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E LEMENTO Y SENTIDO

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El viaje del héroe

E LEMENTO Y SENTIDO

CONCEPTOS RELACIONADOS

Unidad

Sahasrara abierto nos conecta a la Unidad. Es la cumbre de la espiritualidad a la que puede llegar el humano. A través de este centro se alcanza la sabiduría, puesto que se abre el canal para acceder a otras dimensiones, cayendo todas las barreras que han limitado hasta ahora el conocimiento del Ser que Somos. Sahasrara nos abre a la célebre iluminación, que no es otra que estar despiertos a nuestro propio potencial interno. Despertar es salir del límite del ego y la mente para unirnos a la sabiduría de Dios, que vive en nuestro interior. A través del chakra de la coronilla realizamos la fusión del Ser con el Universo, que aporta un estado interior de felicidad y plenitud. En Sahasrara desaparecen las distancias, las barreras y los límites, porque la clave de este centro es que no hay diferencia, todo es Uno con Dios. Por esto mismo a este chakra se le conoce también como «la puerta del vacío,» donde la mitología hindú situaba la residencia del dios Shiva. Los conceptos duales aquí ya no tienen lugar, ya no existe el Yo o el Tú; masculino y femenino se unieron, como vimos en Ajna, y por tanto toda la dualidad se ha disuelto, apareciendo en su lugar una comprensión inigualable de las cosas. Se dice que quien alcanza la iluminación eclosiona, expande su conciencia más allá de cualquier posible descripción. Es el Nirvana de los budistas, el Moksha de los hindúes, el Samadhi de los yoguis, el Boga de los sufíes o el Cielo de los cristianos. En otras palabras, es la ascensión que sólo han conseguido ciertos maestros como Cristo, Buda, Krisna, Saint Germain, Portia, Kutumi, Morya o Kuanyin, entre otros. La clave es el amor Pero es importante aclarar que nadie llegará a la iluminación sin amor. Por eso es el final de la escalera de chakras, lo que significa que el viaje por los centros energéticos es acumulativo; en el séptimo recoge la armonía de todos los demás, pero especialmente Anahata, el corazón. La sabiduría de la coronilla va unida a la compasión y al amor incondicional del corazón, ya que la ley del cosmos dicta que lo que recibimos no es nuestro, no podemos patentarlo ni registrarlo como propiedad intelectual; no nos va a dar derechos de autor, sino que, igual que lo hemos recibido, debemos compartirlo, para contribuir a que el resto de la humanidad consiga asimismo su iluminación. La labor de muchos maestros ascendidos tiene que ver con esto. Jesús de Nazaret, al parecer, vino a hacer entender a los humanos que a través del amor podían acceder a su Cristo interno y lograr la ascensión. Buda hizo algo parecido cuando, tras meditar durante cuarenta y nueve días debajo de un árbol, consiguió su iluminación y se dedicó a recorrer el mundo impartiendo estas enseñanzas, a pesar de que recibió la tentación de quedársela para él. «Nadie la entenderá», le advirtió una mujer, pero a pesar de eso él siguió adelante con su proyecto, confiando en que «habrá alguien que la entienda».

El séptimo chakra es la máxima expresión de la creatividad que veíamos en el quinto, enlazada a la sabiduría del sexto y sobre todo al amor incondicional del cuarto.

Trascendencia

El séptimo chakra está unido al concepto de la trascendencia. Sería como la cúpula de un edificio arquitectónico; integra la sabiduría de los seis centros anteriores, que uno por uno se han trascendido hasta

convertirse en un loto de mil pétalos abierto al cosmos. Así, si en el primero aprendíamos la supervivencia, ésta fue trascendida en el momento en el que empezamos a disfrutar de la vida y nos encontramos con la dualidad (yo-tú, bueno-malo, alegría-sufrimiento), y entonces llegamos al tercero, para darnos cuenta de que el poder reside en nosotros, porque mirando con un microscopio al otro en su faceta de luz y de sombra, nos encontramos con nuestro propio rostro. Y así llegamos al cuarto, cuando se nos despertó la compasión y el amor y vimos que, efectivamente, «todos somos uno», y eso nos abrió a la conciencia del Ser que Somos y de nuestra divinidad; y entonces llegamos al quinto plenos de nuestro Ser, con la necesidad de expresarlo a través de la creatividad; y en el sexto la expresión de nuestro Ser nos condujo a dejarnos guiar por su sabiduría, fusionando nuestra razón y nuestra intuición y uniéndonos a todo lo creado. Y en el séptimo, después de haber hecho todo este camino, nos convertimos en canal entre el Cielo y la Tierra, dándole sentido a cada una de las etapas de nuestro viaje, porque cada una de ellas nos ha puesto en el camino hacia la unión con nuestra Divinidad. Por tanto, en el séptimo vivimos con los pies en la tierra y nos sabemos mover por ella, aunque tenemos claro que ésta sólo es ilusión. Sabemos disfrutar de la vida y nos relacionamos con el otro sabiendo que todo aquello con lo que interactuamos también es Dios y que es un espejo de lo que nosotros somos, del grado de evolución por el que transitamos, y responde a aquello que necesitamos para seguir creciendo. Esto nos hace dueños de nuestro poder y de nuestro destino, porque nos sabemos creadores de nuestra realidad. Pero la creamos partiendo del amor, el respeto y la compasión hacia nosotros mismos y hacia el resto de los seres que nos rodean. Y conectados a nuestra divinidad, somos capaces de expresarla con toda nuestra fuerza e intención, ayudando a sanar al mundo a través de la realización de aquello para lo que hemos nacido. De esta manera, nos ponemos en manos del Ser para que él nos guíe en nuestro camino de vuelta a la Unidad.

