• No se han encontrado resultados

SEGUNDA PARTE

CAPÍTULO 3. LAS MIGRACIONES DE LA EUROPA DEL ESTE

Migraciones Este-Oeste anteriores a los años ochenta.

Este capítulo y el siguiente son de naturaleza introductoria, como ya he señalado, y en ellos lo único que pretendo hacer es una contextualización histórica de lo que es el objeto de esta investigación: la inmigración rumana recibida en Cataluña. Esta inmigración se produce en un marco más global de movimientos migratorios que tienen unas dinámicas y unas motivaciones que son específicas del actual momento histórico. Así, lo que aquí haré es exponer las dinámicas y motivaciones de las migraciones protagonizadas en las últimas décadas por las poblaciones de la Europa del Este, como primer paso para introducirme en la investigación de las que han tenido como origen Rumania y como destino Cataluña.

La migración entre Rumania y Cataluña es una migración Este-Oeste y es sólo una pequeña parte de las migraciones que han tenido esta orientación. Pero hay que comenzar señalando que las migraciones protagonizadas por personas originarias de los países de la Europa del Este no han sido sólo migraciones hacia el Oeste. Han tenido también mucha importancia las migraciones entre los mismos países del Este, y en este capítulo también hablaré de ellas. No obstante, lo que tiene mayor interés para esta investigación es el flujo migratorio Este-Oeste, y quiero comenzar con algunas referencias a las características generales del mismo.

56

Movimientos migratorios desde la Europa del Este hacia el Oeste se vienen produciendo desde el siglo XIX, tanto hacia el Oeste de Europa como hacia Norteamérica. Hasta principios del siglo XX los mayores flujos migratorios se dirigen al continente americano, especialmente a EEUU, mientras que a partir de la Primera Guerra Mundial la Europa Occidental se convierte también en destino prioritario.

Después de la Segunda Guerra Mundial los países de la Europa del Este quedan integrados en el llamado bloque socialista, y una de las características de las políticas de sus gobiernos será la de restringir la salida de sus ciudadanos hacia países del opuesto bloque capitalista. Habrá importantes movimientos migratorios internos, dentro del bloque socialista, pero la salida hacia los países occidentales se hará muy difícil y los movimientos migratorios Este-Oeste quedarán muy limitados.

Las restricciones a la libertad de movimientos que imponen los gobiernos del bloque socialista tienen, no obstante, importantes excepciones. Por ejemplo, inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial en Bulgaria se protagonizaron movimientos masivos de salida de personas cuyo “origen étnico”3 no era búlgaro. Concretamente salieron gentes de origen turco, checo, eslovaco, armenio, ruso y serbio, además de judíos; muchas de ellas iban a países del bloque socialista, pero no así los turcos ni los judíos, y precisamente los turcos fueron los más numerosos (Guentcheva y otros, 2003: 11). Volveré a referirme a estos movimientos migratorios en el apartado que dedico a las migraciones de “tipo étnico”.

Lo general, no obstante, es que durante las décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial los ciudadanos de los países de la Europa del Este tengan grandes dificultades para emigrar hacia países occidentales, lo cual no impide que se vaya produciendo cierto flujo de salidas, realizadas en muchos casos de

3 Se observará que empleo el calificativo “étnico” entrecomillándolo sistemáticamente. El significado que ese término asume tanto para el lenguaje ordinario como para el administrativo, como una especie de denominación de origen para la discriminación positiva o negativa de ciertas personas, obliga a ese tratamiento que sirve para advertir que aquí se está empleando “étnico” en un sentido y con un valor distintos de los que la antropología suele atribuirle.

57

forma clandestina. Por su parte, los países de la Europa Occidental se convierten en países de asilo, ya que todos ellos forman parte de la Convención de Ginebra sobre refugiados subscrita en 1951, cuyo principal objetivo es precisamente el de dar asilo político a las personas que salen huyendo de países a los que se define como totalitarios. En este contexto a las personas procedentes de la Europa del Este (el bloque socialista) se las recibe como refugiadas. Son bien recibidas y no se impone ninguna restricción a su establecimiento en los países de la Europa Occidental.

