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LA PRIMERA CRISIS EXISTENCIAL LO TORNA NARCISISTA

In document Psiquiatria Antropologica - Otto Dorr (página 32-45)

l UN CASO CLÍNICO

2. ANÁLISIS E INTERPRETACIÓN DEL CASO

2.3 LA PRIMERA CRISIS EXISTENCIAL LO TORNA NARCISISTA

Federico, que creció en una atmósfera familiar cargada de tensiones, a los ocho años de edad es afectado intensamente por dos hechos:

viaja junto con su madre a la región ocupada por los checos, con el objetivo de visitar a su padre; allí se da cuenta de que éste ha abandonado a la familia. Profundamente defraudado en sus expecta- tivas infantiles, Federico se siente abandonado, llora por las noches y llama al padre. A la madre, que no fue capaz de recuperar al padre, le manifiesta amargura y una desobediencia llena de reproches. Ella, también conmovida e insegura, reacciona golpeándolo. Federico está desesperado, por cuanto siente la amenaza de una pérdida de amor total.

AD: "Ella me pegó con una correa de cuero sobre el cuerpo desnudo. Ya con los primeros golpes yo me dije: 'no vas a aguantar'; luego sentí la sensación de que iba a estallar. Esta sensación se extendió al corazón, que de alguna forma se entregó. Luego me estremecí

golpe ... Inmediatamente después de los malos tratos yo sentí que me picaba todo el cuerpo y que perdía la visión; Al día siguiente tuve por primera vez la sensación de que todo el mundo exterior estaba sobre mí, tanto óptica como acústicamente ... En total prevaleció la sensación de no pertenecer ya a este mundo, de contemplar el mundo en cierto modo desde fuera ... Mientras se

. desvanecía el límite yo-mundo, yo perdí el contrapeso natural con respecto al mundo en torno. Yo mismo me convertí en un trozo suyo y ya no supe a quién debía imputar algo así como un yo. Mi yo estaba como talado y en su armazón vacío soplaba el viento del mundo exterior".

Como consecuencia de esta primera crisis observamos en Federico un desarrollo que se impone como repliegue narcisista. Si hasta en- tonces el empleo de su fuerza servía para lograr un rendimiento que superara a los otros, ahora esta ambición da paso a una actitud más pasiva y a una orientación preferente hacia el propio cuerpo. Al mas- turbarse Federico tiene la sensación de "estar en sí mismo". Pone el mayor esmero en el cuidado de su aspecto externo. Durante largo tiempo lo preocupa en forma casi exclusiva el tratamiento profesional de sus pies planos. La consulta a diversos ortopedistas no lo tranqui- liza del todo.

En el grupo de los niños de su edad Federico busca marginarse a través de una conducta "oposicionista" y de sostener "ideas fijas". Él asume el papel de un tipo raro e inaccesible, permanentemente preocupado del cuidado de su apariencia y de la mantención del ordenexterno. A pesar de ello, Federico asiste, por primera vez, a un curso de baile a la edad de 16 años, pero permanece indiferente frente al afecto que le demuestra su compañera. A la edad de 18 años se enamora por primera vez de una muchacha, pero es rechazado por ella. En el período siguiente los parientes notan que Federico cae en una profunda crisis con respecto a su autoestima.

Este curso de la historia vital de Federico, accesible como estruc- tura de un orden que motiva, que tiene sentido, de un "estudio histórico en el sentido de la anamnesis psiquiátrica" tBinsuanger, 1955)7, puede sin embargo ser interpretado en forma adecuada sólo

partiendo de estructuras antropológicas fundamentales que primero posibiliten y luego determinen la orientación de una elección de motivo. Esto desde el momento que lo dado previamente es una existencia proyectada hacia la superficie de este "cuerpo en aparición

y referido al mundo" en el sentido de Zutt(l963)8 en cuanto principal

área de decisión de las propias posibilidades de ser.