Sahasrara sería la culminación de los siete chakras en su camino alfa.

El despertar de la conciencia

En Sahasrara se produce el completo despertar de la conciencia, de tal suerte que la totalidad de la vida se experimenta desde el plano espiritual. Todo tiene sentido y todo está conectado con el Ser. Desde el acontecimiento más importante en la vida de una persona hasta el más anecdótico tiene una razón de ser y un significado simbólico, además del aparente o real. Detrás de cada manifestación de la realidad, Dios parece estar sonriéndonos o lanzándonos un guiño. Todas las experiencias, por tanto, tienen una dimensión sagrada.

En Sahasrara descubrimos nuestro propósito vital, aunque hayamos ido descubriéndolo en distintas facetas, transitando por los seis chakras anteriores. En el séptimo despertamos a un conocimiento que lo abarca todo; entendemos para qué hemos nacido, pero en la totalidad de este concepto. Si despertamos a la completa perspectiva de Sahasrara, no hay manera de desvincularse de este propósito; lo que ocurre es que este conocimiento implica una responsabilidad; si se acepta se abre una fuente de energía inagotable, porque esa conexión con el Ser le suministra todos los medios que necesita para realizar su Plan Divino, pero la entrega a él debe ser total. Si nos asustamos y rechazamos la responsabilidad, seremos devueltos al laberinto de los chakras inferiores, donde nos sentimos más seguros, aunque nos parezca mentira, viviendo una y otra vez la alegría y el sufrimiento, el enamoramiento y el desencanto, el sentir y el hacer, el perder y el ganar, hasta que, después de haberlo experimentado todo, ya no nos dé miedo salir de la dualidad.

Si aceptamos el desafío de Sahasrara, nuestro Plan Divino exige, como decíamos antes, una entrega total, que se traduce en dotar toda nuestra vida de una dimensión sagrada y alinear nuestra energía hacia este propósito. Es fundamental permanecer en el eje de nuestra Divina Presencia, que es un alineamiento vertical, conectándonos a través de los chakras a otros planos. El alineamiento horizontal nos conecta al ego y a la personalidad, lo que nos sitúa fuera de nuestro eje. Herramientas que nos pueden ayudar serían el trabajo con los chakras, una alimentación adecuada, la meditación, la armonización y trascendencia de todos nuestros personajes internos y, sobre todo, la constancia y la atención. Hemos de saber que este alineamiento tal vez requiera que dejemos atrás ciertas situaciones vitales o que digamos adiós a algunos hábitos y personas. Estas renuncias que a veces pueden considerarse críticas o dolorosas, cuando nos entregamos a nuestra Divina Presencia se viven de otra manera, se ven con los ojos de la trascendencia.

Mediumnidad

Si en el sexto chakra nos abríamos a la escucha de nuestros guías como la parte sabia de nosotros mismos, en el séptimo tenemos la oportunidad de abrir el canal que nos conecta con otros planos dimensionales escuchando el consejo de todos los seres que hay detrás del velo y que nos orientan en la senda de nuestro plan divino. Ésta es la conocida mediumnidad, que nos permite mirar dentro del alma, una vía que sin duda facilita la puesta en práctica de lo que venimos a realizar. La mediumnidad no es un don con el que nacen unos pocos elegidos, sino algo que tenemos todos en potencia y podemos conquistar, aunque requiere una gran responsabilidad. Exige la absoluta entrega, el amor incondicional, el continuo trabajo personal, aprender a parar la mente apartando el ego para poder escuchar y ensanchar el canal de comunicación. Y también la condición de estar permanentemente al servicio de los designios de Dios y no de los deseos del ego.

