Artículo 88: “La ley regulará las acciones populares para la protección de los derechos e intereses colectivos, relacionados con el patrimonio, el espacio, la seguridad y la salubridad pública, la moral administrativa, el ambiente, la libre competencia económica y otros de similar naturaleza que se definen en ella.
También regulará las acciones originadas en los daños ocasionados a un número plural de personas, sin perjuicio de las correspondientes acciones particulares. Asimismo, definirá los casos de responsabilidad civil objetiva por el daño inferido
a los derechos e intereses colectivos”.28
Artículo 333. “La actividad económica y la iniciativa privada son libres, dentro de los límites del bien común. Para su ejercicio, nadie podrá exigir permisos previos ni requisitos, sin autorización de la ley.
La libre competencia económica es un derecho de todos que supone responsabilidades.
La empresa, como base del desarrollo, tiene una función social que implica obligaciones.
El Estado fortalecerá las organizaciones solidarias y estimulará el desarrollo empresarial.
El Estado, por mandato de la ley, impedirá que se obstruya o se restrinja la libertad económica y evitará o controlará cualquier abuso que personas o empresas hagan de su posición dominante en el mercado nacional.
La ley delimitará el alcance de la libertad económica cuando así lo exijan el interés
social, el ambiente y el patrimonio cultural de la nación”.29
Constitucion política colombiana de 1991 articulo 8828
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Finalmente, también vale la pena resaltar que la Corte no solo ha considerado la libre competencia económica como un derecho sino también como “principio rector de la economía”. En ese sentido una sentencia emblemática es la C-535/97:
“La libre competencia, desde el punto de vista subjetivo, se consagra como derecho individual que entraña tanto facultades como obligaciones. En una perspectiva objetiva, la libre competencia adquiere el carácter de pauta o regla de juego superior con arreglo a la cual deben actuar los sujetos económicos y que, en todo momento, ha de ser celosamente preservada por los poderes públicos, cuya primera misión institucional es la de mantener y propiciar la existencia de mercados libres. La Constitución asume que la libre competencia económica promueve de la mejor manera los intereses de los consumidores y el funcionamiento eficiente de los diferentes mercados.
La conservación de un sano clima agonal entre las fuerzas económicas que participan en el mercado, redunda en enormes beneficios para el consumidor que podrá escoger entre diversas cantidades y calidades de productos, y gozar de mejores precios y de las últimas innovaciones. Por su parte, los empresarios, si los mercados son abiertos y transparentes, se ponen a cubierto de conductas abusivas y encontrarán siempre un incentivo permanente para aumentar su eficiencia. La competencia, como estado perpetuo de rivalidad entre quienes pretenden ganar el favor de los compradores en términos de precios y calidad, al mediatizarse a través de las instituciones del mercado, ofrece a la Constitución económica la oportunidad de apoyarse en ellas con miras a propugnar la eficiencia
de la economía y el bienestar de los consumidores.”30
Por su parte, la Corte Constitucional coincide con la doctrina al señalar que la
libertad económica es una facultad que tiene toda persona, de realizar actividades
de carácter económico según sus preferencias o habilidades, con miras a crean
mantener o incrementar un patrimonio.
https://lalibrecompetencia.com/2013/07/29/el-derecho-a-la-libre-competencia-economica-segun-la- cconstitucional-de-colombia/30
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11.1 LA LIBRE COMPETENCIA Y SUS LIMITACIONES
Este principio implica que los particulares puedan ejercer su actividad industrial o comercial dentro de un sistema competitivo sin que sean impedidos u obstaculizados, en general, por reglamentaciones o prohibiciones del Estado. En el inciso 2o del artículo 333 de la Constitución Política se enuncia de la siguiente
manera: “La libre competencia económica es un derecho de todos que supone
responsabilidades”.
Es claro lo que manifiesta y puntualizan las disposiciones legales, y el margen de maniobra que otorga la constitución política para llevar a cabo la prestación de los servicios en este caso de las profesiones liberales además enmarca unas
limitaciones y responsabilidad donde precisa que La libre competencia económica
es una garantía constitucional de naturaleza relacional. Quiere esto decir que la satisfacción de la misma depende del ejercicio de funciones de inspección, vigilancia y control de las actuaciones de los agentes (Contadores Públicos) que concurren al mercado, con el objeto de evitar que incurran en comportamientos abusivos que afecten la competencia en ultimas que afecten la agremiación contable y devaluando su trabajo dentro de las organizaciones.