En este contexto se comprende esa extraña expresión de Federico de que él bailaba más con las rodillas que con el alma. Además, hay que mencionar la rigidez en la posición y el movimiento del cuerpo que aparece en relación con la segunda crisis, la cual muestra fisiognómi- camente ad oculos a los otros la obstinada inmutabilidad en la apariencia. En análoga relación referencial (Verweisungsbezug) se encuentra la operación que Federico se practicó a sí mismo: con una hoja de afeitar se extirpó un velludo lunar que tenía cerca del mentón, porque creía provocar sentimientos de repugnancia en los demás. DV: "Tal vez Dios me debería haber hecho aún más feo" (31-05-63).

"Para librarme de esa maldita autocontemplación quiero estable- cer un duro plan de trabajo ... Además, a mí no me importa el daño material... A los 12, 13, 14 años, y después también, yo siempre encontraba repugnantes a mis compañeros; ahora miro anhelante a los niños de esa edad y me siento rechazado por las personas de mi edad" (31-05-63). "Mi única suerte es que yo tengo algunas fallas esté- ticas, si no estaría perdido. Lo único que además me puede hacer bien es no considerar. a los otros como un mero trozo de carne. Sólo puedo llegar al otro a través del alma del otro" (02-06-63). "Noto ya con alivio que también puedo mirar a la gente fea. Obje- tivamente el ser humano es un instrumento de uso de sí mismo para los demás. El rostro también corresponde a eso" (28-05-63).

Con impresionante claridad nos· damos cuenta aquí cómo sólo las direcciones significativas (Bedeutungsrichtungen) de la atracción y la repulsión por y de la superficie (con "ocultamiento del núcleo", en el sentido de Matussek (1960)9, son las que determinan un tipo de encuentro interpersonal objetivante, el cual -como fuera desarrolla- do más arriba siguiendo a Laín Entralgo (1961)10- ya en sus inicios destruye toda posibilidad de una auténtica "comunicación existencial" en el sentido de Jaspers (1956)11. El propio Federico resume este fenómeno con una clarividencia casi trágica.

DV: "Mi falla es el amor a mí mismo. Aún no he encontrado el camino

hacia el tú. Fuera de un corto período en Waldheim, yo siempre he estado encerrado en mí mismo, sordo frente al mundo exterior. Lo que tengo que lograr es una inclinación desinteresada hacia lo exterior a mí ... O yo era apático o gozaba conmigo

mismo. La sobrecompensación de ello sólo era posible en cuanto yo me miraba en el espejo y me aseguraba de mi belleza. Naturalmente que esto representaba un inmenso sentimiento de placer ... Pero ahora quiero aventurarme hacia otra fase, la del amor al prójimo, vivir sólo por amor al ser humano. Por cierto que también con la alegría de (contemplar) los cuerpos juveniles, pero no como condición" (06-05-63).

En el verano de 1961, Federico ingresa a la Universidad. Tímidamente intenta acercarse a una compañera, pero renuncia al darse cuenta de la "fealdad de sus piernas". La madre y los hermanos se espantan por la "simpleza", la "falta de amor" y la "frialdad" de semejante motivo. Sin embargo, Federico se siente "aliviado y por así decirlo limpio por dentro nuevamente".

2.4

INTENTOS FRUSTRADOS POR CONSTITUIR UNA RELACIÓN

DE ENCUENTRO NORMAL

Una relación que tuvo lugar en el verano de 1962 con otra estudiante, cuya "llamativa belleza" lo fascinó, sería determinante para el desa- rrollo ulterior de Federico. Se conocen, él la acompaña repetidas veces a su casa; de pronto siente que ella, respondiendo a su simpatía, "espera algo de él", y esto lo lleva a una confusión irremediable. Federico empieza a sufrir de "nerviosismo", "temblores", estados de agotamiento y perturbaciones del sueño. Intensos análisis internos lo hacen tomar la decisión de interrumpir esta relación. Federico se sumerge en los libros de su especialidad y después de un tiempo de duelo encuentra el camino de vuelta al equilibrio.

