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La observación de una experiencia

In document Aprendizaje a lo largo de la vida: (página 70-73)

Balance de TRALL

4. La observación de una experiencia

Una experiencia de este orden fue realizada en el mes de octubre del año 2013 por la Universidad Externado de Colombia en el contexto del proyecto Alfa Trall 2011-2014 (Universidad de Boloña, cuatro universidades europeas y catorce latinoamericanas) y en el espacio del Programa de Interacciones Multiculturales en Educación Superior que ofrece la Universidad y la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas. Este programa va más allá de la ampliación de cobertura y de la oferta de oportunidades para que los estudiantes indígenas se conviertan en profesionales, busca abrir espacios de encuentro entre pares que portan saberes y lógicas diferentes y descubrir en estos espacios qué es lo que la universidad debe cambiar si alguna vez quiere ser realmente un espacio multiétnico y pluricultural. Se parte de aceptar que cualquier interacción con estos pueblos debe reconocer que ellos tienen sus propios saberes y sus propias formas de pensar y de actuar sobre el mundo. En el campo normativo, en el marco del Estado nacional, es necesario reconocer que el mundo indígena tiene sus lógicas, sus epistemes, sus principios y prácticas normativas que les han permitido, pese a los siglos de exposición a procesos de aculturación y de asimilación, conservarse como complejos socioculturales relativamente autónomos.

Focalizando un tema de interés para el proyecto Alfa Trall, la universidad propuso una experiencia de aprendizaje en el campo normativo, campo que integra elementos de orden cosmogónico y de práctica social diferenciales entre la sociedad “occidental” y su expresión a partir del “derecho” como expresión máxima de la normatividad positiva y las pautas normativas ancestrales de los pueblos indígenas, ambos campos mediados por las concesiones que desde el derecho positivo se hacen a la “normatividad” indígena en lo que puede denominarse como “derecho (fuero) indígena”.

En este contexto, la experiencia desarrollada por la universidad buscó crear un espacio de interacción en orden al aprendizaje recíproco entre varios grupos interesados en temáticas específicas y, simultáneamente, creó un espacio de aprendizaje mediante observación reflexiva de un grupo de interesados que, participando como observadores fueron construyendo una reflexión crítica sobre su experiencia de observación y escucha de actores portadores de diversas perspectivas sobre los temas alrededor de los cuales

interactuaban. Ambas modalidades de aprendizaje se crean siguiendo los principios del aprendizaje a lo largo de la vida y de la necesidad contextual de favorecer el aprendizaje entre pares.

4.1. La interacción y los aprendizajes

La experiencia del aprendizaje recíproco entre pares reunió a sabedores ancestrales y autoridades de tres pueblos indígenas: los arhuacos, de la Sierra Nevada de Santa Marta, los wayuu del desierto norte del país y los mizak del sur del país, con abogados operadores jurídicos de varios departamentos de la Facultad de Derecho de la Universidad, en torno a tres aspectos : la infracción, el ambiente y los recursos naturales no renovables y el territorio, mirados desde ángulos de normatividad distintos: el derecho positivo, el derecho “propio” establecido-reconocido desde el mismo derecho positivo y la normatividad ancestral de cada pueblo.

La discusión sobre el principio que orienta cada una de esas normatividades y su expresión en cada uno de los aspectos escogidos constituyó el eje de este ejercicio de aprendizaje recíproco entre pares. Y ese ejercicio puso de relieve que para que se produzca el aprendizaje en la interacción, es absolutamente necesario que se reconozca al otro como par (no como el igual de la modernidad). Así, esta modalidad de aprendizaje en la interacción constituye, al mismo tiempo, un mecanismo que expresa el nivel de reconocimiento mutuo del otro como par válido. Ya no es entonces sólo una estrategia de aprendizaje. Es también, y sobre todo, una estrategia de transformación de la dinámica social. Esta forma de aprendizaje a lo largo de la vida es, entonces, un mecanismo de transformación social generado en el ejercicio cotidiano del quehacer universitario.

Otra forma de aprendizaje se puso a prueba en este ejercicio. El aprendizaje por observación reflexiva. Un grupo de personas observó y reflexionó sobre la discusión entre pares: los puntos de partida normativos, las distintas epistemes que orientan sus sentidos, las distintas lógicas, las consecuencias prácticas, los puntos de encuentro y, sobre todo, la comprensión de los desencuentros. El aprendizaje se dio en la escucha atenta, no en el debate, para pasar a un segundo momento de problematización y producción autónoma para el enriquecimiento grupal. Dado que no participan en la

interacción, sino que la observan sin intervenir, pueden, con cierta distancia, evaluar la dinámica de la discusión, los diferentes sentidos que entran en juego, los puntos de tensión, los puntos de desencuentro y la ubicación de esos puntos en los ejes epistémicos que las orientan. También, entonces, se está dando aquí una dinámica de transformación social que reconoce la autonomía del sujeto y sus necesidades personales de aprendizaje según su realidad y sus intereses.

4.2. ¿Qué se evalúa? ¿Quién evalúa?

Si el aprendizaje se da en la interacción y en la observación reflexiva y la escucha atenta, lo que se evalúa es el efecto que el proceso produce en los que interactúan y en los que observan, desde sus propios puntos de partida. Si esto es así, la evaluación la hacen los participantes en un primer momento sobre sí mismos y luego en colectivo. El “profesor” no evalúa, sólo dirige y facilita el proceso orientado a una autoevaluación práctica del impacto de lo aprendido. El profesor evalúa el proceso y el modo en el cual logró facilitar el aprendizaje recíproco.

Efectivamente, en la experiencia descrita cada grupo autoevalúa su participación en orden a sus intereses: cada pueblo indígena, según lo aprendido de los otros pueblos y del grupo de abogados, identificando encuentros, desencuentros, tensiones con sus propias prácticas, causas y consecuencias y, sobre todo, valora la necesidad de espacios de tal índole que no subordinan saberes y conocimientos no necesariamente universitarios. Así cada grupo.

La universidad evalúa el espacio creado, las condiciones, las dificultades, el impacto de la experiencia; escucha y acepta las retroalimentaciones para replicar y optimizar esos escenarios de aprendizaje mutuo y de encuentro continuado.

Frente a este asunto de la interculturalidad, la universidad se enfrenta a la tarea de superar la etapa de integración, o de ampliación de cobertura, o de inclusión de los que nunca fueron incluidos, para crear un espacio de encuentro de epistemes, provenientes de mundos que se reconocen como diferentes pero pares. Y esto obliga a ampliar el tipo de espacios y a

transformar su forma de organizarlos, a variar su sentido del tiempo y de la organización meramente cronológica del mismo, a cambiar la relación tradicional profesor-estudiante, así como las formas de evaluación.

Los mecanismos de evaluación, por tanto, se construyen según la naturaleza de los actores y de los espacios de aprendizaje, y se conciben en función de la permanencia de las prácticas y de su optimización en la medida en que auténticamente favorezcan la transformación social, objeto último de toda actividad de la universidad.

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