dividiéndose entre ellas todos los cargos y acciones estratégicas que en otros partidos realizan por lo menos quince personas. Los militantes de la izquierda local deben, entonces, hacer el doble de esfuerzos tanto para conseguir el voto de la ciudadanía en las elecciones como para sumar adeptos a su organización que estén dispuestos a realizar el mismo tipo de lucha y tarea que ellos realizan. Como ellos mismos plantean, deben luchar no contra uno o varios partidos políticos, sino contra todo un sistema, contra el “Estado burgués” y el “capitalismo”, y coincidieron en que para la gente “es más fácil ir a votar que salir a pelear”, por ello los “partidos burgueses” cuentan también con el respaldo mayoritario de la población. Además, ambos sostienen que la gente entiende a la política o a las elecciones con una concepción triunfalista, entonces votan a los partidos –o candidatos- que pueden ganar las elecciones, ya sea para respaldar al proyecto político oficialista o apoyar al partido o candidato opositor con mayores chances de derrotarlo. De esta manera el voto a la izquierda es un “voto inútil”, porque la gente no sólo ve a la política como un “juego en el que quiere ganar” sino porque también percibe que los partidos obreros no tienen posibilidades y que apoyarlos políticamente es en vano, es un voto en cierta forma desperdiciado.
Sin embargo, parece que la estructura partidaria de la izquierda local no siempre tuvo las debilidades que hoy padece. El dirigente histórico afirmaba que a mediados de los años ’80 el MAS (Movimiento al Socialismo) en 25 de Mayo –del cual fue uno de sus fundadores-
125 contaba con 20 o más militantes y había logrado una efectiva inserción dentro del movimiento obrero, que en ese momento era mucho más importante cualitativa y cuantitativamente que el que existió en el período aquí abordado. Las políticas aplicadas por el menemismo en los años ’90 y la crisis del 2001, con el consecuente cierre de importantes fábricas, le dieron un golpe certero al movimiento obrero local, del que no se recompondría más y que terminaría acabando con la lucha obrera. Entonces, para este dirigente al no haber movimiento obrero no hay lucha. Si no hay lucha la izquierda no tiene razón de ser, ya que no puede haber una militancia estructurada sin la presencia fundamental del sujeto revolucionario. Sucede lo que se puede apreciar en el período analizado: las banderas del Partido Obrero fueron tomadas por unas pocas personas que hacen enormes esfuerzos por sostener algo que está imposibilitado de crecer o progresar más de lo que los números y la realidad muestran. El dirigente actual reconoce, asimismo, que 25 de Mayo no es un distrito industrializado y que el crecimiento lento y progresivo de la izquierda a nivel nacional no se refleja –o tal vez no llegue a reflejarse- en el ámbito local por esta misma razón. Es decir, ambos coinciden en que la ausencia o la presencia casi insignificante de un movimiento obrero industrial veinticinqueño es un factor que debilita a la izquierda, aunque el dirigente histórico es quien lo plantea como la causa fundamental de la cuasi intrascendencia de los partidos obreros locales.133
Los requisitos para ser un militante activo y formar parte de la estructura permanente de los partidos de izquierda parecen no haberse alterado demasiado con el correr del tiempo, al menos eso es lo que dejaron entrever los entrevistados. Al consultárseles si cualquier persona podía ingresar a estas organizaciones o si efectivamente existían ciertos requisitos o condiciones particulares que cumplir, ambos contestaron que no, que cualquier persona podía ingresar, pero inmediatamente después replicaron que para ser un militante había que tener cierta formación intelectual o incorporar determinados elementos teóricos fundamentales del programa de la izquierda. El dirigente actual habló de “seis meses” en los cuales el potencial miembro del PO tiene que hacer “por lo menos dos cursos de formación”, siendo uno de ellos –tal vez el más importante- el “del Estado y el pensamiento dialéctico marxista”. El dirigente histórico parecía hacer más hincapié en las
133 Esta persona esbozó esta teoría en más de una ocasión y con particular énfasis a lo largo de toda la
126 cuestiones de la práctica directa al referirse a la militancia del pasado. Sin embargo también afirmó que la militancia de la izquierda “era súper intelectual”, que “si bien ‘pateábamos’, el MAS fue uno de los partidos que más te obligaba a estudiar, a hacer cursos”134y que los
compañeros que ingresaban recientemente recibían una formación teórica por parte los mismos dirigentes del Partido. Los fundamentos que dieron acerca de estos requerimientos dados por ambos dirigentes se basaban en que la ideología y el programa de la izquierda eran la base de sus partidos. Por lo tanto quienes formasen parte de estas organizaciones no podían desconocer estos aspectos fundamentales. El dirigente actual resaltó esta cuestión, aludiendo que el PO es un “partido revolucionario”, “y como tal nos preparamos para eso, para ser militantes revolucionarios”. Por ende, la formación ideológica resulta imprescindible, ya que
“tenemos que poder defender las posturas del Partido, tenemos que poder hablar con cualquier otro candidato y sostener nuestra ideología, nuestro programa. Y nos basamos en eso, en un programa. No puedo decir yo lo que se me ocurra como militante del PO…pero militar puede militar cualquiera, lo que queremos es poder formar a nuestros militantes”.135
El dirigente histórico, en tanto, destacó que “no nos sirve el obrero que no sepa nada, nosotros no queremos idiotas útiles, nosotros necesitamos intelectuales. Porque cuanto más sabés, más clara la tenés”. De esta forma dejaban muy en claro que el conocimiento de la ideología por parte de la militancia de izquierda es algo que no puede negociarse. Se trataría, entonces, de un requisito excluyente. El hecho de que estas agrupaciones fomenten, inculquen y exijan la formación y el aprendizaje de los fundamentos ideológicos e históricos de sus partidos se constituye como una práctica típica de la izquierda revolucionaria, algo que casi con seguridad no se replica en el resto de los partidos políticos. Sin embargo, puede que esto -a su vez- sea contraproducente para la izquierda, ya que condiciona o limita el ingreso de un mayor número de personas que podrían contribuir y hacer crecer la estructura partidaria y a su vez acercar su mensaje y sus propuestas a sectores más amplios y diversos de la sociedad.
