• No se han encontrado resultados

Las virtudes éticas: un derivado de la costumbre

2.2. Estructura del alma, o el carácter del hombre

2.2.1. Las virtudes éticas: un derivado de la costumbre

vez, es una forma de razonar, y esto es lo que hace la razón en el alma.

Hay, para resumir, tres cosas que suceden en el alma, y son: pasiones, facultades y

modos de ser. Las pasiones son ―la apetencia, la ira, el miedo, coraje, envidia alegría,

amor, odio, deseo, celos, compasión y, en general, todo lo que va acompañado de

placer y dolor.‖80Las facultades son ―aquellas capacidades en virtud de

las cuales se dice que estamos afectados por estas pasiones, por ejemplo, aquello por lo que somos capaces de airarnos, entristecernos o compadecernos; y por modos de ser, aquello en

virtud de lo cual nos comportamos bien o mal respecto de las pasiones.‖81

Así, del conjunto de estas tres cosas que suceden en el alma es de lo que partimos para llegar a ser lo que buscamos, esto es, seres virtuosos. Y Aristóteles, en E.N. 1106a6, dice que las virtudes no se obtienen sin una elección deliberada, esto es, que no se adquieren sin elección. Así pues, ni las pasiones ni las facultades las podemos elegir, sino que son connaturales a nosotros, y por lo tanto no podemos ser llamados virtuosos o viciosos por nuestras pasiones o facultades, aunque sí por nuestro modo de ser, pues nuestro modo de ser puede ser formado o perfeccionado por nosotros, o por quienes nos educan, y es en gran parte responsabilidad nuestra.

Ahora pasaremos a explicar la clasificación de las virtudes y los modos como se diferencian entre ellas.

2.2.1. Las Virtudes éticas: un derivado de la costumbre

80

E.N. 1105b22-23

81

Aristóteles dice que, habiendo dos clases de virtud, la dianoética y la ética, la

dianoética ―se origina y crece principalmente por la enseñanza, y por ello requiere

experiencia y tiempo. La ética, en cambio, procede de la costumbre.‖82 Mediante esta división es posible, para Aristóteles, establecer sus diferencias, de las cuales concluye que, al proceder las virtudes éticas de la costumbre, entonces no pueden ser del hombre por naturaleza, aunque a su vez, por proceder de las costumbres, es posible para el hombre formarse, adquirirlas y perfeccionarse en ellas.83 Ahora bien, puesto que no están en nosotros por naturaleza, lo que hay en nosotros, en nuestra naturaleza como hombres, es cierta capacidad para adquirirlas y perfeccionarlas.84 Sobre el

desarrollo de la virtud mediante las acciones, los hombres ―empezamos por hacer

actos que son virtuosos objetivamente, sin tener, empero, un conocimiento reflexivo de esos actos y sin elegirlos deliberadamente como buenos, sino sólo por una

disposición habitual.‖85

Por supuesto, la capacidad precede a la actividad: esto es, primero tenemos la capacidad para algo, y luego, con el uso, lo llevamos a cabo.86 Aristóteles continúa diciendo que en lo que se refiere a las virtudes, como en las artes, hay dos clases de aprendizaje: uno que es teórico y otro que es práctico. Lo que sucede en el orden teórico, como en las ciencias, aunque es muy interesante, es algo que a nosotros aquí no nos interesa discutir, pues no guarda relación con lo que nos hemos propuesto, esto es, con las cosas prácticas. Ahora bien, lo que ocurre en el orden de lo

82

E.N. 1103a15-18

83

Esta división es fundamental, puesto que es lo que, en principio, diferencia a los hombres de los animales, y es que los hombres pueden, por voluntad, con propósito y por ser mejores, aprender y alterar sus modos de ser con el solo fin de querer ser mejores

84

Cfr. Ross, David: Aristotle, pg. 200, op. cit.

85

Copleston, Frederick: op. cit., pág. 335 (El subrayado es mío).

86

práctico, por otro lado, eso se aprende con el uso, ejerciendo la actividad. Así como ocurre con los guitarristas, que sin tocar no pueden aprender o hacerse mejores, igual ocurre con los legisladores, que determinan los hábitos a seguir por los ciudadanos, y son a su vez, ellos mismos, el ejemplo a seguir.

Algo fundamental, a saber, es que ―las mismas causas y los mismos medios producen

y destruyen toda virtud… pues tocando la cítara se hacen tanto los buenos como los

malos citaristas.‖87

Además, dice, de la actuación que nosotros tenemos con los demás hombres es que resultamos siendo buenos o malos, y es por nuestra actuación en tales situaciones que somos considerados de una u otra manera. Por ejemplo, en una situación peligrosa, si nos acostumbramos a tener miedo o coraje, nos hacemos valientes o cobardes, y así en las demás situaciones.88 Así, puesto que nos hacemos justos es mediante el ejercicio de la justicia, y moderados practicando la moderación, hay que decir que no es que hagamos cosas justas porque ya somos justos, ni practicamos la moderación porque seamos moderados, sino que es porque tenemos un cierto conocimiento de lo que ha de ser la justicia y la moderación por lo que podemos intentar siempre hacer esas cosas. Y no es que se las produzca por ellas mismas, como en las artes, que una vez hecho el artículo decimos que ha concluido la actividad, pues con la justicia, la moderación, y en general, con las virtudes, no se termina con el ejercicio de las mismas, o, mejor dicho, no se las puede contemplar de manera aislada y decir que son justas o moderadas, sin tener en cuenta el carácter de quien hace la acción, pues éste ha de tener pleno conocimiento de lo que hace y además ha de hacer

87

E.N. 1103b8-10

88

lo que hace porque elige libremente hacer eso mismo. La disposición de quien hace la acción es fundamental para la comprensión de cuándo se ha hecho algo virtuoso o moderado, porque aquel, como agente, ha de tener pleno conocimiento de lo que hace,

y ha de elegir por la acción misma, ―con firmeza e inquebrantablemente.‖89