III. METODOLOGÍA
1. Marco Metodológico
1.1 El Enfoque fenomenológico
1.2.1 Las Implicancias Metodológicas de la Propuesta de Ricoeur
Optar por una metodología fundamentada en la propuesta hermenéutica fenomenológica de Ricoeur ha implicado asumir una perspectiva investigativa alternativa a la fenomenología trascendental desarrollada a partir de los planteamientos de Husserl, lo que impactó de manera directa en los procedimientos a través de los cuales se llevó a la práctica la metodología fenomenológica.
En primer lugar, esta propuesta no rechaza la aspiración al objetivismo, pero si plantea una crítica a la concepción positivista de objetividad. Plantea que el paradigma hermenéutico se sustenta sobre la objetividad el texto, definida por sus cuatro características constitutivas: el texto fija significado, está disociado de la intención mental del autor, exhibe referencias no absolutas ni acabadas, proclives a la interpretación, y presenta una abanico universal de posibles destinatarios. Estas cuatro cualidades son las que permiten al mismo tiempo explicar y comprender el sentido presente en el texto, pero no por la aplicación de un método particular, sino porque esta objetividad es una condición intrínseca de las condiciones lingüísticas del texto (Ricoeur, 2001, p. 184).
En segundo lugar, la autonomía que adquiere el texto de la intención del autor, implica asumir que la comprensión no consiste en reunirse con dicha intención. Esta disyunción entre el significado del texto y la intensión del autor, implica que la interpretación puede tener múltiples formas, no es única ni acabada, y está en constante proceso de renovación. Por tanto, toda interpretación consiste en un proceso de hacer conjeturas sobre los significados, es decir, adivinar cuáles son esos significados que encierra el texto. La necesidad de conjeturar responde, en primer lugar, al hecho de que el lenguaje siempre es metafórico y por ello requiere ser descifrado, y en segundo lugar, a que los textos no constituyen una mera secuencia de oraciones iguales y posibles de ser comprendidas por separado. Un texto es una totalidad, y sus partes solo pueden comprenderse en relación al todo, por ello requiere de un juicio reflexivo que permita reconstruir el texto como un todo, asumiendo que en él existe una jerarquía de temas primarios y secundarios.
circular (el círculo hermenéutico), que permita ir del todo a las partes y de las partes al todo, ya que el todo está implícito en el reconocimiento de las partes y viceversa. La reconstrucción del todo presenta una perspectiva semejante a la de la percepción: las relaciones establecidas entre las oraciones y los temas angulares que se identifiquen, siempre son parciales y por ello definen el carácter conjetural de la interpretación. Lo que la interpretación entrega no es una verdad absoluta en términos positivistas, sino una perspectiva posible de comprensión, ya que la naturaleza misma de la intención verbal del texto considerado como un todo es múltiple, dando lugar a una pluralidad de lecturas e interpretaciones.
Esta multiplicidad de opciones determina que no existen reglas claras y preestablecidas para hacer buenas conjeturas, pero sí existen métodos para validar las conjeturas (Ricoeur, 2001, p.184). En el marco de este paradigma hermenéutico, la validación corresponde al momento gramatical de la interpretación, y responde a una lógica de probabilidad más que a una lógica de verificación (Ricoeur, 2001, p. 186), ya que lo que se busca no es verificar si una interpretación es falsa o verdadera, sino sostener que una interpretación es más probable que otra. Conjetura y validación están en una relación circular como enfoques subjetivo y objetivo del texto, que se equilibran a través de la falsación, es decir, de la puesta en tensión de interpretaciones rivales, ya que las interpretaciones no solo deben ser probables, sino que además deben ser más probables que otras. Aunque siempre hay más de una manera de interpretar los textos, los textos son campos limitados de interpretaciones posibles y por tanto, no todas las interpretaciones son equivalentes (Ricoeur, 2001, p.187).
Si bien la verdad que hay detrás de esta propuesta es relativa porque está relacionada a la percepción del sujeto, no implica un relativismo puro. La verdad hermenéutica se fundamenta en tres convicciones (Tengelvi, 2007, p. 165-165). En primer lugar, no se basa en una relación estática entre un enunciado y el hecho correspondiente, sino que es inseparable del acontecimiento dinámico, en el cual algo resulta ser la verdad. En segundo lugar, al dar una mirada al acontecimiento se aprecia que en la experiencia de él mismo se manifiesta la verdad, pero esta verdad sigue siendo inasible, aunque se puede anticipar nunca es totalmente previsible y predecible, porque siempre tiene algo de sorpresa. Por último, la verdad no puede ser revelada a partir de la experiencia, si esta no se hubiese revelado a sí misma. La verdad hermenéutica no consiste en la correspondencia con la
realidad, ni se puede equipara con la coherencia interna en nuestro conocimiento del mundo. Es más bien una expresión de la experiencia, entendida no como un acto mental, sino como un acontecimiento que emerge. Por tanto, no existe una verdad única, porque no existe una sola experiencia (Tengelvi, 2007). La verdad a la que se aspira en la hermenéutica se relaciona con aquello que emerge de la experiencia relatada en un texto.
