3Para conocer el proceso de reclamo de la Asociación Meguexogochí leer en: Carrasco, Morita y Briones, Claudia. Op cit., pp.101-136.
2.002. Pero esta expansión granaria tuvo consecuencias crí-ticas para el sector más vulnerable de la estructura rural, los pequeños productores que endeudados por las pérdidas de las campañas algodoneras no pudieron recuperar su capaci-dad productiva. Si sumamos esto al grave impacto ambien-tal del desmonte, la venta ilegal de tierras y la percepción de operar en desventaja frente a los inversores extraños ten-dremos los fundamentos de la protesta social de aquel sec-tor que incluye también a los indígenas.
Respecto de las modalidades de estas acciones colecti-vas de resistencia de los pequeños productores rurales se pueden identificar dos:
"La protesta social se centralizó en cortes de ruta y manifestaciones de distinta magnitud y trascendencia, en las cuales los productores -movilizados por lo termi-nal de su situación financiera-, efectuaron piquetes en la principal ruta que conecta el este y el oeste del Chaco, y cortes del puente interprovincial que une Chaco y Corrientes, reclamando medidas al Poder Ejecutivo provincial, básicamente subsidios para afron-tar nuevas campañas de siembra. En estas movilizacio-nes, que se sucedieron todos los años desde 2001, los productores expresaron a los medios periodísticos su determinación de encabezar los reclamos, sin interme-diarios de ninguna asociación, ni organización . (...) La segunda modalidad de accionar y de expresión de los pequeños productores se presenta más recientemen-te, y se concreta a través del reclamo judicial (promo-viendo acciones de amparo) por parte de asociaciones comunitarias, con el asesoramiento jurídico de organi-zaciones no gubernamentales denunciando la enajena-ción de tierras fiscales, la deforestaenajena-ción ilegal y el dete-rioro del ambiente" (Valenzuela 2005).
Los reclamos de los pequeños productores aborígenes se iniciaron en el interior provincial, en las localidades de Pampa del Indio, General San Martín y Castelli. Eran mani-festaciones locales de las diferentes Asociaciones Comunitarias, con el apoyo de la CCC aborigen (Corriente Clasista y Combativa), peticionando asistencia de semillas y combustible a las autoridades municipales, hasta que en octubre del 2002 organizaron una marcha a pie hacia Resistencia. A partir de entonces se sucedieron aconteci-mientos destacables para el devenir de las organizaciones aborígenes:
• Abril 2003: Marcha Nacional de los Pueblos
origina-rios a Plaza de Mayo, Buenos Aires, donde expusieron la realidad de marginación, pobreza y degradación de sus tierras.
• Agosto 2003: constitución de la Unión Campesina
del Chaco. Sus principales dirigentes comenzaron a encabezar las movilizaciones públicas y periodísticas: Rafael Núñez (fallecido en el abril del 2005), Mártires López, Liliana Delgado y Esteban Medina.
También quedó constituida la Asociación Amas de Casa de Pampa del Indio, convocando a mujeres tobas y cam-pesinas de la localidad. El resultado de sus gestiones fue-ron los costureros, tambos, panaderías y planes sociales que se adjudicaron a las familias carenciadas.
La Unión Campesina asistió con semillas a las organiza-ciones rurales de Formosa y Corrientes.
• El 19 de Abril de 2004: la UNIÓN CAMPESINA y
la CCC de Pampa del Indio realizaron un piquete sobre la ruta N°3, en conmemoración del día del Indio Americano y por la entrega de alimentos, pensiones a la vejez, trabajo y propiedad de las tierras. Por este hecho sus dirigentes fueron denunciados judicialmente.
• El 6 de Octubre de 2004, se realizó una marcha hacia
la ciudad de Castelli en apoyo a los pobladores del Teuco-Bermejito.
• Marzo de 2005: cortes de ruta coordinados con la
Asociación de Productores Chaqueños (APROCHA) por mejores precios para la fibra de algodón.
• 8 de junio de 2005: durante 34 días mantuvieron el
acampe en la Plaza 25 de Mayo de la ciudad de Resistencia compartiendo las vicisitudes, La Unión Campesina con dirigentes de APROCHA, Asociación de Pequeños Productores del Chaco, Comisión Zonal de Tierras de Pampa del indio, Movimiento de Mujeres en Lucha del Chaco, Movimiento Campesino de Corrientes, Movimiento Campesino de Formosa. Contaron con la adhesión de los gremios docentes SITECH, UTRE, ATECH y de empleados públicos UPCP, con los que decidieron conformar una Multisectorial para refrendar los reclamos por mejores condiciones de vida, subsidio algodonero, precio sostén. Los logros fueron, en el orden material $1.000 por fami-lia y 600 kg de alimentos que serían entregados por el Ministerio de Desarrollo Social de la Nación; y en el orden corporativo las organizaciones campesinas consti-tuyeron el Foro Regional Algodonero.
