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EL DESARROLLO HUMANO Y SOCIAL DEL ECUADOR 3.1 El enfoque de derechos en el Ecuador

3.2. La ampliación de las libertades y capacidades a partir de la participación de los niños y jóvenes

3.2.2 La participación como necesidad para el desarrollo humano

Antes de la Convención sobre los Derechos del Niño se consideraba que la calidad de vida de la niñez y adolescencia radicaba únicamente en proteger a estos de situaciones de riesgo, tales como la explotación, el abuso y la violencia, no obstante, además de esto los niños, niñas y adolescentes requieren de un ambiente seguro donde puedan expresarse libremente para conseguir su desarrollo personal y social, dado que esto representa una necesidad básica para alcanzar el desarrollo humano (Save the Children, 2006: 20). Por su parte, el desarrollo humano también se fundamenta en el acceso a una vida digna, la cual se puede otorgar a las personas partir del cumplimiento efectivo de sus derechos, de tal manera que la participación concebida como un derecho se convierte en un elemento constituyente del desarrollo humano (Save the Children, 2008: 28).

Los conceptos de participación, ciudadanía y derechos humanos se encuentran relacionados entre sí, en este sentido, una forma de manifestación de la ciudadanía es la participación de las personas, por su parte, esta es considerada como un derecho otorgado por la condición de ciudadano y se

90 encuentra dentro del conjunto de derechos civiles, políticos y sociales (Save the Children, 2008: 28). En definitiva, la participación es la praxis de la ciudadanía, por lo tanto es primordial enfatizar en este proceso desde de la niñez y la adolescencia, ya que este derecho sirve como instrumento para fortalecer otros derechos, además, el hecho de no hacerlo dificulta el desarrollo, ya que cuando se inhibe la participación de los niños, niñas y adolescentes, estos no adquieren habilidades fundamentales para su desarrollo como la negociación de diferencias, la exposición de sus puntos de vista, el establecimiento de un dialogo abierto y constructivo, la responsabilidad, entre otras (Save the Children, 2006: 33).

Por ende, como se menciona en una publicación realizada por Save the Children, “(…) la participación infantil es esencial para alcanzar metas de desarrollo humano, tanto si se trata de la erradicación de la pobreza, como de asegurar que todos los niños y niñas reciban una educación de calidad de combatir el VIH/SIDA” (Save the Children, 2006: 34). En este mismo contexto, la aceptación de la Convención supone considerar a los niños, niñas y adolescentes como ciudadanos y por lo tanto hacer efectiva su participación, para lo cual es necesario consolidar el rol de la familia, el Estado y la sociedad en general, al igual que concientizar a la niñez y adolescencia sobre la importancia de su participación en la sociedad (Save the Children, 2006: 33).

Asimismo, la participación de la niñez y adolescencia es importante para el desarrollo psicosocial de los niños, niñas y adolescentes (Giorgi, 2009: 5), debido a que esta es una necesidad humana, por lo cual, esta no debe ser exclusiva de los adultos sino que debe estar presente a lo largo del ciclo vital (OEA e INN, 2010: 15). La condición de vulnerabilidad de la niñez y adolescencia, especialmente en los más pequeños, hace que estos dependan de los adultos como una forma de protegerlos (OEA e INN, 2010: 15), sin embargo, se ha comprobado que la participación de la niñez y adolescencia contribuye a la protección de sus derechos y reduce la vulnerabilidad de los niños, niñas y adolescentes (Giorgi, 2009: 6). En este sentido, las violaciones más importantes a los derechos de la niñez y adolescencia se han provocado por la falta de participación efectiva de estos en los distintos espacios (dada su condición de

91 vulnerabilidad), y por la asimetría de poder con los adultos, lo cual conlleva a la invisibilidad de la niñez y la adolescencia (Giorgi, 2009: 6).

En este mismo contexto, el silencio de la niñez y adolescencia esta dado no solo por su temor o la incapacidad de hablar, sino también por la inexistencia de adultos que los escuchen y que tomen en cuenta sus opiniones (Giorgi, 2009: 6). Por esta razón, se considera que la educación puede ser un medio esencial para formar a la niñez y adolescencia en participación y derechos humanos, al respecto el Doctor Victor Giorgi menciona que “(...) educar en derechos no es educar para participar sino educar a través de la propia participación, no es necesariamente una educación curricular sino una promoción de aprendizajes que debe articular distintas estrategias y transversalizar diversos espacios cotidianos.” (2009: 7), por lo cual, no solo se informa a los niños, niñas y adolescentes acerca de su derecho a la participación, sino también se hace efectivo este derecho por medio de la educación, de tal manera que se desarrolla aptitudes necesarias para la aplicación del mismo (Giorgi, 2009: 7).

Igualmente, el derecho a la participación constituye una necesidad para el desarrollo humano porque es un aporte para la construcción de una convivencia armónica entre los niños y adultos, basada en el respeto mutuo y el fortalecimiento de la cohesión social (Giorgi, 2009: 8-9). En virtud de esto, otra tarea prioritaria de la participación en el desarrollo es la creación de un espacio de dialogo enriquecedor tanto para los adultos como para los niños, lo cual contribuye a la construcción de políticas públicas más enfocadas en la realidad de la niñez y adolescencia (Grijalva, 2012: 60), ya que se concibe a los niños, niñas y adolescentes como titulares de derechos con poder propio para reclamar políticas públicas que garanticen el cumplimiento efectivo de sus derechos (Grijalva, 2012: 61). En efecto, cuando la participación de la niñez y adolescencia modifica las relaciones de poder con los adultos, se convierte en un instrumento para consolidar la relación entre políticas públicas y derechos humanos (Grijalva, 2012: 62-63).

Del mismo modo, la participación representa un medio para que las personas se transformen en promotores y defensores de sus propios derechos

92 (Grijalva, 2012: 62-63), por lo tanto, la experiencia de participación en la niñez y adolescencia tiene que fomentar su empoderamiento y reconocimiento como sujetos de derechos, de manera que la participación no se traduzca únicamente en el cumplimiento de un derecho más, sino en el ejercicio de un derecho primordial para garantizar los demás derechos de los niños, niñas y adolescentes (OEA e INN, 2010: 48). En conclusión, en este apartado la participación se muestra con un elemento esencial para el desarrollo humano, ya que esta garantiza el cumplimiento de otros derechos, y a su vez, promueve la ampliación de libertades y capacidades necesarias para la participación de los niños, niñas y adolescentes en los distintos espacios que les rodean.