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Lecannelier hace referencia al siguiente texto: P L., Berger y T Luckman, La

In document Narrar y Aprender Historia (página 53-55)

construcción social de la realidad, Argentina, Amorrortu, 1966.

21Jorge Luis Borges, “Artificios”, en Ficciones, Madrid, Alianza, 2000, p. 197. 22Gabriel Janer Manila, “A los seres humanos…”, op. cit.

23Bruner, Actos de significado…, op. cit.

24Gabriel García Márquez, “Fantasía y creación artística en América Latina y el Caribe”, en Pablo González (coord.), Cultura y creación en América Latina, México, Siglo Veintiuno, 1984, p. 174.

25Hunter Mc Ewan y Egan Kieran (comps.), La narrativa en la enseñanza, el apren-

dizaje y la investigación, Argentina, Amorrortu, 1998.

26Peter Mc Laren, op. cit.

27Mc Laren llama a estos procesos “contrato cultural” y Bruner los denomina “sis- temas culturales interpretativos”, nuestras acciones sociales “reproducen las historias que nos narramos acerca de nosotros mismos” (Mc Laren, op. cit., p. 38). 28Bruner, Actos de significado…, op. cit.

29Barrera, op. cit.

30“La psicolingüística antropológica y la experimental han demostrado fehacien- temente que el lenguaje hablado es una facultad privativa del hombre. Hoy es posible asegurar que rasgos como la “doble articulación”, el “desplazamiento” —temporal y espacial—, “la creatividad” entendida en la concepción choms- kiana, “la prevaricación”, y las llamadas “operaciones de dependencia cultural” —propias de las lenguas naturales— sólo son factibles de manera espontánea e integral en el lenguaje humano” (Ídem, p. 16).

31Hunter Mc Ewan, op cit. 32Ídem, p. 10.

33Ibídem.

34 El cambiante sentido que ha tenido esta disciplina se puede apreciar en la con- cepción de Herodoto y Tucídides por citar un ejemplo. Para ellos, la historia se construía a partir de la investigación basada en el testimonio directo del investigador, o bien, de la indagación de testimonios de testigos directos. Tanto para los historiadores mencionados, como para Aristóteles, la observación era considerada como el método idóneo de la historia, el supuesto epistemológico se fundamentaba con la idea de que la dimensión histórica del hombre es con- temporánea, y en ese sentido, el historiador narra sucesos que él mismo ha visto; la fiabilidad y credibilidad de sus relatos están garantizados puesto que quien los narra los ha visto. “Además en la organización textual, el “he visto” indica, en cuanto manifestación del sujeto de la enunciación, la imbricación e interven- ción del narrador en su relato, lo que le concede autoridad, ethos, en el proceso de persuasión que conlleva —o pretende— el escribir —o recitar— un texto” (Jorge Lozano, El discurso histórico, España, Alianza Universidad, 1994, p. 19).

Así que para los griegos la escritura de la historia corresponde a lo que se produce en la esfera de lo vivido, en cambio, en la historiografía medieval se abandona el supuesto de que el historiador era el garante de la verdad de lo relatado, con lo cual implícitamente se acepta que la distancia temporal entre el historiador y su objeto implica desplazar el trabajo de éste hacia la investiga- ción —lo que garantiza la verdad del conocimiento— y la inferencia, como forma de hacer inteligible un pasado que era la especificidad del conocimiento histórico. El desplazamiento del conocimiento inmediato al conocimiento in- ferencial se tradujo en la búsqueda de técnicas y métodos que permitieran cono- cer el pasado, como “si se pudiera ver”. Así, los métodos científicos sustituyen a la percepción inmediata. Constituyen la creencia del positivismo; para sus pos- tulados, para la ciencia, ver lo que realmente acontece quiere decir en realidad ver lo que captan los métodos científicos y verlo tal como lo captan. Este cam- bio fundamental —en la historia de la historiografía— provoca también que la investigación, progresivamente, se ubique bajo los auspicios de la razón que en su constante búsqueda de la verdad cuestiona hasta la propia tradición (Ídem). 35Ricoeur, en su libro La memoria, la historia, el olvido (2000), distingue dos tipos

de inteligibilidad —complementarias en el relato histórico—: la narrativa y la explicativa. Así, la narratividad no es ni obstáculo de la explicación —como lo quiere cierta historiografía francesa con su oposición a la historia relato-historia

problema—, ni un sustituto de ella —como lo sostienen algunos autores anglo-

parlantes que elevan el acto configurante de la puesta en relato de explicación exclusiva— (citado por Vergara et al., “El carácter narrativo del discurso histó- rico”, en Historia y grafía, núm. 24, México, Universidad Iberoamericana, 2005, p. 34).

36La polémica sobre la explicación en la historia en el siglo

XXtuvo un momento

intenso a partir de los años cuarenta, en que la propuesta hecha desde la filo- sofía analítica —que sostenía la unidad del método científico en las ciencias físico naturales y las humanas sociales—, debatió fuertemente con los argu- mentos dados por Droysen, Croce y Collingwood, que planteaban en términos generales que la historia busca comprender las peculiaridades individuales de los acontecimientos históricos y que la inteligibilidad de la historia —o ciencias del espíritu de acuerdo a Croce— no tiene que ver con la explicación científica de las ciencias físico naturales. Droysen, por ejemplo, introdujo la dicotomía metodo- lógica entre explicación y comprensión al señalar que “el objetivo de las ciencias naturales consiste en explicar; el propósito de la historia es más bien compren- der los fenómenos que ocurren en su ámbito” (véase, cap. I en Georg Henri Von Wright, Explicación y comprensión, Madrid, Alianza, 1987). En este debate, el cuestionamiento a la existencia de las leyes que subsuman a los acontecimientos particulares en la explicación histórica o a elaborar explicaciones basadas en leyes de otras disciplinas para hacer inteligible el pasado, o a las explicaciones gene- ralizadoras para comprender lo particular, condujo a formular desde los plantea- mientos de la filosofía analítica varios planos problemáticos en la explicación histórica, por ejemplo, se planteaba si la construcción teórica es intrínsecamen-

te de un mismo género para todas las ciencias o hay una cientificidad diferente para la historia; o bien, reflexiones sobre la naturaleza del conocimiento histó- rico con base al lenguaje del historiador (la oración narrativa) —propuesta por Danto— cuando se refiere a la realidad y la temporalidad histórica en la que no existe un cronista ideal, sino alguien que interpreta esa realidad (Arthur Danto,

Historia y narración. Ensayos de filosofía analítica de la historia, España, Paidós,

1989).

37 Es obligado mencionar que en la búsqueda de nuevas formas de hacer y de escri-

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