RECONCILIACIÓN PARA VICTIMAS Y VICTIMARIOS
3. PROPUESTA PASTORAL PARA LA CELEBRACIÓN DE LA RECONCILIACIÓN
3.3 La pastoral del camino: la memoria al servicio de la vida
La experiencia de María Magdalena junto al sepulcro de Jesús deja como enseñanza, que contar y escuchar es clave para la celebración de la reconciliación, pues no sólo se sana, sino que la persona puede hacer vida, el recuerdo de sus seres queridos. En esta segunda parte se profundiza en ese aspecto, teniendo como referencia la experiencia de los discípulos de Emaús, que después de la muerte de Jesús, al regresar a su pueblo, por el camino, se encuentran con el Señor.
La pastoral de la reconciliación debe ser de camino; una pastoral que debe romper con los antiguos sistemas de celebración de la penitencia donde el penitente busca al sacerdote; más bien, hay que salir al encuentro de las víctimas y de los victimarios.
La experiencia de los discípulos de Emaús da algunos elementos que se deben tener en cuenta a la hora de pensar en la celebración de la reconciliación. Esta experiencia permite comprender que la reconciliación es un encuentro con la memoria, en la medida que se reconocen los hechos, y el delito no queda en la Impunidad.
En el texto de Lucas hay escenas significativas que guían la pastoral de la reconciliación en Tierradentro y en otras zonas del país. En la primera escena, tres días después de la muerte de Jesús, dos de sus discípulos regresan a su aldea y van conversando de todo lo que había pasado (Lc 13-15). En la segunda escena, Jesús se les acerca pero ellos no lo reconocen, les pregunta sobre lo que discuten, hablan y ellos sienten tristeza. (15-18). En la tercera escena, le preguntan si no sabe lo que ha pasado y le cuentan lo ocurrido (18-24).
La cuarta escena en el camino, toma la palabra Jesús y los increpa por no haber entendido lo que de Él se decía en las Escrituras y les vuelve a explicar lo que había de pasarle (25-27). Inmediatamente, aparece la escena de la acogida y de la comida: Jesús parte y les reparte el pan (28-30). En ese instante lo reconocen, pero Él desaparece; entonces recuerdan todo lo que habían vivido por el camino, cuando les explicaba las Escrituras (31-32). Finalmente, aparece la escena donde la memoria se hace vida y exige comunicar lo que se ha vivido: Enseguida regresaron a donde estaban los demás discípulos y les comunican todo lo que había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan (33-35).
La segunda etapa de la pastoral que propende por la reconciliación es la recuperación de la memoria. Siguiendo las escenas del camino a Emaús, lo primero que se debe propiciar es: a) que las personas hablen de todo lo que ha
reconocer lo que pasó (reconocer conlleva acechar al olvido, que como mecanismo busca borrar los hechos y de paso negar la voz de las víctimas, ese mecanismo se debe extirpar en los procesos de reconciliación) y reconocer el derecho a enterarse de lo que pasó y los abusos contra su dignidad(este punto es distinto de hablar de un hecho ocurrido, reconocer implica no olvidar el rostro del otro, su persona, sus proyectos, su causa, sus mandatos); c) educar la memoria para pasar lo acontecido por el corazón y la mente, para que no se olviden, este es un paso importante que la pastoral de la reconciliación debe propiciar en los niños, los adultos y la comunidad en general.
Hay que enseñar lo que ha pasado, nombrar a los autores intelectuales y materiales de los hechos, indagar por las causas que los generaron; hay que enseñar a borrar el odio, la venganza, la ilegalidad, la apropiación de los bienes ajenos; los hechos deben quedar escritos, para que en el futuro no se repitan; d) la pastoral debe comprometerse a promover la solidaridad; en Tierradentro por ejemplo existen muchas familias que no tienen trabajo y a veces conseguir la comida es difícil.
Pero, no sólo se necesita solidaridad para conseguir el pan material, es importante que la comunidad sienta la causa de las víctimas como propia, y que además sean capaces de acoger a las personas que dejan la guerra, a los victimarios y finalmente; e) comunicar lo que han vivido otros; celebrar la reconciliación implica que las personas y la comunidad reconciliada anuncien lo que han vivido. La buena noticia de la reconciliación debe promoverse, cuidarse, cultivarse en la propia vida, en la familia, en la comunidad y en la sociedad en general, como un tesoro que se ha conseguido y no se quiere perder.
Recopilando, para celebrar la reconciliación la pastoral debe propiciar que las personas pasen de la situación interna y existencial a recordar para socializar, exteriorizar y hacer partícipe del problema a la comunidad; una comunidad que no sólo debe solidarizarse con las víctimas, sino ser garante del proceso, para que en el futuro no regrese la violencia a sembrar el territorio de enemistades.
La reflexión deja como enseñanza para la pastoral de la reconciliación que la memoria implica: a) reconocer social e individualmente la existencia y la realidad de los hechos; las víctimas o testigos son importantes porque ellos eliminan cualquier pretensión de negar los hechos ocurridos, cuando estas sean las pretensiones del victimario; b) mantener el hilo del pasado con el futuro a través de la narración de los hechos del presente, pues, no sólo hay que sanar el pasado, sino vislumbrar los motivos que llevaron a cometer esos hechos y evitar que se repitan.
c) Realizar un proceso de catarsis personal y colectiva, donde se reintegre la experiencia en la historia vital que permita desalojar el dolor. Aquí es de suma importancia purificar el miedo para compadecerse de quienes sufrieron y siguen con el dolor, el abandono, el silencio y la indiferencia; d) abrir espacios para la dignificación de las personas y las comunidades, puesto que abre oportunidades para que se pueda dar una reparación social; e) reconstruir la identidad comunitaria e individual, puesto que se genera cohesión y se fortalece el tejido social.
3.4 La pastoral de los derechos: Dios salva lo que se ha perdido y reconcilia