CAPÍTULO II FUNDAMENTACIÓN TEÓRICA DE LA INVESTIGACIÓN
4. La estrecha relación entre las canciones y los poemas
4.1. Orígenes, estructura, tópicos y lenguaje: los elementos comunes
4.1.4. Lenguaje figurado y figuras literarias en poemas y canciones
Al hablar del lenguaje poético, se debe mencionar que hoy en día, determinar con claridad los rasgos específicos que lo conforman, ya no es patrimonio solo de la poesía. Hay zonas difusas, al interior de los textos, en las que se entremezclan factores que asocian lo poético con otros que no lo son. Figuras retóricas como la metáfora, metonimia, sinécdoque, hipérbaton y otras, aunque se relacionan directamente con el lenguaje poético, las encontramos hoy en otros tipos de textos como es el caso de los textos publicitarios (Martín, 2008). ¿Qué hace la diferencia entonces? Reconocer que las figuras retóricas se encuentran conectadas con el ritmo propio de los textos poéticos permite afirmar que no hay tal diferencia entre ambas expresiones:
En el fondo de todo fenómeno verbal hay un ritmo, las palabras se juntan y se separan atendiendo a ciertos principios rítmicos y la creación poética consiste en buena parte en esta voluntaria utilización del ritmo como agente de seducción (Octavio Paz, 1998).
Dentro de las figuras retóricas, que ayudan al lector de canciones y poemas a establecer relaciones y sensaciones para empatizar con el hablante lírico se pueden mencionar las de dicción, de construcción, de
pensamiento y a las verbales o tropos. Las primeras, de dicción, afectan el
material fónico-fonológico de la lengua, como es el caso de las aliteraciones, paronomasia y onomatopeyas. Las figuras de construcción, son las que afectan a las palabras en el discurso, sea esta por omisión como la elipsis o por adición y repetición como la anáfora y reiteración. Las figuras de pensamiento por su parte, atañen a la forma de concebir y expresar ideas o conceptos que se realizan a nivel semántico de la lengua, acá se pueden encontrar la paradoja, la antítesis y el oxímoron. Finalmente, nos encontramos con las figuras verbales o tropos, que al igual que las figuras de pensamiento, también se relacionan con la forma de concebir y expresar ideas o conceptos a nivel semántico, pero sustituyendo una palabra o varias
por otras, dando origen a nuevos significados o asociaciones de sentido: entre ellos las relaciones de correspondencia, semejanza, conexión y contradicción posibles de encontrar en la metáfora entendida como: “procedimiento lingüístico y literario consistente en designar una realidad con el nombre de otra con la que mantiene alguna relación de semejanza”. La comparación: “figura retórica que establece una relación entre dos términos en virtud de una analogía”. La metonimia: “sustitución de un término por otro, fundándose en relaciones de causalidad, procedencia o sucesión existentes entre los significados de ambos términos”. El oxímoron: “unión de dos términos de significado opuesto que, lejos de excluirse, se complementan”. La personificación: “atribución de cualidades o comportamientos humanos a seres inanimados o abstractos”. La repetición: “consiste en la reiteración de palabras que generan una relevancia poética” y la hipérbole: “consiste en ofrecer una visión desproporcionada de una realidad, amplificándola o disminuyéndola”(Estébanez, 2001, p. 507).
