«No temas avanzar lentamente, teme, únicamente, no avanzar».
Proverbio chino
C
uando se hace una exposición sobre el Ho’oponopono, a menudo se repite que se trata de una técnica que permite borrar las memorias erróneas porque éstas son responsables de situaciones desagradables en la vida cotidiana. Ho’oponopono nos libera de las bolas de hierro que arrastramos con los pies –a menudo sin darnos cuenta que las arrastramos– que frenan nuestros avances y perturban nuestro juicio.Sin embargo, en este tipo de discursos, jamás se explica qué son esas famosas «memorias erróneas», a pesar de que parece importante saber cuál es su origen para comprender su mecanismo de acción y para entender por qué es tan importante borrarlas.
La Programación Neurolingüística,1 más conocida por sus siglas PNL, permite encontrar el origen de dichas memorias perturbadoras. La PNL explica que todas tus posturas en la vida, tus decisiones y tus elecciones están directamente relacionadas con tus valores2 y tus creencias.3 Si para ti, por poner un ejemplo, el éxito social es importante, es evidente que la toma de decisiones no será la misma que en una persona que busca complacer y ser querido por los demás.
Como todo el mundo, eres portador de valores y creencias que son, para ti, reglas esenciales de vida. La mayoría de ellos provienen de tus padres y de la vida que
llevaste en tu primera infancia. Pero éstos pueden ser modificados,
transformados, borrados o cambiados en el curso de tu vida, dependiendo de tus experiencias y de la gente que hayas ido conociendo.
Dichos valores y creencias se convierten en evidencias, como que el cielo es azul o el césped verde… Sin embargo, son completamente subjetivas y difieren según las personas. Están tan arraigadas que no te das cuenta de su carácter subjetivo. A pesar de que, al principio, sólo son postulados, poco a poco se van convirtiendo en elementos fundamentales a tu entender, hasta que acaban dirigiendo tu propia vida. Pueden ser cosas como, por ejemplo, el respeto a la palabra dada, la honestidad, el éxito social, la amabilidad, la búsqueda de poder, la familia, el trabajo, ganar dinero, tener poder, conseguir reconocimiento, etc. Todos esos postulados se van
convirtiendo, poco a poco, en mecanismos fundamentales, automáticos, a menudo inconscientes… y constituyen una gran parte de «tus memorias».
Entre ellas, un cierto número de creencias pueden ser falsas, limitadoras y tramposas. Ésas son las «memorias erróneas» que te conducen a decisiones poco razonables y a conductas aberrantes. Y todo ello porque tu visión del mundo está falseada por un filtro de creencias y valores irracionales. Por ejemplo, si consideras que el mundo es cruel contigo, que parece buscar tu destrucción, harás poca vida social, te costará salir de casa, ir a ver espectáculos, viajar o, simplemente, conocer gente… Esta actitud, convendrás conmigo, bloqueará tu vida cotidiana y tu evolución personal.
A esas creencias y valores tramposos se añadirán los miedos, que limitarán enormemente tus actividades y tus decisiones. Esos tres elementos están en el origen de la mayoría de las «memorias erróneas».
Vamos a ver, ahora, detalladamente, lo que pasa.
Los miedos4 provienen principalmente de los miedos de los propios padres o familiares cercanos (también amigos, maestros…), que los transmiten a sus hijos sin darse ni cuenta (en lugar de protegerlos). Transmiten así, a su descendencia, su visión del mundo y de los acontecimientos. Pero no nos echemos las manos a la cabeza: todos los padres, incluso los más atentos, lo hacen y producen el mismo efecto.
Por ejemplo, el simple hecho de decirle a un niño, para tranquilizarlo: «No
tengas miedo de la tormenta» le está programando miedo a la tormenta…
¡Nadie le dice a su hijo «No tengas miedo de la manzana» o «No tengas
miedo de las nubes en el cielo»! La simple frase «No tengas miedo de…»
hace comprender al niño, inmediatamente, que hay alguna razón válida para tener miedo en situaciones semejantes… ¡Aunque la idea del padre sea eliminar el miedo!
Las cosas también pueden tener lugar de manera más sutil, sin necesidad del lenguaje oral. Los niños perciben muy bien el lenguaje no verbal. Perciben claramente el miedo de los padres a través de sus actitudes, como por ejemplo el miedo a la muchedumbre en unos grandes almacenes durante las rebajas… Sin decir nada, los niños registran los comportamientos y los añaden a su propio bagaje.
Los miedos se construyen también, en el transcurso de la vida, según las situaciones vividas: los accidentes, los duelos, los despidos, las separaciones, las
agresiones son también situaciones que fragilizan a las personas y son fuente de miedos posteriores: miedo a los accidentes de coche, miedo a perder un hijo, miedo a ser despedido, miedo al abandono de la pareja, etc.
Los miedos bloquean a las personas en sus vidas y les impiden realizarse.
Los valores intervienen también, directamente, en la dirección y organización de la vida. Todo el mundo tiene entre cinco y diez valores. Constituyen la base sobre la que se gestiona la propia vida. El inconveniente es que, algunos de estos valores, pueden limitar al individuo y evitar que se adapte correctamente, pudiendo bloquear la evolución (como pasaría con una doctrina rígida) o deformar la realidad (como «ser siempre amable»).
