1.3 Construcción social de la realidad
1.3.1 La realidad social como realidad institucional
Los seres humanos, a diferencia de los demás mamíferos que se relacionan con su ambiente a partir de patrones únicamente biológicos, han establecido formas más abiertas y flexibles de relacionarse con el ambiente en el que se desarrollan20
20 Debemos aclarar que no se plantea una idea de superioridad del ser humano por sobre otras especies; al contrario, se propone que debido a las especificidades biológicas propias del ser humano, tanto su desarrollo como su relación con el ambiente (natural y cultural-social), se presentan en etapas y modos diferentes. Ver: BERGER, P. y LUCKMANN, T., La construcción social de la realidad, Amorrortu editores, Buenos Aires, 1979, p. 66-74.
. Este ambiente no sólo es natural, sino también responde a un orden cultural y social que determina y moldea lo humano: “(…) se da por sobreentendido que el organismo y más aún el yo, no pueden entenderse adecuadamente si se los separa del contexto social particular en que se formaron.” (Berger y Luckmann, 1979:71).
Este orden social es entendido como resultado de la constante actividad humana, y para comprender su origen, mantenimiento y transmisión, Berger y Luckmann proponen el concepto de “institucionalización”, el cual expone el carácter social e intersubjetivo de construcción de la realidad. El fenómeno que antecede a la institucionalización es la habituación, entendida como la repetición de actos creadores de pautas o rutinas de comportamiento que pasan a ubicarse en un depósito general de conocimiento.
34 Partiendo de este punto, las instituciones se constituyen “cada vez que se da una tipificación recíproca de acciones habitualizadas por tipos de actores” (Berger y Luckmann, 1979:76); estas tipificaciones son accesibles a todos los integrantes del grupo social y compartidas por ellos. Así, las instituciones se presentan como productos de una historia compartida entre actores, cuya vigencia implica un control social sobre la actividad humana, al establecer pautas y guiar comportamientos21
1) Externalización.- se refiere al momento de construcción social de la realidad como producto del encuentro intersubjetivo.
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Este control social que ejercen las instituciones se refuerza por su historicidad, pues a medida que se alejan del punto de origen, se tornan más anónimas; por este fenómeno, las instituciones adquieren un carácter de objetividad, siendo percibidas por los individuos como formaciones coercitivas y externas que se superponen y que van más allá de ellos, siendo por lo tanto, más difíciles de ser transformadas.
Como señalamos en párrafos anteriores, el espacio de la interacción está dado por una reciprocidad de tipificaciones entre los agentes de dicho encuentro; estas tipificaciones se expresan en roles –entendidas como pautas específicas de comportamiento- que son habituados y asumidos por los sujetos participantes. En este sentido, podemos decir que la interacción podría ser previsible al constituir un trasfondo de rutinas con el que los actores se guían en una situación común.
Dentro de la realidad social, Berger y Luckmann reconocen tres momentos dialécticos que componen los procesos de institucionalización:
2) Objetivación.- refiere al proceso por el cual los productos externalizados de la actividad humana se presentan como una objetividad.
3) Internalización.- se presenta cuando las nuevas generaciones aprehenden el mundo social objetivado como realidad legítima a través de los procesos de socialización primaria y secundaria. La primera corresponde a la etapa en la que el niño establece una identificación con los otros significantes, acepta sus roles e internaliza su mundo como única posibilidad –“se construye el primer mundo del individuo” (Berger y Luckmann, 1979:172); en función de estos elementos,
21 El carácter rígido de la institución puede entenderse en la siguiente cita: “La institución establece que las acciones del tipo X sean realizadas por actores del tipo X.” (Ibíd, p. 76)
35 el niño se identifica consigo mismo y va adquiriendo su identidad. Además, durante esta fase se cristaliza la realidad a través de la internalización del lenguaje y se da paso a que el individuo se convierta en miembro de una sociedad. Por otra parte, la socialización secundaria implica la adquisición de conocimientos específicos relacionados a la división del trabajo y a la distribución social del conocimiento, que permiten al individuo socializado, la internalización de submundos institucionales pertenecientes a otros sectores de la realidad social.
Pero, las instituciones no llegan a consolidarse únicamente en base a los componentes antes mencionados, es necesario que éstos se integren en torno a universos de significados comunes y compartidos socialmente para que se logre una integración institucional.
Estos significados se agrupan en diversos tipos de conocimientos, tanto pre-teóricos como teóricos; pero es el conocimiento primario o común el que motiva los comportamientos institucionalizados, y el que se aprende durante la socialización. Según los autores, el conocimiento primario,
(…) es la suma total de lo que ‘todos saben’ sobre un mundo social, un conjunto de máximas, moralejas, granitos de sabiduría proverbial, valores y creencias, mitos, etc., cuya integración teórica exige de por sí una gran fortaleza intelectual
(…) A nivel pre-teórico, sin embargo, toda institución posee un cuerpo de conocimiento de receta transmitido, o sea, un conocimiento que provee las reglas de comportamiento institucionalmente apropiadas. (Berger y Luckmann, 1979:89)
De esta manera, entendemos a los conocimientos relativos a la sociedad como medios para aprehender la realidad social y como productores de la misma, pues a la vez que objetivan experiencias, también configuran tipos específicos de individuos con comportamientos tipificados, basados en dicho cuerpo de conocimiento.