Si bien esta aproximación metodológica ha sido blanco de una serie de críticas por su falta de objetividad en los procedimientos, por la falta de veracidad de sus conclusiones y por la imposibilidad de generalizar resultados, estas críticas se superan asumiendo que el posicionamiento filosófico de este enfoque tiene sus raíces en el paradigma fenomenológico, distanciándose del paradigma cartesiano y de la dicotomía sujeto-objeto sobre el que este se construye. Este enfoque se sustenta en criterios ontológicos y epistemológicos diferentes, que lo llevan a constituirse sobre el principio de que todo conocimiento es en sí mismo subjetivo, tiene una impronta interpretativa y por ello no puede prescindir de las suposiciones, creencias y prejuicios de los sujetos.
Las razones por las que se ha optado por este enfoque radican precisamente en que lo que se busca conocer con la investigación que se enmarca en esta tesis doctoral, son las significaciones desde las que los profesores de historia han desarrollado la tarea de formación ciudadana. No se busca establecer la verdad sobre sus prácticas, sino descubrir cómo han dado sentido a su experiencia docente frente a esta tarea.
Sin embargo, existe una condición de este enfoque que puede considerarse una limitación para los objetivos de este estudio. La hermenéutica fenomenológica de Ricoeur está construida sobre la interpretación a partir de textos escritos. Se plantea que son los discursos en forma de texto, y la autonomía que le otorga la escritura, lo que permite el ejercicio hermenéutico. Esto complica el proceso metodológico, cuando se considera que los estudios en las ciencias de la educación se fundamentan en gran medida en el discurso hablado que se construye cara a cara a través de una conversación, y en referencias a las acciones humanas que se relatan en dichas conversaciones.
La superación de esta limitación, sin embargo, ha sido propuesta por el mismo Ricoeur. En primer lugar, porque en los estudios cualitativos, toda conversación se convierte en texto, para ser analizada debe ser transcrita. Si bien esto no quita que su contenido haya sido co-construido entre el emisor y el receptor del discurso (en este caso el sujeto de
estudio y el investigador), la escritura le permite adquirir grados de autonomía. Y en segundo lugar, porque Ricoeur plantea que la pluralidad de posibles interpretaciones que caracteriza a los textos, también es una cualidad de las acciones humanas. Existe una plurivocidad específica en el significado de la acción humana, ya que ésta también es un campo de limitado de interpretaciones posibles. Aunque no existen infinitas formas de interpretarlas, siempre hay más de una forma de hacerlo (Ricoeur, 2001, p. 187). Para el filósofo francés las acciones pueden ser sometidas al mismo proceso interpretativo que los textos, porque en ella se relacionan las dimensiones motivacionales e intencionales de la acción. La intención de una acción puede reconocerse cuando frente a lo hecho, se puede encontrar la respuesta de por qué y para qué se hizo, es decir, cuál es la motivación que hay detrás de dicha acción. Por tanto, se puede comprender el sentido de lo que los sujetos pretendieron hacer, cuando se proporciona un motivo entendido como una razón para y no solo como una causa, es decir, cuando se develan cuáles eran los deseos o creencias desde los que se ejecutó la acción (Ricoeur, 2001). Extender la conjetura desde el texto a la acción es posible, porque al reflexionar sobre las motivaciones que hay detrás de ella, los sujetos pueden explicar las acciones, argumentando el por qué y el para qué de ellas. Para argumentar sobre el significado de la acción es necesario distanciarse de las creencias y deseos que hay en la acción, lo que permite someterla al proceso de confrontación entre conjetura, validación y falsación. De esta manera, la propuesta de Ricoeur abre el campo de posibilidades analíticas dentro de una investigación hermenéutica fenomenológica, y permite desarrollar el proceso interpretativo no solo desde los textos escritos directamente por los sujetos de estudio, sino también desde los textos que se generan a partir del diálogo cara a cara entre el sujeto de estudio y el investigador.