134 Entrevista realizada a uno de los principales dirigentes históricos de la izquierda revolucionaria
veinticinqueña, el día 9 de agosto de 2017 en la ciudad de 25 de Mayo, provincia de Buenos Aires.
135 Entrevista al principal dirigente político de la izquierda revolucionaria veinticinqueña en la actualidad,
127 Algunas de las preguntas de la entrevista se enfocaban en la cuestión del potencial votante de la izquierda, es decir, quiénes creían estos dirigentes que conformaban un posible “núcleo duro” de electores que mantienen fidelidad con la izquierda, considerando que el voto de la clase trabajadora es difícil de conseguir ante la ausencia o insignificancia de un movimiento obrero industrial local (más allá de que se ha puesto en cuestión de forma pertinente la supuesta relación entre el desarrollo industrial y el voto a la izquierda) y que la cantidad de votos por elección en los últimos 12 años oscila entre los 300 y los 500. No hubo demasiados puntos en común entre ambas opiniones. El dirigente histórico sólo hizo una breve referencia acerca de que 25 de Mayo es un distrito “más que nada de clase media”, y que precisamente “ese no es el electorado de la izquierda, de nuestros partidos”. Y si bien esto, a su vez, determinaría en cierto grado la polarización del voto veinticinqueño, al preguntarle si precisamente la clase media no sería o no podría ser más representativa del voto de la izquierda debido a que tiene –en general- una cierta formación intelectual y conciencia de lo que significa el programa de los partidos obreros, no hubo una respuesta concreta de este dirigente al respecto. En principio aseguró que si la persona estaba más formada sería más fácil acercarla al proyecto de la izquierda, como confirmando de alguna manera la pregunta que se le realizó, pero luego aseveró que en las últimas campañas no se discutía nada, que eran “todos slogans publicitarios”, desviando así el foco de la pregunta y dejando el tema inconcluso. El dirigente actual también tuvo dificultades para encontrar al “votante promedio” de la izquierda, dilucidar un posible perfil del mismo. Aseguró que la izquierda tiene un caudal de votos que se mantiene, que “a nivel general tiene un núcleo que puede variar”, y que a nivel local serían 300 aproximadamente, pero sin determinar qué características tendrían en común esas 300 personas. Lo que este entrevistado pudo concluir al observar las mesas que han fiscalizado en las últimas elecciones es que tienen “un alto porcentaje del voto de la juventud, porque la juventud es rebelde por naturaleza, entonces se cansa de los partidos tradicionales y vota ese pequeño cambio”136. Es decir, la juventud determinaría según él una buena parte de los votos de la
izquierda. El problema radicaría en analizar a qué se refiere precisamente con “la juventud”, ya que es un término bastante impreciso no sólo en lo que a edad se refiere, sino también a condición socio-económica: hay jóvenes que viven en familias de altos ingresos,
128 otros de clase media y otros que viven en condiciones de precariedad y pobreza, ¿cuáles de ellos tienen mayor disposición a apoyar y/o votar a la izquierda? Las declaraciones de ambos entrevistados manifiestan el deseo, el objetivo de lograr el apoyo de los “obreros”, y que la “clase trabajadora” se constituya en el “sujeto revolucionario” por excelencia que tome las banderas de la izquierda. Pero al reconocer que ese apoyo, que ese voto en nuestra comunidad es muy difícil de captar parece que al mismo tiempo les cuesta identificar a quiénes son los que -elección tras elección- terminan votando por la izquierda, más allá de las dificultades que plantea esta especie de tarea de reconocimiento.
Una cuestión importante para analizar sobre las falencias de la izquierda sería también el lugar que ocupa la autocrítica dentro de estas organizaciones, cuán seriamente se realiza una mirada introspectiva y se analizan los errores propios –en este caso más que las virtudes- para encontrar una respuesta a la situación que viven y pensar en un potencial cambio de estrategias. Cuando se los interrogó acerca de cuáles podrían ser los errores que ha cometido la izquierda -tanto en el ámbito local como a nivel macro- que le han impedido crecer más allá de los picos del 5% obtenidos de forma esporádica, las respuestas