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Las actitudes en las relaciones afectivas entre adolescentes.

2. Marco Conceptual

2.6. Violencia en el noviazgo y Actitudes ante esta

2.6.2. Las actitudes en las relaciones afectivas entre adolescentes.

Las actitudes ante la violencia en las relaciones de noviazgo es uno de los temas más explorados en este campo científico. Aportan una explicación al conocimiento de este tipo de maltrato, al identificar factores de riesgo y protección, haciéndonos conscientes de que es una realidad donde hay mucho que explorar. Así, la revisión de Leen et al. (2013), señalan como predictores de perpetración de violencia las actitudes asociadas con:

 Creencia de que la violencia se justifica

 Aceptación de la violencia (predice todos los tipos de violencia en varones, en mujeres solo violencia física y psicológica)

 La aceptación de mitos sobre la violación

 La tolerancia del uso de la violencia

 Actitudes que justifican el uso de la violencia

Hay que resaltar la falta de claridad sobre la diferencia entre actitud y comportamiento. Una de las hipótesis apunta a que a pesar de mantener una actitud determinada, al ejecutar una conducta, consideramos si esta es deseable o aceptada en nuestro entorno, por lo que no todos lo que tienen actitudes de aceptación, justificación o tolerancia hacia la violencia perpetrarán actos violentos; es más frecuente que se comporten de esa forma violenta quienes validan o justifican la acción violenta. Aquí, observamos que existen diferencias en función de los predictores y el sexo, asumiendo que la aceptación de la violencia funciona mayormente con varones (Rey, 2015).

Las motivaciones bajo las que se justifica el acto, cuando se instaura la violencia en las relaciones de noviazgo, ofrece diferencias de género. Los argumento principales para el comportamiento violento en los chicos es que actuaron por enojo, ataques de celos e intentos de controlar a su pareja; en las chicas la aceptación y justificación aparece cuando se trata de satisfacer necesidades personales (Leen et al., 2013). Ninguno de los anteriores argumentos puede ser considerado valido y si, más bien, estrategias de racionalización para conductas que se perciben como indebidas; son un instrumento en sí mismo violento para controlar a la pareja (OMS, 2014b).

Respecto a los tipos de relación de pareja, las actitudes y roles de género en los diversos niveles de interacción social, de cambio cultural y crisis de las premisas y roles tradicionales de género, el machismo y la sumisión de la mujer, México ofrece una situación no propia del siglo XXI y de su desarrollo. Refleja la necesidad de cambio, dificultado al haber generado actitudes poco claras y complejas a identificar como micromachismo o sexismo benevolente; provoca más incertidumbre que certezas. Estos cambios se reflejan sensiblemente en todos los espacios relacionales, pero impactan significativamente en el ámbito microsistémico de la pareja y familia. A su vez, estos cambios culturales de lento proceso generan malestar, conflictos y frustración en el interior de las parejas y en ambos sexos; los hombres no encuentran un espacio propio ante la renuncia al modelo de expectativas machistas y las mujeres perciben injusticia, por la doble jornada que el rol femenino actual conlleva.

Ello, pues, ha posibilitado generar malestar en las relaciones de pareja (J. Díaz, 2006; Moral & Ortega 2008; Moral& López 2013). Las parejas de novios no son una excepción, y están sujetas a la presión que el rol de género conlleva y como

macroconstrucción social se presenta en las actitudes manifiestas de hombres y mujeres en sus relaciones de pareja.Este análisis lleva a resaltar como una característica de los noviazgos en México a la edad en la que este tiene lugar, que con frecuencia es antes de los quince años. Esta situación va a provocar una amplia variedad de relaciones afectivas, con diversos niveles de involucramiento, intimidad o formalidad. Partiendo de esta característica consideramos que, debido a los fuertes contrastes existentes en el territorio nacional, el noviazgo no es entendido de igual forma por todos los adolescentes y jóvenes (Rojas& Flores, 2013).

Lo que nos lleva a analizar las características contextuales y culturales preexistentes en la zona geográfica y económica del país. Nos hace pensar que es probable que las actitudes en los noviazgos de los adolescentes y jóvenes mexicanos puedan presentar características distintas. El análisis nacional realizado por Rojas y Flores (2013), para describir el noviazgo y otras relaciones de pareja en la juventud mexicana, coincide en reconocer como factor, para decidir iniciar y mantener un noviazgo, el que las chicas valoran más la forma en la que son tratadas y la comunicación que mantienen en la pareja, mientras los chicos dan prioridad al atractivo físico (Bustos, 2009; Rojas& Flores, 2013). Los roles de género tradicionales se mantienen en cuanto a las expectativas, vivencia y formación de la pareja de novios, que comúnmente están basadas en el compromiso de busca de respeto, amor, honestidad, comunicación, comprensión. Los roles son más igualitarios en las relaciones de “amigo-novios” o “frees”, en las que el erotismo, la diversión y la compañía tienen el rol central (Rojas& Flores, 2013).

En población urbana de clase media-alta se observan diferencias en cuanto a la percepción de las mujeres hacia su rol en el noviazgo, apareciendo su deseo sexual -se

corresponde a un rol menos tradicional-; la responsabilidad de “declararse” sigue correspondiendo a los varones, así como pagar las cuentas de las actividades realizadas en pareja (Bustos, 2009). Estas actitudes que se consideran machistas son valoradas por las chicas y corresponden a las expectativas del “deber ser” de un novio, que va a considerarse caballeroso y romántico en una relación (Bustos, 2009; M. García et al., 2010; Rojas& Flores, 2013).