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La memoria del olvido

2. LA MEMORIA DEL PASADO

2.4. La memoria del olvido

Se entiende por olvido el acto que atenta contra la integridad de la memoria. El olvido es la negación de la memoria y la memoria es una lucha contra el olvido. La memoria tiene una base neurofisiológica, pues para recordar, olvidar o almacenar información debe producirse un fenómeno molecular a nivel neuronal que le de sustento. Memoria es la huella psicofisiológica dejada por las impresiones en el cerebro y reproducible mediante leyes de asociación, es un fluir psíquico puro. Las neurociencias abordan el problema del olvido desde las «huellas mnésicas»52, es decir, asumiendo el olvido como huella cortical, cerebral. Para estas ciencias el olvido es una distorsión de la memoria que lleva consigo la destrucción de huellas; es la perdida o falta en la retención de un recuerdo temporal o permanente, conciente o inconciente de algo aprendido. En

palabras de Ricoeur “olvido es la frontera imprecisa entre lo normal y lo patológico”.

52 La psicología comprende por huella mnésica el cambio hipotético en las células nerviosas o actividad

Sin embargo, olvido no es amnesia. El primero es la incapacidad del individuo para rememorar un fragmento de información existente en la memoria, la segunda es una alteración de la memoria que consiste en la imposibilidad para recuperar información almacenada con anterioridad. El olvido es un proceso complementario de la memoria, ya que es imposible registrar contenidos sin depurar y reorganizar los recuerdos. La amnesia es la perdida de la memoria producida por golpes o traumatismos en el cerebro53. Aceptar la postura de las ciencias neuronales equivale reconocer el olvido como la destrucción de una huella cerebral, desconociendo que un recuerdo puede perdurar en la historia más allá del paso del tiempo o de una simple afección física. El olvido en las ciencias clínicas queda restringido a una postura biológica limitada por el envejecimiento y la mortalidad.

Para el fenomenólogo el olvido se examina desde la relación psíquica del tiempo con el pasado. Pensar la huella del olvido implica entenderlo como algo presente producto de una causa ausente. La fenomenología funda el problema del olvido en la experiencia del «reconocimiento», a diferencia de las neurociencias que parten de la destrucción de huellas. La misma distancia se presenta con el problema de la memoria, mientras las ciencias neuronales hablan de reactivación de huellas, la fenomenología habla de impresión originaria. Las «huellas cerebrales» o «corticales» sólo se conocen desde el exterior mediante el conocimiento científico, no remiten a una experiencia vivida, carecen de acción social. En sentido contrario, las «impresiones primeras» en cuanto pasividades, son acontecimientos que nos afectan y dejan huella en nuestro espíritu. Estas impresiones se conservan, permanecen y desarrollan dentro de la dialéctica ausencia-presencia.

53 La amnesia puede ser de origen funcional u orgánico. La «funcional» surge como mecanismo de

defensa, la «orgánica» obedece a una lesión cerebral causada por factores como enfermedades, traumas, uso de drogas. En la amnesia funcional la persona sufre una experiencia traumática muy intensa y reacciona olvidándola. En la amnesia orgánica la lesión cerebral puede darse debido a desordenes degenerativos (alzheimer), traumatismos craneales, síndrome de Korsakoff (asociado al alcoholismo crónico), enfermedades infecciosas, cirugía cerebral, accidentes cerebro vasculares o falta de oxigeno en el cerebro.

Ahora bien, el nacimiento de un recuerdo se remonta al asunto del reconocimiento. Reconocer un recuerdo es reencontrarlo y reencontrarlo es suponerlo disponible o por lo menos accesible. El reconocimiento es el acto mnemónico por excelencia que consiste en la superposición de la huella psíquica (imagen) sobre la impresión primera. Buscar un recuerdo es esperar encontrar y encontrar es reconocer lo que una vez se aprendió. El reconocimiento de una cosa rememorada es una victoria de la memoria sobre el olvido, constituye un pequeño milagro de la memoria. La rememoración traslada el «recuerdo puro» al «recuerdo-imagen», recuperando el pasado en el presente, la ausencia en la presencia. El recuerdo puro es aquel que pasa de un estado virtual a un estado actual, es decir, el recuerdo retenido por el pasado que transita a un presente en particular. La experiencia conforma el principio que guía el reconocimiento, conduce la rememoración del recuerdo, es el punto donde converge la acción y la representación. La experiencia jalona el recuerdo de un estado virtual a una condición actual. Para la fenomenología la «supervivencia del recuerdo» equivale a olvido, pues el recuerdo se encuentra en un estado virtual, aun no se ha materializado y puede ser borrado con facilidad. El recuerdo en estado virtual se asemeja a los pájaros en la pajarera del Teeteto los cuales «poseo» pero no «retengo». Ricoeur considera los recuerdos en estado virtual una forma de olvido profundo54. Al olvido profundo se opone el olvido que preserva, esto es, aquel que ninguna circunstancia ha podido borrar, fuente de rememoración y mecanismo para reconocer lo que nunca se dejó de saber. Entender olvido como destrucción de huellas o como supervivencia de imágenes, implica detenerse sólo en las capas superficiales del problema. El olvido es un recurso cuyo deber es la conservación de la memoria, no una herramienta para la destrucción de acontecimientos.

Pese a la estrecha relación que existe entre olvido y memoria no se puede hablar de «olvido feliz» debido a las siguientes causas: 1. La relación del hombre con el olvido no está marcada por acontecimientos comparables a los del reconocimiento de la memoria.

54 El olvido profundo se encuentra próximo a los saberes generales, dentro de ellos Ricoeur menciona el

«saber trascendental» y el «saber inmemorial». El primero se refiere al conocimiento encontrado por el entendimiento humano en su fase sensible. El segundo es el saber que nunca se adquirió en la realidad, el conocimiento que nunca llegó a formar un acontecimiento material.

El olvido no es un acontecimiento, no es un suceso, o algo en espera que suceda. Aun cuando alguien puede darse cuenta que olvidó e identificar el momento en el cual lo hizo, lo que en realidad reconoce es el estado de olvido en que se encontraba. Estamos

de nuevo frente a una memoria impedida delimitada por la triada “rememoración,

repetición, per-elaboración”. 2. El olvido tiene respecto al perdón sus propios dilemas. Mientras la memoria se relaciona con acontecimientos que dan lugar a la retribución, reparación o absolución; el olvido se refiere a hechos constantes en el tiempo, vinculados a momentos trágicos los cuales aportan sentido a la acción. El olvido impide que la acción continúe. Luego, no puede existir un olvido feliz, pues el olvido transita por lo «irreparable», lo «irreconciliable», lo «inexplicable», esto es, transita por lo «imperdonable; todas estas situaciones dolorosas tanto para quien protagoniza la historia como para quien narra el relato. La tarea del olvido se mueve entre «atar» y «desatar» situaciones históricas, es decir, imputando obligaciones a los responsables pero también liberando al hombre de su falta. Siguiendo a Ricoeur “el olvido remite a la deuda sin

falta, a la deuda al desnudo”.