Muchas personas que conquistan esta virtud, casi siempre tras un arduo trabajo interior hasta que consiguen manejarla, pueden experimentar una crisis, pasar miedo o incluso creer que se han vuelto locas. Son muchos los individuos que han transitado (y desgraciadamente siguen transitando) como fantasmas por los pasillos de muchos psiquiátricos, medicados con neurolépticos, ansiolíticos y antidepresivos, cuando su único problema es que su gran canal está abierto. Mi recomendación es que, ante las crisis caracterizadas por escuchar voces, vivir sincronicidades de forma continua, experimentar sueños premonitorios, fuertes presentimientos en estado de vigilia, telepatía y miedo intenso e irracional, no acudan a la consulta de un psiquiatra, sino que elijan caminos más alternativos que les garanticen el reajuste de su energía y les guíen para manejar su inmenso potencial. Una de las maneras de ajustarse mejor es tomar tierra. No se puede trabajar la espiritualidad si no se está bien enraizado. Es importantísimo comer bien, hacer deporte, salir y divertirse con amigos, bailar, no descuidar su ámbito familiar y de trabajo y saber digerir con humildad la gran apertura energética que supone la mediumnidad. Cuando se abre como canal, recuerde que usted se convierte en una radio. Puede, por tanto, elegir qué dial sintonizar. Hay diales de luz y otros del bajo astral. Es muy normal que al principio conecte con estos últimos, y si en usted quedan registros de miedo, tendrá todas las papeletas para ello. No olvide que puede hacer uso de su libre albedrío y de su voluntad. Si le ocurre esto, libérese de esos miedos y cambie de dial. Sintonice con bandas superiores, donde encontrará frecuencias acordes a su evolución; seres de luz que le ayudarán, tales como guías, ángeles, maestros ascendidos, arcángeles o elohims, o incluso hermanos mayores de otros planos dimensionales. No importa tanto con quién contacte, sino la calidad del mensaje, que deberá comprobar siempre con el corazón.

Unir todos los chakras

Abrirse al séptimo chakra es abrirse a la Unidad, y es por tanto la integración de toda nuestra energía. Tony Stubbs recopila una serie de directrices indicando un camino de regreso a la unidad; entre ellas recomienda la unificación de los chakras.2

Él parte de la supuesta idea de que la vida humana fue un experimento de Dios en el que algunas entidades elegimos libremente bajar a la Tierra a experimentar la dualidad, limitando nuestro conocimiento, densificando nuestro cuerpo y metiéndonos en un espaciotiempo lineal.

Los chakras, tal y como explicamos en la introducción, serían transformadores de energía y frecuencias a los que, pensando en el éxito de este experimento, compartimentaron colocando una barrera entre ellos para que la energía del corazón quedara bloqueada (como vimos en Anahata, la energía del corazón es la que es capaz de desmontar la realidad, ya que desde este chakra entramos en contacto con nuestro Ser y con el conocimiento de que somos Dios). De esta forma se consiguió que el chakra corazón perdiera su función de moderador y que las respuestas a las situaciones de la vida estuvieran desarmonizadas: respuestas intelectuales desde Ajna, comunicaciones vacías desde Visuddha, intentos de dominar a otros desde Manipura, respuestas sexuales y creativas desde Svadisthana o de miedo y supervivencia desde Muladdhara. «Estas respuestas eran perfectas para crear el karma, ya que las más equilibradas, tales como el amor y la compasión, estaban aisladas»,3 dice Stubbs.

Sin embargo, este autor afirma que en estos momentos en los que, al parecer, estamos viviendo las últimas exhalaciones del experimento y en los que entidades de todas las dimensiones y galaxias nos están ayudando a regresar a la Unidad, lo que se impone, después de haber realizado cada uno de nosotros el viaje del héroe a través de la escalera de chakras descrita en este libro, es la eliminación de las barreras energéticas y la unión de todos los chakras. Es lo que él denomina «chakra Unificado,” la unificación en un solo vórtice de los chakras más elevados (los nueve que están por encima de Sahasrara) y los siete que conocemos, logrando que todos funcionen de acuerdo con la energía que parte del motor: el corazón. Esta unificación de los chakras permite asimismo que los campos energéticos se solapen en uno solo, el cuerpo espiritual, encontrando una gama de frecuencias que cada uno de los cuerpos (físico, emocional, mental y espiritual) pueden entender: la del amor. Stubbs insiste en que el chakra unificado energetiza, porque elimina las barreras: «Ustedes estaban acostumbrados a traer energía adentro, a canalizarla, a través de los chakras separados hacia el interior de los campos también separados y, por ende, enfatizaban, digamos, un aspecto intelectual o de poder, para canalizar la energía de esta manera. Ahora podrán traer un espectro mucho más amplio de energía, especialmente el de sus aspectos fundamentados en el amor, de frecuencia más elevada». Con el chakra unificado se eliminan, al parecer, las resistencias y las dudas de si actuamos adecuadamente en cada momento, porque a partir del instante en el que unificamos toda nuestra energía nos convertimos en una especie de robot de cocina energético que se encarga de mezclar de una manera automática y natural la cantidad exacta de amor, energía sexual, poder, intuición, comunicación y estabilidad que necesitamos.

