II.4. ACTIVIDADES ECONÓMICAS
II.4.1 LA POSESIÓN DE TIERRAS
Las tierras que hoy posean los comuneros de Malvado, fueron entregadas en el contexto de la reivindicación (década de los 60) por la comunidad campesina de Pararín.
La posesión de estas tierras comunales tiene vigencia hasta que fenezcan las parejas de comuneros (Estatuto de la comunidad campesina), luego pasarían a la administración de la comunidad y este verá su futura disposición. Sin embargo se dan excepciones: los hijos del fallecido inmediatamente, toma por posesión las tierras de su padre y la directiva de la comunidad aceptan tal decisión. Pero la posesión será aceptada siempre y cuando el hijo del fallecido no posea tierras y esté inscrito en el padrón comunal. En caso contrario, solo permanecerá en su posesión, mediante el sistema de arriendo.
Entonces ¿Cuáles son los motivos, por los que la comunidad acepta tal decisión de los comuneros? La aceptación se vincula a múltiples variables y son las siguientes: a) Cuestión simbólica (respeto al difunto), por sus aportes a la comunidad (por haber sido reivindicador); b) Legado patrimonial, pues en esas pequeñas parcelas los campesinos tienen plantaciones de frutas, donde han invertido años de trabajos. Por tanto, lo más lógico es que aquellas tierras pasen a los familiares más cercanos (hijos, sobrinos, nietos, primos etc.). A esto, se debe añadir otro caso, quizá el más polémico. Se trata de una decisión netamente estratégica. Allí tenemos la opinión de don Eugenio Moreno (54 años):
Yo tengo mi parcela, que me entregó la comunidad cuando llegué a tener mi familia [empezó a convivir con su esposa], pero también poseo mitad de la parcela de mi suegro (murió aproximadamente 20 años atrás) y la otra mitad está controlado por mi cuñado; pero por esa tierras anualmente pagamos (sistema de arriendo). Así hemos decidido, sino la familia Manrique se va a adueñar de esas tierras y eso no queremos.
Este accionar da cuenta de que al interior del pequeño caserío se recrean pugnas entre sus integrantes26, pues la familia Manrique no es reivindicadora, sin embargo, posee tierra más productiva en comparación de las tierras de los otros comuneros.
En conclusión, la decisión de perpetuarse en la posesión de la tierra o transferir las parcelas a los familiares cercanos se debe principalmente a: valorar la lucha, el sacrificio de sus parientes que cultivaron las tierras tan pedregosas y llenas de maleza desde la década de los 60. En ella han realizado plantaciones: como mangos, manzanas y el tiempo de producción durará aproximadamente unos 40 a 50 años. Es decir, han gastado energía e invertido tiempo. De allí que se resisten a dejar sus tierras para otras personas ajenas, pues prefieren dejarlo para sus familiares más cercanos.
Las plantaciones de larga duración hechas por los campesinos no fueron con la consigna o la estrategia de perpetuarse en aquellas tierras agrarias, sino por un motivo coyuntural, que era el litigio por las tierras con los ex yanaconas. Una manera de demostrar sus posesiones ante la justicia consistía en el sembrado de plantas de larga duración en las tierras que ellos poseían. Si en estos tiempos, muchos de los campesinos heredan las tierras
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Todas las comunidades acusan una tensión permanente entre los derechos de las familias, los derechos del colectivo comunal y los derechos reivindicados por las diversas facciones y fracturas existentes a su interior. Lo familiar, lo fraccional, y lo comunal aparecen y desaparecen dependiendo de las circunstancias, de acuerdo con las necesidades de acción (y reacción) colectiva: en condiciones normales los derechos de las familias priman y los de la comunidad se opacan, manteniendo únicamente la función de regulación; en estos casos de conflictos internos, las familias se opacan apareciendo las diversas facciones que componen la comunidad; en caso de amenazas externas, familias y facciones se eclipsan dando paso a la solidaridad colectiva. (Alejandro Diez. 2003: 84)
o los arriendan es simplemente para aprovechar (en el buen sentido de la palabra) el trabajo de sus parientes en esas tierras.
La idea de perpetuarse y heredar las tierras a los hijos o arrendar las tierras de sus parientes ya fenecidos no significa el fin de las sociedades comunales o el alejamiento de la comunidad. Ya hemos mencionado los motivos por los que se practican las transferencias y la perpetuidad de las parcelas familiares. Existe multiplicidad de formas de construir la identidad comunitaria, y ya que las identidades se recrean de distintas maneras con el correr de los años, citemos la reflexión de Teresa Cañedo:
Es en este nuevo contexto discriminatorio en el que la conciencia comunitaria y la solidaridad han recobrado vigencia subrayándose los rasgos diferenciales de las comunidades andinas frente al mundo exterior. La confrontación ante “otros” (sean españoles, cristianos, peruanos, empresas multinacionales) no ha dejado de producirse a lo largo de la historia, aun cuando haya variado los actores que representan a la otredad o los intereses concretos que las comunidades reivindicarán ante ella. (pág. 266)27.
Justamente, la práctica de la reciprocidad, la solidaridad, el sentido comunitario del trabajo y la organización garantizan la permanencia y existencia de la comunidad campesina. Pero no podemos negar que se esté dando un proceso de cambios en la estructura interna de estas instituciones milenarias (comunidades campesinas), producto de la expansión del mercado capitalista. Sobre ello, un tanto pesimista, Matos Mar (2005) señala lo siguiente:
Aunque persistan rasgos comunales, la tendencia apunta a su debilitamiento y en alguna medida también a su desaparición, a pesar de sus intentos formales a escala macro social para lograr sus preservación (p. 49-50).
Personalmente no creo en el fin de las comunidades campesinas, como una institución cohesionadora de sus integrantes, ente que establece los
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derechos de acceso a los recursos y las obligaciones de provisión de los recursos de acervo comunal (Serafín Osorio 2013: 18)28. Esta idea queda demostrada, con lo que hoy (entre 2012-2014) están realizando los comuneros de Pararín. Estos comuneros, organizados por la junta directiva están procediendo a recuperar sus tierras costeras (Litera —hoy denominado Nuevo Pararín— ubicado entre la provincia de Barranca y Huarmey) y de inmediato se están redistribuyendo, entre ello (comuneros) y los hijos residentes pararinos. En este proceso se ve una organización colectiva, recíproca entre sus integrantes y trabajos comunitarios (faenas). Esta se manifiesta de distintas formas, en distintos momentos, a pesar de que al interior de la comunidad haya propiedad privada, mercado e individualismo.