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La palabra capaz de decir

In document Nicanor Parra poéticas de resistencia (página 41-44)

2. Literatura política

2.2. La palabra capaz de decir

La palabra contiene, para Rancière, una carga de validez. La cuestión política se encuentra en este escenario: la construcción de los espacios en común y de su participación (auditorio) a través de ciertas palabras, es decir, palabras que tengan peso en el debate. En otros términos, la palabra es un discurso que deviene participación en

una sociedad, y al hacer esto, plantea una distribución y redistribución del espacio de lo sensible:

Esa distribución y redistribución de los espacios y tiempos, de los lugares y las identidades, de la palabra y el ruido, de lo visible y lo invisible, conforman lo que llamo el reparto de lo sensible. Pone en escena lo común de los objetos y de los sujetos nuevos. Hace visible lo que era invisible, hace audibles cual seres parlantes a aquellos que no eran oídos sino como animales ruidosos. (16)

El inicio de "Manifiesto" no es otra cosa que un llamado a la sociedad, por lo menos aquella con la cual se comparten espacios comunes a través de la palabra, para generar una nueva redistribución del espacio de lo sensible, es decir, para habitar el mundo de maneras nuevas, capaces de dotar de voz a los sin voz. Este aspecto será principal y fundamental para entender el esfuerzo de la maquinaría poética de Parra por resistir y crear nuevas relaciones de poder.

En este sentido, los versos de Parra pueden constituir una propuesta para una nueva distribución de lo sensible; sin embargo, aún no está del todo claro qué tipo de propuesta se crea en esta poesía; lo que sí es claro es el nuevo acto catacrético, fundacional desde la palabra: "los poetas bajaron del Olimpo" (143). Hasta este punto se ha visto a la literatura como un acto político en sí mismo, es decir, con capacidad de intervenir en esta distribución; sin embargo, habrá que hacer algunas aclaraciones sobre cómo opera y que caracteriza al lenguaje literario, para demostrar la afirmación anterior. Sobre esta cuestión, Rancière establece que la literatura era concebida como el arte de escribir en sí, es decir, el arte fijado sobre el papel; sin embargo, en el siglo XIX se empezó a pensar la literatura según su uso. En otras palabras, la literatura dejaba atrás las concepciones aristotélicas de la representación por mimesis, con un objeto comunicativo, de acuerdo a los grados de imitación, para transformarse en un uso intransitivo del lenguaje, esto es, la preponderancia y trabajo del significante con la posibilidad polisémica del significado (2004, 16-17).

Un coup de dés jamais n’abolira le hasard (1897) de Stéphane Mallarmé (1842-1898) es una de las obras de experimentación formal más importantes para la historia de la literatura porque en ella se logra plasmar (siguiendo la lógica del

enfrentamiento del poeta con la página en blanco) un lenguaje extremadamente preocupado por la forma, en donde el hermetismo y la dificultad de lectura plantean un código sólo alcanzado por algunos eruditos. Es por este motivo que Rancière sugiere una necesidad de una nueva relación del lenguaje con la comunidad; es decir, un lenguaje que, sin perder su capacidad intransitiva, participe del mundo, comunique; así:

Emerge una relación nueva entre lo propio y lo impropio, lo prosaico y lo poético. La especificidad histórica de la literatura no depende de un estado o de un uso específico del lenguaje: depende de un nuevo balance de sus poderes, de una nueva forma por la que éste actúa dando a ver y a escuchar. La literatura, en síntesis, es un nuevo régimen de identificación del arte de escribir [...] un sistema de relaciones entre prácticas, y de modos de inteligibilidad. Por lo tanto, es una cierta forma de intervenir en el reparto de lo sensible que define el mundo que habitamos: la manera en que se nos hace visible y en que eso visible se deja decir, y las capacidades e incapacidades que así se manifiestan. Es a partir de esto que resulta posible pensar la política de la literatura "como tal". (2004, 20)

Se ha mencionado aquí a Mallarmé porque él es un poeta que aún no ha bajado del Olimpo. Para Nicanor Parra, el poeta está en contacto con la tierra, sin dejar de ser poeta, es decir, sin dejar de tener el poder sobre la palabra. La literatura del chileno busca crear y motivar esa nueva relación en tanto es capaz de configurar una literatura que, sin abandonar del todo su lenguaje elaborado y su preocupación formal, eleva lo común, lo popular, a la palabra que es capaz de decir.

Un ejemplo claro son algunos de los versos de "Manifiesto"; estos muestran una poesía divergente a la promulgada bajo la elipsis del arte por el arte, una poesía capaz de crear un puente entre el Olimpo y lo popular: "No podemos vivir sin poesía" (143); "El poeta es un hombre como todos" (143); "El pensamiento no nace en la boca/ Nace en el corazón del corazón" (144); "La poesía tiene que ser esto:/ Una muchacha rodeada de espigas/ o no ser absolutamente nada" (144); "Nosotros propugnamos/ La poesía del amanecer" (146); "Contra la poesía de las nubes/ Nosotros oponemos/ La poesía de la tierra firme/ [...] Contra la poesía de salón/ La poesía de la plaza Pública/ La poesía de protesta social" (146). Los poetas anteriores son burgueses, carecen de una figura que Parra construirá a lo largo de su obra poética: el poeta popular.

In document Nicanor Parra poéticas de resistencia (página 41-44)