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CAPÍTULO 4: BREVE PERFIL DE LA VIDA DE LAS FAMILIAS PARTICIPANTES

4.1. Los participantes del proceso

4.1.2 Las familias: su estructura socioeconómica

Para concluir con este capítulo, sintetizamos a continuación una serie de características socioeconómicas referidas al conjunto de las diez familias, tomando como base las similitudes compartidas y cuando se considere pertinente se hará referencia a las particularidades y diferencias entre ellas.

Señalamos estructura, composición familiar, historia reproductiva de las mujeres, escolaridad, ocupación, migración y movilidad ocupacional, antigüedad en la zona, condiciones de las viviendas y la estructura de ingresos y egresos familiares. Consideramos que estos indicadores son centrales para la configuración del nivel socioeconómico de las familias analizadas y pueden aproximarnos al tipo de estratificación socioeconómica existente entre estas once familias.

De las once parejas referidas, solo dos tienen una antigüedad en la comunidad poco mayor a diez años, el resto ha nacido en este lugar o llegaron muy pequeños siendo originarios ellos o sus padres, del Estado de México, Hidalgo y Oaxaca.

Respecto a la estructura y composición familiar, observamos que el promedio de edad de las 11 mujeres entrevistadas es de 63 años. Hay cuatro jóvenes de 16 a 20 años. Los hijos de nuestras informantes son en su mayoría adultos, a excepción de la más joven quien tiene cuatro hijos pequeños. Tres de las mujeres entrevistadas son viudas, el resto vive aún con su pareja. Todas han sido casadas una sola vez; el promedio de hijos es de 7.5, debido a que cinco de ellas son mayores de 60 años y vivieron en una época en que la tasa de natalidad era alta.

El número total de hijos de las entrevistadas es 75 y cabe mencionar que seis hijos de las mujeres de 60 años murieron siendo pequeños, explicable esto por las condiciones de pobreza en que se encontraban en aquél tiempo, referido esto por ellas mismas.

Es interesante mirar la edad del primer embarazo de las participantes, tres de ellas tuvieron a sus hijos después de los veinte años, las ocho restantes, entre los 15 y 17 años. Tres mujeres entrevistadas, de 29, 37 y 40 años de edad están operadas para no tener hijos (salpingoclasia).

En cuanto a la escolaridad, solo cuatro de las informantes (las más jóvenes) cuentan con estudios mínimos de primaria o secundaria, mientras que el resto es analfabeta. En términos generales, en toda la localidad hay un nivel de escolaridad que no rebasa los seis años, se encuentran muy pocas personas con un nivel de estudios técnicos o de bachillerato. Habría que señalar que uno de los indicadores que inciden de manera relevante en los patrones de atención a la salud, tanto a nivel de las representaciones como de las prácticas, es el nivel de escolaridad de las madres de familia. Este indicador no se puede pensar de forma aislada, sino en la medida que este opera sobredeterminado respecto a otras estructuras sociales (CONTRERAS, J. 2006). Por ejemplo, como se condiciona la escolaridad con el ingreso, el número de hijos, la ocupación o la historia ocupacional, la incidencia de la enfermedad, la accesibilidad de los recursos para la salud y la enfermedad. Cabría preguntarse hasta donde se verifica una mayor hegemonización de la medicina alopática entre las madres con mayor nivel de escolaridad y en sentido inverso, si habría una mayor

presencia de la medicina “tradicional” entre aquellas madres que tienen menor nivel de escolaridad.

Es el conjunto de todas estas estructuras lo que permitirá analizar cómo se construye el padecer y cómo se actúa frente a este en cuestiones alimenticias. Es así como se pretende reconstruir la dinámica de los procesos de hegemonización/ subordinación de los modelos médicos.

Otro de los aspectos estructurales a destacar es el referido a las condiciones de la vivienda, podemos señalar que la mayor parte de las viviendas de Las Cabañas son pequeñas y al mismo tiempo individuales o bien, compartidas con parientes donde cada familia tiene su espacio. Todas las viviendas han sido construidas por cada dueño, y poco a poco. Hay diferencias notables entre las familias que tienen su casa inconclusa, con techos de cartón o lámina de asbesto (cinco de las entrevistadas), y aquellas donde la obra está terminada con materiales de concreto. (Seis de las familias).

