Siguiendo nuestra propuesta analítica, lo primero a abordar es la configuración de la estructura socio-ocupacional en tanto que constituye la materia prima de la estratificación social. El cuadro 4 nos muestra la distribución de la fuerza laboral de acuerdo a los distintos categorías y grupos socio-ocupacionales para los dos momentos en el tiempo.47
Cuadro 4 COSTA RICA: ESTRUCTURA SOCIO-OCUPACIONAL (1990 Y 1999)
(porcentaje)
Categorías y grupos socio-ocupacionales 1990 1999
Grandes propietarios 2.2% 0.9%
Y Propietarios de grandes empresas 0.5% 0.5%
Y Administradores de grandes empresas 1.7% 0.4%
Trabajadores profesionalizados 13.2% 12.9%
Y Trabajadores profesionales del sector público 9.8% 8.4%
Y Trabajadores profesionales del sector privado 2.5% 3.5%
Y Profesionales independientes 0.9% 1.0%
Trabajadores no precarios 44.3% 40.9%
Y Asalariados no precarios del sector público 6.3% 3.7%
Y Asalariados no precarios del sector privado 38.0% 37.2%
Propietarios pequeños 23.2% 24.2%
Y Pequeños propietarios 4.9% 7.5%
Y Trabajadores agrícolas por cuenta propia 6.6% 4.0%
Y Trabajadores rurales por cuenta propia 4.4% 4.6%
Y Trabajadores urbanos por cuenta propia 7.3% 8.0%
Trabajadores vulnerables 16.2% 17.4%
Y Asalariados precarios no agrícolas 4.1% 5.7%
Y Asalariados precarios agrícolas 2.7% 3.3%
Y Empleadas domésticas 4.3% 5.4%
Y Trabajadores no remunerados 5.1% 3.0%
Ocupados sin clasificar 1.0% 3.7%
47
Como se puede observar hay una categoría residual que corresponde a personas ocupadas que no han podido ser clasificadas en ninguno de los grupos socio-ocupacionales debido a falta de información en alguna de las variables definitorias.
Total
100.0% (1,017,151)
100.0% (1,300,146) Fuente: CEPAL Encuesta de hogares
De este cuadro se puede hacer las siguientes observaciones:
• Hay concentración de la gran propiedad pero también cierta democratización a través de la propiedad en manos del pequeño empresariado que es el grupo socio-ocupacional que incrementa más su peso en la estructura del empleo a fines de la década. Pero también hay que señalar la pérdida absoluta de trabajadores agrícolas por cuenta propia que han pasado de 64.081, al inicio de la década, a 52.006 a fines. O sea, se ha dado un proceso de descampesinización;
• No hay cambios en términos del nivel de profesionalización del empleo. En este sentido, no parece que el desarrollo de ocupaciones intensivas en conocimiento hayan inducido transformaciones laborales significativas;
• Dentro de esta inmovilidad ocupacional general, el cambio más notorio lo representa la pérdida relativa de importancia de la categoría de trabajadores no precarizados. Esto se debe a una reducción absoluta (16,368 puestos de trabajo) del grupo de empleados no profesionalizados del Estado. Un producto de la reforma del Estado que, por el contrario, incrementó en 10,122 los empleos de trabajadores profesionalizados. O sea, parecería que se ha operado una modernización del sector público.
Por consiguiente, desde el punto de vista de la estructura socio-ocupacional, el rasgo más relevante son los pocos cambios acaecidos que insinúan una estructura bastante estable. Postularíamos que la principal causa de esta estabilidad es el producto de un largo proceso de modernización laboral. En efecto, ya desde inicios de los 50, dos tercios de la fuerza laboral costarricense estaba ya proletarizada. Esto supuso que al comienzo de la modernización centroamericana, inducida por la diversificación agroexportadora, Costa Rica mostraba un mercado de trabajo con un nivel de modernización más desarrollado que el resto de países. La crisis de los años ochenta supuso un incremento del empleo informal mucho menor que otros mercados laborales centroamericanos mostrando así una estructura socio-ocupacional más consolidada como ya se ha mencionado en el capítulo precedente. No obstante, hay que tener en cuenta que los datos disponibles, por distintas razones, pueden esconder ciertas transformaciones laborales importantes que el nuevo modelo acumulativo estaría induciendo48y que hemos apuntado en el último capítulo
Este mismo ejercicio analítico se puede hacer diferenciando, en la estructura socio- ocupacional, hombres de mujeres. Esta aproximación nos la permite el cuadro 5.
