2. MARCO REFERENCIAL
2.2. MOTIVACIÓN
2.2.5. La motivación según el desarrollo del adolescente
El contexto en el cual desarrollamos nuestro trabajo exige de las estudiantes, la solvencia de diferentes problemáticas tanto académicas como afectivas y sociales. En ocasiones, desde
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nuestro quehacer pedagógico se observa que las estudiantes buscan dar solución inmediata a intereses personales dentro de su jerarquía individual, donde probablemente, los intereses académicos no son primordiales. Es por esta razón que quisimos apoyarnos en distintas teorías del desarrollo en los adolescentes, las cuales podrían explicar la razón de la aparente renuencia de algunas educandas frente al aspecto académico y específicamente, al aprendizaje de la lengua extranjera.
El cambio gradual que han sufrido las diferentes teorías del aprendizaje y la incorporación cada vez mayor de conceptos psicológicos hacen que consideremos los factores emocionales, evolutivos, fisiológicos e incluso los sociales y los culturales en el proceso de transformación del pensamiento del niño a adolescente.
Según Piaget (1975) la madurez mental del adolescente puede compararse con la evolución que experiencia el cuerpo hasta alcanzar un nivel estable de crecimiento. La madurez mental del adolescente busca su forma de equilibrio final, representado por el espíritu adulto donde las relaciones sociales que establece son la respuesta a este mismo proceso natural de estabilización gradual. Según el mismo autor, el crecimiento mental es más lento y voluble que el desarrollo corporal pues, la madurez mental está constantemente en evolución y cambio; se ve afectada por conductas de pensamiento y mecanismos que desencadenan esta evolución, ya sea a través de la satisfacción de las necesidades fisiológicas afectivas o intelectuales. De acuerdo con el nivel mental del ser, así mismo se diferencian sus intereses y la satisfacción que surge y se deriva de este interés. El individuo, ya sea niño o adulto, actúa movido por una necesidad que, a su vez, provoca el interés de reajustar su conducta con el propósito de solucionar una situación para luego, alcanzar el equilibrio tanto físico como mental.
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Según Piaget (1975) a diferencia del niño, el adolescente es un individuo que construye teorías y sistemas, se interesa por los problemas inactuales, es ingenuo, muestra gran habilidad para elaborar teorías abstractas a partir del pensamiento concreto propio de la segunda infancia. En la adolescencia se empieza la reflexión libre y desligada de lo real, es decir, el pensamiento “hipotético-deductivo” (donde se empieza a reflexionar independientemente de los objetos reemplazándolos por simples proposiciones que le permitirán edificar reflexiones y teorías. Para Piaget (1975) la adolescencia no es una etapa de crisis que termina con el desarrollo mental que ha empezado en la infancia, es evidentemente, la maduración del instinto sexual marcada por desequilibrios momentáneos y por la afectividad característica de este periodo de evolución psíquica y biológica. A su vez, para Dolto F, Dolto C, Tolitch (1993), la adolescencia es un periodo en el desarrollo del individuo cuyos límites son difíciles de establecer y que separa la infancia de la edad adulta y tiene como centro una etapa llamada pubertad.
Para Piaget (1975) la vida afectiva del adolescente se afirma por la conquista de la personalidad y su inserción en la sociedad adulta de forma paralela al desarrollo de las operaciones formales y a la madurez de su pensamiento. En cuanto a la vida social, el adolescente muestra una etapa de introversión, pareciendo asocial. Al respecto, Dolto F, Dolto C, Tolitch (1993) afirman que la sociabilidad del adolescente, a menudo se desarrolla desde los primeros momentos del inicio de esta etapa. La sociabilidad en los grupos de niños y de adolescentes confirma la teoría de Piaget (1975) sobre la reestructuración de las estructuras lógicas y la importancia que tiene el factor social en este proceso; el individuo no actúa solo, sino en una interacción colectiva de trabajo común, en acciones de interacción con sus semejantes y consigo mismo.
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Según Vygotsky (1979) el factor social es el principal factor de equilibrio y de interés para el adolescente. La construcción de los procesos psicológicos superiores desde la construcción del universo práctico, se establece con las relaciones sociales y el interactuar con los otros.
Para Cronbach (1975) el proceso de socialización (visto como un proceso de preparar a una persona para que ocupe su lugar en la sociedad) es esencial para cambiar la materia prima humana y convertirla en el tipo de adulto que se necesita para que funcione su sociedad. La conducta humana varía de una sociedad a otra y es allí en la socialización que un individuo nacido con potencialidades de conducta de una amplitud enorme, es conducido a desarrollar una conducta determinada por las normas de su grupo. La sociabilidad continúa, la sociedad cambia y el individuo debe adaptarse a ella y asumir nuevas obligaciones. La escuela, en su larga historia ha asumido muchas obligaciones, todas importantes, pero no puede compensar todas las deficiencias de las otras fuentes de socialización. La solución de los problemas requiere de recursos emocionales e intelectuales. Los intereses y los valores de la persona socializada se dirigen a los problemas que vale la pena solucionar, por esto es común ver a menudo que los estudiantes adolescentes buscan la aprobación de los demás como termómetro para “orientar” sus realizaciones.
De acuerdo con Cronbach, (1975); Dolto F, Dolto C, Tolitch (1993) el interés y la motivación son fundamentales para el adolescente; las relaciones sociales y la aceptación son sus principales intereses y esto hace que sean el motor primordial para dirigir sus esfuerzos hacia la obtención de metas. Cuando los adolescentes se sienten bloqueados en la escuela, cuando no logran adquirir las bases necesarias, no es porque les falte inteligencia o capacidad. Aunque es una señal de alarma, un momento difícil en el colegio es la ocasión para que el joven se plantee preguntas
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sobre el futuro sin sentirse desvalorizado o excluido. En síntesis, la orientación escolar o profesional del adolescente debería ser decidida en buena medida por el mismo adolescente; de esta forma estaría respondiendo a sus propios intereses y necesidades y estaría más motivado para aumentar su competencia en la escuela.