Como se ha señalado, las dimensiones de las viviendas y el número de habitantes varían en cada familia. En ocho familias se encuentra cocina-comedor separados de las habitaciones, aunque cabe señalar que la separación es mínima, De estas ocho, solo tres tienen una distribución bien estructurada. Todas las familias tienen acceso al baño, aunque en ocho de ellas el acceso es difícil, porque el servicio está fuera de la vivienda y con solo una llave de agua, las tres familias restantes cuentan con baño dentro de la vivienda y con regadera. El sistema de drenaje en todos los casos es bastante irregular pues ya no satisface las necesidades de la localidad, fue construido por los mismos habitantes cuando la población era mucho menor, lo cual provoca muchas veces el derramamiento de las coladeras con la consecuente contaminación de la zona. También es frecuente observar a los niños y hombres adultos orinarse o defecar en los espacios comunes (patios). En el año 2000 y 2003 toda la localidad seguía careciendo de agua potable, es decir que solo la tenía por la mañana y el resto del día no. A partir del 2004, ya se contaba con agua más tiempo en el día.

Anteriormente, era necesario, acumularla en botes o hubo una cuarta parte de la comunidad que se compró tinacos o hizo cisternas grandes para acumular el líquido. En una experiencia de observación y análisis del agua, se detectó que el agua si era potable (limpia), pero el hecho de acumularla en grandes botes hacía que se contaminara durante todo el día. La toma de agua intradomiciliaria por lo general se encuentra fuera de la casa, solo cuatro de las familias tienen por lo menos dos llaves de agua a dentro de la casa. En cuanto a las primeras, todas tienen que transportar el agua a la cocina, cabe aclarar que no se consideran las llaves de agua de los baños porque se encuentra fuera de las viviendas en su mayoría. El sistema de almacenamiento de agua, al que ya se hizo referencia, se organiza en cubetas, tinas, piletas, tambos o cisternas abiertas; por lo tanto resulta deficiente, con una mala higiene para las familias. El mobiliario y los aparatos electrodomésticos con los que cuentan las familias son por lo regular, camas, mesas, sillas, ropero, alacena, estufa televisión, radio, licuadora, refrigerador y plancha. Lavadora y ollas de presión, solo tienen cuatro de las familias. Martha tiene máquina de cocer y cinco de las familias cuentan con teléfono. De todas las familias solo dos cuentan con áreas libres (patio) propios, el resto comparte espacios comunes y muy angostos (metro y medio aproximadamente), los patios se usan para lavar y tender la ropa, para acumular materiales de construcción de las mismas viviendas o bien, para que jueguen los niños. Es importante señalar que no hay una higiene adecuada en estos espacios, más de la mitad de las familias tienen por lo menos un animal, que van desde perros, gatos, pericos, canarios hasta algún conejo.

De las familias estudiadas, destacan dos que son de una limpieza extraordinaria, (Chela y María). El tipo y calidad de la iluminación varía mucho dependiendo del tipo de vivienda, del número y tamaño de los cuartos, de sus materiales de construcción, etc., las casas de la mayoría de las informantes tienen ventilación que van de mala a regular, dependiendo de cómo tengan las puertas y las ventanas, si cerradas o abiertas, por lo general no se abren y tienen techos por los que entra la corriente de aire. En relación a la iluminación, casi todas las viviendas son relativamente oscuras, no fueron diseñadas adecuadamente para tener ventanas que las iluminen, se hayan mal ubicadas o en todo caso son muy pequeñas, debido a sus costos. Podría decirse que las condiciones de iluminación, son en general peores que las de ventilación. Una

evaluación global de las viviendas en las familias que se trabajaron según sus dimensiones, materiales de construcción, grado de hacinamiento, mobiliario, iluminación y ventilación, nos permite establecer una categoría de las mejores a las peores condiciones de vivienda: Conny, Martha, María, Celia, Chonita, Chela, Isela, Pachis, Cosme, Perla.

La información recabada sobre los ingresos de las familias entrevistadas, indica que dos de estas perciben un ingreso mensual de 4 a 5 salarios mínimos, el resto dispone de dos a tres salarios mínimos al mes; y María quien depende completamente del cuidado de sus dos hijas con las que vive y la cuidan.

Existen básicamente tres vías de ingresos familiares: el trabajo del jefe de la familia, el trabajo de las madres en la venta de productos generados a nivel doméstico y el dinero que les ofrecen sus hijos. Los cinco hombres que actualmente viven con su pareja (los más jóvenes), laboran fuera del hogar y tres más, padecen enfermedades que les impiden trabajar.

De las once mujeres informantes, la menor (29 años de edad) y la mayor (80 años) se han dedicado siempre a labores del hogar, la demás han llevado a cabo actividades fuera de casa que les generan un aporte extra de dinero para cubrir los gastos de la familia. Estas actividades están relacionadas con el comercio de alimentos principalmente. En periodos de desocupación laboral, son ellas y no los maridos las que cubren los gastos.

