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Las familias, alberguistas

In document Turismo Comunitario en Ecuador (página 173-180)

Comprar y vender

4. Las familias, alberguistas

Las familias alberguistas son protagonistas centrales del encuentro que estamos etnografiando, y en ellas reparamos por varias razones.

En primer lugar porque es en el seno de su cotidianidad, de su espacio, de sus relaciones, contradicciones y haceres diarios con los que entra en contacto el turista cuando llega a la comunidad. En ellas se materializa el intercambio, la relación que nos viene trasladando a lo largo de estas páginas, de la cultura al mercado. Estos hombres y mujeres, sus hijos, sus casas, sus formas de sufrir, de celebrar, de vivir y de ver el mundo, son en realidad el gran producto, diferenciado y competitivo del turismo comunitario en Tunibamba.

El análisis de la relación que se establece entre los turistas y estas familias nos ayuda a ver las conexiones reales de la comunidad, tanto con su contexto más inmediato, como con el más lejano, es decir con el exterior; y sobre todo nos permite desvelar como el proceso otorga formas de hacer (reinterpretadas desde cada una de estas familias en Tunibamba) que impregnan de particularidad, conforman las tácticas y estrategias con

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Entendiendo quizás, cómo segmentos mundializados —por ejemplo, los jóvenes, los viejos, los gordos, los desencantados— comparten hábitos y gustos convergentes…como el mundo es un mercado diferenciado constituido por capas afines. No se trata, pues, de producir o vender artefactos para “todos” sino promoverlos globalmente entre grupos específicos (G. Canclini, 1995: 109).

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Cuyo caso muy bien puede servirnos para ejemplificar una fuerte tendencia entre las mujeres responsables de estas familias alberguistas.

las que desenvolverse en el mercado turístico. Los miembros de estas familias, como muchos de nuestros informantes en Tunibamba describen, “están muy influenciados por la vida de fuera, y por su contacto con esta vida de fuera”. Es gente que sale de la comunidad por razones fundamentalmente laborales o de estudio, y que en cada uno de sus regresos a la misma, llega con el bagaje de lo vivido y conocido en la experiencia100. Por eso el contacto y las posibles repercusiones del turismo comunitario en Tunibamba, así como su potencial como factor de desarrollo, hemos de estudiarlo, (vía estas familias alberguistas), desde todos los puntos posibles que nos ayuden a definir el encuentro, pero siempre y fundamentalmente, como parte de un proceso de intercambio mayor, de más envergadura que nos sitúa en la llamada por Renato Ortiz modernidad-mundo (2004).

Como recordaba una de nuestras informantes, parece claro que estas familias “ya no tienen bastante con lo que le da la tierra comunitaria”, y en el turismo indagan una ayuda en su economía; una búsqueda que las pone en circulación en un mundo económico, en un mercado, y en un sistema de valores donde se van alejando, cada vez más de actividades que han sido sus ocupaciones tradicionales. Un hecho que hace que cada mes tengan ingresos extras vía la llegada de turistas, pero del mismo modo que les llega gracias al trabajo del marido en una empresa de construcción en Quito, como maestro, o haciendo ladrillos….Y es que ver el comportamiento de cada una de las tres familias con las que hemos convivido en Tunibamba sin duda alguna, es estudiar un mercado, es hacer el análisis de una transacción económica, pero también es ir mucho más….Es llegar al caso del turismo comunitario en Tunibamba; un lugar donde, a diferencia de lo detestado en otras zonas de nuestros estudio, toda dimensión de comunidad, de comunitario, de acción social conjunta, de colectivo, de formas de grupo y cultura indígena (productos todos “marketizados” en esta oferta turística) aparecen concentrados en torno a la convivencia que cada turista tenga, de manera particular, con la familia que le acoja, nunca por su relación directa con la comunidad..

En nuestro trabajo de campo uno de los documentos más relevadores lo hemos encontrado en los relatos de las razones y argumentaciones que cada una de estas familias establece para explicar su llegada al turismo. Una de estas mujeres comenzó relatando sus inicios con el estudiante que fue su primera experiencia, su estreno en el

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Paradójicamente la principal vía de contacto de Tunibamba con el exterior se inicia desde su propio territorio; por las salidas constantes y necesarias de sus habitantes “al mundo”, y por la llegada de este resto del mundo, a través de los medios de comunicación. Siendo así, el temido riesgo de contaminación, o pérdida de identidad por efecto del turismo, no toma fuerza como crítica o riesgo fundamentado.