48 Por ejemplo, no se puede diferenciar a las nuevas actividades tales como las agroexportaciones no tradicionales, la industria exportadora
Cuadro 5 COSTA RICA: ESTRUCTURA SOCIO-OCUPACIONAL POR SEXO (1991 Y 1999)
(porcentajes)
Categorías y grupos socio-ocupacionales 1990 1999
Hombre Mujer Hombre Mujer
Grandes propietarios 2.5% 1.5% 1.0% 0.5%
Y Propietarios de grandes empresas 0.6% 0.2% 0.6% 0.2%
Y Administradores de grandes empresas 1.9% 1.2% 0.4% 0.3%
Trabajadores profesionalizados 10.1% 20.9% 9.7% 19.7%
Y Trabajadores profesionales del sector público 6.6% 17.8% 5.4% 14.8%
Y Trabajadores profesionales del sector privado 2.6% 2.4% 3.5% 3.7%
Y Profesionales independientes 0.9% 0.7% 0.9% 1.2%
Trabajadores no precarios 47.3% 36.5% 45.2% 31.8%
Y Asalariados no precarios del sector público 7.2% 4.1% 4.3% 2.4%
Y Asalariados no precarios del sector privado 40.1% 32.4% 40.9% 29.5%
Propietarios pequeños 26.5% 14.7% 26.5% 19.4%
Y Pequeños propietarios 6.1% 1.7% 9.0% 4.4%
Y Trabajadores agrícolas por cuenta propia 9.0% 0.6% 5.7% 0.3%
Y Trabajadores rurales por cuenta propia 4.2% 4.7% 4.4% 5.1%
Y Trabajadores urbanos por cuenta propia 7.1% 7.8% 7.3% 9.6%
Trabajadores vulnerables 4.9% 21.0% 2.8% 20.0%
Y Asalariados precarios no agrícolas 4.6% 2.8% 6.8% 3.5%
Y Asalariados precarios agrícolas 3.4% 0.9% 4.4% 0.9%
Y Empleadas domésticas 0.2% 14.8% 0.5% 15.8%
Y Trabajadores no remunerados 4.7% 6.2% 2.4% 4.2%
Ocupados sin clasificar 0.7% 1.6% 3.6% 4.1%
Total 100.0% (730,926) 100.0% (286,225) 100.0% (879,626) 100.0% (420,520) Fuente: CEPAL Encuesta de hogares
De este cuadro hay que resaltar lo siguiente:
• En primer lugar hay que destacar la feminización de la ocupación que ha acaecido durante esa década. Así, mientras en 1990 las mujeres representaban el 26.7% de la fuerza laboral empleada, en 1999 ese porcentaje se había elevado al 32.3%;
• En tanto que los hombres, en ambas observaciones, constituyen la mayoría de la fuerza de trabajo ocupada, los comentarios hechos sobre el empleo en su conjunto, en el cuadro precedente, se aplica en gran medida a este grupo. La gran excepción la constituye la categoría de los trabajadores vulnerables, ámbito ocupacional donde los hombres tienen una presencia mínima; fenómeno que se acentúa hacia fines de la década. Esto muestra dinámicas laborales con sesgo de género en contra de las mujeres;
• En cuanto a las mujeres hay que mencionar su peso importante tanto en el ámbito del trabajo vulnerable como profesionalizado. De hecho hay que señalar que hay dos grupos socio-ocupacionales en los que hay, en términos absolutos, más mujeres que hombres: por un lado, las trabajadoras profesionalizadas del sector público y, por otro lado, como era de esperar, el empleo doméstico, ocupación históricamente feminizada. Estos dos grupos nos insinúan la existencia de una fuerza laboral femenina heterogénea; o sea, hay que hablar de mujeres trabajadoras en plural;
• Otro fenómeno a reseñar remite a la pérdida de importancia relativa del trabajo no precario para las mujeres que parece ser compensada con el mayor peso que adquiere la pequeña propiedad que se mostraría, a través del tiempo, más accesible a las mujeres.