A lo largo de todo el período de Guerra Fría se va produciendo cierto flujo de personas hacia la Europa Occidental, pero es la Alemania Federal el país que concentra el grueso de este flujo, especialmente por el gran número de personas de la Alemania del Este que va recibiendo. Antes de la construcción del muro ya habían pasado unos cuatro millones de personas de la Alemania del Este a la del Oeste, y otro millón pasó después (Chesnais, 1991: 10). Así pues, las migraciones Este-Oeste han sido un fenómeno continuado, aunque sus características hayan sido muy diferentes de unos momentos a otros.

En España hay una inmigración muy particular de rumanos tras la Segunda Guerra Mundial. Se trata de unas 10.000 personas que habían pertenecido a organizaciones de extrema derecha y huyen de la Rumania comunista inmediatamente después de la guerra. Mucho después, ya en los años setenta, se produciría una segunda inmigración compuesta por familiares de aquellos que habían venido antes, autorizados a salir por el gobierno rumano.

Parece importante tener en cuenta el contexto europeo en el que se producen las migraciones Este-Oeste tras la Segunda Guerra Mundial. Las migraciones que recibe la Europa Occidental, vistas en términos generales (no sólo las procedentes del Este), tienen un período específico, que va de 1950 a 1973, en el que lo que predomina son los flujos de tipo laboral. Los países ricos de la Europa Occidental necesitan mano de obra para la reconstrucción post-bélica y hacen políticas específicas de reclutamiento para lograrla. Lo característico de esta etapa será que las migraciones están principalmente provocadas por los países receptores, que hacen cuanto resulta necesario para reclutar

58

trabajadores de otros países, promoviendo convenios con ellos, ofreciendo la contratación desde el país de origen, etc. Si en los procesos migratorios siempre intervienen factores de atracción, del país de destino, y factores de expulsión, del país de origen, en ese período los determinantes son los factores de atracción.

Los primeros países en aportar esa mano de obra son los de la Europa Meridional: Portugal, España, Italia, Grecia y Turquía; aunque enseguida se sumarán otros países no europeos pero también cercanos, como Argelia o Marruecos, y otros más lejanos, como las ex colonias británicas. Alemania es el principal país receptor: inicia su política inmigratoria en 1954, y llega a establecer convenios de inmigración con Italia, España, Yugoslavia, Grecia, Portugal, Turquía, Marruecos y Túnez, entre otros. Entre 1960 y 1973 llegan a Alemania unos 18,5 millones de personas, de las que 4,7 millones se instalan de forma estable (Hönekopp, 1997).

El Reino Unido busca los inmigrantes en sus antiguas colonias (del Caribe, del subcontinente indio y de África), ofreciéndoles concesiones importantes para potenciar los flujos migratorios (como las facilidades para la obtención de la nacionalidad, establecidas por la nueva Ley de Nacionalidad de 1948, que se otorgan a los ciudadanos de países de la Commonwealth que entran en el Reino Unido para trabajar y residir de forma estable).

Francia, que ya desde el siglo XIX era país de inmigración, amplía su política inmigratoria inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial; en 1945 establece las Ordenanzas (normativa de inmigración) y crea la Oficina Nacional de Inmigración; sus inmigrados proceden de Portugal, Italia y España, pero también de las colonias, principalmente del Magreb. Entre 1946 y 1977 cerca de dos millones y medio de trabajadores extranjeros obtuvieron permiso legal en Francia (Ramos, 1993: 95). Otros países, como los del Benelux o Suiza, recibirán también flujos importantes de inmigración en ese período.

Pero la crisis económica producida a principios de los setenta (especialmente en 1973) llevará a los gobiernos centroeuropeos a la conclusión de que no

59

necesitan más inmigración. Con esa crisis se inicia la etapa caracterizada por las políticas de rechazo a la entrada de inmigrantes. Los flujos de inmigración ciertamente se reducen –principalmente en los años ochenta- aunque ello no es sólo resultado de las políticas restrictivas, sino también de que decrece el interés por dirigirse a unos países en los que ya no hay tantas facilidades para encontrar trabajo, y, sobre todo, de que los países receptores dejan de hacer las acciones de reclutamiento de trabajadores que hicieron en la etapa anterior.