turismo comunitario. Me contó de su relación con este estudiante, como vivió en la casa y fue recibido como un miembro más de la familia; hasta tal punto que se convirtió en su compadre, en el padrino de bautizo de su hija, que posteriormente murió. Este último dato, unido a lo largo de la estancia, la sintonía con el joven, y su “inexperiencia” en esto de los turistas, hacen que esta sea, para esta familia, una historia especial. Una historia, una relación, un alojamiento que realmente ha dejado huella en esta familia….y de algún modo ha empezado una forma de abordar estas relaciones; me explico: uno de los lamentos de esta señora, es la pena que le produce cuando se van algunos turistas, y pensar que ya no los verá más. Este dato me dio mucho que pensar a la hora de ubicarlo dentro del mercado, el marketing, el intercambio, las culturas, etc…… Y es que en este punto necesariamente hay que buscar explicaciones tanto personales (ya que ella siempre está sola y reconoce que le gusta saber que hay alguien en la casa, alguien con quien conversar, para sentirse menos sola) y también de tipo cultural, en cuanto que las relaciones, su concepción en una dimensión espacio/tiempo, están definidas en parámetros diferentes con las que llegan los turistas. En cuanto que, por parte de esta señora, parece que se produce, además de un beneficio un vínculo, fruto de otra manera de entender el contacto con los demás, o al menos, de otra manera de expresarlo. ¿Es por buscar un agrado? ¿Es por el carácter particular de esta mujer? ¿Son ganas de mostrar como viven, como son?, pero sobre todo ¿Qué hace que una historia sea especial? ¿Es así en todas las familias? … Claramente no. Buscar respuestas a estas preguntas entre los demás alberguistas que operan con Runa Tupari, nos llevo a una gran diversidad de respuestas, situaciones y disposiciones, incluso en la misma comunidad.

De este modo no es lo mismo conocer la comunidad, una parte de Ecuador y la vida de estos indígenas, si resides en un albergue o en otro de Tunibamba. Las tres familias que en la actualidad desarrollan la actividad turística presentan una gran variedad; ya sea por la experiencia acumulada, con una diferencia de casi seis años en la instalación de los tres albergues, estas familias presentan considerables diferencias a la hora de recibir turistas, y de encajar la actividad del turismo dentro de su cotidianidad. Van desde el nerviosismo y las ganas de agradar que emite la pareja recién incorporada al turismo, hasta la veteranía y la capacidad de resolver situaciones sobrevenidas (como la llegada de tres turistas más, a última hora de la noche y tener que improvisar una cena con productos del huerto familiar) por parte de una de las señoras de más antigüedad en el negocio.

Por razones de formas de ser, de edad y género; la división de actividades y roles según género y edad dentro de las actividades de las familias evidentemente establece formas de relación diferenciadas. Que en una familia haya niños de corta edad, que la mayoría de las cenas y desayunos con las familias estén dirigidos por las mujeres, etc... sin duda alguna facilita la interacción con visitantes considerados iguales. De hecho, a esta categoría —a conversaciones entre mujeres, y en concreto entre madres— pertenecen las interacciones que desde mi punto de vista más destacadamente ahora me hacen hablar del encuentro.

Cuestiones de posición social. En el caso de Tunibamba, tal y como relatamos anteriormente, debido a la situación de crisis y rivalidad que se vive en el seno de la sociedad local, es obvia la repercusión en lo que ofrece al turista (las cosmovisiones y hasta las actividades) según nos quedemos en el albergue de arriba o en el de abajo. Como muy diferente es la noción de comunidad, y de su propia organización, que ofrece la última familia llegada al negocio, que al ser el esposo miembro del cabildo muy bien puede ser la asistencia a una minga o a una asamblea la primera actividad que te proponga como turista.

Razones de nivel y actividad económica, son la que propician que según estemos con una u otra familia, podamos conocer de cerca la crianza de determinados animales, la siembra o recogida de frutos, o incluso tengamos la posibilidad de hacer ladrillos en uno de los hornos de la comunidad.

O por cuestiones de formación, atendiendo al número de miembros de la familia, o el bien el propio conocimiento de otras experiencias tan evidente en el caso de dos de las mujeres que regentan los albergues en Tunibamba, que han vivido largos años de su vida trabajando en el servicio domestico en Quito, que muestran notables diferencias con la que no ha tenido esa experiencia, a la hora de relacionares, de dirigirse y de presentarse a los turistas.

