Podría decirse que el compositor Leo Brouwer (La Habana, 1939) es indudablemente el músico cubano más importante de la segunda mitad del siglo XX e inicios del XXI; así como también el compositor antillano de mayor proyección internacional. Lo mismo en su faceta de instrumentista-guitarrista ―se mantuvo activo desde el año de su debut profesional (1955) hasta el mil novecientos ochenta y cuatro, en el que un accidente en su mano derecha85 lo obliga a cesar la
interpretación guitarrística―, como en la de director de orquesta ―en el que vale destacar los largos años como titular a cargo de la Orquesta Sinfónica Nacional de Cuba (1981-2003), la Orquesta de Córdoba (1992-2001), así como también su labor internacional que comprendiera la conducción de destacadas orquestas en el mundo (entre las que se incluirían también la Filarmónica de Berlín)―, Brouwer logra una notoriedad relevante para el panorama hispanoamericano. Pero sin dudas, donde recaería el grueso de su labor cultural y artística más importante se encontraría en el campo de la composición ―y más específicamente de la composición guitarrística―, dentro del cual Brouwer representa uno de los pilares fundamentales en el desarrollo de la música de su instrumento durante los siglos XX y XXI.
Proveniente de una familia de amplia tradición musical ―su tío-abuelo, por ejemplo, sería el internacionalmente afamado músico cubano Ernesto Lecuona―, Brouwer recibe sus primeros estudios musicales en el propio seno familiar, hasta que en el año mil novecientos cincuenta y tres pasara a recibir lecciones de guitarra clásica con el Maestro Isaac Nicola ―discípulo directo de Emilio Pujol (quien, a su vez, fuera alumno de Francisco Tárrega), y el padre fundador de la llamada Escuela Cubana de Guitarra―, e ingresa y se gradúa en el mil novecientos cincuenta y seis del Conservatorio Peyrellade de la Habana. Sin embargo, la mayor parte de sus estudios de armonía, contrapunto, formas y composición se realizarían esencialmente de manera autodidacta.
Posteriormente, Brouwer recibiría una beca para completar su formación en Estados Unidos, y realizar estudios superiores de guitarra en el Departamento de Música de la Universidad de Hartford, y de composición integral en la Julliard School of Music de Nueva York, donde sería discípulo de eminentes músicos norteamericanos como Vincent Persichetti, Richard Bennett, Joseph Iadone y Stefan Wolpe ―así como también tendría la oportunidad de asistir a múltiples conferencias impartidas por Leonard Bernstein, Lukas Foss y Paul Hindemith.
A su regreso a la Habana, trabajaría como profesor de contrapunto, armonía y composición en el Conservatorio Municipal (“Amadeo Roldán”) de Música de La Habana, y dirigiría paralelamente, además, el Departamento de Música del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC), así como también colaboraría activamente con el Teatro Musical de La Habana ―institución que aunaba a músicos populares de un prestigio y talento indiscutible, como por ejemplo los jazzistas Bobby Carcassés y Chucho Valdés. Leo Brouwer sería también un compositor prolífico de bandas sonoras para el cine, contando en su catálogo con casi un centenar de películas, cortos y documentales, y resultaría muy relevante, sobre todo, su labor como fundador, director y maestro del Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC (GESI) ―agrupación que incluiría entre sus miembros a grandes figuras de la nueva cancionista y del jazz fusion afrocubano como Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Noel Nicola, Sergio Vitier, Leonardo Acosta y Emiliano Salvador.
En lo concerniente a la música académica y de concierto, Brouwer es considerado también ―junto a los compositores Carlos Fariñas y Juan Blanco― como un pilar fundamental dentro del
movimiento de música contemporánea más importante que tuvo Cuba durante las décadas de los sesenta y los setenta. Y además, el conjunto de su obra guitarrística constituye un referente indispensable en el repertorio de la música actual, por lo que es considerado en el presente como el creador vivo más importante para este instrumento.
Desde la perspectiva de su lenguaje y estética musical, como bien afirma el compositor madrileño Tomás Marco86, Brouwer se inserta dentro del panorama estilístico de lo que ha dado en
conocerse como “postmodernismo”, no solo por los elementos formales y recursos que presentan sus composiciones o por la manera en que puede ser decodificada su obra, sino también porque gran parte de sus ideas y poética particular, coinciden con muchas de las concepciones originales que conllevan la llegada del nuevo paradigma.
En palabras de la musicóloga cubana Marta Rodríguez Cuervo, en la música de Leo Brouwer:
...existe un marcado interés por la utilización de en su composición de una visión sensorial del sonido, opuesta a lo que se define como la concepción formalista o estructuralista; mantiene un rigor formal que se expresa desde distintas concepciones de espacialidad y simetría. En este sentido debe entenderse que el sonido genera per se su propio camino o caminos, que el compositor desarrolla y después selecciona, desecha o utiliza para conducir simultánea y paralelamente los rumbos múltiples de una sonoridad.
[...]
La visión lúdica, la visión sensorial compositiva del sonido tiene su propio devenir, o sea, sus propias leyes evolutivas o de desarrollo y este camino no puede ser mutilado, cercenado o dirigido por la visión estructuralista de los años 1950 y 60 que tanto influyó en toda la música (entiéndase la escuela de Darmstadt, y la escuela de París, unidas en filosofía a la escuela de Frankfurt con Theodor Adorno). Todo ello explica por qué el compositor asume una gran diversidad de concepciones formales que van desde las formas tradicionales puras, hasta las formas extramusicales, ocupando un lugar predominante las denominadas formas abiertas, basadas en estructuras geométricas, en la visión lineal, en la utilización de la plástica como línea y por lo tanto como vector inicial de impulsos y el esqueleto de un árbol, entre otros...87
En la actualidad, Leo Brouwer se mantiene en activo como creador y pedagogo, y desde el año dos mil nueve dirige y promueve el Festival Leo Brouwer de Música de Cámara, en el cual las propuestas sonoras no se limitan únicamente al contexto de la denominada “música clásica”, sino que intenta aunar de manera plural y ecléctica lo mejor ―en un sentido muy general y abarcador― del quehacer musical que puede ser escuchado por estos días.
86 Véase: MARCO, TOMÁS. “Leo Brouwer en el núcleo de la postmodernidad”. En: V. V. A. A. Leo Brouwer. Del rito
al mito. Ediciones Museo de la Música, Ciudad de la Habana, 2009. pp. 9-18
87 RODRÍGUEZ CUERVO, MARTA. Tendencias de lo nacional en la creación instrumental cubana contemporánea