6. LEVANTAMIENTO ARQUITECTÓNICO
6.1. CARACTERÍSTICAS GEOGRÁFICAS
6.2.3. LAS FACHADAS
El mayor atractivo que tiene el edificio es sin duda sus fachadas, por ello, veo conveniente la importancia de un capítulo. La fachada principipal nos evoca a los antiguos templos clásicos, compuesta por cuatro columnas adosadas de orden jónico compuesto sostienen un frontón triangular, todo ello ligeramente adelantado por el retranqueo que existe en fachada.
En los laterales, se encuentran las terrazas cubiertas a la altura de la planta noble, éstas están formadas por arcadas y columnas adosadas jónicas. La fachada posterior existe una última terraza que da continuidad a las terrazas laterales. Esta terraza está delimitada por una balaustrada y pilastras que van combinándose.
Común a todas las fachadas, la planta baja se diferencia del resto por el zócalo y en dos fachadas por un acabado almohadillado, formando hileras y a montacaballo sobre los dinteles de las aberturas. A lo largo de los años la fachada ha cambiado su color combinando distintas tonalidades o utilizando colores más intensos o más suaves.
En la planta primera se disponen ventanales con balaustrada enrasada con la fachada. Todas las aberturas existentes en planta primera y planta segunda están enmarcadas con molduras: filete, esgucio (moldura cóncava), platabanda, cuarto bocel (moldura convexa) y listel. Coronando las aberturas centrales de fachada principal y posterior encontramos un frotón curvo y las aberturas laterales a la central van con sombrerete.
Definiremos al detalle los siguientes elementos que forman las fachadas:
Todas columnas van dotadas de basa. Se trata de una pieza de apoyo compuesto por una moldura cóncava de estría fileteada, dos boceles circulares (moldura convexa) y una escocia intercalada entre ambos. Esta basa se apoya a su vez sobre un plinto, pieza prismática de planta cuadrada de poco espesor.
El fuste es liso y de sección circular adosado parcialmente al paramento. Parece presenta una disminución de sección a partir del primer tercio inferior de la columna hasta llegar al capitel.
El capitel es de orden jónico, el elemento más representativo de esta orden son las volutas o espirales con que se adorna.
Desde la antigüedad clásica se planteó el problema de los ángulos en las ordenaciones jónicas. En las columnatas con un capitel jónico tradicional de volutas paralelas, de carretes, no es posible hacer ángulos: el capitel tiene una cara y unos laterales. El problema se resuelve en templos clásicos como el de Athenea Nike diseñando un capitel jónico de esquina, con una voluta a 45º. Y dejando el encuentro de las caras de los carretes en el ángulo interior, menos visible. Los primeros "descubridores" de la arquitectura griega, Stuart y Revett, encontrarían esta solución llamativamente fea, dándole un especial énfasis, por lo chocante que resultaba a su sensibilidad.
Ya en la antigüedad clásica, de esta solución se pasó a un capitel con volutas en los cuatro ángulos, que resulta particularmente afortunado. En Roma sobrevive algún ejemplar, pero gracias a los numerosos estudios arqueológicos de las ciudades romanas de Asia, se ha podido comprobar lo muy extendida que estaba semejante solución.
Este tipo de capitel de cuatro volutas fue evolucionando y utilizado por grandes artistas de diferentes épocas hasta llegar a lo que los tratadista franceses llamaron capitel jónico moderno que es el posee esta casa señorial. Los principales arquitectos franceses contemporáneos hicieron amplio uso de él. Como sucedió con el jónico romano, el capitel tardó en pasar a los tratados. Se hizo notar entre los autores franceses en el último cuarto de siglo XVII, en que se cita frecuentemente como jonique moderne. La forma y el nombre se aceptarían poco después en Europa, donde este capitel fue común en obras y láminas en el siglo XVIII.
Existen tres diferentes capiteles en Can Carabassa: el primero de dimensiones más reducidas que se disponen en las terrazas cubiertas laterales y los otros dos que poseen mayores tamaños situados en las fachadas principal y posterior. Aparentemente estos últimos parecen iguales pero si se observa bien, los capiteles de la derecha son diferentes a los de izquierda.
Todos los capiteles contienen dos volutas al encontrarse adosados al paramento, a excepción de los capiteles que se encuentran en una esquina que poseen tres volutas. Los ángulos de las volutas se dejan caer por debajo del collarino festones verticales, uno por cada ángulo. Así pues, los de dos volutas serán con cuatro festones y los de tres volutas con seis festones. Los festones colocados en los ángulos dulcifican la transición y el encuentro entre los ángulos de las volutas y el fuste circular. Carecen de la exuberante plasticidad y energía de jónico monumental romano, pero en cambio los festones añaden una nota de cortesía festiva y es una espléndida solución.
En este capitel, el equino está compuesto por el canal que une las dos volutas y el cimacio, una especie de cojín formado por el espacio entre volutas, decorado su interior por ovas y dardos. Las ovas se encuentran contenidas en cintas que recorren su contorno.
Existen unas semipalmetas que salen de la parte superior de cada voluta ocupan el canal y parte del cimacio. El centro de la voluta es el ojo, en el caso de los capiteles más grandes se trata de una flor. El collarino va debajo del equino es a base de semiesferas y discos.
El entablamento está formado por un arquitrabe, friso y cornisa. El arquitrabe se muestra descompuesto en tres platabandas horizontales superpuestas y escalonadas. El friso es la banda lisa continua y por la parte superior adornada con una sucesión de figuras en relieve. Concretamente formada por cuarto bocel (moldura convexa), estrías (moldura cóncava), dentículos y pequeños metátomos y finalmente por un talón.
La cornisa está formada por gola (moldura mixta), estrías (moldura cóncava), y platabanda. Existen unos frontones triangulares, curvos y sombreretes que contienen los mismos elementos que forman la cornisa y la parte superior del friso. Fotografías actuales de las fachadas.