En definitiva hablamos de diversidad por las distintas posiciones que estas familias ocupan con respecto a la comunidad; que por supuesto, condiciona las formas con las que estas familias establecen su contacto con el resto de los actores implicados, sobre todo con la operadora y con los turistas. Es toda esta gama de particularidades, de posibles respuestas y acondicionamientos al encuentro, la que personifica la actividad económica, el producto, el encuentro. Por eso cada uno de ellos sí que son de verdad una experiencia única. Es curiosa la frase, pues es lo que se vende, lo que se oferta pensando fundamentalmente en la demanda, y en los posibles registros de satisfacción y

expectativas del cliente; cuando es en realidad una riqueza proveniente de la oferta, un recurso que se va dando en la medida que se ejecuta la convivencia.

Uno de los atractivos que ofrece Runa Tupari en su publicidad y promoción de ventas es precisamente el hecho de que no haya una programación estándar: “no hay actividad programada”, ya que lo realmente importante y seductor es la convivencia con estas familias; y si esta viene definida por las rutinas cotidianas y sus propias formas de hacer, bien podemos deducir que componen realmente el producto turístico. Por eso hacemos especial hincapié en estas familias, pues realmente el conjunto de situaciones que experimenta cada familia, (claro está dentro del contexto de su comunidad y de su cultura) es la que da impronta a su forma de participar en el intercambio con el resto de actores y, por ende de modelar su participación en el mercado.

Ni que decir tiene, que es a través de los miembros de estas familias, como los turistas entran en contacto con la comunidad. Con ellas materializan las expectativas con las que llegan (ya sean fruto de un buen marketing, de lecturas y estudios, previos, de prejuicios culturales, etc.…) a esta experiencia, a esta cultura y en concreto a Tunibamba. En muchos de los desayunos y cenas compartidos con turistas en los albergues de la comunidad he observado como se pregunta insistentemente en algunos casos —de manera directa, o a través de cuestiones más amplias— por los ritos indígenas, por las celebraciones al sol, por la existencia de espíritus, por brujos y chamanes, por la lengua quíchua o por las ropas indígenas. En las respuestas, de nuevo, una gran diversidad, y sobre todo la sensación en muchas ocasiones de estar viviendo un descubrimiento en tiempo real; es decir, que no sólo se estaba contestando cortésmente a la pregunta de un cliente, sino que se estaba tomando partido, posición e identidad, en el proceso de interacción. Las formas utilizadas dejan claro como se busca satisfacer en todo a ese cliente, y de algún modo cumplir expectativas……Así, el día que tuve la suerte de pasear por la comunidad con la hija de la familia donde residía, en nuestro primer destino de camino a recoger la vaca que pastaba en el prado de la hacienda, nos desviamos para pasar por “la vertiente”, uno de los espacios sacralizados y ritualizados en las celebraciones comunitarias (sobre todo en las fiestas del Inti Raimi). Lo que en primer momento me pareció fortuito, y un buen ejercicio de reconocimiento etnográfico, pronto descubrí que era una estrategia; esta chica parecía saber qué buscaba yo en la comunidad. Comenzó por mostrarme donde empezaba la razón de sus formas y lógicas de vida indígena en la comunidad. De algún modo por la experiencia ya adquirida, y por las percepciones registradas, estas familias saben qué elementos de su

realidad se convierten en atractivos, exóticos para sus huéspedes. Si además se compara la forma en la que se realizan estas referencias en familias recién llegadas al negocio, con la experiencia que aportan los que llevan más de seis años en el turismo, las diferencias son más que notables.

Estos rasgos característicos de las culturas indígenas desde luego son demandados, vendibles, vendidos, sin duda alguna. Pero más allá de estrategias, y en nuestra propuesta de registrar además de estas, tácticas, nos encontramos con otras muchas cosmovisiones y prácticas del mundo indígena, que forman parte esencial de ese producto, del atractivo y sobre todo de la forma en la que se produce la convivencia. El uso del tiempo por ejemplo; no aparece en ninguna promoción o requerimiento, que estas familias deleiten a sus visitantes con una manera de usar, de contabilizar y por ende de narrar el paso de tiempo en sus vidas, y que desde luego nada tiene que ver con el que mantiene la mayoría de los turistas que los visitan. Un manejo del tiempo que es en sí, en su aplicación práctica a determinadas actividades diarias en la casa y en la comunidad, un rasgo distintivo; un uso del tiempo que permite que no se vivan situaciones de estrés, ni se sienta la prisa ante ningún hecho; que explica la demora a la hora de cenar por ir a recoger o atender a los animales, y la espera por parte de los miembros de la familia y los turistas; que hace entender, sin premuras, que se retrase el guía de la operadora al traer o recoger a los turistas, mientras se ofrece conversación a éstos para que no desesperen; que hace que se planifique a tan corto plazo, pues todo depende de cómo se den las cosa en la tierra, o con el clima —se cambia de tarea si está llorando “mama Cotacachi”101—,o se deja lo programado para ese día por tener que recoger el maíz o la papa, etc… en definitiva, hablamos de valores que subyacen a la vida de estas familias, que más allá de ser objetivados de cara a componer la oferta turística, componen el conjunto de insumos con los que se sitúan en su convivencia en el mercado turístico, y dibujan sus formas de participar en la cultura.

