Capítulo 1. Presentación y planteamiento de la investigación
1.4 Marco Teórico
1.4.2 Las cuencas altoandinas como ambientes complejos desde los
Un sistema consta de componentes regularmente interactuantes e interdependientes que forman un todo unificado, con niveles de organización que definen un orden jerárquico de sus niveles bióticos; la interacción con el medio físico (energía y
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materia) en cada nivel, produce sistemas funcionales característicos (Odum, 1987). Esta jerarquía organizada en niveles puede llegar a ser más compleja que el sistema anterior y puede generar en cada nivel nuevas propiedades emergentes. De igual forma, una cuenca es un sistema que está en relación a su estructura y función; en ella interactúan componentes biofísicos, sociales, económicos y culturales. Se constituye en el eje articulador del ordenamiento ambiental, de su gestión integral, en la interacción sistémica (GWP, 2009).
Las cuencas altoandinas funcionan como sistemas adaptativos complejos, término propuesto por Buckey (Maass et al., 2012) que se refiere a los comportamientos de adaptabilidad de las especies animales, de los hombres-sicológicos y de los complejos socioculturales. Son sistemas abiertos con flujos de doble sentido entre la energía del entorno y el sistema. Es preciso analizar la complejidad que esto representa, dadas las dinámicas de cambio particulares de las cuencas altoandinas, de sus actores sociales comunitarios e institucionales frente a los procesos de aprovechamiento de los servicios ecosistémicos, la gestión de los servicios ambientales y su cosmovisión del territorio para la planificación, manejo y gestión. Lo anterior se complementa con el análisis de la estructura del sistema y de las relaciones múltiples entre los factores naturales y humanos, en un espacio que históricamente está delimitado por el poblamiento y su utilización social, marcando la complejidad (Arias & Duque, 1992).
La cuenca es un espacio natural (un conjunto de sistemas entrelazados) idóneo para llevar a cabo la labor conjunta de la planeación de los recursos naturales (Dourojeanni, 1993, 1994; Vásquez, 1997). Así, es claro y coincidente para varios autores (Arias & Duque, 1992; CVC, 1995; Dourojeanni, 1993, 1994; Dourojeanni & Jouravlev, 2002; Jouravlev, 2001; OEA, 1978; Varela, 1992), que es precisamente en este aspecto cuando se puede hablar de la complejidad, ya que profundizar sobre las particularidades y su interrelación entre los subsistemas biofísicos y socioculturales, dependerá finalmente de la respuesta para lograr integralidad, impactar su sistema o adaptarse a él.
Vale la pena entonces analizar la forma en que el concepto de integralidad permite profundizar en la interrelación compleja de los ecosistemas de cuencas, con su dinámica y respuesta para generar nuevas propiedades emergentes. Lo anterior
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hace referencia a la capacidad de mantener un sistema biofísico equilibrado e integrado, con una composición de especies y organización comparable a los ecosistemas naturales de una determinada región ecológica (Karr et al., 1986; Karr, 1991; Karr & Dudley, 1981); sin embargo, por sus intervenciones de aprovechamiento se pueden generar variaciones constantes, afectando la propiedad de integralidad y alterando su capacidad de carga. A lo anterior se suman las transformaciones en las relaciones ecológicas del sistema, dadas sus relaciones complejas internas y externas, y las propiedades nuevas que emergen porque los componentes interactúan y se han integrado para producir propiedades nuevas y especiales (Odum, 1987).
En este sentido, Figueroa & Valencia (2009) consideran que las propiedades emergentes de los ecosistemas son aplicables en cuanto a sus respuestas al cambio y transformación, para las cuencas altoandinas y al concepto de sistemas adaptativos complejos. En este punto se denota que los ecosistemas albergan y sustentan las poblaciones y comunidades que en él existen, siendo su productividad primaria neta el fundamento que define su capacidad para albergarlas y permitir su supervivencia, generando una nueva propiedad emergente. Dado lo anterior, para el caso de una cuenca, se puede considerar que los procesos que en ella se propician en el marco de un socioecosistema, pueden constituir propiedades emergentes y guardan una relación importante con los procesos de planificación y gestión. Es aquí donde se debe tener en cuenta la importancia de conocer el sistema para orientar las estrategias de ordenación que lo impactarán en menor grado y permitirán avanzar en los procesos de adaptación3 ante los fenómenos de cambio climático y variabilidad climática, disminuyendo la vulnerabilidad4.
