Sin embargo, surgen algunas preguntas: ¿ De qué nos sirve a nosotros que Jesús haya derramado su Espíritu Santo sobre aquellas 120 personas reunidas en el aposento alto?¿En qué nos afecta que se transformaron las vidas de los Apóstoles el día de
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Pentecostés? ¿Podríamos también tener nuestro Pentecostés personal?
Los habitantes de Jerusalén, que se reunieron en torno al cenáculo, les preguntaron: ¿Podemos también nosotros tener la fuerza de lo alto? ¿Qué debemos hacer para vivir esa alegría y
fuerza que ustedes tienen? ¿Cómo podemos nosotros
experimentar la vida de Jesús que se refleja en ustedes? (Cf. Hech 2, 37).
La respuesta de Pedro fue sencilla y clara:
Conviértanse, y que cada uno de ustedes se haga bautizar en el Nombre de Jesús para el perdón de los pecados; y recibirán el Don del Espíritu Santo, pues la Promesa
es para ustedes, sus hijos y todos los que están lejos,para cuantos llame el Señor Dios nuestro: Hech 2, 38-39.
La Promesa, el Espíritu Santo, es también para cada uno de nosotros. Jesús ha prometido una nueva efusión de Espíritu en tu vida, y así como cumplió su Promesa en Pentecostés, así también quiere que tú tengas tu Pentecostés personal.
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La Promesa es para todos y cada uno.
Es tan abundante y generosa esta efusión de Espíritu Santo que Jesús ofrece, que en muchos lugares del mundo se le conoce con el nombre de "Bautismo en el Espíritu Santo", el cual no es ningún nuevo sacramento; simplemente es una nueva efusión del Espíritu de Dios; una experiencia del poder y amor de Dios, que cambia la vida.
Jesús te ofrece una nueva “Efusión de su Espíritu Santo” para transformar tu vida. Él ya ganó con los méritos de su muerte y resurrección este Don que te quiere regalar. No te obliga a que lo recibas, sólo si tú quieres, y lo necesitas. Tú no mereces el Espíritu Santo, pero Jesús, el Hijo de Dios, lo mereció por ti y para ti. Sólo te pregunta: "¿Lo quieres? ¿Tienes sed de agua viva?".
Jesucristo es el mismo de ayer, hoy y siempre. Y lo que llevó a cabo en Pentecostés, lo quiere cumplir ahora de nuevo. Lo que realizó en el cenáculo, es capaz de repetirlo aquí. Lo que hizo en Pedro y los demás discípulos, lo puede efectuar en ti... si se lo pides ... si reconoces que lo necesitas ... si tienes sed del agua viva.
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Cada uno de nosotros tiene la oportunidad de vivir lo mismo que aquel selecto grupo de 120 personas en el aposento alto, el día de Pentecostés.
Así como una vela encendida puede prender mi- les y millones de velas, y no por eso disminuye su luz, así Jesús, da su Espíritu Santo sin que nunca se le acabe.
¿Cuánto nos cuesta el Don del Espíritu Santo? Nada. ¡Es completamente gratis!
El que tenga sed, que se acerque; y el que quiera, que reciba gratuitamente el agua de vida:
Ap 22, 17b.
A nosotros no nos cuesta nada el Don del Espíritu, porque a Jesús ya le costó su vida ganarlo para nosotros. Por eso se le llama “Don”. Porque es totalmente gratuito. Jesús ya pagó su precio con su muerte y resurrección. Lo único que tenemos que hacer es acercarnos a Jesús glorificado, que está lleno de Espíritu Santo, y pedirle que él mismo abra nuestro corazón de acuerdo con nuestras necesidades para que lo llene de su Santo Espíritu.
Frutos del Bautismo en el Espíritu Santo
A partir del glorioso día de Pentecostés, el Espíritu Santo se sigue derramando sobre personas y comunidades, hombres y mujeres, ricos y pobres que dan testimonio de vivir su "Pentecostés personal", que marca una nueva etapa en su vida, como un nuevo nacimiento (11).
La donación del Espíritu cambia nuestro ser de tal manera, que desde fuera los demás se dan cuenta que algo ha pasado en nuestra vida.
11
Este es un momento muy oportuno para que el predi- cador comparta su testimonio de lo que sucedió cuan- do recibió el Bautismo en el Espíritu Santo.
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Hacernos criaturas nuevas
Es una renovación tan profunda y total de la persona, que San Pablo dice que nos hace "nuevas criaturas".
Hace dos mil años, Corinto era la ciudad más próspera del sur de Grecia, sede de los juegos ístmicos y la capital comercial de la Acaya.
