CAPÍTULO II: Categorías Eclesiológicas
2.3 La realidad teológica de la Iglesia Popular
La realidad teológica de la Iglesia Popular va relacionada con la realidad social, ya que esta
manera concreta de ser Iglesia surge de la clase empobrecida y excluida de América Latina.
Marca dos realidades teológicas desde la eclesiología que se expresan en dos modelos
distintos de Iglesia. Según Boff, el primer modelo de Iglesia se constituye alrededor del
clero a quien corresponde la potestad de la dirección de la Iglesia; el segundo modelo es el
52
BOFF, Leonardo, “Y la Iglesia se hizo Pueblo” Eclesiogénesis: La iglesia que nace de la fe del pueblo, Paulinas, 1987, Bogotá, 99.
53
de la Iglesia Popular, constituida bajo la participación de todos, con la fuerte presencia del
pueblo organizado. El primer modelo se encarnó en la cultura dominante, científica,
ilustrativa y filosófica, participando de los intereses del grupo hegemónico que
generalmente no se interesa por el cambio de la sociedad. El segundo modelo insertado en
el universo popular, donde predominan los intereses libertarios con los cuales la Iglesia
comulga, los legitima y los apoya
54.
Esta realidad teológico-eclesial es compleja y polémica, pero son las concreciones visibles
del misterio de la Iglesia, en ellas se viven maneras distintas de expresar la fe y la vivencia
eclesial. En el primer capítulo hemos analizado la experiencia concreta de estos dos
modelos; uno “vertical-piramidal” y otro de “comunión-horizontal”, ambos coexisten y
conviven en constantes cuestionamientos por su forma de evangelizar y de insertarse en la
sociedad. En este sentido nos interesa enfatizar sobre la realidad teológica de la Iglesia
Popular porque es una expresión histórica del concepto de Pueblo de Dios. Además nos
permite comprender el tránsito de un modelo a otro: “Se va superando lentamente una
concretización de la Iglesia dividida en clérigos, religiosos y laicos (…) y va surgiendo una
forma de Iglesia más igualitaria y con modalidades de participación más diversificada”
55.
La comprensión teológica de la Iglesia Popular se explica desde la forma como surgieron
las comunidades eclesiales hasta constituirse Iglesia Pueblo de Dios. El autor lo presenta de
esta manera: “de una masa de fieles, mediante la red de comunidades, surge un Pueblo de
Dios que se siente Iglesia, en una marcha por la fe, participantes en la construcción de la
comunidad cristiana”
56. Los grupos organizados de los barrios, pueblos y ciudades, así
como la inserción de muchos presbíteros, religiosos y religiosas en las realidades de
pobreza hicieron emerger círculos de estudio bíblico, grupos de evangelización y
comunidades eclesiales de base, desde ahí se fue constituyendo una Iglesia distinta a la
institución clerical.
54
Cfr. BOFF, Leonardo, “Y la Iglesia se hizo Pueblo” Eclesiogénesis: La iglesia que nace de la fe del pueblo, Paulinas, 1987, Bogotá, 64‐66.
55
Ibid, 64.
56
2.3.1
Un nuevo modo de ser Iglesia
Se han conocido varios modos de ser Iglesia a lo largo de la historia del cristianismo,
algunos fundamentados bíblicamente y reconocidos por la tradición. Boff se refiere a los
modos de Iglesia afirmados en el Nuevo Testamento: “El de la comunidad donde se
escribió el Evangelio de San Mateo, el modelo de las comunidades fundadas por San Pablo,
el estilo de Iglesia esbozado en las epístolas pastorales (Timoteo y Tito)”
57. Son
comunidades con dinámicas propias, contextos distintos y maneras concretas de recibir y
vivir la Buena Nueva de Jesucristo. Estos modos de ser Iglesia nos recuerda que la Iglesia
no es algo estático y construido de una vez por todas, sino un sacramento que se renueva y
se purifica según los contextos sociales donde se realiza.
El autor afirma que somos herederos de dos grandes paradigmas eclesiales; el de la Iglesia-
comunión vivida en los primeros siglos del cristianismo y cuya característica principal era
la experiencia comunitaria, una estructura básica desde la comunidad y la unión centrada en
Cristo. Y el otro es la Iglesia-sociedad que persiste desde entonces hasta nuestros días, se
caracteriza por ser una Iglesia centrada en la institucionalidad, la jerarquía vertical y la
clericalización de los ministerios.
