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La voluntad tiene intencionalidad de alteridad

Intencionalidad es palabra compuesta derivada de los térmi- nos latinos in y tendere, tender hacia. Para Tomás de Aquino la intencionalidad es cierta relación120. El nombre de intencionali-

dad es aplicable tanto al entendimiento como a la voluntad, aun- que de distinto modo. En efecto, ese respecto que es la intencio- nalidad lo es, o bien del objeto conocido respecto de lo real, o bien del acto de querer con referencia a la realidad querida. Esta correspondencia acontece en lo pensado (objeto) al pensar y en el acto de querer al querer. En ambos casos es una correlación ínsita

118 In Ethicorum, l. VI, lect. 2, n. 5. 119 Summa Contra Gentes, l. I, cap. 72, n. 2.

120 Cfr. In I Sententiarum, d. 30, q. 1, a. 3, ad 3. En la Summa Theologiae la llama “habi-

en las potencias del alma respecto de la realidad extramental. En esa unión se consigue que lo real esté en el alma o la afecte de algún modo. Por eso se escribe que el ser puede estar en el alma según que esté en la voluntad o en el pensamiento121. Pero no por

ello hay que mantener que se dé de igual modo en ambas faculta- des, sino que más bien se da una distinción intencional.

En más de 150 ocasiones a lo largo de todas sus obras, Tomás de Aquino deja constancia de que la distinción radical entre el entendimiento y la voluntad corre a cargo de su distinta intencio- nalidad, pues la de la inteligencia es de semejanza mientras que la de la voluntad es de alteridad122. Ello indica que mientras que

las cosas se conocen en cuanto que están en la inteligencia de quien las conoce, en cambio, la voluntad se refiere a las cosas tal cual ellas son en sí mismas123. Pero las realidades son exteriores a

la voluntad. Por ello, mientras “el conocimiento se verifica en cuanto lo conocido está en el cognoscente... la voluntad se ex- tiende a lo que está fuera de ella, por cuanto, en virtud de cierta inclinación, tiende de algún modo a las realidades exteriores”124.

Las realidades exteriores para Tomás de Aquino son particu- lares125. Por tanto, debido a la intencionalidad de la voluntad, a

distinción de la razón teórica que versa sobre lo universal, la vo- luntad versará sobre lo concreto126, lo real existente. Sin embargo,

esto parece contradecir aquello sentado más arriba de que el obje-

121 “El ser que está en el alma, o está en la voluntad o en el conocer”, Summa Contra

Gentes, l. I, cap. 68, n. 2.

122 Esta tesis recorre los 4 libros del Comentario a las Sentencias, el I y el IV libro de la

Summa Contra Gentes, las tres primeras partes de la Summa Theologiae, el De Veritate,

el De Potentia, el De Malo, el De Anima, el De Virtutibus, el Compendium Theologiae, el

De Divinis Nominibus, etc.

123 Cfr. Summa Theologiae, I ps., q. 19, a. 3, ad 6; q. 19, a. 6, ad 2; I-II ps, q. 13, a. 5, ad

1; I-II ps., q. 28, a. 1, ad 3; I-II ps., q. 86, a. 1, ad 2; II-II ps., q. 4, a. 1, co; De Veritate, q. 8, a. 4, ad 5; q. 10, a. 9, ad 7; De Potentia, q. 9, a. 9, co; De Virtutibus, q. 1, a. 9, co; q. 2, a. 6, ad 8; Compendium Theologiae, l. 1, cap. 46; Ibidem, l. 1, cap. 86; Ibidem, l. 1, cap. 129; In Dionysii De Divinis Nominibus, l. II, cap. 4/318.

124 Summa Theologiae, I ps., q. 59, a. 2, co. Y más adelante: “el conocimiento se realiza

en cuanto que las cosas conocidas están en el que las conoce... En cambio, el acto de la facultad apetitiva consiste en que el afecto se incline a una cosa exterior”, Summa Theo-

logiae, I ps., q. 59, a. 3, ad 2. Cfr asimismo: Summa Theologiae, I ps., q. 81, a. 1, co.

125 Cfr. Summa Theologiae, II-II ps., q. 20, a. 2, co. 126 In IV Sententiarum, d. 47, q. 1, a. 1, co.

to propio de la voluntad es el bien universal. ¿Cómo armonizar ambas tesis? La voluntad se abre a todo bien en universal, porque se puede extender a todo lo que le muestre la inteligencia, pero también puede querer una realidad singular, pues es obvio que quien puede lo más también puede lo menos. Y ambos (universal y particular) no sólo en potencia, sino también en acto. En efecto, se puede querer a todas las buenas madres del mundo en acto y odiar en acto todo crimen. En suma, dado que la voluntad sigue al entendimiento, si se conoce lo universal se podrá querer lo uni- versal, pero si se conoce lo concreto, se podrá querer lo concreto. No obstante, debido a la intencionalidad, el entendimiento pa- rece más analítico que la voluntad, porque caben muchas verda- des acerca de una misma realidad. Por el contrario, la voluntad parece más reunitiva que el entendimiento, porque tiende a la realidad en su integridad, aunque no quiera en acto todas sus fa- cetas: “para la perfección del conocimiento se requiere que el hombre conozca una por una las cosas que hay en la realidad, como las partes, las capacidades y las propiedades. Pero el amor está en la potencia apetitiva, que mira a la cosa según que es en sí. Por lo cual para la perfección del amor basta que la cosa en cuan- to que es aprehendida en sí, se ame”127.