Fue de este modo como una mujer había sido programada desde la infancia en este valor de la amabilidad. Su madre siempre le decía: «Oh, Sylvie, si fueras
tan amable de ir a comprar pan a la panadería…» o «Mira, Sylvie, sé amable y ve a buscarme las gafas que me he dejado en el comedor». Esas
frases aparentemente inofensivas, repetidas cotidianamente, crearon en esa mujer una regla de oro: «Ser siempre amable»…, ¡con todo el mundo! Esa regla de oro le trajo muchos problemas en su vida adulta, particularmente en su vida amorosa, porque esa mujer no sabía decir que no. Su permanente amabilidad la llevó a casarse tres veces sin sentir, en ninguno de los tres casos, el menor enamoramiento. Pero a ella nunca se le hubiera ocurrido decir que no. Naturalmente, las tres bodas fueron seguidas por tres divorcios y una dolorosa vida solitaria. Hasta el día que comprendió que esas situaciones eran, todas, fruto de una memoria errónea: la de ser «siempre amable». Ho’oponopono la ayudó a borrar ese valor pernicioso. Después comenzó a ser ella misma. Realmente sintió que estaba viva y sus problemas sentimentales se resolvieron.
La mayoría de los valores derivan de los padres. Suelen ser una amalgama de los valores del padre y de la madre porque, obviamente, todos los niños quieren complacer al padre y a la madre para obtener su reconocimiento y afecto, de manera inconsciente. Pero algunos valores también pueden desarrollarse solos a lo largo de la vida, según las vivencias y las experiencias de cada cual.
Las creencias son informaciones no verificadas, a menudo no verificables, que la persona considera como verdades absolutas. Suelen provenir de la educación y, por lo tanto, de los padres, la familia, los maestros y la gente próxima. Algunas
creencias se construyen durante la vida, según los éxitos y fracasos de las situaciones a las que nos enfrentamos. Las creencias son elementos con los que el individuo aprehende y modela su vida. Puede ser, por ejemplo, la creencia de que el mundo es peligroso o que es preferible no mostrar las emociones, o que uno no vale nada, que existe una justicia divina, que existe la reencarnación, etc. Una creencia cambia la forma de ver la vida. Hace muchos años, una canción de Johnny Hallyday decía: «Tengo un problema, me parece que te quiero» . Ese mensaje se imprimió en miles de jóvenes de la época: «Te quiero = tengo un problema», cosa que podría ser el origen de una creencia nefasta para desarrollar la vida amorosa.
Las creencias pueden afectar a numerosos aspectos de la vida. Uno de los casos más comunes es la creencia religiosa: el individuo no tiene prueba alguna de la existencia de Dios –ni de su no existencia–, sin embargo, la fe suple la falta de pruebas y la fe suele ser indestructible. Basta con constatar el número de muertos que hay, cada año, en el mundo, en nombre de la religión. Eso muestra hasta qué punto las creencias son poderosas.
Los miedos, los valores y las creencias son, pues, elementos subjetivos, presentes en ti, que dirigen tu vida y tu destino. Condicionan tu pensamiento y, por la ley de
la atracción, atraen situaciones que les corresponden, es decir, situaciones de la misma naturaleza.
Los valores y las creencias armoniosas atraen situaciones beneficiosas para ti y para tu evolución. Por el contrario, los miedos, los valores y las creencias deformadas, atraen acontecimientos que, justamente, se intentan evitar, constituyendo situaciones desagradables.
Los miedos, los valores y las creencias son lo que Ho’oponopono denomina «memorias erróneas».
También podemos contemplar el problema a la inversa: cuando vives una situación desagradable significa que, generalmente, hay por debajo algún miedo, algún valor o una creencia inadaptada (memoria errónea). Siendo consciente de ello, puedes escoger entre conservar ese valor o eliminarlo.
Si consideras que tu valor es la honestidad, concluirás que es un buen valor que merece la pena conservar. También puedes concluir que el miedo que le tienes a la vida es útil y justificado, queriéndolo conservar de todos modos. Incluso puedes concluir que la creencia de que no vales para nada es acertada y, por tanto, la
quieres mantener.
A eso se le llama libre albedrío.
Pero también puedes considerar que sólo son filtros que falsean tu visión de la vida y nublan tu juicio, que son frenos, incluso obstáculos, para tu evolución y desarrollo personal. También puede que quieras que desaparezca la situación desagradable. Si es ése el caso, entonces querrás borrar las memorias que juzgues erróneas o perturbadoras para ti, a través de Ho’oponopono. Así las eliminarás utilizando la energía del amor.
1. La Programación Neurolingüística constituye un conjunto de técnicas de desarrollo personal y de comunicación, establecidas por John Gringer y Richard Bandler en los años setenta, en Estados Unidos. Permite a las personas eliminar sus bloqueos y superar dificultades.
2. Valor: importancia, ocasionalmente exagerada, que una persona da a alguna cosa, a alguna cualidad, a una norma de conducta, que conducen su vida. Pueden ser cosas tales como la honestidad, la confianza o la búsqueda del éxito, el deseo de reconocimiento…
3. Creencia: acción de creer en alguna cosa incluso con ausencia de pruebas objetivas que lo avalen. Puede ser la creencia en un dios, creer que el universo busca nuestra destrucción, que la vida es siempre difícil, etc.
4. Miedo: «Sentimiento de inquietud experimentado en presencia de un peligro o ante un pensamiento de peligro» (definición del Larousse). Este peligro puede ser real o imaginario.