Como sistema a caballo entre la agricultura ecológica y la convencional se encuentra la producción integrada que, según la OILB (Organización Internacional de Lucha Biológica) es
un sistema agrícola de producción de alimentos que utiliza al máximo los recursos y los mecanismos de regulación naturales y asegura a largo plazo una agricultura viable. En ella, los métodos biológicos, químicos y otras técnicas son cuidadosamente elegidos y equilibrados teniendo en cuenta la protección del medio ambiente, la rentabilidad y las exigencias sociales.
El concepto de Producción Integrada tiene su origen en 1977, como fruto de una reunión en Ovronnaz (Suiza) de un grupo de expertos entomólogos, que la definieron como una fase más avanzada de la Protección Integrada, que está basada en el conocimiento de la densidad de plagas, la aplicación de umbrales de tolerancia y el establecimiento de los métodos de protección,
incluyendo la lucha química ya que se piensa que no se puede prescindir totalmente de su uso. Este nuevo concepto pues no solo se reduce a lo que está relacionado con la Protección Integrada, sino que se amplía con el manejo racional de los restantes componentes del agroecosistema (planta, agua y suelo), garantizando una buena calidad del producto tanto desde el punto de vista externo como interno (características organolépticas, contenido nutritivo, residuos de fitosanitarios, etc.).
Según esta organización, los objetivos que se persiguen con este sistema de producción son los siguientes:
- Conservación de los recursos (edáficos, hidráulicos, genéticos, etc.) y utilización de los mismos para emplearlos como sustitutos de los insumos de la explotación.
- Uso racional de los insumos (energéticos, fitosanitarios, fertilizantes, etc.). - Gestión adecuada de los residuos, tanto sólidos como líquidos.
- Mantenimiento de la multifuncionalidad en la agricultura (conservación de la vida silvestre, diversificación del paisaje, colonización de áreas marginales, mantenimiento de las técnicas culturales tradicionales, etc.).
Técnicas de cultivo
En el Real Decreto 1201/2002 se regulan a nivel nacional una serie de normas generales que definen las prácticas agrícolas de producción integrada. Un extracto de algunas de las técnicas que se especifican en dicho documento son las siguientes:
Suelo, preparación del terreno y laboreo
- Mantener y mejorar la fertilidad del suelo: se definirá un nivel óptimo de humus, se evitarán las prácticas que provoquen la compactación y se procurará el empleo de cubiertas vegetales que protejan el suelo y mantenimiento de la biodiversidad del agrosistema. - Las labores se realizarán respetando al máximo la estructura del suelo y, a ser posible, sin volteo. Se deben evitar las escorrentías, los encharcamientos y la erosión.
- Como prácticas prohibidas se encuentran la desinfección del suelo mediante tratamientos químicos y el uso sistemático de aperos que destruyan la estructura del suelo y propicien la formación de suela de labor.
Fertilización y enmiendas
- Para los macronutrientes se realizarán programas de fertilización potenciando la aportación de fertilizantes naturales y reduciendo los fertilizantes químicos de síntesis. - Es obligatorio al menos mantener el nivel de materia orgánica del suelo.
- Los oligoelementos solo se aplicarán cuando un análisis previo determine su insuficiencia.
- Se realizarán enmiendas cuando el pH del suelo se aparte sustancialmente del valor óptimo para el cultivo, o cuando las características físicas o químicas del suelo así lo aconsejen.
- Como prácticas prohibidas se encuentran el superar la cantidad máxima tolerable de nitrógeno total, de metales pesados, de organismos patógenos y de compuestos tóxicos, así como realizar aplicaciones de nitrógeno nítrico en los márgenes de las parcelas colindantes a corrientes de agua.
Control integrado
- En el control de plagas y enfermedades se antepondrán los métodos biológicos, biotecnológicos, culturales, físicos y genéticos a los métodos químicos.
- La estimación del riesgo en cada parcela se hará mediante evaluaciones de los niveles poblacionales, estado de desarrollo de las plagas y la fauna útil, la fenología del cultivo y las condiciones climáticas. Solo se realizarán medidas directas de control de plagas y enfermedades cuando exista un riesgo considerable.
- Solo pueden emplearse determinados productos fitosanitarios que deben encontrarse en el registro oficial.
- Debe protegerse la fauna auxiliar en general, y en particular, al menos, dos especies consideradas como prioritarias.
- Las malas hierbas se controlarán, siempre que sea posible, con medios mecánicos, biológicos o aquellos que ofrezcan menor riesgo de emisiones de CO2. El empleo de herbicidas estará restringido únicamente a aquellos que se encuentren autorizados.
Estado actual y perspectivas futuras
Para que la producción integrada se desarrolle y tenga éxito debe superar el obstáculo de que no exista una reglamentación clara, que no deje vacíos legales ni provoque ningún tipo de confusión entre los consumidores. Para ello fue la propia OILB la que creó un documento
básico en el que se indicaba una definición de Producción Integrada, se describían las estrategias básicas y se establecían las directrices técnicas y las normas para una serie de prácticas prohibidas, recomendadas y obligatorias para cada cultivo.
Pero ha sido recientemente, en el Real Decreto 1201/2002 ya mencionado en el apartado anterior, donde se han regulado a nivel nacional las normas de producción y requisitos generales que deben cumplir los operadores que se acojan a los sistemas de producción integrada, así como la regulación del uso de las identificaciones de garantía de estos productos. Con ello queda establecido un sistema de tipificación de la producción integrada bastante homogéneo a nivel estatal. Este avance era necesario, ya que uno de los principales problemas a los que se ha enfrentado la producción integrada desde siempre es que, a pesar de ser uno de los objetivos de los programas de investigación europeos, no existe hasta el momento ninguna directriz oficial que regule este sistema de producción.
Desde este punto de vista la agricultura ecológica tiene una cierta ventaja frente a la producción integrada, ya que queda perfectamente definida en toda la legislación tanto europea y estatal, como en el ámbito autonómico de la Comunidad Valenciana. A su vez, la Comisión Europea ha establecido la adopción de un logotipo para identificar los productos agrícolas y ganaderos donde se utiliza el modo de producción ecológico. Este es un paso importante para demostrar la calidad que un producto supuestamente posee, y puede realizarse de forma muy sencilla mediante la estandarización de un sello o una marca. Tanto la producción integrada como la agricultura ecológica son figuras de calidad, pero el consumidor aún no las percibe como tal ya que no están dotadas de una imagen de seriedad que ofrezca plenas garantías.
No obstante, a pesar de estos inconvenientes, cabe destacar que la producción integrada se encuentra muy extendida en los países del centro y norte de Europa, sobre todo en los cultivos frutales de pepita, donde el 35 % de la superficie de producción en el conjunto de estos países y hasta el 70 % en el caso de Suiza, emplean este sistema de producción, según una encuesta de la OILB realizada en 1994 (Cross, 1996). Se llega al caso de que algunos productos como la uva de mesa no encuentren salida comercial si no llevan etiquetado de producción integrada (Avilla, 2000).