Antes de la imprenta, la comunicación era oral y a través de manuscritos; ambas formas imponían limitaciones. En el mejor de los casos el que hablaba se dirigía a unos centenares de personas a la vez, el que escribía solamente a aquellos entre los cuales se difundía la carta o el rollo. Con la imprenta llegó una comunicación que podía ser duplicada indefinidamente.
La imprenta hizo de los analfabetos gente inferior, dio origen a una nueva disciplina: aprender a leer. Los cambios que siguieron fueron señalados en casi todos los aspectos de la vida; la resistencia a ellos era tan común como lo es ahora la resistencia a los cambios que trae consigo la electrónica.
Una de las críticas más comunes es que el cine, la radio, la televisión no pueden sustituir a los libros de texto. Hace siglos se acusaba a los libros
impresos para estudiantes porque no podían tener la autoridad de los maestros que hablaban directamente a los estudiantes. Así, en el pasado y en el
presente, ha habido una característica común: toda institución que dura largo tiempo trae consigo intereses creados y los que se benefician de ella están inclinados a proteger la institución como forma de protegerse a sí mismo.
IMPRENTA LA ELECTRÓNICA
1.Requiere la capacidad de leer. 1.No se requiere un entrenamiento especial. 2.Normalmente se experimenta
individualmente. 2.Normalmente se experimenta en compañía. 3.Se recibe en pequeñas dosis. 3.Se recibe en grandes dosis. 4.Difusión relativamente lenta. 4.Difusión muy rápida.
5.Puede releerse y comprobarse. 5.En general no es posible observarla de nuevo
ulteriormente. 6.Relativamente barata de
producción, pero costosa para el consumidor.
6. Muy cara de producir, pero relativamente barata para el consumidor.
7.Creada para minorías de
distintos volúmenes. 7.Creada para la mayoría.
La prensa de gran tirada y los ulteriores procesos abarataron la imprenta; otros avances paralelos en el transporte facilitaron la difusión. Las ventajas de la imprenta hicieron más deseable la educación; al mismo tiempo la imprenta fue el principal instrumento de instrucción en casi todas las ramas de la
enseñanza. En los Estados Unidos, la creciente población, el aumento de la riqueza, el ocio, crearon un gran público para la letra impresa. Pero la tecnología creó también ilustraciones (fotografía, dibujos en color, etc. )
proporcionando un tipo de prensa que requiere menos lectura. La popularidad de las ilustraciones abrió el camino para las revistas de gran circulación —Life, Look— que utilizan efectos visuales para atraer a los lectores a leer artículos de un carácter intelectual relativamente alto.
Si la imprenta hizo posible establecer en los Estados Unidos una nación cuya vida política estaba basada en la opinión pública, tal como dice Marshall
McLuhan, ¿tienden los sucedáneos electrónicos de la imprenta a anular y manipular la opinión pública más que a informarla? Si es así, el periódico sensacionalista y el tebeo se inclinan en la misma dirección, mientras qué la revista de masas, más reflexiva, representa un contrapeso a favor de la antigua cultura de los libros. La copiosa utilización de la ilustración llegó a un punto máximo después de la introducción del cine pero antes de aparecer la televisión, dando así a la prensa la ocasión de atraerse a un publico cuyos ojos estuvieron constantemente captadas por la imagen visual.
Las películas ocuparon el lugar del teatro más que el de la prensa, aunque el tiempo que se pasaba viéndolas podía haber sido utilizado en la lectura.
Trajeron a millones de personas, que no eran lectores habituales, novelas antiguas y modernas, biografía, historia. Se difundieron entre unas, masas a las cuales nunca había llegado el teatro, hicieron más accesible y mucho más barata la diversión. Pero para ver cine, la gente tenía que salir de su casa y pagar; la diversión seguía siendo «una cosa para una ocasión especial», un premio para los niños, incluso para los niños que habían ahorrado el dinero y tenían tiempo libre. La diversión seguía siendo una cosa aparte de la vida diaria. La radio y la televisión la integraron en la rutina cotidiana.