Existe una estructura de vida en la que se imponen las actividades de la mujer, dejándola con muy poco tiempo libre. Independientemente de si la mujer realiza un trabajo remunerado, ya sea dentro o fuera de su hogar, de manera periódica o permanente, todas las mujeres-esposas, trabajan duro dentro del hogar. El tiempo que ellas dedican al quehacer doméstico, lavar, limpiar la vivienda, preparar la comida, comprar los víveres, atender a los hijos y pareja, implica aproximadamente diez horas al día.

Se observa que todas las madres están al pendiente de lo que pasa con los hijos, con los nietos o con otras actividades dentro de la casa, se percibe su preocupación casi permanente en cuidados higiénicos, atención a la salud, el vestir, la educación extra escolar y en la comunicación afectiva.

Podría decir sin temor a cometer un error, que el tiempo que las madres dedican al cuidado del hogar, no se compara con lo que le dedica o ha dedicado el padre. Por ello resulta explicable que en determinados momentos, las mujeres reflejen un estado anímico de hastío y cansancio de esta dinámica de vida, que por paradójico que resulte llega a ser aliviado cuando trabaja fuera del hogar.

Los cambios en el poder adquisitivo se hallan en función tanto de los periodos de ocupación y desocupación de algunas familias, así como en la posibilidad de que los hijos les aporten dinero.

Las diferencias en el nivel económico de estas familias, se pusieron en evidencia cuando las madres nos señalaron cuáles eran las expectativas que deberían ser alcanzadas para el bienestar de la familia o para mejorar sus condiciones de vida. Las respuestas nos reflejan de alguna manera sus necesidades y/o posibilidades y ponen de manifiesto la estratificación social en las distintas familias.

Entre los satisfactores que ellas identifican como indicadores de bienestar y que reflejan tanto sus necesidades como sus posibilidades para conseguirlas están: tener servicio médico seguro o al menos mejorado; que sus viviendas estén en buenas condiciones; en el caso de Martha, Isela y Conny (las mujeres más jóvenes), dar educación a sus hijos es primordial.

Este apartado ha sido dedicado a describir las condiciones demográficas y socioeconómicas de la zona de estudio y de las familias con quienes trabajamos. El desarrollo de la localidad de estudio debe realizarse en el marco de un crecimiento urbano acelerado en los últimos treinta años, que impacta no solo a la localidad, sino podríamos decir a toda la ciudad o hasta al país.

Asimismo existiría una agudización de la crisis económica y la tendencia creciente a la polarización de las clases sociales, un aumento de desempleo y subempleo y una disminución del poder adquisitivo de la población, todo lo cual se pone de manifiesto en la historia de vida de cada una de las familias entrevistadas.

Más de la mitad de los egresos totales se invierten en alimentación, siguiéndole en mucho menor proporción los gastos de transporte y esparcimiento (incluye comer fuera y los refrescos embotellados).

En cuanto al gasto en salud, generalmente lo representa la compra de medicamentos, pues de las once familias, diez cuentan con seguro social, aunque se resisten a utilizarlo por el mal trato que dicen recibir en el servicio y lo dejan únicamente para situaciones que consideran peligrosas y costosas.

Todas las informantes consideran que recientemente hay una disminución comparativa en el poder adquisitivo, comentan que: “Antes nos alcanzaba para

comprar más cosas e incluso carne, ahora, cada día es peor…”. Puede decirse que

son estas condiciones que estructuran la vida cotidiana de la gente y donde se producen y reproducen los procesos de salud/enfermedad/atención.

La manera en que aparecen sobredeterminados dichos procesos se analiza más adelante, en términos de las formas de respuesta materna a las enfermedades que se padecen en los hogares, enfatizando el uso de los recursos alimentarios de atención a la enfermedad. Solo nos interesa remarcar el hecho de que no es el peso específico de cada una de estas variables aisladas lo que nos da cuenta de dichos procesos, sino que es la estructura relacional que surge del conjunto de ellas, donde se deben analizar los sistemas de representaciones y prácticas sociales frente a los padecimientos. Es la estructura en su conjunto y, sobre todo las relaciones generadas en ella donde se comprenden el contenido y la forma de estas representaciones y prácticas, así como sus racionalidades características. En función del objeto de estudio, consideramos que dichas condiciones inciden en las formas de respuesta social a la enfermedad y en una dinámica particular de construir socialmente el padecer.

CAPÍTULO 5: PANORAMA EPIDEMIOLÓGICO Y LOS SABERES,

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