Por otra parte, se produce un cambio importante en las características de los flujos migratorios: los países de la Europa Meridional dejan de ser los principales proveedores de emigrantes, debido a que el desarrollo económico que ya han alcanzado en ese momento los ha equilibrado con el resto de la Europa Occidental; y serán otros países no europeos los que proporcionarán la inmigración que va a seguir recibiendo Europa. Entre 1973 y 1989 los flujos de inmigración son muy moderados, pero se mantienen, porque a pesar de la crisis de los setenta y del creciente desempleo, existen sectores de la producción que buscan mano de obra barata y sigue habiendo oferta de trabajo para inmigrantes.

En este contexto, la inmigración procedente de la Europa del Este tuvo una importancia escasa frente a otros flujos migratorios, especialmente en el período anterior a 1973 en el que los países receptores hicieron políticas de reclutamiento de mano de obra. Las restricciones a la inmigración impuestas a partir de 1973 tampoco afectaron mucho a la procedente del Este puesto que, como ya he señalado, de ahí no venía mucha inmigración y a quienes venían se los recibía como refugiados.

No obstante, hubo también migraciones laborales procedentes de algunos países del Este. En los años setenta y ochenta hubo ya una emigración laboral en Rumania que estuvo legalmente organizada. Se trató de trabajadores temporales que iban a países con los que el Estado rumano había realizado convenio a tal efecto. Los países de destino fueron, principalmente, algunos árabes, como Libia, Irak, Irán, Egipto y Siria, y también la República Federal Alemana y Rusia. Se trató, sobre todo, de trabajadores temporales para el

60

sector de la construcción que salían de Rumania con el contrato de trabajo ya firmado (Serban y Grigoras, 2002: 97)

Las migraciones Este-Oeste de los ochenta.

En los ochenta todos los países de la Europa Occidental tienen ya políticas restrictivas a la inmigración. Los gobiernos establecieron estas políticas a partir del convencimiento de que el mercado laboral europeo no necesitaría ya los flujos de mano de obra que caracterizaron al período anterior. Y, ciertamente, el sector industrial, que era el que había necesitado más mano de obra inmigrada antes de 1973, ya no necesitaría tanta después, no sólo por la crisis económica, sino también porque el desarrollo tecnológico reduciría estas necesidades. Pero lo que los gobiernos no supieron ver en aquel momento era el fuerte desarrollo que iba a tener el sector servicios en las dos últimas décadas del siglo XX. Este sector volvería a protagonizar una demanda de mano de obra inmigrada a la que ya no responderían los gobiernos con políticas de reclutamiento, sino que mantendrían las políticas restrictivas iniciadas en los setenta.

A partir de 1985, con la reactivación de la economía, crece, en toda Europa Occidental, la demanda de mano de obra y los flujos inmigratorios se reactivan, aunque sin modificarse de forma significativa hasta 1989. En los años ochenta la inmigración que entra por cauces legales es, sobre todo, de reagrupación familiar, pero comienza ya a producirse una inmigración irregular que resulta de la contradicción, ya señalada en el capítulo sobre marco teórico, que se produce entre un mercado laboral que demanda mano de obra y unas políticas de inmigración que impiden su entrada.

El crecimiento en los datos sobre residentes extranjeros (en situación legal) en los países de la Europa Occidental es escaso en los años ochenta. Alemania, por ejemplo, que en 1980 tenía 4.453.000 residentes extranjeros, pasa a tener 4.489.000 en 1988, es decir, apenas se produce variación; Bélgica, pasa de

61

886.000 en 1981 a 881.000 en 1989; Francia pasa de 3.442.000 residentes en 1975 a 3.607.000 en 1990; etc. Los incrementos son poco apreciables, salvo por lo que se refiere a los nuevos países de inmigración (Italia y España, sobre todo), que en esos años empiezan a notar la presencia de inmigrantes. La insignificancia de esos crecimientos en los datos de residentes extranjeros no quiere decir que no se produjese inmigración. Ésta siguió produciéndose, pero los datos no crecían porque en algunos casos, como el alemán, las entradas se compensaban con las salidas, y en otros, también se compensaban con las nacionalizaciones.4 Además, los inmigrantes irregulares no computaban en las estadísticas.