La radio fue el eje sobre el cual giró la revolución de las comunicaciones. Por primera vez en la historia moderna, las noticias, las ideas, la diversión misma entraron en el hogar para acompañar las tareas domésticas; su integración en la vida diaria quedó clara porque, en el contexto de las noticias, se daban por una parte, diversiones y por otra, anuncios. Al cabo de poco tiempo, la radio se convirtió en una necesidad y siendo una necesidad, no podía ser ya una
recompensa. Todos empezamos a pensar que teníamos derecho a la diversión que proporcionaba la radio.
El día que se publicó La peregrinación de Childe Harold en 1811, «me desperté», dijo Lord Byron, «y me encontré famoso». A la mañana siguiente, después de haber salido su primera película, el perro llamado «Lassie» era ya famoso. En los tiempos de Byron, ser famoso significaba que le conocieran a uno alrededor de dos mil personas, que eran las que habían leído Chiíde Harold durante el año siguiente a su publicación; la fama de «Lassie» significaba la adoración de diez millones de personas. Probablemente todas las personas cultas habían oído hablar de Byron, del mismo modo que todo el mundo, incluyendo los que no iban el cine, habían oído hablar de «Lassie». Pero en 1811, en Inglaterra, había tal vez un noventa por ciento de analfabetos; por lo que se refiere al cine no existe el analfabetismo.
A medida que aumenta el público se alteran el tema y el estilo. En las más simples de nuestras relaciones vemos que esto es cierto. Nosotros mismos contamos las cosas de manera diferente a nuestra familia, a un grupo de conocidos o a una reunión de extraños. Existen muchos tipos de discurso que no están adaptados a la comunicación universal. Los rigurosos argumentos de
un legislador no pueden seguirse en un banquete; el hombre de Estado se vuelve demagogo con un micrófono en la mano, no debido a su deshonestidad, sino porque tienen que adaptar su estilo, aunque no cambie su objetivo, al medio que transmite su voz y a las circunstancias en que esa voz se escucha. Existe también aquí un sentido de la oportunidad: un experto que transmite por la radio un programa financiero nunca diría, salvo que quisiera ser
intencionalmente humorista, que un proyecto costará 169.875.912,84 dólares; hablará siempre en cifras redondas porque de lo contrario el radioyente
solamente retendría en su memoria la cifra de 84 céntimos dicha en último lugar.
En 1934 William S. Paley, director de la CBS, les dijo a sus colaboradores que quería que el domingo por la tarde radiaran los programas de la Orquesta Filarmónica de Nueva York. Cuando le dijeron que no había público para la música clásica contestó: «si no lo hay, lo crearemos».
Es probable que en 1934 el número de los que escuchaban regularmente música sinfónica fuera del orden de los 100.000. Diez años más tarde, cuando los Conciertos de la Filarmónica se convirtieron en un programa patrocinado por la publicidad, aumentó hasta los 10.000.000. La devoción de este público se demostró cuando, pocos años después, la red dejó de radiar en directo los Conciertos de la Filarmónica desde el Carnegie Hall, ofreciendo en su lugar discos. Las protestas fueron tan numerosas que hubo que restablecer el programa original. Se había creado un auditorio coherente.
«Un inglés» dijo Shaw, «piensa que es moral cuando está incómodo». Escuchamos un sermón sobre la santidad y vemos una película en la cual el protagonista lo pasa bien y no podemos decir con certidumbre cual de las dos cosas tiene mayor influencia en nuestra vida. Eliot escribe: «Es precisamente la literatura que leemos para divertirnos o por mero placer la que
probablemente tiene una mayor y menos sospechosa influencia sobre
nosotros. Y es principalmente la literatura contemporánea la que la mayoría de la gente lee en esta actitud de mera diversión. Aunque podemos leer literatura solamente por placer o diversión o disfrute estético esta lectura nos afecta en la totalidad de nuestro humano; afecta nuestra existencia moral y religiosa».