• Agosto de 2005: en la Universidad Tecnológica
Nacional de Resistencia se reunió el Foro "Grito Algodonero" donde los dirigentes aborígenes compar-tieron las reflexiones con Federación Agraria Argentina, Unión de Pequeños Productores del Chaco y organiza-ciones algodoneras de Entre Ríos, Santa Fe, Formosa, Corrientes y Misiones.
• Mayo de 2006: la Marcha Histórica hacia Resistencia
de las comunidades aborígenes del Chaco desde mayo del 2006 tuvo su epicentro entre los meses siguientes, de junio a agosto. Con esta movilización aspiraban a com-prometer al gobierno en acciones concretas que reivin-dicaran sus derechos a la tierra y a una mejor calidad de vida.
Este listado continúa con nuevos cortes de ruta y las pre-sentaciones judiciales por el desmonte, la venta ilegal de tie-rras, el desalojo de pobladores, (Expte. N° 1754/04), la falta del Registro de Comunidades y Organizaciones (Expte. N° 8696/04, Sentencia Jueza Dra. Grillo); contra la discrimina-ción del Intendente de Villa Río Bermejito (Expte. Nº 210/06 Juzgado Federal de la ciudad de Resistencia).
Del conjunto y diversidad de modalidades para la acción colectiva de las organizaciones campesinas aboríge-nes lo que sobresale es la creciente exposición pública, cada
vez más cercana a los centros del poder, y la búsqueda para conformar cuerpos multisectoriales, unidos por demandas fundacionales de la existencia y dignidad humana. Cada organización mantiene la especificidad de sus objetivos y misiones pero acuerdan principios, apoyos estratégicos o espacios de reflexión como los Foros.
El resurgimiento de las organizaciones aborígenes tiene una base fundamental en las comunidades, de allí surgen sus líderes y son ellas las que definen las estrategias, pero hay una tendencia cada vez más acentuada a identificarse por la localidad y no por la pertenencia étnica. Las asocia-ciones wichís que presentaron las acasocia-ciones de amparo por la explotación de los bosques lo hicieron con la denomina-ción de sus respectivos territorios a saber, la Asociadenomina-ción Comunitaria de Nueva Pompeya, la de Comandancia Fías y Nueva Población. Casos semejantes son los de las Comisiones Zonales de Tierras de Pampa del Indio, o las delegaciones de la Unión Campesina del Chaco de Villa Río Bermejito o Castelli. En la opinión de sus líderes esto manifiesta el espíritu convocante de las organizaciones hacia otros sectores sociales que atraviesan los mismos pro-blemas. La pobreza, injusticias, marginación, destrucción de recursos, contaminación, no avanzan solo sobre familias indígenas, los criollos, campesinos, obreros, docentes, comerciantes, estudiantes son todos sus víctimas.
La identidad étnica es importante para el desarrollo de estos movimientos especialmente en la etapa que reconoci-mos como "lucha autoafirmativas", pero no "quiere decir
que esas señas de identidad los convierta, necesariamente y para siempre, en portadores de una identidad única, excluyente e inalterable, de carácter esencialista." (Zibechi 2003:33).
La Marcha Histórica que iniciaron en mayo del año 2006 hacia la capital provincial fue un momento clave para esa convergencia étnica y social, los volvió visibles a la opi-nión pública, recuperó el sentido de las alianzas entre gru-pos, sectores e instituciones que se apropiaron de un espa-cio público para reclamar, negociar, y finalmente proponer soluciones.
LA MARCHA HISTÓRICA DE LAS COMUNIDADES HACIA
RESISTENCIA
Desde distintas localidades del interior grupos de tobas, mocovíes y wichís se encaminaron hacia Resistencia, y se instalaron desde el 6 de junio en la Plaza central 25 de Mayo, con el objetivo de presentar al gobierno un petitorio común elaborado por las asambleas de cada comunidad. Este acampe de las delegaciones aborígenes no era un acon-tecimiento nuevo para los habitantes de la capital chaqueña, parecía repetir el modelo de protesta de los años 2002 y 2005. En el espacio de la plaza aparecían carpas y toldos, la olla común, pancartas, algunos discursos oportunistas de dirigentes políticos, y la prensa local expresando la opinión pública ambivalente entre el asistencialismo y la indigna-ción por "la destrucindigna-ción del espacio público y la
arrogan-cia de los indios que pretenden tener todo servido". Pero el transcurso de los meses demostró que una organización diferente y una actitud también diferente sostenía la
volun-tad colectiva de permanecer en la plaza como expresión de la lucha por los derechos aborígenes.