Al final de este capítulo, en la meditación de Sahasrara, indicamos cómo unificar los chakras. Advertimos que al principio se deberá hacer todos los días varias veces, hasta que el proceso se automatice en nuestro cerebro; cuando esto ocurra, sólo con decretar la unificación de los chakras desde nuestra Divina Presencia será suficiente. Se recomienda realizar este ejercicio siempre que se vaya a meditar o a realizar un trabajo sagrado.

DEL CAMINO OMEGA AL CAMINO ALFA

Camino omega: el egoísta

Cuando Sahasrara entra en el camino omega, hay que decir que la persona que presenta un funcionamiento desarmónico en este chakra puede convertirse en un individuo peligrosísimo, porque al haber realizado su propio camino de individuación a través de la escalera de chakras, maneja conocimientos de alto voltaje que, si se emplean para dividir en lugar de para unificar y conciliar, pueden provocar un daño atroz. El camino omega de Sahasrara es la fosilización. Se produce cuando la persona, una vez que ha llegado a este centro, en lugar de realizar una alineación vertical de su energía, poniéndose en manos de Dios, efectúa una alineación horizontal, poniéndose en manos de su ego. De esta forma, se creerá en posesión de la verdad y se considerará especial, una especie de gurú o Mesías que mueve a las masas y se rodea de servidores y alumnos a los que no les recuerda que son Dios y, si osan alcanzar su maestría, condena al ostracismo. Tristemente célebre es el caso de muchos líderes de sectas que acaban manteniendo relaciones sexuales con todas sus alumnas, sin importarles sus sentimientos de dependencia, sus celos o los conflictos que entre ellas se puedan generar, o si tienen o no pareja. Éste es sólo un ejemplo, pero la lista sería muy larga. Carl Gustav Jung advertía de este inmenso peligro cuando hablaba del engaño de la personalidad maná, que se produce cuando disolvemos nuestro inconsciente personal y nos internamos en el bosque del inconsciente colectivo; integramos la sombra, ánima y ánimus, y nos encontramos con nuestro Sí Mismo. Entonces aparece el arquetipo del mago o la personalidad maná: «ser lleno de alguna cualidad oculta y embrujadora, dotado de conocimientos y poderes mágicos».4 Para pueblos ancestrales

maná es energía o fuerza impersonal y sobrenatural que poseen personas u objetos. La personalidad maná es un arquetipo muy cercano al Sí Mismo y puede convertirse en una doble trampa. Como arquetipo tiene maná o energía, fuerza, sobre todo porque está a un nivel muy profundo del inconsciente colectivo, y por eso cuando se experimenta, la sensación es de poder. Pero sólo es un arquetipo, y por tanto es bidimensional y no total. Si nos atrapa, nos aleja de la totalidad. Nos sentimos atrapados en él cuando nos convertimos y nos relacionamos con el otro desde el gurú, el sabio o el mago invariablemente; cuando nos olvidamos de que somos únicamente la pieza de un engranaje y no el engranaje en sí, cuando deseamos atrapar esta energía y hacerla nuestra, cuando entramos en competición con otros y nos olvidamos de que estamos únicamente de servicio. La humildad y la honestidad son la cura de este complejo. Como todo contenido de sombra, hay que verlo, reconocerlo y transformarlo.

Es necesario aclarar que este chakra nunca está cerrado para recibir energía del cosmos, pero sí puede presentar un funcionamiento inarmónico cuya patología es la fosilización, y también manifestar otros síntomas como la sensación de falta de plenitud, una angustia vital y un sentimiento de carencia de sentido general que provocarán bloqueos residuales en los otros chakras.

El arquetipo que mejor representa al gurú es el egoísta. Se trata de un tipo humano que ha conseguido desarrollar la consciencia y ha adquirido muchos triunfos a través de las tareas que ha llevado a cabo, pero que se resiste a desarrollar una conciencia espiritual. En cierta manera sufre una especie de enquistamiento en el ego que no le permite alcanzar la conciencia divina. La arrogancia le caracteriza, encarnando el arquetipo de Narciso, que es la muerte psicológica, puesto que procede de un desconocimiento del Ser y un enamoramiento del ego, disociado de su verdadero núcleo. Si se caracteriza por algo es por la falta de humildad, pues él se atribuye todas las medallas de lo que ha adquirido en su vida. Nunca se ve como vehículo de Dios, sino que en su tarjeta de presentación él «es como Dios». No reconoce jamás a sus

maestros o la presencia de personas protectoras o guías en su vida y nunca ve la acción de Dios en ella, pues

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