Sin embargo, su fama no le venía principalmente por ser "luz de toda Grecia", como la llamó Cicerón sino porque en este puerto cosmopolita se daban cita las peores depravaciones y degradaciones que el hombre pudiera concebir.
De una manera especial, destacaba la prostitución sagrada en su templo, dedicado a la diosa Afrodita, en la cumbre de la Acrópolis, que ciertamente tenía mil sucursales extendidas a lo largo de la ciudad. Hasta en el vocabulario corriente de esa época existía el verbo "corintear", que significaba caer en las peores perversiones de todos los órdenes. Ésta era la triste fama de Corinto: Corintear.
Además, como nos cuenta San Pablo, había multitud de impuros, idólatras, adúlteros, homosexuales, ladrones, avaros, borrachos, ultrajadores y rapaces. El Apóstol les indica a los cristianos, que aceptaron el Evangelio y experimentaron la Nueva Vida:
Tales fueron algunos de entre ustedes.
Pero han sido lavados, santificados y justificados en el Nombre del Señor Jesús,
en el Espíritu de nuestro Dios: 1 Cor 6, 11.
Todo lo viejo ha pasado. Todo es nuevo. Ustedes son una nueva creación en Cristo: 2 Cor 5,17.
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Ésta es la obra central del Espíritu Santo: Hacernos criaturas nuevas.
En relación con Dios:
La promesa del Padre es un Espíritu de filiación que nos capacita para dirigirnos a Dios como “Papá” (Cf., Gal 4, 6), para que, en realidad, experimentemos nuestra filiación divina. Así nos posibilita para vivir como hijos y por lo tanto, como herederos, con derecho a todas las riquezas del Reino de Dios.
Jesús no sólo nos dio el derecho de podernos llamar hijos de Dios sino que, como tales, pudiéramos recibir la herencia de Dios. Por ser hijos, tenemos el derecho a la herencia de un hijo de Dios.
En relación con Jesús:
El Espíritu y sólo el Espíritu de Jesús nos revela quién es Jesús:
Cuando venga Él, el Espíritu de la verdad, Él dará testimonio de mí
y los guiará a la verdad completa: Jn 16, 13.
Gracias a este Espíritu tenemos un encuentro personal con Jesús resucitado, que no vino a condenarnos sino a salvarnos.
En relación con nosotros:
Nos capacita para ser testigos con poder:
Recibirán la fuerza del Espíritu Santo
que vendrá sobre ustedes y serán mis testigos en Jerusalén, Judea, Samaria,
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Testigo es aquel que ha tenido una experiencia de la resurrección de Jesús, y nos habilita para vivir la Nueva Vida traída por él.
Cuando en la primitiva comunidad hubo necesidad de buscar a siete diáconos, los Apóstoles pidieron a la asamblea que escogieran "a siete varones llenos de fe y de Espíritu Santo". Inmediatamente trajeron delante de ellos a Esteban, Felipe, Prócoro, Nicanor, Pármenas, Timón y Nicolás (Cf. Hech 6, 5).
La comunidad percibía claramente gozo y alegría, fe y esperanza del Espíritu Santo, que se desbordaba en ellos.
En cierta ocasión, dos señoras se acercaron abruptamente a su párroco. Una de ellas le insistía con vehemencia: "Padre, ¿quiere que oremos para que reciba el Espíritu Santo?".
El sacerdote, un tanto molesto, respondió de manera brusca: "El Espíritu Santo ya lo tengo: Lo recibí el día de mi Bautismo, lo recibí el día de mi Confirmación y lo recibí el día de mi Ordenación sacerdotal... "
La otra señora, que hasta entonces había guardado silencio, respondió con sencillez: "Entonces, ¿no quiere que oremos para que se le note?".
Sin duda que nosotros ya tenemos el Espíritu Santo. Pero, hoy, Dios quiere darte una nueva efu- sión, tan abundante y generosa, que se va a notar. No sdólo tú s11•notodos lhos que tde rodetan ~de darán cuenta
e que a go nuevo a pasa o en u vr a.
Es cierto que ya recibimos el Espíritu Santo, pero es muy diferente a que simplemente esté presente en nosotros, a que le dejemos estar activó. No basta tenerlo como huésped de nuestra alma,
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debe ser el centro de nuestras motivaciones y el motor de nuestra actividad.
Prueba y arriesga. Nada puedes perder sino las tristezas, angustias y preocupaciones. Abre tu corazón para que recibas el poder de lo alto y seas bautizado en el Espíritu Santo.
D. ACTITUDES PARA RECIBIR EL BAUTISMO EN EL ESPÍRITU