Por lo que se refiere a la inmigración procedente de la Europa del Este, hay que señalar que siguió teniendo poca importancia, respecto a la que se recibía procedente de otras zonas del mundo, pero en los años ochenta comenzó a ser significativa. Se trató de unos movimientos migratorios protagonizados concretamente por polacos y rumanos, y los principales países destino fueron Alemania y los EEUU.

Buena parte de los movimientos migratorios Este-Oeste que hay en los ochenta y los noventa son los denominados de tipo “étnico”. Los mayores de este tipo son los compuestos por las personas que se han dirigido a Alemania (procedentes principalmente de la Europa del Este, aunque también de otros lugares) diciendo que son “alemanes de origen”, es decir, que sus ancestros eran alemanes. Haré un apartado específico sobre las migraciones “étnicas”, pero quiero señalar ya aquí que en cualquier análisis de los datos migratorios, especialmente si se refieren a la inmigración recibida en Alemania, debe tenerse en cuenta este aspecto, ya que Alemania no incluye en sus estadísticas de inmigración a estos “alemanes étnicos”, o aussiedler, porque les otorga de inmediato la nacionalidad alemana.

4 Cuando un residente extranjero se nacionaliza sale de las estadísticas relativas a extranjeros. En aquellos países, como Francia, Bélgica, Holanda, etc., en los que se favorecen las nacionalizaciones, hay un aumento de población inmigrada mayor del que reflejan las estadísticas sobre residentes extranjeros. En los casos en los que la estadística no aumenta, hay que considerar que ha habido una entrada de residentes extranjeros similar al número de

62

Los polacos protagonizan los movimientos migratorios Este-Oeste más tempranos de la década de los ochenta, dirigiéndose básicamente a Alemania. En 1981, antes de que el Estado polaco decretase la ley marcial en diciembre de ese año, se produjo la emigración hacia Alemania de unos 46.000 polacos “étnicamente” alemanes y unos 93.000 no alemanes (Hönekopp, 1997). Entre 1982 y 1985 la emigración se reduce, pero sigue produciéndose, y vuelve a aumentar de forma importante en 1986. Entre 1980 y 1989 unos 300.000 polacos fueron autorizados por su gobierno a emigrar, pero se estima que otros 500.000 lo hicieron clandestinamente. Los polacos se dirigieron en un 60 % a Alemania y en un 10 % a los EEUU (SOPEMI, 2000: 61).

Tabla 1. Emigración de rumanos

Total Hombres Mujeres Países con mayor número de inmigrantes rumanos Y número de rumanos recibidos en cada país

Alemania USA Austria Israel Hungría 1986 26.509 13.173 13.336

13.804 2.685 1.705 1.376 1.184

Alemania USA Israel Austria Hungría 1987 29.168 13.954 15.214

15.377 3.435 1.694 1.430 1.262

Alemania Hungría USA Austria Israel 1988 37.298 18.814 18.484

13.943 10.529 3.063 1.544 1.483

Alemania Hungría USA Austria Israel 1989 41.363 20.384 20.979

17.378 11.163 3.583 1.500 1.486

Alemania Hungría USA Austria Canadá 1990 96.929 46.335 50.594

66.121 10.635 4.924 3.459 1.894

Alemania USA Austria Hungría Canadá 1991 44.160 21.211 22.949

20.001 5.770 4.630 4.427 1.661

Alemania Hungría Austria USA Canadá 1992 31.152 16.085 15.067

13.813 4.726 3.282 2.100 1.591

Alemania Hungría Canadá Austria USA 1993 18.446 8.751 9.695

6.874 3.674 1.926 1.296 1.245

Alemania Hungría Italia Canadá Austria 1994 17.146 7.886 9.260

6.880 1.779 1.580 1.523 1.256

Alemania Hungría USA Canadá Austria

1995 25.675 11.478 14.197

9.010 2.509 2.292 2.286 2.276

Alemania USA Francia Canadá Italia

1996 21.526 10.079 11.447

6.467 3.181 2.181 2.123 1.640

Fuente: Organización Internacional del Trabajo.