Con el surgimiento de la Iglesia Popular en América Latina, concretamente las
comunidades eclesiales de base, se ha venido recuperando creativamente la gran tradición
de las primeras comunidades cristianas. Una tradición que se centra en la experiencia
comunitaria de los Doce en torno a Jesús y la conformación de las primeras comunidades
eclesiales. En este sentido la Iglesia Popular retoma las características propias de las
comunidades primitivas, contextualizándolas en las realidades de exclusión y
vulnerabilidad que vive la mayoría de la población latinoamericana. Por consiguiente, este
modelo eclesial posee una fuerte conciencia de su trasfondo evangélico y apostólico.
57
BOFF, Leonardo, “Y la Iglesia se hizo Pueblo” Eclesiogénesis: La iglesia que nace de la fe del pueblo, Paulinas, 1987, Bogotá, 93.
Cada modo de ser Iglesia se organiza de maneras distintas en sus relaciones y funciones. En
la Iglesia-sociedad las relaciones son anónimas y funcionales, caracterizadas por el interés
personal. El fiel participa y celebra los sacramentos porque cree que son requisitos para
obtener la salvación, por eso va a misa sin conocer al celebrante y se confiesa sin saber
quien la esta confesando o dándole la absolución. Las relaciones son impersonales
mediadas por la necesidad de los “servicios” que presta la Iglesia, los ministros se vuelven
funcionarios, la vida cristiana se centra sólo en lo sacramental y lo litúrgico. Mientras que
en la Iglesia comunión o Popular prevalecen las relaciones personales, cercanas, afectivas y
nominales. Las relaciones son más circulares y de carácter consultivo y colegial, todos
tienen un puesto y una misión alrededor de Jesucristo como sacramento principal.
2.3.2
La eclesiología de la Iglesia Popular
Las categorías que hemos analizado sobre la Iglesia nos dan las pautas para concretar la
eclesiología que subyace a la Iglesia Popular. En este sentido, la teología nos ayudará a
comprender y desentrañar el modelo de Iglesia que se realiza en esta manera concreta de
ser Iglesia. Señalar que la Iglesia fundamentada por Cristo no está construida de una vez
por todas, sino es un don del Espíritu que ha venido transformándose a lo largo de la
historia. La Lumen Gentium lo entiende de la siguiente manera: “La Iglesia santa, al mismo
tiempo que necesita de purificación constante, busca sin cesar la penitencia y la
renovación”
58. Esta necesidad de transformación y renovación de la Iglesia responde a la
búsqueda constante de la realización del Reino de Dios, y esto es posible en las realidades
concretas de cada persona y su contexto socio-económico y político, como el caso del
surgimiento de la Iglesia Popular en América Latina.
Según Boff la Iglesia “es don de Dios pero también producto de la historia que procura
responder al don de Dios”
59. Esta respuesta histórica al don de Dios se ha expresado en los
distintos modelos eclesiológicos presentes desde las primeras comunidades cristianas hasta
en la actualidad. Estas concreciones eclesiales explican la presencia viva y transformadora
58
LUMEN GENTIUM 11.
59
BOFF, Leonardo, “Y la Iglesia se hizo Pueblo” Eclesiogénesis: La iglesia que nace de la fe del pueblo, Paulinas, 1987, Bogotá, 71.
del Espíritu en la historia, puesto que es el Espíritu el que dinamiza, inspira y actúa en los
cambios estructurales de la Iglesia y la sociedad. En este caso la Iglesia Popular surge de la
conformación de grupos de personas que se reconocen a sí mismos como Iglesia y tratan de
transformar su realidad desde la fe.
La génesis de la Iglesia Popular, como lo plantea el autor, pone en evidencia dos pilares que
soportan teológicamente la Iglesia. El primero, “Cristo en su misterio total: su vida, su
práctica, los ministerios que instituyó, su muerte y resurrección”
60. Este carácter
cristológico representa la base fundamental del misterio de la Iglesia, puesto que en ella se
centra su razón de ser. La Iglesia existe por Cristo, como sacramento central del Padre y
desde ahí se explica su misión fundamental; el anunció y realización del Reino de Dios
como buena nueva para toda la humanidad y en especial para los excluidos y marginados.
