El conjunto de reformas antes mencionadas, entre otras, han debilitado el ejercicio de los derechos sociales y han profundizar las desigualdades. Contra ello se ha esgrimido la bandera de la “Igualdad de Oportunidades”, sin embargo, como veremos, esta doctrina conlleva una trampa: esconde las diferencias en las posiciones desde las que cada actor se enfrena al imperativo de la meritocracia.
Según la socióloga Rosemary Crompton, todas las sociedades complejas tienen como característica la desigual distribución de recompensas materiales y simbólicas- que varía entre sociedades-, pero comparten la existencia de una estructura firme de desigualdad económica y social que se sostienen por medio de sistemas de significados de los recursos que posee una sociedad (Crompton, 1997). Economistas como Hayek postulan que la búsqueda del propio interés al interior de la sociedad capitalista da las condiciones idóneas para la innovación y el avance tecnológico. Este desarrollo por parte de los empresarios beneficiaría a toda la sociedad, por ejemplo, un nuevo sistema de trasporte, la creación de
nuevos objetos como automóviles, lavadoras, etc. Hayek es claro, el capitalismo es dinámico debido a que es desigual, por lo tanto, aquellos intentos que buscan la igualdad entre los individuos pueden producir la pérdida de inversiones dentro del mercado (Crompton, 1997). Berger complementa la idea anterior con la afirmación de que, si se buscara mayor igualdad, es posible dañar el motor económico de la abundancia lo que provocaría la disminución de los niveles de vida material de las personas (Crompton, 1997).
En síntesis, la desigualdad social es un mecanismo inconsciente creado por las sociedades para que de forma responsable los individuos más cualificados ocupen las posiciones más importantes (Crompton, 1997). Crompton dice que es relevante reconocer que la teoría neoliberal incorpora una justificación de base moral de la desigualdad económica.
“(…) en una sociedad competitiva de mercado el que tiene más talento y ambiciones-
en suma, el mejor- es el que llega más alto, por lo tanto, el que consigue la mejor parte de las recompensas de las sociedades.” (Crompton, 1997, p.24).
La socióloga británica argumenta que la igualdad de oportunidades es un argumento que justifica la desigualdad. Si todos tuvieran las mismas oportunidades de ser desiguales, el resultado desigual puede ser considerarse justo y se justifica como un reflejo de las desigualdades naturales en cuanto al talento de las personas y como consecuencia de procesos sociales estructurados (Crompton, 1997). Crompton niega la afirmación de que exista igualdad de oportunidades, aunque sí reconoce su poder de influencia puesto que esta idea predomina en el consenso neoliberal y permite que se plasme en el gasto del Estado, salud, educación y bienestar.
El sociólogo François Dubet profundiza la desigualdad social en el área de educación, puesto que es dentro del discurso meritocrático de las escuelas donde es más evidente la justificación de la desigualdad. Al profundizar en este tema se encuentra con la separación entre las dos perspectivas de justicia social en las sociedades occidentales modernas: la igualdad de posiciones y la igualdad de oportunidades. El primer concepto está relacionado con los lugares ocupados en la estructura social y las condiciones relativas que ocupan los individuos de acuerdo a ellas. La igualdad de posiciones busca disminuir las diferencias que hay entre las diferentes posiciones, identificando la mayor cercanía entre las condiciones de vida relacionadas a cada puesto. El objetivo es la disminución que existe entre las diferentes categorías de estratificación a través de la redistribución y la aseguración de derechos y se encuadra en un contrato social de solidaridad de tipo orgánica (Espinoza, 2014)
La perspectiva de justicia como igualdad de oportunidades se ubica en un lugar muy diferente, respecto del cual Dubet realiza una crítica de su creciente difusión como un principio de justicia social. El autor afirma que la igualdad de oportunidades se encuentra en la mayoría de las teorías de justicias desde Rawls y que es un argumento que define que todas las personas tienen las mismas posibilidades de ocupar los mismos lugares importantes en la escala de estratificación social (Espinoza, 2014). Pero Dubet afirma que los que defienden la igualdad de oportunidades, lo hacen por medio de una ficción estadística, puesto que no consideran las condiciones de explotación y exclusión en los grupos discriminados que están en posiciones menores al interior de la escala social.
El concepto de igualdad de posiciones no pretende disminuir las distancias en los puestos relevantes y los menos favorables, sino hacer que no existan cortapisas para que todos logren llegar a los lugares jerárquicamente superiores, donde no importe los distintos orígenes sociales (Dubet, 2011). Bajo lo anterior, la defensa del concepto de igualdad de oportunidades es más cercana al éxito y la superación de las personas, las cuales siguen siendo pobres, explotados u oprimidos (Dubet, 2011). Bajo la premisa de igualdad de oportunidades se confunden los actores sociales y se consideran que las personas deben utilizar de forma estratégica sus características positivas y fortalezas propias para competir en una sociedad muy rápida y activa. (Espinoza, 2014). La igualdad de oportunidades posee también un orden ético, en el cual las fronteras de índole social son relativizadas con el afán de transformarse en fronteras culturas y morales. La división entre explotado y explotador pierde ante la relación entre los vencedores y los vencidos, donde se le otorga la responsabilidad a cada uno de su lugar e importancia en la estructura social. El vencedor es quien merece el éxito, por lo cual tiene las facultades de acceder a privilegios asociados, mientras que el vencido, es el responsable de su fracaso y de la situación en la que vive. (Dubet, 2011). La idea de meritocracia proveniente de la igualdad de oportunidades, ensalza el papel individual y promueve la competencia, creando un aparente halo de justicia, pero Dubet señala que lo que realmente sucede es el encubrimiento de las profundas desigualdades y la reproducción de una élite dispuesta a cerrar los canales de movilidad social, pese a la promesa de integración y libertad entre las personas (Espinoza, 2014).
VI Referencias bibliográficas:
Biglaiser, G. (enero de 2002). The Internationalization of Chicago's Economics in Latin America. Economic Development and Cultural Change, 50 (2), 269-286.
Crompton, R. (1997). Clase y estratificación: una introducción a los debates actuales. Tecnos.
Cuando la suerte está echada: estudio cuantitativo de los factores asociados al rendimiento en la PSU. Reice. Revista Iberoamericana sobre calidad, eficacia y cambio en educación, 5(5e), 259-263.
Ensalaco, M. (2002). Chile bajo Pinochet. La recuperación de la verdad. Madrid: Alianza Editorial.
Espinoza Rojas, F. E. (2014). Discurso meritocrático. Significados y valoraciones diferenciadas en Chile contemporáneo.
Espinoza, V., Barozet, E., & Méndez, M. L. (2013). Estratificación y movilidad social bajo un modelo neoliberal: El caso de Chile. Lavboratorio, (25).
Fermandois, J. (1998). ¿Peón o actor? Chile en la Guerra Fría. Estudios Políticos, 72, 149- 171.