El hecho que desencadenó este movimiento se originó
en Villa Río Bermejito4, cuando el intendente Lorenzo
Heffner negó asistencia alimentaria a los tobas de la locali-dad, afectados por las inundaciones, reiterando así, como en otras ocasiones, su rechazo y discriminación a esta población nativa. La reacción de los aborígenes de acampar frente al municipio exigiendo la renuncia del intendente expuso la miseria y exclusión que enfrentan las comunida-des nativas en el devenir de sus emergencias cotidianas. La solidaridad de los otros grupos no se hizo esperar porque el conflicto local tuvo el impacto de una onda expansiva cuando las asociaciones aborígenes del interior (Machagai, San Bernardo, Margarita Belén, Castelli) pasaron a la acción cortando rutas nacionales estratégicas de acceso. Se provincializó la protesta de apoyo a la comunidad toba de Bermejito, incluyendo reclamos sobre la propiedad de las tierras, mayor presupuesto para el IDACH, educación bilin-güe, titularización de docentes aborígenes, atención sanita-ria, apoyo para la producción agrícola, construcción de viviendas, planes sociales, jubilaciones y pensiones.
Esta generalización del conflicto se canalizó a través de las organizaciones populares de resistencia, no todas de carácter singularmente étnico, por ejemplo la Corriente Clasista y Combativa, la Unión Campesina del Chaco, la Coordinadora provincial de Desocupados. Para terminar de conformar este apoyo multisectorial se sumó la partici-pación de artistas, y la intervención de autoridades nacio-nales políticamente enfrentadas a las provinciales de color radical.
Todas las acciones de esta protesta eran decididas democráticamente en reunión de delegados de las comuni-dades con autoricomuni-dades del IDACH, esta institución recupe-ró su liderazgo en la "cuestión aborigen" tanto porque llevó adelante las negociaciones con las autoridades políticas como por la dirección que ejerció sobre los conflictos inte-rétnicos. Por ejemplo la etnia mocoví de las localidades de San Bernardo y Colonia El Pastoril no apoyó todas las medidas adoptadas ni las gestiones del presidente del IDACH, Orlando Charole (de origen toba).
El conflicto concluyó con la firma de un Acuerdo que respondía a las expectativas de las comunidades pero que aún no se ha terminado de cumplir por parte del gobierno. Este arreglo legitimó las denuncias por discriminación que inicia-ron el conflicto, y también el derecho a la propiedad de la tie-rra ancestral, reclamos que se encuadran en el concepto de "reparación histórica". Pero avanzó, con la conformidad de las comunidades indígenas, en el disciplinamiento institucio-nal de las demandas presentadas porque dispuso que tanto la titularización de maestros bilingües, la construcción de viviendas y hasta las asistencia económica-técnica a los pro-ductores sería mediada por los respectivos Ministerios y con-forme a la legislación vigente para cada caso.
LAS ORGANIZACIONES INDIGENAS DEL CHACO Y SUS...
4Localidad ubicada al norte de la provincia del Chaco, pertenece al Departamento General Güemes y dista 350 km. de la ciudad de Resistencia, capital provincial.
CONCLUSIONES
Cuando se definió como objeto de investigación la Marcha Histórica, el foco inicial de observación sobre lo que estaba sucediendo alumbraba hacia el análisis cultural. Eran aborígenes, de asentamientos rurales, reclamando por la propiedad de las tierras y la asistencia económica y social. Avanzando sobre esta perspectiva, la identidad cul-tural se posicionaba como el marco teórico más propicio de donde obtener las herramientas para explicar las causas y modalidades del movimiento. Desde la variable étnica se podía incorporar el proceso histórico que los había conver-tido en "productores", los cambios operados en su organi-zación tradicional y la política indigenista que desde la década de 1960 aspiró a lograr su desarrollo económico-social integrándolos a la vida nacional.
Pero al ordenar el registro de los hechos, los discursos y los actores, se plantearon dudas sobre las representaciones que los aborígenes exponían al percibirse como parte de una situación general de empobrecimiento del campesinado chaqueño. Eran los reclamos de las comunidades pero con una visión inclusiva de la problemática, desbordando la "reparación histórica" que merecían por ser pueblos origi-narios hacia la conciencia de clase explotada y despojada de sus recursos existenciales.
La pobreza extrema de su vida cotidiana aparecía asu-mida como resultante del sistema económico capitalista que crea frentes extractivos sobre los bienes, insumos y la misma gente, para mantenerlos en renovada dominación.