En este camino, y a modo de hipótesis, bien podríamos entender que estas familias viven un momento de especial transformación102, con respecto al mercado pero sobre

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El omnipresente volcán a cuyos pies está situada la comunidad de Tunibamba, que llora en los días de lluvia y se esconde con la nieve. Constituye uno de los mitos de origen para los habitantes de esta región.

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Que podemos ejemplificar con la centralidad de la tierra a la de significación y distinción que le otorga en turismo, y que ya algunos autores vienen señalando “el arraigo a la tierra es tanto una reivindicación cultural, como la expresión de un origen campesino de casi todos los dirigentes indios. Pero ya no es expresión directa de la extracción social y actual del modo de vida diario de la dirigencia étnica “(Guerrero y Ospina, 2003: 265).

todo a su ubicación dentro del grupo; y cómo en su participación en el turismo comunitario van desarrollando un conjunto de tácticas para el mercado, pero también programando una abierta estrategia para su continuidad como grupo, con una identidad diferenciada, en la sociedad global con la que negocian. La ilusión que mostraba la última familia que se acaba de incorporar al negocio en Tunibamba nos ayuda a comprender la idea; sorprende como esta joven pareja recibe todo lo que les está llegando, de repente, con su participación en el turismo (reuniones, representaciones, medidas en su casa, en su vida, etc...). Ellos responden con su ilusión “por conocer cosas nuevas”, “ganas de avanzar, de estar más en el mundo”, por eso reciben con agrado todo esto. Son jóvenes, viven en el seno de una comunidad en crisis, con quizás demasiadas presiones locales a nivel de comentarios, críticas y sanciones, pero al tiempo han vivido fuera, conectados al exterior por su televisión, incursiones en Internet, con amigos y familiares en el extranjero, etc….. Quizás para ellos el entrar en contacto con turistas sea esa manera que estaban buscando de seguir desarrollando su identidad indígena, en su territorio, con su lengua, con sus ropas, con su forma de vida, pero transformando el mundo que quieren ofrecer a su hija. Una forma concreta de abordar su posición en el mundo actual, pero desde su identidad, desde Tunibamba. En este sentido la situación particular, de crisis, encontrada en Tunibamba bien puede añadir un plus a nuestro análisis del turismo comunitario, pues en ella considero se condensan varias de las formas en las que se presentan las identidades indígenas en la actualidad103.

En el marco de una sociedad en continua transformación, en el que la combinación de muchos y muy variados factores viene a repercutir en la construcción actual de esa realidad, la etnografía de estos tres casos nos ofrece la posibilidad de conocer —a través de las diferentes convivencias— el estado dinámico y vivo de una forma de situarse en el mundo. Desde el mundo indígena.

Es valerse del carácter dinámico de la cultura, entendida como recurso y como factor de intervención y desarrollo. Computar los rasgos de una identidad en transformación a la hora de situarse en el mercado. Todo ello, desde una noción completamente dinámica de identidad, sin miedos teóricos a la hora de constatar como ya no podemos considerar a

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Los cambios que adscribimos a estas familias, son compartidos por los habitantes de un contexto más amplio. Condiciones, que hay autores que para el caso de Cotacachi han podido concentrar en diferentes procesos convergentes en la emergencia de sujetos ciudadanos: “el declive del poder gamonal, el impacto de la modernización, el desarrollo de la educación, la emergencia de la organización campesina indígena local, la influenza del clasismo, la vigencia de los derechos políticos con el retorno constitucional y la presencia del movimiento indígena como actor político en la década del 90”(Ortiz, 2004:58).

los miembros de cada sociedad como perteneciendo a una sola cultura homogénea y

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