PS: "Nuevamente yo era una persona totalmente aislada. Todo lo que pasaba fuera de mi persona era como si me quitaran un trozo de mí. Lo que más me gustaba era estar siempre encerrado en mí mismo. Entonces me decía internamente: 'Si no emprendes nada más, entonces tendrás tu tranquilidad de espíritu' ".

Una "falta de concentración" de sus pensamientos le da el motivo a Federico para vedarse la masturbación ejercida en forma excesiva desde los ocho años. Él forja el plan de cambiarse de la carrera de Filología Antigua a la de Psicología: un "autoanálisis" le dará claridad sobre su situación. Por entonces aparecen parestesías corporales.

AP: "Un pilar imaginario en mi cabeza me picaba y se irradiaba hacia el resto del cerebro. También en otros lugares me empezaba a picar y a arder, como es el caso de la vesícula biliar, y todo esto me produjo una pérdida de peso y una gran pereza".

Por breve tiempo las cosas y las personas se retiran hasta una extraña distancia.

PS: "El mundo estaba muy alejado, sin significado y vacío. Por ejemplo, si yo observaba una granja, veía con gran exactitud la casa y las personas, pero sólo como algo material; más allá de eso todo era pobre, desierto y sin significado".

Se produce entonces un cambio brusco hacia una vivencia de una proximidad asfixiante.

PS: "El mundo llegaba directamente a mí. No había ninguna distan- cia entre el mundo en torno y yo. Eso regía para personas y cosas". AP: "La cercanía llegaba hasta la identificación con las cosas y las personas. Podía suceder entonces que en los peores estados me considerara por un momento como el otro, al que yo miraba".

Recurriendo a la autoayuda Federico aprende el entrenamiento autó- geno, el cual "pone en movimiento mis insistentes molestias". AP: "A pesar de que el estado de cercanía se hizo insoportable, yo lo

pude superar en la primavera siguiente (1963), vale decir, lo cambié por una suerte de estupor perpetuo, el cual, sin embargo, no estaba del todo libre de molestias corporales".

El estupor se acompaña de una nueva experiencia de cercanía con respecto a las personas y el mundo. Los esfuerzos de Federico por conseguir las simpatías de una "muchacha extraordinariamente her- mosa" se frustran nuevamente.

PS: "Fue algo muy triste. Cuando se produjo el encuentro con ella hubiera necesitado sólo saludarla, pero en ese momento me cerré completamente, como una navaja. Todavía la veo venir hacia mí. De repente todo se hizo nebuloso, como si lo hubieran borrado. Yo comencé a tiritar, me di vuelta y seguí de largo".

Durante la relajación obtenida por medio del entrenamiento autógeno surgió "visionariamente" ante Federico la imagen de la "madre casti- gadora"; por un momento llegó a la "certeza infalible" de que ella había sido la culpable de su "desarrollo defectuoso" por haberlo

"maltratado sádicamente" a los ocho años de edad con una correa de cuero.

Si revisamos la biografía de Federico hasta este momento, pode- mos, simplificando, resumirla así:

-Desde la niñez existe un estrechamiento de los proyectos de mundo y de sí-mismo vividos, que recuerda el "proceso modificativo"

de Hafner (1963)12, y en el cual sólo es posible realizar la forma de encuentro interpersonal objetivante.

-A consecuencia del natural desenvolvimiento de la persona en fases madurativas, Federico se ve enfrentado a la tarea de abrir el propio espacio existencial al otro, de construir una relación de pareja y diálogo. Él intenta lo imposible, a saber: romper esos límites.

-El repetido fracaso, tan dolorosamente experimentado, le va otorgando a sus reiterados intentos el carácter de riesgos. La percep- ción del otro lo afecta demasiado profundamente y él se queda sólo en un conato de respuesta personal ("Cuando ya vino el encuentro, sólo habría necesitado saludarla ... Aún la veo venir hacia mí: de pronto todo se nubló, como si lo hubieran borrado ... ").

