XIII. LA INTERVENCIÓN, MILITAR Y LA
56. La república de los soviets presionada por un
Las fábricas y los talleres, propiedad del Estado. La lucha por el pan. Rusia, arruinada por la
guerra mundial, inició la revolución socialista en medio de la decadencia extrema de toda su economía. Los dueños de las fábricas y de los talleres no querían someterse al control obrero, inutilizaban y destrozaban las máquinas y no las reparaban; dejaban las fábricas sin materias primas y sin combustible y, a veces, las cerraban. El Poder Soviético desplegó una lucha decisiva contra estos enemigos, que trataban de ahogar la revolución por estos medios.
Se arrebataron a los capitalistas los bancos, los ferrocarriles, y más tarde, las fábricas y los talleres. En el año 1918, las empresas de los capitalistas
pasaron a ser propiedad del Estado Soviético. Se designó como directores de las fábricas y talleres obreros e ingenieros soviéticos. Pero, debido a la falta de combustible y de materias primas, no fue posible ponerlas en marcha inmediatamente.
En el país faltaba el pan. Los kulaks, enemigos encarnizados de la revolución, escondían los cereales en pozos, los dejaban pudrirse, los vendían a precios exorbitantes a los especuladores, con tal de no dárselos al Estado Soviético y al Ejército Rojo. El transporte a los centros obreros de Rusia desde las regiones productoras de cereales era interrumpido por los contrarrevolucionarios, que se levantaban contra el Poder Soviético, y por los intervencionistas. La revolución estaba amenazada de muerte por el hambre.
Al llamamiento de Lenin, los obreros crearon
destacamentos de abastecimiento, para recoger los
sobrantes de cereales en el campo y para combatir a los kulaks. A proposición de Lenin, se organizaron en el campo Comités de campesinos pobres (Combedy), que ayudaban a los destacamentos de abastecimientos a arrebatar los cereales y el ganado a los kulaks, y entregárselos a los campesinos pobres.
El Partido y los Comités de campesinos pobres atrajeron también a los campesinos medios a la alianza y a la amistad con la clase obrera y con los campesinos pobres. Ellos, al ver que el Poder Soviético les proporcionaba tierra, los defendía contra los terratenientes y destrozaba a los enemigos, comenzaron a luchar por los Soviets junto a la clase obrera y campesinos pobres.
Inglaterra, Francia y Japón comienzan la intervención militar en el país de los Soviets. La
burguesía extranjera temía que las chispas del incendio revolucionario de Rusia fueran a encender la revolución en el mundo entero. Los capitalistas extranjeros tampoco podían hacerse a la idea de no seguir expoliando a los obreros y campesinos rusos, como sucedía antes de la revolución. Los gobiernos burgueses de Inglaterra, Francia y Japón, en alianza con los terratenientes y la burguesía de Rusia, iniciaron la guerra civil contra el Poder Soviético. En la primavera del año 1918, los checoslovacos, cogidos prisioneros por los rusos durante la guerra mundial, con el apoyo de Francia promovieron una insurrección contrarrevolucionaria contra la Rusia Soviética. Los s.r. y los mencheviques, junto con los checoslovacos, se apoderaron de una parte del
Volga, de los Urales y de Siberia. En el verano del año 1918, los ingleses desembarcaron sus tropas en Arjánguelsk, sobre el Mar Blanco, y ayudaron a los
guardias blancos a derribar allí el Poder Soviético. En Vladivostok, desembarcaron sus tropas los
japoneses.
Todos estos Estados burgueses, que comenzaron la guerra contra el Poder Soviético, formaban entonces la llamada Entente, es decir, alianza o
Aliados.
La Entente, con ayuda de los “cadetes” (c.d.), de los mencheviques y de los s.r., provocaba levantamientos en varias ciudades de la Rusia Soviética. La burguesía pagaba bandidos para asesinar a los jefes de la revolución, y así cayeron muertos el bolchevique Uritsky y el querido orador bolchevique de los obreros petrogradenses, Volodarsky. En el otoño de 1918, fue cometido por los s.r. un atentado contra V. I. Lenin en una de las fábricas de Moscú, después de un mitin. Lenin, desangrándose, fue conducido a su casa y durante muchos días luchó contra la muerte. Todos los trabajadores seguían ansiosamente la marcha de su enfermedad, y dieron un respiro de alivio, llenándose de júbilo, cuando Illich, ya repuesto, volvió de nuevo a gobernar el Estado.
Hacia aquella época, los Estados de la Entente se apoderaron de la costa del Mar Blanco, de los Urales y de Siberia. Los cosacos blancos trataban de apoderarse de Tsaritsin, una importante ciudad sobre el Volga, y cortar el transporte de cereales al centro del país. El Comité Central del Partido Bolchevique envió al camarada Stalin para la defensa de Tsaritsin. Allí se encontró con Voroshílov, que había llegado con los destacamentos rojos de la cuenca del Donets. Durante días enteros, sin descanso, Stalin trabajó en la fortificación del frente de Tsaritsin. Aniquilaba a los traidores, que se infiltraban en la retaguardia del Ejército Rojo, se preocupaba del armamento y del aprovisionamiento de las tropas, enviaba por el Volga cereales a los obreros de Moscú, Petrogrado y otras ciudades. Repetidas veces los cosacos blancos intentaron en vano tomar Tsaritsin: Stalin y Voroshílov les asestaron golpe tras golpe y mantuvieron esta importante ciudad.
También Astrajan se batía con los blancos. Al frente del Ejército Rojo, allí, se hallaba el camarada Kírov. Pese a los esfuerzos de los blancos, éstos no consiguieron tomar dicha ciudad.
La guerra civil en Transcaucasia y en el Asia Central. Alemania ayudó a los mencheviques,
enemigos del pueblo georgiano, a fortificarse en Georgia, donde llegaron al poder por medios sangrientos: asesinando a muchos obreros y campesinos que luchaban por el Poder de los Soviets.
Tampoco los obreros y campesinos armenios lograron liberarse en el acto de la opresión de la burguesía. En Armenia, la Entente apoyaba a “dashnakes”, los enemigos del pueblo armenio.
Los turcos tenían el propósito de apoderarse, en Azerbaidzhán, de Bakú con su importante industria petrolífera, en donde ya en 1918 existía el Poder Soviético. A la cabeza del Soviet de Bakú se encontraba el bolchevique, camarada Stepán Shaumián, y otros viejos bolcheviques, amigos y
discípulos del camarada Stalin. Los “musavatistas” de Bakú, enemigos del pueblo azerbaidzhano, junto
con los mencheviques y los s.r., en el verano de 1918, invitaron tropas inglesas, pretextando que iban a salvar la ciudad contra los turcos. Ocupada ésta, los ingleses detuvieron en el camino de Bakú a Shaumián, Azisbékov, Dzhaparidze y otros comisarios que llevados a Turkmenia de Bakú en número de 26, fueron fusilados en el desierto.
En aquella misma época, los invasores ingleses enviaron sus tropas al Asia Central; en Turkmenia, suprimieron el Poder de los Soviets e instauraron el de los guardias blancos, s.r. y mencheviques, que les obedecían en todo.
En Jivá y Bujará, los ingleses ayudaron al jan de Jivá y al emir de Bujará, enemigos del pueblo, a mantenerse en el poder.