El segundo pilar se refiere al “Espíritu Santo que permanentemente infunde en la
comunidad carisma nuevos ante situaciones nuevas”
61. Este pilar pneumatológico hace que
la Iglesia Popular se sienta heredera de la comunidad apostólica creada por Jesús y al
mismo tiempo animada por el Espíritu de Pentecostés. Este mismo Espíritu dinamiza
maneras distintas de vivir y servir a la Iglesia desde la realidad histórica. Por lo tanto, el
Espíritu es el que va creando y recreando el acontecer salvífico de Dios en el mundo, desde
el corazón del ser humano. En este caso el discernimiento es fundamental, puesto que nos
ayuda a ver con claridad la voluntad de Dios en nuestras vidas, o en el acontecer histórico.
La vida en el Espíritu siempre es comunitaria, ya que los dones y carismas se expresan en el
servicio que se presta en la comunidad.
Otro rasgo teológico presente en la Iglesia Popular es la estructura básica de la Iglesia: la
comunidad. Este rasgo nos hace ver que la Iglesia no se estructura únicamente por el cuerpo
sacerdotal que crea comunidad a través de la palabra y los sacramentos, no sólo en la
estructura institucional y clerical se realiza la identidad de la Iglesia, sino en “la comunidad
de los fieles, de los que respondieron con fe a la convocatoria de Dios en Jesucristo y en su
60
Ibid.
61
Espíritu”
62. Esta estructura básica debe darse desde la experiencia de los Doce en torno a
Jesús, es decir, desde la vivencia eclesial según los Evangelios y la experiencia de la
comunidad apostólica.
En el contexto de la Lumen Gentium se podría decir que en la comunidad se concretiza y se
visibiliza la densidad histórica de la Iglesia Pueblo de Dios mediante un proceso
comunitario y participativo. Sin este proceso, la estructura base de la Iglesia perdería su
carácter histórico, la experiencia puntual y concreta. De tal manera que la Iglesia visible
debe estar marcada desde la comunidad fundada en la fraternidad, la solidaridad y animada
por la fe.
La eclesiología de la Iglesia Popular nos ayuda a resituar la comprensión de los ministerios
dentro de la Iglesia, puesto que presenta una manera distinta de entender y vivir los
servicios que se dan dentro de la comunidad. Según Boff, el “lugar de los ministerios está
en la comunidad, por la comunidad, para la comunidad”
63. En este sentido los ministerios
no pueden darse fuera o sobre la comunidad, sino dentro de ella, donde se comprende su
razón de ser.
El ministerio es un servicio a la comunidad y no un privilegio o una distinción. Un ejemplo
claro es el acto realizado por Jesús al lavarle los pies a los discípulos en la última cena:
“Vosotros me llamáis ‘El maestro’, y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Señor y el
maestro, os he lavado los pies, vosotros también debéis lavaros los pies los uno a los otros”
(Jn, 13, 13-14) En esto radica el sentido último de los ministerios dentro de la Iglesia
Popular, servir y dar ejemplo de servicio, en esto se expresa el amor y la entrega sin
medida.
2.3.3
Los Ministerios y servicios en la Iglesia Popular
Boff hace un análisis de los ministerios y servicios dentro de la Iglesia, planteando una re-
difinción de los ministerios clásicos presentes en una Iglesia “vertical-piramidal”. Luego se
62
BOFF, Leonardo, “Y la Iglesia se hizo Pueblo” Eclesiogénesis: La iglesia que nace de la fe del pueblo, Paulinas, 1987, Bogotá , 71‐72.
63
refiere a los nuevos ministerios en la Iglesia Popular. Desde el inicio el autor afirma que
“los ministerios encuentran su lugar en la vida y misión de la Iglesia. En su concretización
histórica dependen de la concepción de la Iglesia que previamente se posee”
64. En un
modelo de Iglesia “vertical-piramidal” se viven diferentemente los ministerios y servicios
que en una Iglesia Popular o de comunión.