-"La cercanía del prójimo, tan desconcertante por la exigencia de amor que conlleva" (Matussek, 1963)13, hace caer a Federico en el remolino de una crisis anormal en el sentido de Kulenkampjf(l959)14

donde él, más allá de una incapacidad de comunicación propiamente tal, se encuentra amenazado de perder su propia posibilidad de encuentro interpersonal, aquel que responde en forma objetivante. Sin solución de continuidad, el estado de crisis da lugar a un estado

psicótico.

El otorgar a. los encuentros interpersonales fallidos en el sentido de las "situaciones germinales específicas (de frustración o bien de tentación)" el valor de motivo desencadenante (Matussek, 1960), al menos para el ser-ahora de las psicosis esquizofrénicas, se basa en conocimientos seguros derivados de las investigaciones de W v. Baeyer(1955)15, 0959)16, W Brautigam (1965)17, H. Hafner(l963)18, K.P. Kisker (1962)19, C. Kulenkampjf (1955)2

º,

P. Matussek (1960)21, (1963)22, H. Tellenbach (1959)23, Th. Winkler(l959)24,J. Zutt(1963)25,

entre otros.

Ahora bien, si queremos preguntar por la modificación que experimenta en la psicosis la forma de encuentro de Federico, estamos obligados a ampliar el horizonte de observación teórica hacia la dinámica que irrumpe en el encuentro interpersonal.

2. 5

LAS DIRECCIONES SIGNIFICATIVAS POLARES DEL ENCUENTRO EN EL ESQUIZOFRÉNICO

Las vivencias y las conductas de los que se encuentran recíprocamen- te son determinadas de modo variable por las direcciones significati- vas polares de atracción y repulsión, en dependencia directa con respecto a las etapas constituyentes del encuentro en el sentido· de Laín Entralgo 0961)26. Así, .a medida que se eleva el nivel del encuentro, disminuye el del campo de tensión que le es propio, hasta anularse por completo en la unión física y espiritual de los amantes. Estas dos fuerzas constitutivas de la ambivalencia "natural" son alimentadas respectivamente, a su vez, por dos fuentes distintas.

La dirección significativa orientada hacia la atracción del otro, o centrípeta, está sostenida por el deseo de proximidad y el miedo al avasallamiento.· La opuesta, la dirección significativa orientada hacia el rechazo del otro, o centrífuga, radica en la dualidad del deseo de distancia y del miedo a ser abandonado. Mientras la persona psíqui- camente sana y en plena actividad tiende a vivir los lados positivos de las direcciones significativas mencionadas, vale decir, el deseo de proximidad y el deseo de distancia con respecto al otro, la persona psíquicamente enferma parece vivir lo contrario. Con el desplaza- miento del énfasis hacia los polos negativos del miedo a ser abando- nado o a ser avasallado, se aflojan las riendas de la propia actividad y el otro se hace temático en forma desfigurada a través del conflicto de los miedos.

Recordemos una vez más el conjunto de molestias planteado por Federico al momento del ingreso a la clínica.

-El propio cuerpo le es extraño; él debe asegurarse de sus brazos y piernas observándolos "desde fuera", moviéndolos, mor- diéndolos y pellizcándolos. Al mismo tiempo tiene una sensación como si continuamente lo pincharan con agujas en todo el cuerpo. Él cree que su cerebro se ha reducido de tamaño y ha descendido hacia el tórax.

-Con mucho sufrimiento comprueba carecer de la "conciencia natural" de ser una "persona redonda"; él se ve a sí mismo como "plano". Ya no dispone de la "distancia normal" hacia las personas y el mundo. Ellos lo empujan, "se sientan encima de mí", lo invaden. Él no puede decir con certeza "dónde termina mi cuerpo y comienza el del otro".

como un trapo mojado". Para lograr una "especie de contacto" tiene que dirigir un "tubo hacia la realidad y los demás". Si esto tampoco le resulta, en los momentos de "mayor angustia", se siente "absoluta- mente arrasado" por las cosas o fundido corporalmente con el otro: "Entonces yo soy la otra persona misma".

La situación pática de Federico manifestada aquí debe ser enten- dida en el marco del horizonte de sentido antropológico como un avasallamiento corporalizado por parte de los demás y del mundo.