Los rumanos son el otro grupo que ya en los ochenta protagoniza migraciones significativas. Las estadísticas de la OIT (Organización Internacional del Trabajo) hablan de la salida de unos 30.000 rumanos por año en esa década, como vemos en la tabla 1 (la tabla que aporta la OIT no da datos anteriores a 1986). Ahí se ve también qué países fueron lo principales lugares de destino de

63

esa emigración rumana, siendo, año tras año, Alemania el primero de ellos, y siendo también destinos preferentes Hungría, Estados Unidos y Austria. Entre 1980 y 1989, según el Ministerio del Interior rumano, unos 300.000 rumanos emigraron, dirigiéndose principalmente a Alemania, Hungría y los EEUU (SOPEMI, 2000: 62)

Las migraciones de rumanos en los ochenta algo tienen que ver con la crisis económica que se produce en el país, debida al interés del Gobierno de Ceausescu en la devolución total de los préstamos del Fondo Monetario Internacional, tratando, como ha señalado Ovidiu (2002), de lograr la “plena independencia económica”. Otro factor que explica ese mayor protagonismo de los rumanos en las migraciones Este-Oeste de los ochenta es una relativa permisividad del gobierno rumano para la salida de sus ciudadanos. Éstos tenían dificultades para salir del país, como las tenían los nacionales de los demás países del bloque socialista, pero el gobierno rumano fue más permisivo, como demostró firmando convenios migratorios con otros Estados.

Los convenios firmados por el gobierno rumano con Alemania y con Israel, para autorizar la migración de “alemanes étnicos” y de judíos respectivamente, constituyeron el principal cauce de salida de rumanos para establecerse de forma permanente en los mencionados países antes de 1989. Además, funcionaron los convenios de intercambio de trabajadores, a los que ya me he referido en el apartado anterior, como cauce para migraciones temporales. Lazaroiu (2003: 6) hace mención a seis formas de movilidad internacional de los rumanos anteriores a 1989: dos de ellas son las que acabo de mencionar: la migración “étnica” y la migración temporal de tipo laboral sustentada en los convenios bilaterales; las otras cuatro son: la salida clandestina de disidentes políticos (contrarios al régimen comunista), las migraciones breves de corta distancia realizadas en las zonas fronterizas (generalmente para actividades de comercio a pequeña escala), el turismo (bastante restringido) y la salida de estudiantes para hacer sus estudios en el extranjero (también muy restringida a los hijos de la élite del partido comunista)

64

Por su parte, los países receptores de la Europa Occidental (especialmente Alemania) tenían ya, como he señalado antes, políticas restrictivas a la inmigración, pero hasta la caída del Muro de Berlín en 1989 las personas procedentes del bloque socialista tenían una consideración distinta a la que se daba al resto de los inmigrantes y estaban poco afectadas por las restricciones. Éste es uno de los aspectos más importantes que cambiará a partir de 1989.

Transición al capitalismo de los países de la Europa del Este y migraciones de los años noventa.

Las migraciones procedentes de la Europa del Este tienen, en el año 1989, una situación de inflexión por varios motivos. Cabe destacar dos: el fuerte incremento de los flujos migratorios, y el hecho de que las restricciones a la migración dejen de venir del país emisor y pasen a venir del receptor. Hasta 1989 los países de la Europa Occidental, que estaban ya aplicando políticas restrictivas a la inmigración, no se habían preocupado demasiado de la que podía proceder de la Europa del Este, ya que del control de las salidas se ocupaban los propios países del Este. Pero con el desmoronamiento de los