Priosphenodon
Los esfenodontes o rincocéfalos son un grupo de reptiles emparentados muy cercanamente con los lagartos (aunque técnicamente, no son lagartos). Son tan antiguos como los dinosaurios pues se originaron hace unos 240 mi- llones de años, a principios de la Era Mesozoica. El orden es apenas un relicto en la actualidad, y está representado por un único género, Sphenodon, con sus dos especies: S. punctatus y S. guntheri, restringidas al archipiélago de Nueva Zelanda. Sphenodon es un reptil predador vespertino a nocturno de tamaño mediano (unos 40 centímetros) y un dorso espinoso que le ha valido el nombre de tuatara (“lomo pinchudo”, en maorí).
Muchos consideran a los esfenodontes como un linaje de poco cambio, a lo largo de sus 240 millones de años. Sin embargo, la diversidad de los esfenodon- tes fósiles se ha puesto de manifiesto sobradamente en las últimas décadas, con notables especializaciones alimentarias.
Para mediados del Cretácico (100-90 millones de años), los esfenodontes eran abundantes en el actual territorio argentino y algunos, como los eile- nodontinos, llegaron a alcanzar los mayores tamaños conocidos para el grupo. Estos esfenodontes tienen dientes amplios y chatos que deben haber resultado muy efectivos para el machaque de sustancias vegetales. Los esfenodontes de La Buitrera corresponden a este grupo y medían hasta más de un metro de longitud. Los primeros restos fueron hallados por Sebastián Apesteguía y Jorge González, guiados por Miguel y Estela Avelás. El trabajo científico fue publi- cado en la prestigiosa revista científica inglesa “Nature”. El título del trabajo en
Figura 14. Material tipo del esfenodonte cretácico Priosphenodon avelasi (Apesteguia y Novas, 2003).
inglés es “Large Cretaceous sphenodontian from Patagonia provides insight into
lepidosaur evolution in Gondwana” (Apesteguía y Novas, 2003). El esfenodonte
fue nombrado Priosphenodon avelasi, en honor a la familia Avelás que contri- buyó con el descubrimiento.
Los esfenodontes fueron una de las víctimas de la extinción de fines del Cretácico, la misma que eliminó a los grandes dinosaurios. Esto queda demos- trado por su casi total ausencia en el registro fósil del Terciario (65 a 0 millones de años). Hasta el momento se desconoce qué ocurrió con ellos, pero parecen haberse extinto tanto en Sudamérica como en el resto del mundo, a excepción de Nueva Zelanda.
Najash
En el marco de la expedición del año 2001 y 2002, Pablo Gallina, miembro del equipo, halló restos de una serpiente articulada. La expedición de 2004 permitió el hallazgo de restos fragmentarios de un cráneo de esta serpiente.
Figura 15. Ilustración de Jorge A. González mostrando al esfenodonte Priosphenodon avelasi
Tras varios años de pre- paración del fósil y estu- dios comparativos en la Argentina, Brasil y Esta- dos Unidos, en colabora- ción con Hussam Zaher, del Museu de Zoologia de la Universidad de São Paulo, ha sido posible comprender la relevan- cia de esta serpiente fó- sil, cuyo trabajo científi- co fuera publicado en la prestigiosa revista cien- tífica inglesa “Nature”. El título del trabajo en in- glés es “A Cretaceous te-
rrestrial snake with robust hindlimbs and a sacrum”
(Apesteguía y Zaher, 2006).
Esta serpiente, nom- brada Najash rionegrina, constituye la más primiti- va de las serpientes cono- cidas. El nombre provie- ne de la palabra hebrea
Najash, serpiente, y es el
nombre aplicado a la ser-
piente de la Biblia, que portaba patas y fue condenada por Dios a arrastrarse tras engañar a la primera pareja según la mitología hebrea. La especie, rione-
grina, refiere a la provincia de origen.
Durante las últimas décadas, el hallazgo de numerosos fósiles de serpien- tes marinas provistas de adaptaciones acuáticas, las paquiófidas, en rocas del Cretácico Inferior (unos 120 millones de años) del norte de África y Europa Oriental, hizo pensar a muchos investigadores que las serpientes se habían ori- ginado en el mar. Según esa teoría “marinista”, las serpientes serían, de hecho, parientes de los mosasaurios, formidables dragones marinos que vivieron en todos los mares y entre cuyos familiares actuales se halla el llamado dragón de Komodo.
Figura 16. Ilustración de Jorge A. González mostrando a la
primitiva serpiente con patas Najash rionegrina publicada en Nature en 2006.
La otra teoría, mantenida por los “terrestristas”, dice que las serpientes pro- vienen en realidad de algún lagarto cavador de pequeño tamaño que, tras per- der las patas fue dominando de a poco otros ambientes de nuestro planeta. Como sustento de esta teoría, solo había unos pocos materiales de vértebras y minúsculos fragmentos de cráneos provenientes principalmente de África, escaso material para hacer frente a los formidables y articulados fósiles de las serpientes marinas.
El hallazgo de Najash en el Cretácico de la Patagonia ofrece un punto de vista completamente diferente y una nueva mesa de discusión. Ya no se trata de otra serpiente marina sino de una serpiente que vivió en un ambiente te- rrestre, a la sombra de los dinosaurios y en América del Sur. Las serpientes como Najash eran relativamente pequeñas, y con seguridad vivían en cuevas, alimentándose de lagartos, mamíferos pequeños y tal vez crías de dinosaurios pequeños.
Lo más interesante de Najash son las patas bien desarrolladas que demues- tran que le eran útiles para moverse, o tal vez para anclarse contra la tierra al atacar. El esqueleto fue hallado articulado, aunque sin cráneo. Los datos de la cabeza los proporcionó otro ejemplar. Otro esqueleto desarticulado de Na-
jash, de mayor tamaño, contribuyó a comprobar detalles ausentes en el primer
ejemplar.