El temor al avasallamiento, descrito desde el punto de vista dinámico como un matiz negativo de la dirección significativa centrípeta, se transforma en avasallamiento en el vivenciar psicótico. Así también esa "certeza infalible", surgida en el estado de relajación por entrena- miento autógeno, de que los límites entre el "yo y el mundo en torno" fueron destruidos por la paliza recibida de la madre a la edad de ocho años, es una expresión simbólica del avasallamiento de la existencia sufrido fatalmente en el desvarío esquizofrénico y que Federico incorpora proyectivamente a una situación de crisis temáticamente análoga y reactualizada.

Por otra parte, desde la profundidad de la psicosis, la tonalidad negativa de la dirección significativa contraria del encuentro ­el

miedo a ser abandonado­ adopta la forma de un mundo desplazado hacia lo insubstancial y carente de sentido ("El mundo estaba muy

alejado, sin significado alguno, vacío ... ").

Las personas y las cosas pierden su capacidad de expresión en cuanto forma de mostrar su esencia. Así, por ejemplo, al comienzo de la psicosis Federico percibía a un profesor que le hacía clases como una "mezcla de voz y partes del cuerpo"; el ojo que mira, llamado popularmente espejo del alma, era para él "mera carne"; él ya no era capaz de "leer" la mímica.

PS: "Hace tiempo que ya no puedo acordarme de lo individual propio de los rostros de personas conocidas; en general, yo ya les veo sólo las piernas".

2.6

LA RELACIÓN "YO-MUNDO" EN LA ESQUIZOFRENIA CENESTÉSICA Y EN LA ESQUIZOFRENIA PARAN O ID E

Tenemos la impresión de que en esto se vislumbra una diferencia con la vivencia del esquizofrénico paranoide: si en este último se llega, como explica Kulenkampff (1955, p. 93 y ss.)27, "tanto a una suerte

de aprisionamiento del enfermo en el ámbito fisiognómico como también a una forma especial de estar entregado a las fisiognomías que enfrenta", es decir, a un proceso de sobrefisiognomización, en el esquizofrénico cenestésico, y concretamente en Federico, se observa una especie de desfisiognomización, una profunda descomposición de lo fisiognómico. Este fenómeno se podría formular de la siguiente manera: Para el paranoide el mundo está anormalmente lleno de esencia y expresividad; para Federico, en cambio, está anormalmente vacío de esencia y de expresión.

Al delirio del paranoide corresponde la hipocondrización de

Federico. Área preferida de decisión de sus posibilidades de ser sigue siendo para él, también en la psicosis, "el cuerpo en manifestación"

(Zutt, 1958)28, el cual constituye el límite, en cierto modo la superficie

de contacto entre el yo y el mundo.

Para ilustrar lo antedicho proponemos la siguiente comparación: la relación consigo mismo, prepsicótica, caracterizada por un insisten- te mirarse al espejo buscando la propia belleza corporal, se transfor- ma en la psicosis en un tener que contemplarse "desde fuera" para poder identificar así el cuerpo como propio. Al tipo de relación Con el otro anterior a la psicosis, caracterizada por un irresistible ser atraído sólo por la belleza corporal del otro, corresponde la experien- cia psicótica de ver en los demás pura materia, mera carne.

Si el análisis de la historia vital que precede a la psicosis permite reconocer que Federico sólo puede realizar la forma de encuentro interpersonal que responde en forma objetivante, ahora, después de la irrupción de los demás y del mundo en el fundamento principal, nos encontramos con la más total incapacidad de encuentro. Esto puede deducirse también del hecho que la percepción misma del otro, según Laín Entralgo (1961)29, el primer momento fundamental constitutivo de todo encuentro, y a pesar de que el substrato orgánico- fisiológico se halla intacto, está alterada en el sentido de una profunda descomposición de lo fisiognómico, como se vio previamente. Visto desde la psicología de la Gestalt, hay aquí un destacarse de las propiedades materiales junto a un desplazamiento de las propiedades esenciales a un segundo plano; estas últimas, en cambio, tienen

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