Las experiencias compartidas entre los individuos son retenidas en un depósito común de conocimiento –sedimentación intersubjetiva-, el mismo que se convierte en social cuando se aleja de los contextos en los que se originó y se objetiviza en un sistema de signos, facilitando la transmisión generacional de las experiencias; y como se ha señalado, el sistema de signos más importante es el lenguaje, pues permite la transformación de las experiencias en objetos de conocimiento accesibles a todas las personas.
36 Los significados sedimentados identifican a las instituciones, de ahí que la legitimidad de las mismas, se basa en los significados institucionales que son transmitidos y reconocidos socialmente como parte de dichas instituciones; estos significados institucionales deben ser aprehendidos de forma permanente por la conciencia de los individuos para el mantenimiento de las actividades institucionales.
A esto debemos añadir que, dicho conocimiento, está definido socialmente, así como quiénes son los indicados de transmitirlo. El alcance, la complejidad e importancia de este conocimiento se reafirman a nivel social a través de objetos simbólicos y acciones simbólicas; estos elementos fortalecen la legitimidad y el carácter controlador de las instituciones.
Consideramos importante señalar la función de los roles dentro del orden institucional, pues éstos implican un proceso previo de tipificación de los comportamientos objetivados socialmente a partir del cual los individuos aprehenden su yo y a los otros actores como tipos, así los roles se entienden como “tipos de actores” que se presentan en un “contexto de conocimiento objetivizado común a una colectividad de actores” (Berger y Luckmann, 1979:97). Es a través del desempeño de los roles prescritos que las instituciones se hacen presentes en la experiencia real de los individuos; además, dichos roles no representan únicamente a una institución, sino que las integran en un todo significativo. Por otra parte, permiten el acceso –según grados de relevancia acordes a los roles específicos- a los diversos sectores que forman el acopio de conocimiento de una sociedad, ello implica una distribución social del conocimiento que lleva a la especialización de actividades dentro de una sociedad.
Por otra parte, en lo que se refiere al proceso de legitimación de las instituciones, éste “(…) produce nuevos significados que sirven para integrar los ya atribuidos a procesos institucionales dispares” (Berger y Luckmann, 1979:120); es decir, a través de este proceso se explica y justifica el orden institucional, al mismo tiempo que se direccionan y se transmiten –mediante la tradición- cómo deben ser los comportamientos de los individuos. Así, se distinguen cuatro niveles de legitimación:
1er. Nivel: Pre-teórico.- refiere al primer conocimiento de cómo se hacen las cosas. 2do. Nivel: Proposiciones teóricas rudimentarias.- concierne al nivel en el que se encuentran esquemas explicativos pragmáticos relacionados con acciones
37 concretas; por ejemplo: proverbios, máximas morales, leyendas y cuentos populares.
3er. Nivel: Teorías explícitas.- estas teorías legitiman el orden institucional en función de un cuerpo de conocimiento diferenciado, a la vez que, aportan con los marcos de referencia a los diferentes comportamientos institucionalizados. Se transmiten por grupos especializados.
4to. Nivel: Universos simbólicos.- constituyen las teorías que contienen a diferentes zonas de significado y refieren a procesos de significación de realidades que no pertenecen a la experiencia cotidiana. Éstos pueden explicar o justificar experiencias marginales de los individuos que no están presentes en la realidad cotidiana –como los sueños y fantasías-.
Respecto al cuarto nivel de legitimación, es preciso insistir que, su cristalización, se presenta de manera posterior a los procesos de objetivación, sedimentación y acumulación del conocimiento, demostrando con ello su historicidad. Por otra parte, este nivel proporciona orden y sentido al mundo social, al integrar todos los procesos institucionales aislados.
Finalmente, consideramos fundamental exponer un punto esencial para el análisis de la realidad institucional como realidad social. Los universos simbólicos al ser productos de la actividad concreta de los individuos, son cambiantes; pues las actividades de los seres humanos van transformándose con el tiempo y tanto instituciones como universos simbólicos responden a la existencia de individuos concretos. De ahí que, se presentan conflictos sociales cuando los grupos dedicados a la tarea de realizar formulaciones teóricas acerca de la realidad –es decir, los expertos o profesionales- se enfrentan por mantener la hegemonía de sus construcciones teóricas; por ello, Berger y Luckmann proponen entender al cambio social como un producto de la historia de las ideas.