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PARTE I. MARCO TEÓRICO

3. LA FORMACIÓN EN VALORES COMO INCUBADORA DE ACTITUDES

4.6. LA PSICOLOGÍA POSITIVA Y EL BIENESTAR HUMANO

La Organización Mundial para la Salud (OMS) define la salud como ‘un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no meramente la ausencia de enfermedad o de minusvalía’; esta definición se enuncia en sí misma con un sentido de ‘concepto positivo’ desde la amplitud de lo que supone el bienestar. El

AE Proactividad Ética Profesional Empatía Innovación Autonomía Asunción Riesgos

incremento en la esperanza de vida (Vázquez, Hervás, Rahona y Gómez, 2009), y sin duda los aspectos ambientales y la ecología en su globalidad ayuda a esto de forma evidente. Prácticamente, se trata de aumentar y fomentar la calidad de vida, y en ello influyen los aspectos medioambientales y ecológicos de nuestro entorno. Los aspectos físicos y psicológicos de la salud están condicionados e interrelacionados, y un entorno con condiciones ambientales saludables favorece nuestros bienestar de forma amplia.

Martin Seligman refiere en sus aportaciones innovadoras en esta nueva línea, la importancia y correlaciones de la Psicología Positiva en cuanto al bienestar. Describe en detalle las fortalezas humanas (Seligman y Csikszentmihalyi, 2000), e incluso las relaciones con aspectos de bienestar y, más concretamente, con aspectos ambientales. Fredrickson (2009) mantiene como aspecto clave la capacidad de resolución de problemas que tenemos los humanos. Cuestión que, en cuanto a bienestar y asociando esto a la crisis en valores de cuidado ambiental, es de relevancia su puesta en práctica para evitar graves e irreparables daños a nuestros ecosistemas. En nuestra relación con el medioambiente, tal vez debamos ya cuestionarnos la capacidad de resiliencia que tiene nuestro entorno, y en general nuestro planeta Tierra, para aguantar los condicionantes y sobreesfuerzos a los que los seres humanos obligamos y consentimos con complicidad.

Las personas somos resilientes, y Marisa Salanova en sus últimos estudios lo explicita y evidencia, cómo el disfrute de las cosas cotidianas de la vida es algo que nos da salud y bienestar. Ésta autora lo describe como ‘we need a hero’ en su modelo HERO (Healthy and Resilient Organization) (Salanova, Llorens, Cifre y Martínez, 2012). Pero, ¿realmente nuestro planeta es resiliente? Es cierto que las personas somos resilientes pero es más evidente que tenemos una fecha de caducidad. Y en esta reflexión debemos interrogarnos también, ¿hasta qué punto nuestro planeta puede seguir resistiendo?, ¿Es suficiente con los tratados internacionales actuales?, ¿El desarrollo industrial y el posicionamiento de cada país por hacer valer sus intereses puede hacer peligrar este estado del bienestar que consideramos que tenemos? Ya es el día del cambio de actitud. Necesitamos una actitud positiva que sin duda nos indique que hoy es el día, que ya es el

momento. Y debemos preguntarnos: ¿qué podemos hacer? Mucho, sí; al menos lo suficiente, pero todos a la vez para ser efectivos realmente. Estamos a tiempo de hacer algo, pero cada vez queda menos tiempo, es evidente. Más daños a la salud de nuestro planeta pueden ser ya difícilmente tolerables y de difícil reparo. Hay que prevenir males mayores desde una alianza amplia e internacional, de forma inmediata e irrenunciable, desde todos. Es nuestro bienestar ya inmediato y el futuro de nuestras generaciones el poder disfrutar de la vida en sí misma, incluso ya no solo de algo tan irrenunciable como el bienestar. Tal vez el error o el problema pudiera ser que contemplamos este fenómeno como inalcanzable, o más bien al menos lejano, y no lo personalizamos a nuestro día a día ni a nuestra realidad más concreta, no dándole el peso global que merece, desde una perspectiva emocionalmente inteligente que facilite la comprensión y motivación a otras personas (Thorndike y Stein, 1937).