Adicionalmente, los servicios ambientales forman parte de la complejidad del sistema y son consideradas igualmente como propiedades emergentes. A esto se suman los bienes intangibles, como la percepción individual o colectiva de su existencia, los
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Adaptación: es el proceso de ajuste al clima actual o esperado a sus efectos. En sistemas humanos se relaciona con el daño o aprovechamiento de oportunidades benéficas buscando reducir la vulnerabilidad. En sistemas naturales la intervención humana puede facilitar el ajuste al clima esperado y a sus efectos (IPCC, 2014).
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La vulnerabilidad es la propensión o predisposición de un sistema a verse afectado negativamente. (IPCC, 2014)
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cuales dependen del contexto sociocultural, de la cosmovisión del territorio y por consiguiente, de cómo se entiende y utiliza.
La capacidad de adaptación5 se puede considerar también como otra propiedad emergente del sistema, la cual está caracterizada por relaciones no lineales, dinámicas que dan lugar a discontinuidades y sorpresas (Gunderson & Holling, 2002; Levin, 1999), a cambios tanto a nivel ambiental como social y a que los sistemas sociales y ecológicos se acoplen (Berkes & Folke, 1998; Folke et al., 2003) y como tal formen parte de un sistema adaptativo complejo. Cabe resaltar que la capacidad de adaptación estará influenciada por las decisiones que los diferentes actores implementen a través de acciones denominadas medidas de adaptación6.
De acuerdo a lo analizado por Hole et al. (2012), dadas las condiciones actuales de variabilidad y cambio climático, la magnitud de la incertidumbre en las proyecciones de éste y en las respuestas de las especies, ecosistemas y seres humanos, la planificación de la conservación debe establecerse en el contexto de una serie de escenarios futuros potenciales. Tal enfoque no es excusa para no actuar, sino una llamada al manejo adaptativo, entendido como un proceso iterativo de toma de decisiones óptimas frente a la incertidumbre, que intenta reducirla con el tiempo mediante el monitoreo a nivel de sistema. Este concepto permite integrar procesos de planificación y gestión, para buscar mejores respuestas al interior del sistema y de la complejidad que esto conlleva por las nuevas dinámicas de respuesta.
Berkes & Folke (1998) proponen un concepto holístico sistémico e integrador del ―ser humano en la naturaleza‖ denominado como socioecosistema, donde los sistemas sociales y los ecosistemas están estrechamente vinculados y que, por tanto, la delimitación exclusiva de un ecosistema o de un sistema social resulta arbitraria y artificial (Anderies et al., 2004). Si tenemos en cuenta este enfoque, delimitar un sistema bajo el concepto de cuenca puede ser efectivamente arbitrario para algunos casos, como cuando se habla de corredores biológicos, territorios indígenas, división
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Capacidad de adaptación: Es la capacidad de sistemas, institucionales, humanos y otros organismos para ajustarse al cambio climático (incluida la variabilidad climática y los cambios extremos), a fin de moderar los daños potenciales, aprovechar las consecuencias positivas o soportar las consecuencias negativas
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Las medidas de adaptación son el conjunto de actividades especialmente diseñadas para disminuir los impactos de la variabilidad climática a una variable, un componente o a todo el sistema.
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territorial entre veredas, municipios o departamentos; por lo tanto, en el análisis de la dimensión sociocultural, debe considerarse para abordar el ordenamiento y evitar conflictos.
Construir un enfoque que permita integrar variables claves para el manejo adaptativo, considerando la complejidad de un socioecosistema, implica tener siempre claros los lineamientos en la toma de decisiones de manera estructurada; tal como lo analiza Allen et al. (2011), se debe considerar un objetivo claro, unido a una evaluación del problema e integrar la planificación, el análisis y la gestión, en un proceso transparente que proporcione una hoja de ruta enfocada a lograr los objetivos fundamentales, con participación y empoderamiento de los actores sociales comunitarios e institucionales, integrando la gobernanza y la cogestión adaptativa para una mejor respuesta del socioecosistema ante las transformaciones del territorio, que permitan afrontar un futuro incierto que exija desarrollar enfoques de gestión con el reconocimiento de cambios y sorpresas inevitables.
1.4.3 La relación entre el ordenamiento, el manejo del territorio y los