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LA VIOLACIÓN, EL INCESTO Y EL ABUSO INFANTIL

Está claro que algunas actividades sexuales implican una explotación, un abuso y son delictivas. La violación, el incesto y el abuso infantil son tres ejemplos. La violación ocurre cuando por medio de violencia física se obliga a una persona a tener relaciones sexuales en contra de su voluntad. El incesto es la actividad sexual entre miembros de la misma familia biológica. El abuso infantil es la actividad sexual con un niño o niña dependiente cuyo cuidado, supervisión o educación está a cargo del adulto. El adulto puede usar la fuerza física, aun cuando ésta se limite solo a la diferencia de tamaño entre él y el niño, o puede usar la fuerza emocional, la autoridad que como adulto tiene en la vida del menor. Estas formas de actividad sexual tienen consecuencias legales graves y se castigan con la cárcel.

El término pederasta suele usarse para describir al adulto que siente atracción por los niños menores de doce años. No todos los pederastas son adictos al sexo y no todos los adictos al sexo que cometen abusos deshonestos con niños son

pederastas. Los pederastas quizás no manifiesten su orientación patológica de manera adictiva, y los adictos al sexo que abusan de los niños pueden no tener una preferencia por los menores. Muchos abusadores de niños están repitiendo

experiencias que ellos tuvieron en la niñez. En realidad, la mayoría de los adictos al sexo fueron víctimas de maltrato sexual en la niñez (véase el capítulo 5 para más información acerca de la relación entre el abuso infantil y la adicción sexual). Una vez que son adultos, pueden controlar la situación. Esto les da una sensación errada de que se han repuesto al dolor de lo que les sucedió.

Otros adultos que atentan contra las buenas costumbres puede que repitan el patrón de maltrato infantil porque los reconecta con la primera vez que

experimentaron el placer sexual. Esto se llama la impronta operante. Cuando los adultos continúan los comportamientos condicionados en la niñez, pueden estar reproduciendo sus sentimientos originales de excitación sexual. El concepto de impronta es importante para cualquiera que trabaje con adolescentes y

jóvenes. Las experiencias sexuales antes del matrimonio tienen efectos intensos y perdurables. La primera experiencia sexual es muy fuerte y debería reservarse para el matrimonio. Cuando se instala este tipo de repetición, se perpetúa el ciclo de abuso sexual.

Además de la violación, el incesto y el abuso infantil, el mal uso de la autoridad es otra actividad sexual delictiva de explotación. En esta categoría se incluye la

actividad sexual entre dos adultos que no están relacionados biológicamente pero en la que uno de ellos ocupa una posición de mayor poder o autoridad, como es el caso de los médicos, los abogados, los profesores, los jefes en los empleos, o un adulto de más edad. Esto recibe a veces el nombre de “violación por

autoridad”. Aunque la persona con menos poder puede haber dado su consentimiento o incluso iniciado la actividad sexual, este consentimiento o iniciativa no ha sido dado libremente debido a la situación de desequilibrio en la que una persona tiene mayor influencia o más ascendencia emocional sobre otra. En estas situaciones se considera que la víctima es la persona en desventaja. En las violaciones por autoridad se supone que la víctima cree que quien abusa de ella es más poderoso, sabe más, o incluso, que es “sagrado”. La víctima desea asimilar ese poder, contar con el amparo de la figura de autoridad, y para ello hará cualquier cosa con tal de asegurarse esa protección. La víctima quizás fue

maltratada en la niñez y ahora asocia la actividad sexual con la protección y el cariño. En estos casos, la víctima proyecta las cualidades paternales en la persona en posición de poder.

Algunas de estas actividades delictivas pueden reflejar una adicción al sexo, mientras que otras no[1]. Algunos abusadores sexuales son sociópatas (no saben diferenciar el bien del mal) o tiene otros trastornos de personalidad. En estos casos, su sexualidad es una manifestación de estos trastornos, la exteriorización del enojo y la ira que sienten o de la necesidad de castigar y dominar.

En este capítulo exploramos una serie de actividades practicadas por los adictos al sexo; la lista, sin embargo, está lejos de ser exhaustiva. He optado por no describir algunos de los comportamientos más aberrantes.

Los comportamientos más comunes son más bien las tres conductas básicas: las fantasías, la pornografía y la masturbación, y algunos adictos se concentran solo en estas actividades. Los que cometen aberraciones sexuales pueden también

practicar estas conductas adictivas básicas como una manera de dominar sus conductas más graves.

Para diagnosticar la adicción sexual es importante tener en cuenta otros factores además de las conductas. Es fácil enredarse con la naturaleza inmoral, ilegal o aberrante de algunas prácticas. El adicto al sexo puede justificar su adicción a la

fantasía o la pornografía diciendo: “Nunca violé a nadie, así que no soy un adicto al sexo”. Sin embargo, tienen efectivamente una adicción al sexo si practican

cualquier conducta sexual repetitiva y compulsiva.

Ya sea que el adicto al sexo haya violado a una persona o se haya limitado a las fantasías sexuales, todas estas personas tienen varias características en común. En el siguiente capítulo se describen algunos de estos rasgos comunes a todos ellos.

[1] Gerald Blanchard, Sex Offender Treatment: A Psychoeducational Model [Tratamiento de delitos sexuales: Un modelo sicoeducativo], Institute for Behavioral Medicine, Golden Valley, MN, 1988.

Capítulo 4: Las características de la adicción sexual

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