En cuanto a las emociones y su trascendencia, hay que tener en cuenta lo que se define como ‘emociones positivas’. Y estas emociones pueden ser relevantes del todo para educar hacia un cambio en conductas y hábitos sostenibles, en cuanto a su desarrollo como inteligencia emocional (Goleman, 1996). Una inteligencia que nos dé garantías sostenibles a largo plazo, ya que a corto plazo no percibimos el daño para posicionarnos por un cambio de actitud y de compromiso como merece ‘la casa común’ que compartimos. Fredrickson (2009), concluye que las emociones positivas otorgan creatividad y capacidad de resolución de problemas. Con el tema medioambiental y nuestro bienestar como habitantes de nuestro planeta, no cabe duda que se nos presenta un gran reto a nuestras puertas, a resolver desde actitudes positivas y con la involucración común de todos los agentes sociales. Carl Rogers y Abraham Maslow, como otros humanistas, elaboran discursos en relación al bienestar. Hoy en día, cabe más aun adaptarnos a mantener un bienestar en coherencia y convivencia con los seres vivos y ecosistemas cercanos pero, más ampliamente y de forma global, desde el respeto al medioambiente como objetivo no solo de salud sino de mantenimiento incluso del ser humano como especie. Relacionémonos de forma positiva con el entorno y los ecosistemas que nos rodean, con los cercanos para que influyan en los lejanos y se dé una sinergia social positiva de actitud de responsabilidad social. Necesitamos educación para fomentar hábitos y actitudes positivas hacia el

medioambiente.

El Papa Francisco con su comunicación en positivo está marcando una nueva forma de conectar y comunicar. Esta declaración conlleva ser un referente en lo que se dice y lo que se hace. Se llega a empatizar mediante emociones positivas que hacen que nuestras actitudes trasciendan y se alineen con valores globales, incluso con independencia de la religión, creencia, procedencia u origen que cada uno tengamos. Los ecosistemas son globales y tienen una afectación global, por lo que nuestra actitud responsable y activa hacia ellos se categoriza como de suma importancia para las generaciones venideras.

4.7.CONCLUSIONES

La reflexión sobre el deterioro medioambiental y el deber moral de todo creyente hacia el respeto a la creación, han sido compartidos a lo largo de la historia por diversas instituciones políticas, religiosas y sociales. El hombre que es también naturaleza, con su voluntad e inherente espiritualidad, se enfrenta a la urgente necesidad de conciliar tanto el bienestar personal con el progreso social, desde la promoción de actitudes y estilos de vida saludables a nivel individual como colectivo. Esto ha llevado a la reflexión del papa Francisco en su encíclica Laudato Si’, a invitar a los seres humanos y a la ciencia, a enriquecerse desde la visión desde la fe que despierta el sentido crítico, sin reducirse al relativismo y positivismo imperante.

Ante el desenfreno y la conciencia aislada que socavan la salud global y producen tal desamparo, hasta la felicidad paradójica del homo consumericus 16 actual, nos urge una respuesta que exhorte, aclare, y discrimine entre la Verdad

16 Homo consumericus es un neologismo utilizado por Gad Saad en su libro ‚The Evolutionary Bases of Consumption‛ (Saad, 2007), y en el de Gilles Lipovetsky ‚La felicidad paradógica‛ (Lipovetsky, 2007). De acuerdo con éstos y otros académicos, el fenómeno

del consumo de masas podría ser comparado con ciertos rasgos de la psicología humana, descritos por científicos evolucionistas, que señalan ciertas similitudes entre el darwinismo y el consumo de masas. Lipovetsky ha señalado que los tiempos modernos han traído consigo un tercer tipo de Homo comsumericus, que es al mismo tiempo impredecible e insaciable.

fruto de la Revelación, y las falacias transgresoras de movimientos new agers, que no hacen sino atraer adeptos desde bases pseudocientíficas, para fines ideológicos y de poder17.

Los hallazgos científicos que evidencian la importancia de la educación y el desarrollo que promocione la espiritualidad en el ser humano, como factor plausible y esencial en su óptima trascendencia, es innegable. Es por ello, que resulta de suma importancia trabajar en la línea de investigación descrita, para realizar una tentativa hacia el perfil Cristocéntrico desde nuestra hipótesis de investigación, que sume esfuerzos en identificar aquellos factores que promocionen actitudes hacia la sostenibilidad global necesaria. Sostenibilidad que se traducirá ya no solo en una mera mejora del medioambiente, sino, aún más, en la paz interior del individuo como reflejo de una vida equilibrada, y como fruto de la gracia contemplativa que se nos ha dotado, tal creaturas de esta ‘casa común’.

17 El movimiento New Age (Nueva Era) opera a través de diversas organizaciones a nivel mundial. Sus líderes y pensadores suelen ser originarios de la ‘revolución contracultural’ de los años 60 y 70, que rechazó los valores y los caminos religiosos tradicionales a favor del libertinaje, de la cultura de la droga, del amor libre, y de los experimentos de las comunidades utópicas. Hoy sus ideas están tan extendidas que, gran número de personas las comparten sin un rechazo formal y evidente de su propia cultura o su estilo de vida. (Fuente: https://www.aciprensa.com/recursos/todo-lo-que-se-necesita- saber-sobre-la-nueva-era-525/, [con acceso en diciembre 2016].

PARTE II.

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