Las características de estructura, temática, lenguaje figurado y figuras literarias en poemas y canciones, forman parte este mundo particular donde se puede instalar la poesía, sin embargo, hay poetas, filósofos y escritores que han buscado rasgos más distintivos en los textos poéticos, algo que va con la esencia que éstos logran portar. Entre ellos, podemos mencionar a Gadamer, quien en su libro: “Poema y Diálogo” (1993) manifiesta que el verdadero rasgo, el incomparable, el que define al auténtico poema es el “tono” en el sentido de tensión:
Todos sabemos que quien no es poeta puede hacer versos, y que éstos muy bien pueden gustar, pero que carecen de tono propio. Lo sabemos también un poco por la expectación y los problemas que suscita la lectura de poemas en voz alta. Para ello hay que encontrar el tono del poema y transportarlo correctamente al oído. A decir verdad, ese tono debe estar ya en el oído de todos, para que quien lo recite pueda, en cierto modo, limitarse a decir en voz alta lo que todos oyen interiormente. Pues eso es un poema: el estribillo del alma. En el estribillo todos cantan en coro. Claro que el estribillo del alma no es mera coincidencia en un tono o en su melodía ya conocida; es como cuando se canta una canción y todos repiten espontáneamente el estribillo. Antes bien, desde el principio es un acompañamiento de todo el canto, al
que el poema invita y que solo se realiza plenamente si tomamos parte en él. Es como la canción festiva, que todos corean y en la que todos son <la misma alma> (Gadamer, 2004,p.145 ).
La relación que establece Gadamer, permite articular a través de un rasgo, que para él es fundamental, el vínculo entre poema y canción. El tono
permitiría a los poemas y canciones unirse más allá de la superestructura, ya que en él se puede encontrar la esencia entre uno y otro. Un elemento que, al ser considerado, permitirá trabajar con ambos textos, en función de lograr un acercamiento más profundo estableciendo un puente entre ambos.
4.2. ¿Cómo se origina la relación entre poemas y canciones?
Tanto las canciones como los poemas, se encuentran presentes desde su origen acompañando la vida de diversas culturas, de esta forma, se puede comprender que la Antigüedad nos haya dejado su legado escrito a través de poemas cantados. Si el primer verbo de la Iliada es: “canta”, y la Eneida de Virgilio es caracterizada desde el principio como un cantar. También uno de los más hermosos poemas de la poesía hebrea es llamado el Cantar de los cantares. Por eso, en la poesía medieval, los poemas líricos fueron llamados “Carmina”, verdadera poesía para cantar construidos bajo los modelos de la retórica y la gramática mediante el recurso de las sílabas contadas (Ochoa & Pérez, 2000).
Hoy en día, se puede observar que la lírica, presente en las canciones, han llegado a un reconocimiento a nivel mundial. El premio Nobel de Literatura, Bob Dylan, en una entrevista dada a mediados de la década de los sesenta manifestó:
Hace mucho tiempo que escribo canciones, y las letras de las canciones no las escribo simplemente para cubrir el expediente, las escribo para que se puedan leer. Si se le quita aquello que es propio de la canción -el ritmo, la melodía- todavía las puedo recitar. (Ephron & Edmiston, 1965)
Nuestro continente latinoamericano, no queda exento de tener reconocidos cantantes que han logrado transformar sus letras en auténticos cantos líricos. Entre ellos, podemos mencionar a cantautores que nacieron bajo el alero de fuertes cambios sociales en sus países, eso, probablemente influyó en el desarrollo de la música en este continente. Una música que suena distinto a la música del resto del mundo; apasionada y rítmica, pero también triste y reflexiva (González, 2013). Entre ellos encontramos a Silvio Rodríguez en Cuba, Víctor Heredia en Argentina y Patricio Manns en Chile.
Es justamente este último artista quien menciona en una entrevista su complemento entre música y literatura:
Cuando me paso mucho tiempo escribiendo llega un momento que la música irrumpe en mi conciencia y se mete hasta en mis sueños, y es en ese momento que me siento a componer. Pero hacer las dos cosas nunca ha sido un gran problema, y lo hago desde que tengo uso de razón (Manns, 2014)
La musicalización de poemas, no es ni será el primer intento por acercar el ritmo propio del arte poético a las sonoras armonías de la música. Acaso con mayor audacia que los propios literatos, diversos arregladores e intérpretes han llevado un sinfín de versos a los dispares lenguajes impuestos desde la academia hasta el rock orientado a las radios (García, 2000).