Cuando varias personas compiten en una misma actividad, tienen derecho a hacerlo sin obstáculos por parte del Estado. La libre competencia, en realidad, es un aspecto de la libre empresa, pero sin considerar la actividad de los particulares en sí misma, sino en su relación con otros, se trate bien de particulares o bien del Estado mismo. La Constitución contiene ciertas limitaciones a la libre
competencia: por ejemplo, en materia de precios, con fundamento en el
artículo 334 es posible intervenir para regular ciertos productos. Otra limitación del derecho a la competencia tiene su consagración constitucional en el artículo
333 (inc.4) de la Constitución Política: “El Estado, por mandato de la ley, impedirá
que se obstruya o se restrinja la libertad económica y evitará o controlará cualquier abuso que personas o empresas hagan de su posición dominante en el mercado nacional”.
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11.2. LA COMPETENCIA DESLEAL DESDE LA LEY 43 DE 1990
Es importante para el desarrollo del tema de este trabajo de grado la ley 43 de 1990 en la que se reglamenta el ejercicio de la profesión contable, pues ésta menciona todos los aspectos referentes a la implicación que tiene ser un contador público; las actividades relacionadas con la ciencia contable, las facultades que se le otorgan como la fe pública que permite la certificación de los informes contables, las normas que debe acatar en el desarrollo de las actividades contables, los órganos de vigilancia y dirección como la junta central de contadores y el consejo técnico de la contaduría, los efectos legales que se pueden tener al no acatar las normas y el código de ética que se debe tener en cuenta en el ejercicio de la profesión entre otros.
El hecho de que en la actualidad no exista una tarifa oficial que fije los honorarios profesionales para los contadores públicos, no es razón para desconocer los principios y normas éticas fundamentales que rigen la actividad y que se encuentran recogidas en la ley 43 de 1990, entre las que merece destacarse lo señalado en los artículos 39,42,46,60 que expresan:
ARTICULO 39. El contador público tiene derecho a recibir remuneración por su trabajo y por el que ejecutan las personas bajo su supervisión y responsabilidad. Dicha remuneración constituye el medio normal de subsistencia y de contraprestación para el personal a su servicio.
ARTICULO 42. El Contador Público rehusará la prestación de sus servicios para actos que sean contrarios a la moral y a la ética o cuando existan condiciones que interfieran el libre y correcto ejercicio de la profesión.
ARTICULO 46. Siendo la retribución económica de los servicios profesionales un derecho, el Contador Público fijará sus honorarios de conformidad con su capacidad científica y/o técnica y en relación con la importancia y circunstancia en cada uno de los casos que le corresponda cumplir, pero siempre previo acuerdo por escrito entre el Contador Público y el Usuario
ARTICULO 60. Ningún Contador Público podrá sustraer la clientela de sus
colegas por medios desleales31.
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La junta central de contadores, con ocasión de las continuas denuncias provenientes de diferentes organismos de control gubernamental, y en especial de la superintendencia de sociedades, muchas de las cuales han concluido con resoluciones sancionatorias, se permite llamar la atención de todos los contadores públicos que en ejercicio de sus funciones, pactan como honorarios profesionales sumas irrisorias sin medir el alcance y la importancia que la profesión conlleva. Es por eso que la junta central de contadores estima necesario insistir a los profesionales de la contaduría pública para que exijan como contraprestación por sus servicios, unos honorarios equivalentes a la responsabilidad que el cargo o la tarea conlleva.
De otra parte no sobran otros principios de conducta ética como el tipificado en el artículo 37.10 que expresamente señala: “el contador público deberá abstenerse de realizar cualquier acto que pueda afectar negativamente la buena reputación o repercutir en alguna forma en descredito de la profesión, tomando en cuenta que, por la función social que implica el ejercicio de su profesión, está obligado a sujetar su conducta pública y privada a los más elevados preceptos de la moral universal.
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