El modo de estar las realidades en la inteligencia es para To- más de Aquino según su semejanza. Pero el querer se une a las realidades mismas, no a su semejanza. Por eso declara que “el amor es más unitivo que el conocimiento”128, aunque no debe

olvidarse que “el amor es cierta consonancia del apetito a eso que es aprehendido como conveniente”129. De modo que sin conocer

no cabe amar, y si el querer es siempre proporcionado al conocer, tanto más intenso y unitivo será el amor cuanto más alto y pro- fundo sea el conocer. Por lo demás, al conocer, lo conocido ad- quiere la naturaleza del conocer, pero al querer, es la voluntad la que se transforma o pliega a las exigencias de lo que quiere: “el amante, cuyo efecto está informado por el mismo bien, que tiene

127 Summa Theologiae, I-II ps., q. 27 a. 1, ad 2. 128 Summa Theologiae, I-II ps., q. 28, a. 1, ad 3. 129 Summa Theologiae, I-II ps., q. 29, a. 1, co.

razón de fin, aunque no siempre último, se inclina por el amor a obrar según la exigencia del amado”130.

Además, lo que procede del entendimiento “procede de uno... Pero la voluntad tiende a otro, y puede haber reciprocidad, de modo que de dos realidades proceda la conformidad de la volun- tad, que es la unión entre ambas”131. En efecto, la verdad está en

la mente, no en la realidad. Lo conocido en cuanto que conocido no está sino en el conocer, precisamente al conocer. Pero el bien es real y previo al querer de la voluntad. De modo que pueden existir dos realidades por separado, el bien por un lado y la volun- tad por otro, sin que se dé la unión entre ellas. Pero si se da la unión, ésta corre a cargo de la voluntad, no del bien, a menos que ese bien también tenga voluntad y quiera.

La diversa intencionalidad entre el entendimiento y la volun- tad se cifra, pues, en que “el conocimiento es según el movimien- to de la realidad al alma, pero el amor es según el movimiento del alma a la realidad. Por eso el conocimiento se mide sólo por parte del que conoce, pero el amor es por parte de uno y otro”132. El

amor nace de la voluntad y tiende al bien. Pero es una tendencia singular, porque no es ningún movimiento, sino un acto. De mo- do que, en sentido estricto, el amor no sale de la misma voluntad: “el amor, que es la procesión interna de la voluntad, no es seme- janza alguna de la voluntad o de lo querido, sino cierta impresión dejada por lo querido en la voluntad, o cierta unión de uno a otro”133. Esa unión puede ser afectiva o efectiva134.

La intencionalidad de la voluntad se llama de alteridad porque el querer de la voluntad tiende a lo otro (alter) que ella. La ten- dencia corre a cargo del mismo acto de querer. A esa inclinación por parte del acto volitivo Tomás de Aquino la designa con diver- sos nombres: fertur, transfert, movet, tendit, intendit, inclinat135,

130 In IV Sententiarum, d. 27, q. 1, a. 1, co. “Es propio del amor que mueva y empuje al

que ama hacia el amado”, Summa Theologiae, I ps. q. 36, a. 1, co.

131 In I Sententiarum, d. 10, q. 1, a. 5, ad 1. Cfr. también: De Veritate, q. 24, a. 10, ad 1 y

ad 2.

132 In III Sententiarum, d. 32, q. 1, a. 4, ad 3. 133 De Potentia, q. 10, a. 2, ad 11.

134 Cfr. Summa Theologiae, II-II ps., 30, a. 2, co.

135 Cfr. para “fertur”, cfr. In II Sententiarum, d. 38, q. 1, a. 4, co y ad 2; In IV Sententia-

etc. La inteligencia forma la forma en sí. La voluntad tiende a lo otro, porque ni “lo mismo” (lo semejante, el objeto conocido en cuanto que conocido), ni lo real son formados por el acto de la voluntad. La voluntad no forma objeto alguno porque no forma nada, sino que se conforma ella misma con lo real. No necesita formar nada, porque no es cognoscitiva, y porque las formas ya las forma el acto de pensar. Pero si la voluntad no forma nada, tiene que conformarse con lo que existe. Y para adaptarse hace falta alteridad, no mismidad. Por eso tiene que salir de sí y ad- herirse a lo otro. La inteligencia no se adhiere, sino que posee lo otro en sí misma. Es posesiva, aunque lo que posee en sí es una pura remitencia (semejanza indica Tomás de Aquino) a lo real, no lo real en sí. La voluntad no es posesiva, sino anhelante, pero lo es, no de la semejanza de lo real, sino de lo otro real de lo que ella carece.