En una Iglesia tradicional (vertical-piramidal) se resalta mucho la estructura clerical, es
decir, los obispos, presbíteros diáconos, religiosos y religiosas, son los que tienen la
potestad de conducir la Iglesia, marcan mucha diferencia con los laicos; son la autoridad
eclesiástica. Mientras que en la Iglesia comunión los ministerios se viven desde su sentido
original, desde el servicio. Se resaltan mucho los ministerios no ordenados y hay una plena
comunión entre los ministros ordenados y los no ordenados. Los obispos, presbíteros y
diáconos son pastores y animadores de la comunidad, así como los ministros de la
comunión, los catequistas, ministros de la palabra y los animadores de grupos.
Re-definir los ministerios en la Iglesia Popular consiste en vivir de manera distinta los
servicios que se dan en una Iglesia tradicional. Las relaciones se vuelven más funcionales y
participativas y no directivas. Los obispos, presbíteros y diáconos cambian su estilo de vida
y establecen relaciones de colegialidad con los demás miembros de la comunidad. “Se
sienten miembros del Pueblo de Dios junto a otros miembros; son aceptados como
compañeros de marcha y hermanos mayores que confirma la fe de todos”
65. En esto se
expresa el carácter circular de la Iglesia Popular, donde todos son miembros activos y
creativos, participando en la toma de decisiones e impulsando la buena marcha de la
comunidad.
En la comunidad se concretizan los tres servicios mesiánicos de Cristo: profético,
sacerdotal y pastoral. Además se retoman con seriedad los ministerios propios de las
primeras comunidades cristianas; el apostolado, la profecía y la enseñanza. Esta manera de
comprender los ministerios hizo aflorar nuevos servicios en la comunidad donde los laicos
64
BOFF, Leonardo, “Y la Iglesia se hizo Pueblo” Eclesiogénesis: La iglesia que nace de la fe del pueblo, Paulinas, 1987, Bogotá 66.
65
toman un papel fundamental en las dinámicas eclesiales. Como hemos señalado, en las
comunidades eclesiales de base empiezan a surgir catequistas, animadores de comunidades,
delegados de la palabra, animadores bíblicos, formadores de la conciencia política,
cantores, lectores, servidores de los excluidos y de los enfermos.
Estos nuevos servicios van encaminados a fortalecer los campos de acción de la
comunidad; anunciando el Evangelio a través de la reflexión, la lectura de la palabra, la
producción de textos y símbolos en función del anuncio de la buena nueva de Jesús.
Celebrando la presencia viva del Resucitado en la comunidad por medio del Espíritu que
impulsa a la acción concreta en el mundo, que se torna en el servicio a los demás y en
coordinación para mantener la unidad en Cristo y en el evangelio.
Boff concluye que “lo importante es que la comunidad se sienta representada y servida con
todas estas tareas. Sin la comunidad, cada ministro no sería nada; sin el ministro, la
comunidad se sentiría empobrecida. Hay una fusión entre comunidad y servicio, siendo la
comunidad el elemento permanente y portadora de todo”
66. Por lo tanto, los ministerios y
servicios en la Iglesia Popular son en la medida que la comunidad lo requiera y lo necesita,
no pueden existir por sí solos. Además la comunidad tiene la responsabilidad de escoger y
nombrar sus ministros, así como se nombraban los ministros en las primeras comunidades
cristianas.
Las categorías que hemos analizado acerca de la Iglesia Popular van en dirección a
enfatizar la Iglesia comunión que sigue estando presente en la realidad eclesial
latinoamericana. La comprensión de términos, conceptos, definiciones y afirmaciones nos
permitirá presentar nuevas maneras de re-situar y re-definir la concreción e identidad
específica de la Iglesia en América Latina. Una identidad que exprese la realidad concreta
de la población que se encuentra en situación de pobreza, exclusión y marginación, pero no
de manera excluyente, sino abierta a todos a quienes desean vivir y proclamar la Buena
Nueva de Jesucristo.
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BOFF, Leonardo, “Y la Iglesia se hizo Pueblo” Eclesiogénesis: La iglesia que nace de la fe del pueblo, Paulinas, 1987, Bogotá, 70.