La identidad cultural circunscribe el análisis al mundo de la etnicidad, donde las dimensiones del "nosotros" se cons-truyen sobre las regularidades culturales y las diferencias con "los otros". Dimensiones que terminan siendo irreductibles y apoyan la visión de una sociedad dual con sectores modernos y primitivos. Por eso integramos la variable social al marco cultural para enriquecer esta investigación con la perspecti-va de la resistencia étnica, en tanto proceso donde los aborí-genes del Chaco "actúan en situaciones que perciben y
caracterizan o conceptualizan de determinada forma para poder actuar sobre ellas" (Iñigo Carrera 2000:18).
Como modelo explicativo nos permite avanzar en dos sentidos: 1) la comprensión de que la situación de pobreza no es exclusiva del grupo aborigen y tiene su razón de ser
"en el proceso de desarrollo de las fuerzas productivas de la provincia, en la estructura ocupacional resultante y en el sistema de clases que le corresponde". (Hermitte 1995:36); 2) la identificación de las fases y grados de concientización que van asumiendo las comunidades indígenas en ese pro-ceso de lucha.
Esto movilizó la curiosidad por ver cómo fueron cons-truyendo la resistencia y cuáles las estrategias que adopta-ron para conseguir la visibilidad pública que sus reclamos históricos demandaban. La respuesta se fue armando a medida que se identificaron las organizaciones emergentes, sus líderes, el recorrido que hacían exponiendo sus recla-mos y sus participaciones públicas. Cada vez se hacía más notorio que las Asociaciones Comunitarias buscaban abrir el campo de su resistencia a las demandas de otros sectores con los que compartían sus territorios y situación social.
Otro aspecto a considerar es que las prácticas de expo-sición pública de estas organizaciones se emulan a las de los nuevos movimientos sociales, porque desarrollan dos aspectos básicos de éstos: son autoafirmativos de la identi-dad étnica pero inclusivos de otras posibles identiidenti-dades sociales; y además porque se apropian del espacio público para exponerse. "En este punto vale la pena destacar que la
llamada disrupción (ocupación de un espacio, de un edifi-cio público, cortar una ruta o hacer un escrache) es más útil para el movimiento que la violencia directa, y es la principal fuente de innovación de las luchas sociales."
(Zibechi 2003:35).
El conflicto iniciado en Villa Río Bermejito con la gestión municipal arrastró hasta el espacio público pro-vincial la discriminación racial y cultural que viven los indios, pero también la corrupción del Instituto de Colonización por la venta de las tierras públicas en el interior, la falta de acciones concretas para el arraigo de los pequeños productores aborígenes, y el insuficiente presupuesto para las campañas agrícolas, prevenciones sanitarias, viviendas y educación. El conjunto de los reclamos y la fuerza de las organizaciones estaban refle-jando una situación de resistencia diferente a la iniciada en la década del 90 cuando grupos de Pampa del Indio, General San Martín y Castelli se movilizaron hacia la capital provincial e incluso hacia Plaza de Mayo (Buenos Aires) en el 2003. Fue en esos años cuando el movimien-to aborigen campesino iniciaba las experiencias de lucha por la producción, obteniendo como resultado 80 tonela-das de semillas de algodón para esa campaña anual, un logro coyuntural que no aportó soluciones de fondo pero que los enfrentó con la necesidad de organizarse colecti-vamente y abrir la convocatoria.
La Marcha Histórica hacia la capital provincial para lograr una entrevista de los delegados aborígenes con el gobernador fue un movimiento de resistencia total, en el sentido del valor de representación colectiva que adquirió. Las diferencias interétnicas entre tobas, mocovíes y wichís entraron en una dinámica de alternancia sujeta a la tensión de las relaciones con los representantes políticos. Las dife-rencias no se disolvieron pero en los discursos de los líde-res del movimiento cobró fuerza la voluntad de las asocia-ciones comunitarias por incluir todas las demandas y con-solidar una representación unificada.
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INTRODUCCIÓN
En las interpretaciones etnológicas e historiográficas elaboradas durante el siglo XX, los Huarpes no han sido un grupo privilegiado de estudio y han aparecido en la litera-tura etnográfica como un grupo indígena definitivamente extinto a fines del siglo XVIII (Vignati, 1931, 1940; Canals Frau, 1953; Rusconi, 1940, 1961-1962). Sin embar-go, las identificaciones Huarpe en la contemporaneidad documentadas por Escolar (1999, 2007) han confirmado lo contrario y han abierto múltiples interrogantes, posibles de ser leídos de diversas maneras. El objetivo general de este artículo es revisar críticamente los presupuestos políticos y los modelos cognitivos que han actuado a la hora de cate-gorizar a los Huarpes como extintos y que entendemos aún están presentes cuando se interpreta la reciente revisibili-zación pública de pueblos indígenas considerados "desapa-recidos" como "resurgimiento étnico".
Entendemos que no es acertado inferir del "mestizaje",